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miércoles, 30 de julio de 2014

La secuencia


Lo que alegra o apena en el fútbol, nadie lo duda, son los resultados. Lo que tiene que ver con el rendimiento, con el juego y hasta con los merecimientos, ya entra en el terreno de lo subjetivo. El optimista lo ve de una forma, el pesimista de otra. Lanús arrancó el semestre con emociones a granel: Con alarma por una actuación preocupante en el partido de ida ante el Mineiro, los optimistas celebraron el 0-1 en contra mientras los pesimistas se veían eliminados y con derrota segura en Brasil. Pero llegó la sorpresiva e inolvidable victoria por 3 a 2 ante 60.000 brasileños, torcedores habitualmente alegres y vencedores, observando el gol del Laucha Acosta en el descuento con cara de 7 a 1. El fin de la película en el alargue hizo olvidar la euforia de ese momento, el orgullo por una actuación para la historia, un Lanús ganador de visitante ante un grande entre los grandes, el de un país donde las victorias argentinas nunca fueron frecuentes.

Del arranque a los 35 de la etapa inicial del choque de ida ante el Mineiro, Lanús fue construyendo una superioridad ofensiva en base a potencia pero escasa de precisión, que se fue agrietando por el nerviosismo creciente de la dupla central debutante. Lo dijimos hasta el cansancio: El defensor inseguro no encima, entrega un par de metros, prefiere proteger su zona que recuperar la pelota. En ese retroceso el rival dispone de espacios para ejercer domino, agrega un volante para tener más descarga. Y ese retroceso estira las líneas, los pases se vuelven más imprecisos, se funden los laterales y volantes condenados al heroico ir y venir en soledad. Y como una parte se retrasa y la otra sigue atacando, la cancha se rompe en la zona media, y algunas veces la grieta no divide parejo. Es allí donde Lanús empieza a cometer un error que no condice con su nivel competitivo: Pierde una marca en la zona de peligro, y le convierten con sólo ubicar en tres pases al hombre que llega cara a cara con Marchesín, como varias veces estuvo Mineiro en Lanús, y casi todas las desperdició.

Lautaro festeja su gol en Brasil, una alegría inolvidable
La sorpresa fue la actuación granate en Belo Horizonte. A lo grande, con una enorme actitud competitiva salió a ganar con una convicción que ni el penal vergonzoso que le cobró el uruguayo Silvera, ni el error defensivo de Braghieri que le costó el empate transitorio pudieron detener. El planchazo de Acosta en el último suspiro, que ni Silvera ni ningún árbitro del mundo se animaría a cobrar, seguramente será una de las imágenes de la fiesta del centenario, una breve secuencia fílmica que ilustrará por siempre esta maravillosa parte de la historia de la entidad granate. Es preciso comprender lo cerca que estuvo de una conquista internacional descomunal. Y es necesario recordar las emociones de ese momento, el impresionante grito de gol que recorrió la noche de una ciudad tensa e incrédula del sur de Buenos Aires saltando de alegría frente al televisor, para poder digerir la insólita manera en que cayó derrotado enseguida, haciéndose dos goles en contra -uno en cada tiempo de un alargue de 30 minutos- dos baldazos de agua fría que terminaron imprevistamente con el sueño fantástico, que se desvaneció, como suele ser, a la hora de los cuentos, con Gómez sin sacar la carroza y con Ayala poniendo mal el zapallo.

Sin atacar a fondo, ante un rival confuso que no podía producir peligro pero que lo intentaba, Lanús en el alargue empezó a construir la secuencia conocida: Retroceso, estiramiento, falta de precisión en ataque, problemas en la vuelta, error defensivo, gol de rival, que en este caso no fue del rival sino en contra, y no fue uno sino dos. El primero de Gómez, una desgracia: a los diez minutos del primer tiempo del alargue, un desborde en el área sin destino, el temor al penal, un rebote maldito de los que suele haber cuando se defiende muy atrás, y la pelota que entra mansita y sin arquero. Con el equipo obligado a buscar el empate, agotado y disminuido por las lesiones de Araujo y Braghieri, Guillermo armó la defensa como pudo. El segundo, a siete del final, fue  una tontería de Ayala -esa pelota era pararla de pecho o ponerla en órbita-  el rabillo de su ojo izquierdo debió percibir el movimiento de Marchesín.

Los golpes duros riegan la planta del pesimismo. Y la merecida derrota ante Colón empeoró las cosas y dejó a Lanús en un mar de lágrimas. “Este equipo supo ser mejor, los refuerzos no son del nivel, Juan, Perico y Andrés se tienen que ir” dice el ofuscado. “Ya sabíamos que iba a ser difícil reemplazar a Goltz e Izquierdoz, por eso costaron lo que costaron. A Braghieri lo conocemos y lamentamos en su momento su partida. Y a Gómez lo tenemos que esperar…” el comprensivo le busca la vuelta. Pero lo mires de donde lo mires, el problema de Lanús está ahí y descalabra todo el andamiaje del equipo. Y ocurrió, con distintas características, en los tres partidos disputados hasta hoy, los tres culminados en derrota.

