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miércoles, 27 de mayo de 2015

Los hinchas y los socios



Primero lo primero: el empate en Rosario y mucho más la buena actuación del equipo, conforman de por si una excelente noticia. Aunque a decir verdad, Lanús no se alzó con la victoria que holgadamente mereció porque Patricio Lusteau, con la ayuda de sus colaboradores, una vez más lo perjudicó de manera brutal. Hasta los 35’ del complemento, el Grana ganaba 1 a 0 con cierta comodidad, superando al local en llegadas y situaciones de gol, y habiendo desperdiciado poco antes la más clara en los pies del Pampu González. Al pibe por ahora las cosas no le salen, y encima la fortuna no lo ayuda ni un poquito: Caranta, con un rebote milagroso, le tapó un mano a mano que definía el partido. Central ya no tenía ideas pero igual intentaba, Lanús lo martirizaba en cada contra; el final estaba escrito, casi sellado. Y entonces apareció Lusteau, para la mayoría el mejor árbitro argentino del momento, a quien su corazón vuelta a vuelta le manda pitar contra Lanús, y así fue: a diez del cierre le regaló un penal al local, sanción que cambió definitiva y abruptamente el rumbo del partido hacia la ruta del despojo y la injusticia.

Viniendo por detrás de la jugada y lo suficientemente lejos como para no ver lo que sucedía a las puertas del área chica de Monetti, donde ya sin ángulo, el petiso Niell genera el contacto con Araujo y se deja caer de manera tan evidente que incluso ameritaba la amarilla para el delantero, verdugo habitual de Lanús. En lugar de apoyarse en su colaborador, ubicado en la banda más alejada a la jugada, quien no le señala falta alguna, el juez cobra a distancia lo que no vio, lo que no pudo ver porque no existió ni en la más rebuscada de las tomas de la TV ni en el más pelotudo de los comentarios de Alejandro Apo. Es grave, casi indefendible, que un árbitro que dado su posición lejana se sabe protegido reglamentariamente para no dictar fallo alguno se atreva a tomar tamaña decisión. Cualquier árbitro -menos Lusteau- pitaba saque de arco. Tal vez fue su corazón que le dijo “penal, fue penalazo, seguro que fue penal…”  Ya antes, en el primer tiempo, el mismo juez de línea omitió informar un puntapié sin pelota de Andrade contra Valdez Chamorro ocurrido ante sus ojos, y encima tuvo el atrevimiento de solicitarle al juez principal que expulse a Guillermo, que indignado e incrédulo le reclamaba por su inexplicable comportamiento. Para salvaguardar su honor, es hora de que Lusteau reconozca que es hincha de Banfield, o que hace mucho lo dejó una novia que vivía en Lanús; que diga que de muchacho cobró varias veces a la salida de La Casona, o lo que sea, y que por eso cuando dirige a Lanús el corazón lo traiciona. Que lo diga y se acabó: no lo dirige más, y sigue adelante con su promisoria carrera arbitral despojado de rencores personales y sin cagar a nadie. Peor sería que la opinión pública sospeche que invariablemente bombea al Grana por alguna otra razón menos pasional. De todos modos no es una buena señal que la prensa no haya tomado nota, ni que Miguel Scime, el mandamás de la no se qué de los árbitros argentinos, no haya anunciado sanción alguna. El domingo próximo, lo más campante, Lusteau dirigirá Vélez-Boca, el partido de la fecha.

Lusteau, una vez más, perjudicó notoriamente a Lanús
Dicho esto,  lo más destacable de la 13ª jornada es que pese a que venía bastante mal, Lanús produjo una más que aceptable actuación en Rosario, dominando desde el inicio y  acallando el fervor de un estadio que de inmediato comprendió que iba a tener una tarde difícil. Como hace mucho no ocurría -y sólo ocurre cuando Guillermo pone dos delanteros y suma un volante- Lanús no fue largo. Estableció presión tapando a los marcadores de punta con Acosta y Junior, y el resto ahogando a los que intentaban armar juego en la zona media. Impuso domino y dispuso de varias situaciones, la mayoría de ellas recuperando la pelota en campo rival y agarrando mal parada a la defensa de Central, con ataques profundos y de variadas maneras. Con el buen aporte  de Ortiz y Valdez Chamorro en la gestación, y con Lautaro Acosta y Junior Benítez -de gran primer tiempo- en la zona de fuego, Lanús fue acumulando meritos y llegó al gol a los 25’ de la etapa inicial, luego de un saque de meta en donde la defensa local dudó como en toda la tarde, Chamorro la peinó, Junior superó a su marca con una buena recepción, y definió con gran recurso técnico y pasmosa serenidad, en el segundo intento, mano a mano con Caranta.  


En el complemento poco varió. Central intentaba con Barrientos y  Servio, que no encontraban conexión con los de arriba. Lanús se mantuvo compacto, fue conservador y muy combativo. Si bien el habitual estiramiento no se produjo, al menos no tanto como en otras oportunidades, aparecieron espacios a las espaldas de Ortiz, donde Gómez demostró sus defectos de siempre: suelta las marcas para retroceder, carece de la base formativa  que indica que no se rechaza hacia adentro, jamás; ni que nunca, nunca, nunca, se debe dejar corto un despeje. Con todo, este Lanús de Guillermo que parece acercarse al final de ciclo dejó bien en claro que pese a su plantel poco numeroso y menos equilibrado, en las difíciles suele aparecer la estirpe del equipo que no hace tanto supo ser, y con eso le alcanza para estar a la altura de los mejores del ámbito local, que no siempre son los que tienen los planteles mas numerosos ni los futbolistas más cotizados.