Colón, de contra, eliminó a Lanús de la Copa Argentina
En el inicio en Sarandí, Lanús fue arreando a Colón contra su arco por mayor categoría  individual, de la mano de Somoza y con la peligrosidad de Silva, pero con poco de Astina y del Pulpito, y nada de Firulete y de Melano, el grana no estuvo fino para generar peligro. De a poco el sabalero empezó a encontrar facilidades para la respuesta larga, y en tres pases pisar el área de Marchesín. Y la secuencia maldita: había que tomar tres marcas, y las tres se tomaban mal, entregando más tiempo y espacio de lo debido. Inseguros desde el primer partido, incómodos en sus puestos, Gómez y Braghieri no están para achicar las espaldas de los laterales como hacían sus reemplazados. Las distancias a recorrer por los volantes se vuelven inmensas. Colón empezó a generar más y más peligro, hasta que Somoza, después del grave error de Pompei, no bajó a tomar la marca del pibe Callejo, que recibió solo y definió muy bien ante Marchesin. El partido termino en derrota con la impotencia ofensiva de un equipo cansado por tres jugados en quince días, sin movilidad, con poco y nada de aquel fuego de cuatro días atrás. Increíblemente, ya hay quienes empiezan a hablar de ciclo terminado, sin entender que el dineral que embolsó Lanús y la obtención dela Sudamericana fue obra del Mellizo, como lo fueron de Zubeldía y de Cabrero las campañas y las grandes ventas realizadas en sus ciclos respectivos.


Las cartas estaban echadas de antemano, y las primeras fueron difíciles: El Mineiro acá y allá, Colón por la Copa Argentina, y ahora hay que viajar a Japón con la bronca, la desilusión y el cansancio a cuestas por dos estrellas perdidas, para intentar que la tercera sea la vencida. Hay cosas que se pueden solucionar y otras que no. El semestre será cargado y Goltz y el Cali son tan difíciles de suplantar como se suponía, pero el entrenador debe corregir lo que sale mal, y si es necesario intentar variantes, ya sea individuales o colectivas, él sabrá cuales y de que manera, porque parece haber jugadores que están pidiendo el reemplazo a gritos, y en el plantel no se advierte el suficiente recambio ni de la categoría necesaria, sobre todo del medio para atrás. La próxima estación es la soñada Tokio, en siete días, a las siete de la mañana y en el culo del mundo. Y pese a todo, en Lanús sigue habiendo optimismo.      

Marcelo Calvente

              

domingo, 27 de julio de 2014

Hazaña y decepción


En 99 años de historia, Lanús acaba de jugar su cuarta definición de torneo internacional, con una impactante victoria sobre el Atlético Mineiro de Ronaldinho por 3 a 2 en el mismo escenario donde Alemania  le metió 7 goles a Brasil, resultado que debido a la victoria del Galo en La Fortaleza por 1 a 0 en el partido de ida obligó a jugar un alargue que el local ganó por 2 a 0, obteniendo de esa manera la Recopa Sudamericana 2014. En esas cuatro finales que el Grana disputó obtuvo dos títulos: la Conmebol 1996 a Independiente Santa Fe, donde pese a caer derrotado en El Campín de Bogotá se alzó con la Copa por diferencia de gol; y la Sudamericana 2013, que ganó sin discusión hace apenas algunos meses ante el Ponte Preta en Arias y Guidi. En las otras dos finales no logró el título, y curiosamente fue ante el mismo rival: el Atlético Mineiro. En 1997, luego de golear a Lanús en La Fortaleza por 4 a 1 con bochorno incluido en el partido de ida, no lo pudo vencer en Belo Horizonte en el partido de vuelta, donde empataron en 1 gol, y así el Mineiro ganó Copa Conmebol de ese año. El mismo que anoche acaba de arrebatarle la Recopa Sudamericana 2014 después de haber perdido en el último de los cuatro minutos adicionados a los noventa de juego, con gol del Laucha Acosta, que puso la chapa 2 a 3, ante un estadio repleto por 60.000 fieles que lo sufrieron como condenados, pero que enseguida festejaron la obtención de la Copa en el alargue.

Una vez más, un árbitro perjudica a Lanús fuera de casa
Aquella primera noche victoriosa de El Campín del 96, un todavía humilde Lanús dio su primer grito internacional dejando una gran imagen: La de un club chico aunque tradicional de la primera división del fútbol argentino, que quince años después de haber militado en la divisional “C”, ya establecido de nuevo en la máxima categoría, obtenía la primera estrella de su casaca en Colombia, mientras con enorme sacrificio iba transformando paulatinamente su vieja cancha de madera en un gran estadio que alguna vez, vaya uno entonces a saber cuando, terminaría de construir. Pero mejor imagen dejó en su segunda consagración continental de 2013, la tercera y última estrella conquistada hasta ahora, cuando venció holgadamente al Ponte Preta, e incluso quedó a un paso de la doble conquista, ya que luchó simultáneamente hasta la última jornada el Apertura de ese año, que finalmente se lo llevó San Lorenzo con bastante fortuna. Esa conquista de la Copa Sudamericana 2013 lo consagró como un grande del continente, sitial que confirmó con su muy buena participación en la Libertadores 2014, torneo que aún no concluyó, del que fue eliminado por un gol de diferencia en cuartos de final por el Bolívar en la altura de La Paz.

Aquella primera derrota del 97 fue un paso atrás. Pese a que defendía el título de campeón obtenido un año antes por el equipo de Cuper, con los incidentes que produjeron sus jugadores y parte del público, Lanús demostró que el primer plano internacional aún le quedaba grande, y el mal rumbo lo confirmó cuatro años después -en 2001/2002- jugando una promoción con Huracán de Tres Arroyos . Otro lustro le llevó volver a encaminarse en lo económico y aplicar un cambio de timón futbolístico que terminaría haciendo escuela, una escuela formativa de tan enorme estructura, a la que la mayor parte de los clubes argentinos, con sus males de siempre, sus deudas y sus carencias, no pueden ni siquiera soñar con pertenecer. Así llegó el título del Apertura 2007 de la mano de Ramón Cabrero, y enseguida el retorno a las copas.

La segunda final perdida fue la de ayer, pese a que ganó el partido de manera espectacular en la última jugada , y aunque el alargue significó una enorme tristeza para todos los granates, Lanús brilló como solo los grandes del fútbol de America pueden hacerlo. El partido se rompió enseguida, a los 6 minutos de juego, cuando el árbitro uruguayo cobró un penal inexistente a favor del local, que Tardelli transformó en gol, estirando la ventaja del Mineiro a dos anotaciones. Lo que Silvera sancionó no figura en el reglamento. Ni nunca figuró. Para cobrar una mano en nada influye si está más o menos separada del cuerpo del infractor, como muchos que creen saber de fútbol suelen afirmar. Solo se debe juzgar la intención, algo que en el accionar de Víctor Ayala no hay manera de encontrar. Con la misma vara habría que evaluar también la intención del juez al sancionarlo.

Era de Lanús, pero Atlético Mineiro se la sacó de las manos 
Lanús logró reponerse de ese perjuicio un minuto después, cuando el mismo Ayala señaló el empate con tiro cruzado, luego de una buena jugada colectiva por derecha. Y a los 25’ pasó al frente con gol de Santiago Silva desde el suelo, aprovechando un rebote cedido por el golero local luego de un gran centro de Velázquez. En Belo Horizonte había sorpresa y tensión, pero a los 37’ de esa electrizante etapa inicial el local logró el transitorio 2 a 2, porque Maicosuel le ganó la espalda a Braghieri. La segunda etapa fue de dominio granate hasta el minuto 94, cuando el estadio enmudeció con el gol de Acosta que decretó el alargue.  Todo estaba para Lanús, la cara de los futbolistas y los torcedores que las cámaras enfocaban así lo anunciaba. Sin embargo, la visita lo dejó escapar de increíble manera, marcándose dos goles en contra que el local difícilmente hubiere conseguido por sus propios medios.

Con una nueva dupla central que aún no se adaptó a sus compañeros, pese a la decepción final de una noche para la historia, y a la necesidad de  resolver con urgencia las distracciones y los errores defensivos que costaron la Copa, la excelente producción en ataque, la notable mejora en lo físico y la renovada actitud competitiva del equipo de Guillermo son motivos suficientes como para ver el futuro con optimismo y sed de revancha, pensando en las otras cuatro estrellas posibles de lograr en el breve lapso que dista de la próxima Navidad.   


Marcelo Calvente

viernes, 18 de julio de 2014

Afiches


Después de unas pocas semanas de pretemporada y habiendo jugado un solo amistoso previo, Lanús disputó el partido de ida por la Recopa Sudamericana, la que dirimen los dos campeones continentales de cada temporada, en este caso el local y el Atlético Mineiro de Belo Horizonte. Dejando una imagen poco convincente, el Grana perdió en La Fortaleza por 1 a 0, algo poco frecuente últimamente, y para obtener el título debe ganar en Brasil en siete días. Fue un partido interesante, sobre todo para que Guillermo pueda ajustar el funcionamiento de su equipo, y el exhibido por su rival es un buen ejemplo a seguir, un espejo donde mirarse y corregir el maquillaje para la próxima escena.