Se acercan tiempos claves para el Grana, que hoy enfrenta en Salta a Atlético Tucumán por la Copa Argentina, el lunes próximo recibe a Olimpo y seis días después visita a Temperley, el último compromiso antes del receso. Habrá que prenderle una vela a la venta de Melano, y decidir cuánto invertir en dos o tres refuerzos para afrontar un semestre de tres competencias. Los hinchas, se sabe, arrancarán con sus reclamos. Mientras uno exigirá que hagan un intento por Cavani, otro gritará que vuelva el Pepe. En cambio los socios están preocupados: la AFA, está a la vista, perdió definitivamente el rumbo. Después de cuarenta años de conducción unipersonal de Grondona, pronto será un bebé que empezará a caminar en el mundo de los derechos y los deberes, de premios y castigos justos, de normalidad política y de libertad de opinión. Por eso los principales dirigentes traman acuerdos y contubernios de cara a la asamblea electiva de octubre tratando de mantener un pedazo de poder, mientras el fútbol argentino se derrumba en sus narices.

Los socios de Lanús, los más concientes, piensan en el déficit anual, en lo lenta que viene la producción de la cantera, en lo complicado que será seguir cerrando operaciones convenientes como ha sido hasta ahora,  y quieren saber de qué manera van a encarar el semestre futbolístico tanto el entrenador, cuyo contrato culmina diciembre, como la conducción del club, que también en ese mismo mes termina su mandato.

Marcelo Calvente

martes, 12 de mayo de 2015

Entre el corazón y el carnet



Lanús empató 1 a 1 con Tigre de local por la 12ª fecha, y agudizó su crisis futbolística producto de una suma de imponderables y otra suma de desaciertos de quienes toman decisiones. Los números lo dicen todo: 16 puntos producto de cuatro victorias, cuatro empates e igual cantidad de derrotas, con 13 goles a favor y 14 en contra, lejos de los de arriba y más lejos de aquel equipo que supo ser hace tan poco tiempo.

Después de una primera parte en la que fue superior poblando la zona media con el aporte Junior Benítez colaborando en la creación junto al Marciano Ortiz, sin extremos, con Melano sólo arriba, Lanús fue dominador pero le faltó profundidad. La apertura del marcador fue a los 25 minutos de juego con un remate de media distancia de Ayala,  jugador ambivalente que por momentos luce tácticamente sabio, en otras comete errores infantiles, el paraguayo es una de las opciones de ataque más redituables. Le pega no del todo bien y no tan fuerte, pero su principal virtud es entrarle recto al balón para que no se eleve y lograr que pique en la cara del arquero, algo que viene consiguiendo muy seguido y que generalmente termina en gol o rebote propicio. El Grana se fue al descanso siendo justo ganador, pese a que Tigre, con lo poco que atacó supo inquietarlo. El completo fue el mundo del revés, y todo salió tan mal que vale la pena buscar el video y volver a verlo.
    
En el reinicio, indudablemente desconforme con la posición de Junior, Guillermo lo mandó a jugar bien de delantero, seguramente pensando en una contra que Lanús nunca sacó. El trámite fue una continuidad interminable de llegadas de Tigre. El equipo granate logró pisar campo contrario recién a los 25, cuando Melano corrió una pelota perdida, le hicieron una falta tonta y Javier García sacó el remate desde 30 metros de -¡otra vez!- Ayala, que se metía junto a su palo izquierdo. Lanús no volvió a generar otra situación de peligro. Fue muy largo, con las líneas lejanas entre sí, y como siempre que esto ocurre, y ocurre casi siempre, las espaldas de Araujo y Velázquez, veteranos injustamente condenados a los largos recorridos, fueron un calvario. Araujo padeció las locuras de Firulete. Cuesta creer que se trata del mismo Alejandro Silva que  jugó la final de la Libertadores 2013 para Olimpia del Paraguay como titular indiscutible ante el Mineiro de Ronaldinho, en la que marcó un gol. Ante Tigre actuó de “8”, en el que supuestamente es su lugar en la cancha, y jugó un partido de terror, corriendo la deriva, perdiendo marcas, entregando mal, bartoleando por demás, lo suyo fue un concierto de desaciertos. Por el otro lado Pasquini, que arrancó entendiéndose con Velázquez, de a poco fue desdibujándose hasta extraviarse por completo del partido, a punto tal que pese a no tener ningún relevo con características defensivas, el entrenador lo reemplazó por Valdez Chamorro cuando Lanús aún estaba 1 a 0 arriba.

Ayala, la principal carta de gol de Guillermo
El dominio de Tigre se mantuvo hasta el final, sus ataques siempre fueron a fondo y lo pudo ganar incluso en  el último minuto de descuento. Hasta aquí, jamás el equipo de Guillermo se mostró tan pobre de ideas de manera continua durante 45 minutos. El empate fue un milagro, pese a que en el gol de Tigre hubo dos faltas que Pompei no sancionó: el off-side de Goñi al convertir, y el empujón previo de Rincón a Monetti que casi lo manda al fondo del arco, dos faltas muy groseras que ni el juez ni su colaborador señalaron. Lo peor es ver el desconcierto, la preocupación y la falta de confianza reflejada en la cara de algunos jugadores de Lanús, algo que se repite y se agranda fecha tras fecha.