Desde el inicio ambos elencos disputaron la posesión de la pelota, tratando de determinar el segmento de terreno donde el partido debía jugarse según su conveniencia. Mineiro puso tres delanteros, André de punta, Ronaldinho unos metros más atrás, con Maicosuel -recientemente adquirido en 10 millones de reales- y el experimentado Diego Tardelli, la figura de la cancha, bajando unos metros por las bandas para tratar de iniciar los ataques, que invariablemente contaban con el aporte de los laterales: Emerson por el lado de Araujo y sobre todo Marcos Rocha por la zona de Velázquez. En los primeros minutos se observó el nerviosismo de Braghieri y Gustavo Gómez, los dos centrales, ambos debutantes, quienes tuvieron dificultades de todo tipo. Durante quince minutos frenéticos los dos equipos se atacaron a fondo y también ambos cometieron errores defensivos. Pronto Lanús logró prevalecer en la zona media, donde el Pulpito, Somoza y Ayala superaban a Pierre y Donizete. Mineiro trataba de meterse en campo granate, sus defensores se paraban cerca de la divisoria, y Santiago Silva empezó a aparecer a sus espaldas, generándole tres situaciones de peligro que no pudo aprovechar. En el último tramo de la etapa inicial el partido bajó en intensidad y hasta el descanso los dos estuvieron imprecisos. El entrenador brasileño tomó nota del desorden de su oponente en el fondo, y tomo decisiones drásticas para salir a ganarlo. No volvieron Ronaldinho y André, ocuparon sus lugares Guilherme y el mundialista Jo, y el Mineiro jugó el complemento con once.

Ronaldinho volvió a La Fortaleza, Velázquez siempre está
Son solo algunas de las circunstancias que condicionaron el partido entre dos de los mejores equipos sudamericanos, un choque que terminó en victoria clara para el Mineiro. Cuesta creer que la visita no haya estirado las diferencias en el complemento, ante un Lanús que se fue desdibujando peligrosamente. Y eso sucedió porque desde el primer minuto de juego los centrales no hicieron pie, y aunque ambos lo intentaron demostrando carácter, nunca mostraron seguridad y retrocedieron permanentemente, cometiendo errores burdos a tal punto que únicamente pueden ser producto de la falta de ensayo previo. Era sabido que Lanús arrancaba apenas terminado el mundial, preso de un calendario que será más apretado aún que el del último semestre. El profesor Valdecantos fue claro al respecto: “Yo tengo que hacer una pretemporada para jugar seis meses muy exigentes, no puedo prepararlos físicamente de manera especial para este partido”.

El semestre que comienza es de vital importancia para Lanús: disputará nada menos que cinco estrellas. Logró realizar dos transferencias muy redituables -no hay como el dinero guardado para fortalecer la solvencia- y mantiene un plantel sumamente competitivo, con figuras de relevancia, como Marchesín, Araujo, Maxi Velázquez, y la sorprendente versión del Pulpito González en pleno apogeo, Leandro Somoza y el paraguayo Ayala, el mediocampo campeón que ideó Guillermo. La presencia ofensiva del Pelado Silva, la esperanza de que el Laucha levante físicamente y que Junior Benítez pegue el último salto que le falta dar para irse a jugar la próxima Champion League, y la posibilidad  de que sigan creciendo los pibes del club, sobre todo Valdez Chamorro y Astina, dos grandes promesas que deben amoldarse al esquema de Guillermo. Un poderío que debería permitirle soñar en grande. Pero hay cosas que se pueden evitar y otras que no. Cuando Valdecantos dijo lo que dijo, sabía lo que podía suceder. Se trata de decisiones evaluadas con detenimiento y profesionalismo por parte del cuerpo técnico, buscando sacar el máximo provecho posible a sus futbolistas para afrontar de la mejor manera todas las competencias, que para sorpresa de muchos, el primer equipo Granate debe asumir.

El pelado Silva ganó y perdió con Jemerson
A Lanús le falta trabajo técnico y táctico. No significa que no lo han hecho, sino que no han conseguido la sintonía ni el entendimiento necesario. Por eso los futbolistas brasileños encontraron tantos espacios en la zona de definición. La jugada del gol, más allá de lo justo o no de la sanción del saque de banda, es sumamente explicativa. La inseguridad individual de los centrales impidió ajustar las marcas, retrocedieron e hicieron ret5roceder al resto, y el equipo se alargó en demasía, lo que ante un rival que siempre fue corto y ancho resulta ser fatal. En tales circunstancias, cada recuperación fue una odisea para los volantes y laterales granates, porque debían recorrer cincuenta metros para llegar a lo zona de definición, y por todas estas cosas el equipo nunca tuvo la precisión de otros tiempos no tan lejanos. Siempre lo intentó; a poco del final lo tuvo el Pelado Silva, y luego el arquero descolgó de un ángulo un gran remate de Araujo de media distancia. Pero cada regreso, desandando a la desesperada los mismos cincuenta metros, era un sufrimiento. En este contexto, el 1 a 0 en contra y de local con que se cerró el encuentro fue un muy buen resultado. 

“Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel, y en el fetiche de un afiche de papel se vende la ilusión, se rifa el corazón…” Es un afiche de la  Recopa Sudamericana, partido de vuelta, miércoles 23 de julio, Estadio Mineirao de Belo Horizonte. Se trata de una instancia hasta hace muy poco tiempo jamás soñada, y el Grana tendrá que jugarse nomás allá en Brasil como el grande que es, y salir a buscar una victoria para la historia.

Marcelo Calvente

martes, 15 de julio de 2014

Arriba los de abajo


Pudo haber sido con esa del principio que fortuitamente, por un error defensivo alemán, le quedó al Pipita para empalmar de derecha de aire, de primera, como en el gol que le hizo a Bélgica, pero esta vez no la agarró bien. Pudo ser después, si otra vez el Pipita no se adelantaba innecesariamente ante el pase de Messi. Pudo ser también alguno de los dos desbordes de Messi por derecha que se diluyeron en el área chica. Pudo ser de penal a principios del complemento, si el árbitro sancionaba el rodillazo asesino de Neuer sobre la mandíbula de Higuaín. O la de Palacio, también en el segundo tiempo, el extraordinario pase de Rojo que no logró matar correctamente con el pecho, la pelota se le fue un poco larga y no pudo darle dirección a su toque timorato con el pie derecho en alto ante la salida del arquero. No pudo ser. Alemania se consagró campeón del mundo por 4ª vez, y fue la primera que un equipo europeo lo logra en tierra americana  Fue un partido jugado a todo o nada por los dos, cada uno con sus armas, en el que las mejores situaciones fueron para Argentina pero el dominio fue alemán, con un equipo que estaba más entero físicamente luego del amplio triunfo ante Brasil -y con un día más de descanso- una ventaja que no fue menor en el tramo final de un torneo tremendamente desgastante, en el que los finalistas jugaron siete partidos con sus alargues en 27 días. Por eso obtuvo la mínima diferencia a minutos del final, una ventaja fuera de contexto, gracias al único error defensivo colectivo de Argentina en todo el torneo. Un resultado muy apretado, casi injusto, que el paso de la historia agrandará con la frialdad de las estadísticas, cuando el Mundial de Brasil se asocie definitivamente al nombre del campeón, Alemania, y del subcampeón no quede más que una mención de circunstancia. Así ha sido siempre el costo de la derrota, independientemente de lo digna, lo inmerecida o lo desafortunada que hubiere sido, y de que el pueblo argentino en general la celebre casi como una victoria.

Miles de argentinos llevaron su aliento a todo Brasil
No puedo dejar de preguntarme el porqué de tanta celebración: Puede ser una cierta revalorización de la argentinidad después de tantas frustraciones de todo tipo, puede ser la muy buena imagen dejada por el equipo, esa combatividad que tanto nos gusta observar en nuestros deportistas, o la sorpresa por ver a tantos criollos, no todos pudientes, acompañando a la Selección a lo largo del enorme territorio del Brasil y haciéndose oír durante todo el torneo. Seguramente se celebró el esfuerzo de los delanteros, la fiereza de los defensores. Pero a los futboleros, por sobre todas las cosas, nos dura la sorpresa por una actuación argentina en el mundo del revés.

La selección de Sabella había presentado sus armas en la clasificación: Puntero absoluto con nueve victorias, cinco empates y apenas dos derrotas en 16 partidos disputados, era un equipo muy ofensivo que tomaba la iniciativa en todas las canchas, que contaba con el mejor del mundo -y con varios de sus escoltas en sintonía- perforando redes, pero con cierto desequilibrio en el medio. Con una defensa dubitativa y con un arquero más dubitativo aún, un equipo poderoso que se regalaba tontamente para que sus adversarios le conviertan con sólo aproximarse. Con el mundial en marcha, las virtudes y defectos argentinas fueron cambiando de línea. A medida que avanzaba más le costaba llegar al gol, pero en cambio la defensa cumplía, en tanto Romero no hacía macanas y atajaba al menos las que le iban al cuerpo, entre ellas dos penales decisivos para eliminar a Holanda en la semifinal. El ingreso de Demichellis le había otorgó la firmeza defensiva que el equipo mantuvo hasta el final, y tanto él como Garay, Rojo y Zabaleta han subido notablemente su cotización al cabo de éste mundial. Ni hablar Mascherano, Biglia, Enzo Pérez y Lavezzi. En cambio fueron los de arriba los que defraudaron. Higuaín, Palacio, Agüero, Di María, además de Gago, no llegaron bien físicamente y se fueron aún peor, porque jugaron poco y por debajo de las expectativas. Habrá que ver si aquel poder de fuego volverá cuando estos grandes delanteros recuperen su mejor forma o cuando surja otro valor que lo pueda hacer mejor. Habrá que ver si no nos tenemos que acostumbrar al juego especulador, al contraataque, un estilo que a Sabella parece seducirlo. Y lo de Messi, que es un caso aparte.