Lo más rescatable fue que pese al marco decepcionante y algunos silbidos entendibles por la pobreza de lo ofrecido por el equipo, la mayoría de los socios se fue en silencio, con más preocupación que bronca, comprendiendo que no es hora de insultos, sino de acompañar, de estar atentos; se juegan cosas muy importantes y hay que sostener el prestigio conquistado en los últimos años. Aunque hay recursos y existe la posibilidad de reforzarse con tres futbolistas de primera línea de cara al próximo semestre, cosa que piden a los gritos los hinchas de todos los equipos, los socios de Lanús saben que semejante inversión estará a cargo de una conducción que culmina en diciembre, y que no viene acertando últimamente en ese rubro ni en ningún otro. El receso está ahí nomás, y los socios de Lanús, los más cercanos, los de siempre, se preguntan si vale la pena gastar lo que pronto va a escasear con Guillermo al frente, porque aunque lo sacó campeón, hace mucho que no le encuentra la vuelta a este plantel y todo indica que partirá al finalizar su contrato en diciembre. Sospechan que jugando así será difícil vender en grande, y no dudan que todo se derrumba si no se vende. En el fondo de su corazón esperan un gesto de dignidad del entrenador, si es que en verdad entiende que con este plantel su ciclo está cumplido.

Con el corazón de hincha se sueña con un equipo mejor, como fuimos hasta hace tan poco, tan poquito, apenas un año y medio atrás, mientras que con el carnet de socio que conoció otros tiempos y otras desventuras se observa lo que viene con verdadera preocupación.

Marcelo Calvente

lunes, 4 de mayo de 2015

El cuento del tío



Con la derrota ante Racing por 2 a 0, Lanús acumula una racha de cuatro caídas en cinco partidos, con la gran victoria en cancha de Banfield en el medio. San Lorenzo y Argentinos lo vencieron antes del clásico, Boca y la Academia después. Esta claro, Lanús es un equipo debilitado respecto de versiones anteriores, y hoy por hoy, que de las deudas de los clubes no se habla pero el dinero circula, los grandes se vuelven a acomodar arriba y pagan sueldos cada vez más altos en un negocio riesgoso como pocos. El fútbol de Lanús, Vélez, Estudiantes y los rosarinos es deficitario en sumas que van entre los 5 y los 10 millones de dólares por año. La inmovilidad de los mercados de pases está haciendo estragos en la mayoría de esos clubes que además de animadores habituales de  los torneos, son los principales formadores y vendedores de futbolistas de primer mundo. Lanús fue el único que siguió vendiendo, y es por eso que su economía todavía se sostiene. Gracias a los éxodos de Fritzler, Pizarro, Pereyra Díaz, Romero, Goltz, Izquierdoz, el Pulpito González y Agustín Marchesín, por nombrar a las más recientes, el club Lanús todavía tiene superávit. El problema es que por primera vez en mucho tiempo no tiene un futbolista que valga tres millones, y por año hace falta vender al menos dos en esa cifra. Tengo un tío viejo, jodido y desconfiado, que siempre me cuenta de Los Globetrotters, que está muy preocupado por esta situación

Racing-Lanús arrancó para gran partido. Intenso y luchado en el medio, con situaciones de gol para ambos hasta la mitad de la etapa, cuando el ritmo empezó a decaer y fue el Granate el que al marchar al descanso dejó la mejor imagen, pese a que a los 13 minutos perdió el equilibrio que le suele dar Fritzler, quien salió lesionado. A falta de un jugador de iguales características, Guillermo lo reemplazó por Valdez Chamorro, quien aportó algo más en el armado ofensivo, pasando Ortiz -que no tiene la capacidad de relevo del Polaco ni su velocidad- a la posición de volante central. El entrenador de Racing pensó correctamente el complemento, avisado de lo que todos sus colegas, menos el que trabaja en Lanús, conocen a la perfección: al equipo de Guillermo hay que contraatacarlo a fondo, sus centrales tienden a retroceder permanentemente, y sus laterales y volantes no enciman porque no sostienen físicamente los largos recorridos a los que son condenados por esa circunstancia. Por eso, desde el arranque del complemento y hasta el gol de Bou a los 24’, Racing cedió la iniciativa, invitando a la visita a un dominio claro que resultó poco efectivo en situaciones de gol: apenas una de Melano -de buen partido- a los 7’ y otra del Marciano Ortiz cerca del final. Cediendo terreno, el local logró meter el único contraataque a fondo, que como siempre ocurre, encontró a Lanús retrocediendo en desorden, a punto tal que el goleador de la Academia recibió sólo adentro del área de Monetti -de floja respuesta- y definió al primer palo esquivando el cierre desesperado de Barisone     

En el último libro de pases se produjo el retorno de Alejandro Silva y Matías Fritzler a Lanús, que además incorporó a Diego Barisone, al accidentado Sebastián Leto, al malogrado Melivilo y, más recientemente, al seriamente lesionado Bicho Aguirre. Sin embargo, teniendo tantos sectores del campo mal cubiertos, incorporó a un arquero como Monetti, por quien, según se dice, el club pagó cerca de un millón de verdes, y que ni antes ni después de su arribo demostró ser más que Matías Ibáñez, aquel que tan bien reemplazó a Marchesín tras su partida, y que ahora lo ve desde el banco de suplentes. Para colmo, el ex arquero de Gimnasia llama la atención por su baja estatura para el puesto, por lo que será muy difícil recuperar el dinero en él invertido.