Messi, decime que se siente jugando de esta forma...
Si como todos pensábamos, Messi llegó a Brasil para consagrarse a nivel selecciones, en este momento debe sentir una enorme frustración. De buen arranque, marcando goles importantes, se fue diluyendo y se va como llegó, siendo considerado unánimemente el mejor del mundo pero sin conseguir la hazaña que coronó a Pelé primero y a Maradona después, la de romperla y consagrarse campeón mundial en tierra ajena. Estuvo poco participativo, faltó cuando más se necesitó de él y finalmente dilapidó la tercera oportunidad. Seguramente tendrá una cuarta chance en Rusia, siempre y cuando tenga la fortuna de llegar en condiciones, porque en el fútbol nunca se sabe y las piernas siempre están en riesgo. Hay algo en él que no termina de gustarnos: Su silencio. Nunca sabemos lo que piensa, y lo que es peor, no siempre sus técnicos lo saben. Te lo dice jugando mal, apareciendo poco, perdiendo pelotas complicadas, haciendo pucheros en el banco como en Alemania 2006 o negándote el abrazo como a Maradona después de la eliminación en Sudáfrica. Todavía no sabemos que es lo que opina de los cambios tácticos que el entrenador fue realizando a partir de las ausencias. Y como el segundo puesto -al menos para la opinión pública en general- tuvo el reconocimiento de una gran campaña, tal vez nunca lo sepamos.

Terminó el que tal vez fue el mejor mundial de la historia. Y para todos comienza un ciclo de cuatro años de competencia continental, pensando en rearmarse de cara a Rusia 2018. Tanto como Alemania, Argentina lo arranca con una base firme. España, Holanda, Inglaterra, Portugal, Uruguay e Italia tendrán que apelar a una profunda renovación de sus planteles, si es que tienen con qué. Francia, Bélgica, Costa Rica, Colombia y Chile trabajarán tratando se consolidar el crecimiento y pensando en el futuro con optimismo. Brasil reiniciará su marcha con una pesada e inesperada carga sobre sus espaldas: Volvió a defraudar de local, y se comió un terrible baile con goleada por 7 a 1,  eliminación en una semifinal para la historia, un bochorno que no pudo revertir en el partido por el tercer puesto, en el que Holanda le ganó por 3 a 0. Tal vez nada vuelva a ser lo mismo para el fútbol brasileño por un largo tiempo.  

Marcelo Calvente

sábado, 12 de julio de 2014

Alemania, o el Tercer Rey


Después de 120 minutos de un fútbol avaro y sin demasiadas emociones, con victoria Argentina al cabo de una serie de penales que resultó pan comido desde la primera ejecución fallida del holandés Ron Vlaar, el equipo nacional consiguió el pase a la final del Mundial de Fútbol de Brasil 2014, instancia que volverá a jugar tras 24 años, desde Italia 90, con el mismo adversario que lo derrotó entonces. En el balance del tedioso partido disputado en San Pablo entre Holanda y Argentina, muy táctico pero sin emociones, quedan cuatro situaciones de gol en favor de Argentina, dos de Higuaín; una muy clara de Palacio y la última malograda por Maxi Rodríguez luego de un desborde de Messi, y casi nada para Holanda. La justa clasificación a la instancia final llegó porque Chiquito Romero contuvo dos penales, y Messi, Garay, Agüero y Maxi Rodríguez convirtieron cada uno el suyo, y el interminable festejo se extendió a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

Pelé, dando la vuelta en México 70, a los 30 años
Invirtiendo los roles habituales de cada uno Argentina salió a esperar, y luego de varios minutos de estudio, Holanda no tuvo otra alternativa que tomar el protagonismo. Lo hizo temerosamente, pisando sobre terreno poco seguro, ya que prefiere ceder espacios y luego contraatacar con la velocidad de Robben y la precisión del resto. Por un rato no hubo arcos, pero en seguida el equipo de Sabella demostró acomodarse mejor a la  circunstancia, y que últimamente resulta muy difícil crearle situaciones de gol. A quince minutos de finalizar el tiempo suplementario Holanda bajó los brazos. Argentina llegó al final al límite de sus fuerzas, pero sumamente confiada en la victoria desde los doce pasos. Mientras la historia lo tiene entre los ganadores, su rival carga con una enorme lista de fracasos que lo viene acompañando desde que en Alemania 1974 sorprendió al mundo con el fútbol de Cruyff y compañía, que inesperadamente cayó en la final ante el local, iniciando un largo periplo de cuarenta años de frustraciones mundialistas, un maleficio que perdura hasta hoy, luego de nueve ediciones en las que fue cuatro veces semifinalista y tres de ellas subcampeón. Campeón, nunca.