A mi tío, siempre mal pensado, no le gustó nada esta situación. “El primer refuerzo fue Monetti. Como si el Mellizo hubiera solicitado ‘Monetti sí o sí, y en los demás puestos trae lo que puedas’”, afirma a quien lo quiera escuchar. Yo le digo que es feo pensar mal,  y él me responde que peor es no cuidar las formas. Por las cifras que se manejan en el presupuesto Granate, lo pagado no es un dineral. Pero para Gimnasia, el monto que recibió por el pase fue un verdadero salvataje. Como mínimo fue una adquisición inconveniente desde donde se la mire. Guillermo parece transitar su último tramo de contrato sin más aspiraciones que lograr la antigüedad de tres años en el cargo que le permita acceder a mercados más redituables y también más exigentes al respecto. Hace apenas poco más de una año, con el que entonces era uno de los mejores equipos del continente, obtuvo la máxima conquista de la institución hasta la fecha. De ahí en más, tanto en lo deportivo como en lo institucional, todo fue retroceso y lo de Monetti no deja a nadie bien parado. Tanto para la conducción como para Guillermo, todo se circunscribe a llegar lo mejor posible a diciembre, cuando finalizan ambos mandatos.

La fortuna que recibió la entidad en los dos últimos años se debe, en gran parte, al buen equipo que se armó, que ganó la Copa y que tan cerca estuvo de obtener varias conquistas más. Se lo impidió la falta de buenos reemplazantes, sobre todo de los dos centrales campeones, y la debacle defensiva que se desató con sus partidas, que en todo este tiempo el técnico no pudo corregir. Hace más de un año que, ya sea con Gómez, con Braghieri, con Barisone o con Monteseirín en cancha, Lanús marca mal, retrocede peor y se estira más de lo aconsejable. Son los refuerzos que Guillermo aprobó, y desde entonces su equipo dejó de ser compacto, dejó de ser regular y, por consiguiente, dejó de ser animador de las competencias. El técnico no lo pudo arreglar. Y si sigue sin poder hacerlo, el resto del año será muy largo y difícil, tanto para él como para Lanús. Sobre todo si, como parece, la cantera sigue sin dar sus frutos habituales. Por todo esto, mi tío, el viejo anarco que tenía al Nene Guidi, a Manolo Silva y a Quico De Mario como ídolos, y a Pepe Volante, Lorenzo D’angelo y Carlos González como amigos, y que por ellos volvió indignado de la Fiesta del Centenario, insiste con sus críticas y sus malos augurios.

Marcelo Calvente

martes, 14 de abril de 2015

Entre la irregularidad y el fervor



En un encuentro muy atractivo, con un primer tiempo electrizante y un complemento  de enorme dramatismo, Lanús ganó el clásico del sur por 2 a 1, un resultado justo que premia al mejor de los dos. La victoria es un gran paso adelante para el equipo de Guillermo Barros Schelotto, de marcha irregular, a paso de comparsa, después de dos triunfos consecutivos cosechó dos duras derrotas, y en medio de un tramo con rivales muy exigentes, la vuelta a la victoria en el derby lugareño alivia la situación y sirve para trabajar con más tranquilidad de cara al choque con Boca Juniors, uno de los punteros, a disputarse el próximo domingo en La Fortaleza con la esperanza de ganar, y de una vez por todas prenderse en la pelea por el título.

Banfield venía embalado con cuatro victorias al hilo, exhibiendo un notable juego de ataque. Ganando el clásico se convertía en candidato. Lanús venía realmente mal, el equipo que se había insinuado poderoso ante Godoy Cruz se estaba diluyendo. Todos los boletos eran para el Taladro. Tanta diferencia suele ser un mal presagio cuando hablamos de clásicos. Lanús se adueñó de la pelota a fuerza de luchar y correr, y a partir de la tenencia desniveló por medio de Junior Benítez y Lautaro Acosta, con Lucas Melano metido entre los centrales. El primer tiempo del Laucha fue un espectáculo aparte. A fuerza de velocidad y convicción, Lautaro hizo un desparramo unipersonal difícil de ver por estos tiempos y recibió la falta que le dio un vuelco al partido. Tan concentrado venía Lautaro que ya desde el aire, antes de terminar de rodar por la gramilla, empezó a reclamar la expulsión del infractor Sergio Vittor por último recurso. Loustau cobró el penal y dudó, no parece agradarle la idea de perjudicar a Banfield. Consultó con el línea Brailovsky que, supongamos, le dijo: “estaba cara a cara y lo agarró de atrás, lo tenés que expulsar, que le vas a hacer…”

A los 23 minutos de juego Lanús se puso en ventaja y su rival quedó con un hombre menos. El partido era de ida y vuelta, pero a Banfield le costaba crear juego. En vez de dar un paso atrás y darle la pelota al rival para que se adelante, Lanús presionaba sobre la salida. No fue una buena idea: dominó y tuvo varias chances para aumentar, pero recibió más de tres contras que pudieron terminar en gol. Cerca del final de la etapa Loustau volvió a aparecer en el partido para marcar una falta a favor del local, a un metro del área penal, falta que de ninguna manera existió. Mientras armaba la barrera y amonestaba a Lautaro Acosta, que no paraba de protestar el fallo, no se perdió el codazo de Junior a Noir y lo castigó con el mayor rigor. Afuera el de Lanús. Ahora fue Monetti quien advirtió al otro juez de línea: “avisale de la patada previa de Noir, yo sé que vos la viste…”  El asistente informó, Lanús quedó con diez y Banfield con nueve hombres.

Advertido de la no conveniencia de sostener la presión, el equipo de Guillermo salió a esperar a Banfield en campo granate desde el inicio del complemento, y así disponer de espacios para contragolpear. Fue el momento en que parecía que terminaba en goleada, con el muy buen trabajo de Acosta y Melano. Y a los 18’ el cordobés recibió la habilitación de Ortiz –contra perfecta, dos contra uno, esperó que el defensor tome la decisión de soltar al cordobés para cruzarlo, y recién ahí ceder el balón- y la buena definición de Melano para el 0-2. La diferencia parecía definitiva, pero todo se complicó cinco minutos después con la expulsión de Lautaro Acosta, que desbordado de fervor granate llegó tarde a una pelota dividida y Loustau no dudó: segunda amarilla y afuera.

Con 22 minutos más el descuento por jugar, ahora 9 contra 9, el partido ganó en dramatismo. Almeyda se la jugó y mandó a Asenjo, centrodelantero, por el volante Cazares y al central Noguera por el lateral Yeni, con la intención de sumar a dos grandotes para el juego aéreo en las dos áreas. Y en la primera que tocó, Asenjo puso el descuento. Por entonces, Lanús ya sufría por lo mismo de siempre: el retroceso desesperado de Gómez y compañía. Guillermo tuvo que pensar muy bien que hacer con los dos cambios que le quedaban, ya que Araujo, presuntamente desgarrado, le había dejado su lugar a Firulete Silva a los 11’. Entonces reemplazó a Aguirre por Pasquini para no perder lucha en el medio. Banfield llenaba de centros el área de Monetti, Lanús disponía de contragolpes largos que no lograba terminar bien. El Papu González, que entró sobre el final en lugar del exhausto Melano, se perdió la más clara al no poder conectar debajo del arco un pase gol de Ayala. Al final le faltó el marco del festejo de la tribuna visitante vacía, cosa a la que lamentablemente el fútbol criollo se está acostumbrando.

Después de esas dos derrotas preocupantes, la victoria en el Florencio Sola pone a Lanús en carrera y levanta la autoestima del público granate que no se cansa de ver arrancar y quedarse a su equipo semana tras semana. El próximo domingo recibe a Boca, puntero e invicto, con bajas muy sensibles: Los dos expulsados, más Fritzler y Araujo, ambos posiblemente al margen por lesión. La parada será muy difícil, pero no imposible. Dentro de la irregularidad que viene mostrando desde el inicio, Lanús dejó bien en claro que aún en las circunstancias más complicadas es capaz de todo. 


Marcelo Calvente

miércoles, 1 de abril de 2015

Pulgares



Lo peor fue la imagen del final, con cuatro goles en contra, buscando sin sorpresa, sin ideas ni convicción, sin generar peligro real y apelando al remate de media y larga distancia como única estrategia. El partido ya se había terminado con la conquista del tercer gol del local. Iban trece minutos del complemento, Lanús perdía dos a cero, pero San Lorenzo tenía un hombre menos, Matías Caruzzo, inevitablemente expulsado por Trucco sobre el final del primer tiempo. Todavía no estaba asegurado el resultado. El dominio granate era estéril, pero atacaba con decisión. El penal que sancionó Trucco a favor del local en una sujeción mutua entre Matos y Velázquez le puso punto final al partido con media hora por jugar, lapso en el que San Lorenzo iba a convertir su cuarto gol, ante un Lanús perdido y desordenado, con cinco delanteros en cancha chocándose entre sí.

Lo mejor se vio en el principio. La visita se paró en campo contrario desde el arranque. En la primera combinación a fondo, Acosta le tira una pared a Junior en la puerta del área rival en medio de un racimo de piernas adversarias, Benítez se la devuelve con una pincelada de talento, tocando de primera con la fuerza y el efecto justo para la llegada en velocidad del Laucha, un efecto extraño, de billar, que la hizo frenar en el lugar indicado. El Laucha llegó antes, recibió el primero de los muchos planchazos descalificadores que sufre por partido, y voló por los aires. Imposible no cobrar penal. Si lo cambiaba por gol, Lanús podía trabajarlo de contra, con espacios para Acosta y Melano. Pero Ayala falló desde los doce pasos ante Torrico, reconocido perito en la materia. Lanús siguió dominando hasta más allá de los 15. A partir de ese momento San Lorenzo dio unos pasos adelante y empezó a discutir la posesión, aunque ninguno de los dos equipos terminaba sus jugadas con peligro. En el fondo granate se destacaban Velázquez, muy firme en el juego aéreo, y Barisone, mostrando aptitudes técnicas notables para el mano a mano, y para cerrar con prestancia  a las espaldas de Araujo y Pasquini, como último hombre.