Argentina había llegado al mundial confiando en su poder ofensivo pero generando  dudas respecto del nivel de sus defensores y de la poca actividad previa de sus tres arqueros. Todo ocurrió al revés, sobre todo después del ingreso de Demichelis y Biglia, Romero cumplió, y fue creciendo la figura de Javier Mascherano, una especie de héroe nacional, como Subín, pero en carne propia, el abanderado del esfuerzo y la convicción ganadora que Argentina logró imponer en este Mundial desde su figura Si de verdad todo el plantel se ha contagiado de Mascherano, el domingo no importará el cansancio ni las ausencias, solo la sed de victoria.

Hace 24 años, el equipo de Bilardo había llegado a la final de Italia 90 arrastrándose de cansancio, diezmado por las lesiones y las suspensiones, se debatió con bravura ante el equipo de Beckenbauer. Argentina había eliminado en semifinales al local en los penales, y se había colado en la final de manera inesperada. A diez minutos del cierre, con el resultado parcial en cero, Edgardo Codesal, en nombre de la entidad que hasta hoy, a los 63 años de edad, aún lo emplea, otorgó un penal que lo cubrirá de vergüenza mientras viva. 24 años después, en Brasil, el equipo de Sabella ha recobrado aquel amor propio y la misma fiereza.
Diego Maradona con la Copa en 1986, en su 2º  Mundial

Para encontrar la última victoria Argentina en una final mundialista hay que  remontarse a 1986, a la epopeya de Diego Maradona en su mejor momento. Fue una tarde inolvidable ante ¡cuando no! Alemania, un recuerdo grabado a fuego en la memoria del pueblo argentino. Fue el Mundial de la mano de Dios y del Barrilete Cósmico, y Argentina uno de los mejores campeones de la historia. Después llegaron las frustraciones. Y ahora es el tiempo de Messi, que ya jugó dos mundiales sin poder imponer su categoría, y disputará su primera final. Para casi todos Alemania es favorita, sobre todo después de la goleada ante Brasil que hizo olvidar que no pudo vencer a Ghana, y lo mucho que le costó superar a EUU, Argelia y Francia. La victoria sería su cuarta conquista, igual que Italia, una menos que Brasil, lejos de Uruguay y Argentina que ganaron dos mundiales. Para ganarle a Alemania, Argentina tiene que apretar las marcas, llevar las acciones a la línea media y abastecer con juego corto a Messi, que hasta hoy apareció en cuentagotas. Le alcanzó para confirmar que es el mejor futbolista de la actualidad, pero para subirse al podio de Pelé y Maradona le falta ganar un mundial de visitante y ser la figura excluyente del torneo. A Cruyff, Passarella, Platiní, Rumenigge, Ronaldo, Zidane e Iniesta no les alcanzó. El domingo, Lionel Messi la tiene servida.

Marcelo Calvente
marcelocalvente@gmail.com

miércoles, 9 de julio de 2014

El recontramaracanazo


Y al final sucedió: Brasil perdió con Alemania 7 a 1 y el mundo sigue andando. Y de continuar andando en el año 3.000, por poner un ejemplo, se seguirá hablando de este increíble resultado que se produjo en un partido jugado en condiciones normales y con los 22 jugadores en cancha, a estadio repleto y por una de las semifinales del Mundial 2014 que se está disputando en  la casa del perdedor, que es la nación de la Selección más ganadora en la historia de los mundiales. Independientemente de los motivos que precipitaron semejante marcador, el 7 a 1 habla muy bien del fútbol como deporte. Sería impensado un resultado igual de abultado entre dos equipos del primer nivel en cualquier otra disciplina deportiva: Un 6-0 / 6-0 entre Nadal y Federer, 30 puntos de ventaja entre dos de los mejores de la NBA, una diferencia igual de abrumadora en un test-match de Rugby entre Australia y Nueva Zelanda. El fútbol, y solo el fútbol hace posible lo impensado. Y lo impensado, casi siempre tiene que ver con la derrota. Es más difícil, aunque no imposible, que tres o cuatro jugadores mediocres coincidan en un día brillante para lograr una hazaña inolvidable. Es más común el derrumbe en cadena del conjunto por culpa de un par de errores individuales insólitos e inoportunos.