Cuando el primer tiempo se moría, San Lorenzo recibió la bendición de un gol en offside. Uno bien claro, con los cuatro defensores granates perfectamente alineados, Mauro Matos recibió el balón un metro adelantado y se fue cara a cara con Monetti, que dudó entre reclamar o intervenir, sin hacer ni una ni otra cosa. Y en seguida la tonta pero indiscutible expulsión de Caruzzo presagiando un complemento favorable para los de Guillermo. No pudo ser.  Pronto sucedió el increíble error de Barisone, que descuidó en el arranque al que más había que custodiar, otra vez Mauro Matos, el mejor cabeceador del fútbol argentino, al que vio pasar como colectivo lleno. Iban dos minutos del complemento. Lanús siguió atacando, San Lorenzo se metió muy atrás. Así hasta el penal que convirtió Buffarini y partido terminado, aunque hubo tiempo para otro error defensivo, esta vez de Pasquini, que dejo cabecear a Cauteruccio para marcar el cuarto gol.

Sólo en las alturas, Matos marca el segundo gol
La derrota fue tan dura como sus consecuencias: ganando en el Gasómetro, el Grana se prendía en la lucha por la punta, ya que pasaba a integrar el segundo escalón, con 15 puntos, junto a River y San Lorenzo, a dos de Boca y Central, que serían los punteros. Pero no, ganó bien el Ciclón y ahora está arriba de todos con 18 unidades, mientras Lanús rasguña la cornisa del grupo de los primeros diez, con 12 puntos, junto a Racing, Independiente y Tigre, debajo de Banfield y Belgrano, ambos con 13. Pese a lo abultada y dolorosa, no hay que perder de vista que fue la primera derrota en siete partidos, que nada termina en junio, que se trata de un torneo largo y que siempre el campeón será del que termine mejor, por lo que es fundamental mantenerse en el tercio de los de arriba con la esperanza de que las cosas mejoren en el tramo final.

Las últimas campañas granates dejaron la vara demasiado alta. Los socios expresan su descontento con el equipo, y de reojo, observan la marcha institucional con cierta alarma. Hay muchos jugadores fundamentales del plantel que tienen detractores implacables: Araujo, Maxi Velázquez, Ayala, Ortiz, Junior Benítez y Melano. Los nuevos todavía están exentos de esa presión. Y sólo Fritzler y el Laucha Acosta conviven con la aprobación y el reconocimiento unánime de todos. El cuerpo técnico también está en la mira. Las desprolijas partidas de Silva y el entrenador de arqueros Enzo Noce, la paupérrima campaña de la tercera división a cargo del Pata Pereyra, los cuestionamientos off de record al trabajo del profesor Valdecantos por parte de algunos jugadores y allegados, y la falta de valores del club definitivamente consolidados en primera son algunas de las señales que, sumadas a la larga lista de títulos perdidos en 2014, encendieron las críticas que ponen a Guillermo en una situación de gran debilidad, en la que difícilmente pueda soportar tres derrotas consecutivas.

Este plantel es todo lo que hay. Está claro que no se pudo o no se supo reemplazar correctamente a las figuras que han partido. Fácil no es. Puede que se concreten un par de incorporaciones a mitad de año debido a la participación en la Copa Sudamericana, pero si no hay una mejora general va a ser difícil modificar la situación. Ese es el panorama al día de hoy, de los protagonistas depende tratar de corregir el rumbo. Ahora vienen Argentinos en La Fortaleza y Banfield en Peña y Arenales, dos cotejos en los que se impone sumar, y no olvidar que el entrenador cuestionado, ayer nomás, logró una de las tres estrellas que luce la casaca granate. El hincha, es sabido, no tiene término medio: sube o baja el pulgar de acuerdo a lo que le dicta su corazón, y cambia de parecer según los resultados, sin culpas ni remordimientos. Después de la derrota del sábado, a juzgar por lo que se escucha en las calles de la ciudad pasional y futbolera, son mayoría los que piensan que lo mejor sería soltarle los leones al entrenador y volver a empezar, pese a lo mucho que falta para diciembre de 2015. Pero no son pocos los que mantienen las ilusiones; saben que en el fútbol no hay imposibles y que con dos buenas victorias, el equipo se vuelve a encaminar.

Marcelo Calvente

miércoles, 18 de marzo de 2015

Un baile con ritmo de cuarteto cordobés



Para poner punto final a una semana para el olvido, Lanús venció en Mendoza a Godoy Cruz por un resultado infrecuente por lo abultado. El 5 a 1 final fue el producto de una noche espectacular del equipo de Guillermo, que por primera vez en mucho tiempo cambió el planteo y dispuso un nuevo ordenamiento táctico de los futbolistas en el terreno. Lanús salió a jugar con Melano de punta y el Laucha Acosta alternado las dos bandas, con Junior como volante por derecha, y Ortíz, por el eje vertical de la cancha, delante de Fritzler, de esta forma terminó atacando con cuatro, y eso resultó letal para un equipo mendocino que viene intentando defender con tres, y que carece de recuperación en la zona media. Desde el arranque el Grana fue superior en lo colectivo, independientemente de que contó con el jugador más desequilibrante de la noche, Lucas Melano, que entregó la máxima actuación individual en lo que va del torneo.

El dominio territorial de la visita se desarmó transitoriamente cerca de la media hora de juego, cuando se estiró, y una grieta se abrió entre los volantes y los del fondo. Y el gol que significó la ventaja parcial para Godoy Cruz es consecuencia más que notoria de eso: con enormes facilidades para manejar el balón en el campo adversario, el delantero Leandro Fernández esquivó con comodidad el cierre tardío de Ayala, y con la misma tranquilidad de maniobra sacó el remate letal para Monetti.  La ventaja retrasó unos metros a Godoy Cruz, y eso colaboró en la recuperación táctica de los del fondo Granate. Hasta ahí, los dos elencos estaban en partido, un encuentro atractivo y bien jugado, tres puntos muy importantes para ambos El local, después de un arranque confuso, había encontrado su juego con dos victorias consecutivas, un nuevo triunfo lo ponía en el lote de arriba. Lanús venía de muy pobres actuaciones, y un conflicto insólito que acababa de estallar con el futbolista más caro del plantel abría un enorme interrogante.

Según dicen, el uruguayo venía juntado bronca, y un cambio de palabras ajeno entre parte del plantel y el cuerpo técnico fue la excusa para increpar a uno de los entrenadores con modales sin retorno. Primero fue suspendido, y pronto rescindió su vínculo con el club. Ese tipo de conflictos suele tener consecuencias negativas en un plantel, sobre todo si los referentes consideran que la culpa fue del técnico. Por el contrario, si esa salida resulta ser un alivio para los demás puede ser positiva. Desde otra mirada: si el plantel consideraba que el reclamo de Silva era justo, bien podía haberse manifestado de manera más elocuente: en esos casos, el resultado siempre es la salida del entrenador. Pero si los referentes opinan que se equivocaron, que la reprimenda correspondía y que la reacción de Silva resultó fuera de lugar, injusta o destemplada, el adiós del Pelado tal vez haya sido el disparador de una charla unificadora entre las partes.  A juzgar por lo que se vio en Mendoza, Lanús volvió a ser un equipo compacto, movedizo y solidario, en el que todos corren, se desmarcan y dejan el alma en cada pelota, condiciones indispensables para ganar en este fútbol competitivo como ninguno otro. Y como yapa, el entrenador estrenó con éxito un nuevo dibujo táctico. Por todo esto y por el 5 a 1, todos juntos celebraron, comieron perdices y brindaron, pero con agua mineral.


Lucas Melano y su noche mágica con cuatro goles
El fútbol tiene estas cosas que lo hacen el más apasionante juego inventado por el hombre. Y en la nochemendocina se produjo uno de esos milagros que se dan muy de vez en cuando: Lucas Melano, cordobés de Hernando, 22 años, arribado a Lanús a mediados de 2013, pronto mostró su velocidad y una virtud que escasea: olfato y capacidad para definir con un toque cuando pisa el área adversaria. Sin embargo, una rebelde pubalgia lo sacó de competencia en casi todo 2014. Volver le costó más de la cuenta: falto de fútbol y de distancia, con dificultades para dominar el balón y un cierto gesto de estar ausente, su imagen se fue desdibujando. Como siempre ocurre, pronto pasó a ser destinatario principal de las más duras críticas. Para la mayoría de los simpatizantes granates, hasta el feliz domingo, Melano era un futbolista prescindible.


La cuestión es que la partida de Silva le abrió una puerta, y el cordobés se metió. Desde el primer minuto se mostró más enchufado y combativo que nunca, y se tuvo confianza en la zona de definición. Para lograr el empate parcial impactó de primera un enorme pase de Maxi Velázquez, y en el  complemento se lució con otras tres definiciones de fútbol del primer mundo: Un caño y pelota picada por encima del cierre del arquero, una corrida vertical con definición desde afuera, otra vez por sobre la cabeza de Moyano, y el  último, mano a mano, con amague y toque sutil ante el desparramo del guardameta del Tomba. Lucas Melano marcó cuatro goles de extraordinaria factura y fue gestor absoluto del único que no señaló. No sería descabellado que pueda consolidarse en su nueva posición como delantero de punta.

Con la sorprendente recuperación individual y colectiva del equipo, y sobre todo por el éxito del nuevo esquema ensayado por el entrenador, así, de un plumazo, Lanús pasó del  desencanto a la ilusión, y se acomodó en el lote de los de arriba. Ahora tiene la chance de consolidarse el viernes por la noche ante su gente, cuando reciba a Gimnasia y Esgrima La Plata, que no viene bien, pero que ayer logró su primera victoria ante Chicago, y que seguramente tratará de no dar las mismas ventajas que Godoy Cruz. Mientras el cero se mantenga será un partido muy difícil, como todos. Pero si repite en parte lo del domingo, entre ambos planteles e instituciones hay un abismo.  

Marcelo Calvente

miércoles, 11 de marzo de 2015

El subsidio en cuestión



El sábado último se realizó una Asamblea en el club Lanús: Los socios más cercanos, los que están interesados de verdad en la marcha institucional tanto como en el andar del primer equipo, votaron un acuerdo al parecer muy ventajoso con un organismo del estado. Muchos de los socios que votaron, los más añosos, son los mismos que estuvieron en los años difíciles. Los  testigos del ocaso y la caída de Los Albañiles, los que alentaron al equipo contra Piraña! Todos los presentes votaron a favor porque la oferta es irrechazable, y lo hicieron sabiendo el motivo de tanta generosidad de parte del estado. Ingresarán más de nueve millones de pesos para llevar a cabo la idea original para lo cual el predio lindero a la ex Campomar fue adquirido: El Anexo Valentín Alsina del club Lanús, obra que desde 2012 hasta hoy estuvo paralizada, y que ahora con dinero ajeno se llevará a cabo. Tendrá una cancha de sintético reglamentaria, un gimnasio, vestuarios y demás dependencias, y los socios podrán usarlos a su antojo mientras el Sedronar funcione, aunque sea en una piecita en el fondo.

Lo concreto es que el gobierno, pensando en las próximas elecciones, ha decidido apuntarle a Lanús, un electorado que se le ha puesto difícil, y que más allá del resultado de las elecciones de diciembre, por entonces el pago del subsidio estará cumplido y las obras en marcha. ¡Cuanta generosidad! En la recta final por la intendencia del distrito, cuando en pocos meses simultáneamente también estará en juego la tenencia del bastón presidencial, le aprueba un subsidio millonario al club a través de uno de sus precandidatos y a espaldas del intendente, también precandidato del partido gobernante, que como el resto de los postulantes sufre el golpe de campaña de un adversario directo, gracias al otorgamiento de una suma de las grandes, dinero proveniente del peculio del Estado.   

Ya no es secreto para nadie que Alejandro Maron, de manera inconsulta, planificada y caprichosa, sujetó al club a una corriente política. La elocuencia conque se dejó ver lo que antes de su asunción se negaba, el quiebre tácito del orden institucional de manera unilateral por parte suya y de su círculo áulico, y la imperdonable Fiesta del Centenario que alevosamente transformaron en un acto propagandístico de la figura del presidente, pusieron algo de claridad sobre los costos de haber metido al club en la arena del pensamiento nacional. El dinero que los socios aprobaron por unanimidad viene en parte a reparar ese daño. Las posibles dificultades futuras de la convivencia de Lanús y Cedronar, o lo que se les ocurra hacer ahí a los muchachos de La Cámpora, es una incógnita preocupante. Pero lo de ayer supera todos los límites: en las instalaciones del Polideportivo del club, con la presencia del presidente granate, ante un nutrido grupo de militantes llegados en cuatro micros, la mamá de Marita Verón, Susana Trimarco, conmemoró el Día de la Mujer augurando que el secretario de Justicia de la Nación, Julián Álvarez, quien organizó el acto, será el futuro intendente del distrito Todo esto sucede a la vista de una vecindad sorprendida y disgustada por esta situación extraña, de una relevancia que nunca imaginaron, y con la sospecha de que cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. 

El predio de Alsina, hasta hoy abandonado
Fue muy difícil en 2012 anunciar el acuerdo en ciernes que algunos conocíamos con certeza. Alejandro era un gran dirigente, bien considerado por la totalidad de los socios, con una muy buena imagen en la AFA y con una vasta experiencia de dos mandatos como presidente, que regresaba para ponerse al frente de la unidad política que estaba en plena vigencia. Por entonces, en el club nada era secreto, todo se discutía, los ex dirigentes más respetados eran consultados, todas las agrupaciones aportaban sus hombres y mujeres en un clima de trabajo pleno de concordia y sacrificio por el bien del club. Sin embargo, muchos desconocían que su retorno desbordaba de rencor y afán divisionista, algo que era más que evidente para cualquier observador cercano. No hubo que esperar mucho para comprender la dimensión del problema.

Desde el primer día de mandato hasta hoy, la unidad fue una parodia de tal. Y la manera  de conducirse, la ofensa y el consabido disgusto de cada día para la mayoría del resto de los dirigentes. Las consecuencias del individualismo, de las decisiones apresuradas, de la falta de discusión, del club al borde de un ataque de nervios, empiezan a estar a la vista y los problemas a salir a la luz. El hombre armado al borde del terreno de juego en Lanús - Arsenal, y la insólita e injusta interpelación al periodista de Olé, Leandro Contento, granate de nacimiento, que esa noche tuvo la poco feliz idea de alertar al presidente sobre el escándalo que se venía. Agresiones a supuestos hinchas rivales en la platea oficial, golpes a periodistas afamados en un playón de estacionamiento carente de una mínima seguridad, falta de comunicación sobre las cuestiones relevantes, de todo un poco. La Fiesta del Centenario fue la gota que colmó el vaso. El nerviosismo también se trasladó al plantel, y el reciente conflicto con Santiago Silva es sólo una muestra de ello. El manejo del fútbol profesional no es cosa de abordar al descuido. No se discuten las ventas efectuadas porque no hay otra manera de subsistir, pero en el rubro contrataciones se volvió a fallar como hace mucho no sucedía. Fácil no es. No siempre se acierta, pero cuando las incorporaciones no están a la altura y se debilita la relación entre los futbolistas y el cuerpo técnico, el resultado pronto repercute en la tesorería tanto como  en el terreno de juego. En lo que va de torneo Lanús jugó cuatro partidos, y pese a mantenerse invicto, con tres empates y una victoria, la imagen dejada por el equipo es de las peores de los últimos tiempos. Los socios hacinados bajo el sol de verano en la platea Esquiú sin una gota de agua durante los partidos, otra perlita de las tantas.

El Club Atlético Lanús renovará autoridades en diciembre: no estará en juego si tal o cual nombre, si no la conformación de una nueva conducción integrada por hombres y mujeres que garanticen la recuperación del orden institucional perdido. Sabemos a donde condujo el personalismo y el desconocimiento de la voluntad popular. Y es cuestión de los socios, con las agrupaciones que invariablemente participaron de la política interna, los mismos que el sábado dieron su voto unánime y aceptaron el subsidio para fortalecer el patrimonio del club, ejercer con igual empeño la defensa de la unidad política, la madre de todas nuestras alegrías, y la única receta viable para no volver a apartarse del camino correcto.

Marcelo Calvente