Brasil, buscando los lentes de contacto perdidos...
Es difícil comentar fútbol cuando no se tiene ni la mínima idea del juego. Este partido fuera de lógica y contexto desnuda la pobreza intelectual del periodismo deportivo argentino. Vieron entrar la pelota cinco veces en el arco de Brasil antes del cierre de la primera etapa en una semifinal de la Copa del Mundo, y la explicación que encontraron es que Alemania es una máquina. Un equipo invencible. Una topadora que arrolló a Brasil. No, señores. Alemania ni siquiera tuvo un rival enfrente. Ni bueno, ni regular, ni malo. No hubo partido, y no sucedió porque esta Alemania que hace 17 días no pudo con Ghana y que luego le ganó raspando a Argelia y a Francia, así de golpe, se convirtió en un equipo descomunal. Traten de ver de nuevo el primer tiempo. Enfrente de Alemania estuvo la ropa del equipo de Scolari. Los jugadores locales no estuvieron concentrados en el partido. Jugaron sin mirar al rival, jugaron ciegos. Soltando las marcas, perdiendo los rebotes, corriendo desesperados para atrás intentando defender en el área chica, como se hacía en los años cuarenta, y los que cometieron esos errores son jugadores del Real Madrid, del Bayer Munich, de la Roma. Para encontrar la explicación de este resultado no hay que hablar de Alemania, hay que tratar de entender qué fue lo que le pasó a este excelente plantel brasileño. No es normal lo que ocurrió, pesará para siempre sobre las espaldas de los protagonistas. Tal vez ahora se entienda tanta lágrima y tanta debilidad anímica expresada por los futbolistas locales durante la competencia previa, la poca confianza definitivamente aplastada por la lesión de Neymar, su principal argumento ofensivo. Vaya uno a saber.

Alemania es una de las mejores selecciones de la actualidad, nadie lo dude, pero no es la máquina infernal ni el equipo invencible que algunos creyeron ver. Brasil jugó un partido para el olvido, nadie puede dudarlo, pero este resultado irrepetible y doloroso no es más que una derrota y la eliminación de un mundial, el menos pensado, es cierto, el que por ser local debía ganar, pero tan solo un mundial. Brasil volverá a ganar mundiales en el futuro, incluso tal vez el próximo, porque seguirá siendo uno de los mejores seleccionados del mundo como lo viene siendo en los últimos sesenta años. Este resultado le pone pimienta al fútbol del futuro, incentiva la competitividad, incluso hasta tal vez precipite nuevas teorías sobre la preparación mental de los futbolistas de alto rendimiento ante escenarios de enorme presión, como lo es un torneo de estas características. El Maracanazo dejó de ser un recuerdo pintoresco, los muchos años que pasarán hasta una tercera oportunidad acrecentarán las dimensiones de la ignominia que hoy ha nacido para el máximo ganador de la historia de los mundiales.

El duelo de hoy que define el paso a la final 
Desde antes del inicio, el Mundial de Brasil, tan controvertido y criticado, es una bomba de mecha corta a punto de explotar. Por suerte, por ahora no pasó nada. Con lógica desazón, los espectadores se fueron del estadio con su pena a cuestas y nada más. No hubo mayores incidentes. Todo depende de la forma en que se cuenten los suicidios. El Mundial se sigue jugando en medio del velorio. Hoy se enfrentan la Argentina y Holanda por un lugar en la final y ya no habrá sorpresas. Las marcas serán muy rigurosas. Como es habitual, Holanda cederá terreno, por lo que Argentina ocupará campo contrario. La concentración de la defensa argentina será fundamental, Robben tendrá facilidades para correr a sus espaldas. En el área de enfrente, en espacios reducidos es donde Messi suele imponer condiciones determinantes. Quien saque la primera ventaja tendrá la victoria en el bolsillo. 


Desprovisto de dioses, presagios y creencias sobrenaturales tengo por hobby decir lo que pienso que puede suceder en un partido de fútbol, y estoy tentado a señalar que lo que sucedió hoy puede resultar perjudicial también para el ganador. Que tal vez como los periodistas argentinos, también los futbolistas alemanes se olviden de que todo sucedió en un contexto inusual. Que se relajen con las repercusiones y se sientan campeones antes de jugar la final. O al revés, que ahora carguen con la misma presión que maniató a sus vencidos, nunca se sabe. Estoy tentado a decir que el vencedor del choque de hoy entre Argentina y Holanda, por la otra semi, es el que superará a Alemania en la final y se quedará con el título. Pero pensándolo bien, mejor me quedo piola. No vaya a ser cosa de que alguno se la termine agarrando conmigo…

Marcelo Calvente


  

  



  

martes, 8 de julio de 2014

Garganta con arena


Un mundial terminó en cuartos: el de los equipos sorprendentes, el de los que en algún momento jugaron tan bien que nos hicieron dudar si no estarían para mayores. Lo pensamos cuando Chile, luego de vapulear a Australia, venció sin atenuantes a España 2 a 0. También con Colombia, cuando en su tercera victoria al hilo, goleó a Japón por 4 a 1 y enseguida despachó a Uruguay en octavos. Y también en cada presentación de Costa Rica, líder del grupo de la muerte que terminó matando a Italia e Inglaterra, nada menos, para superar en octavos a Grecia en los penales, hasta que invicto y también por penales Holanda lo sacó de competencia. Pero al cabo de los cuartos de final todo volvió a ser como antes. Cuando uno de los grandes se baja, como España, Polonia o Rusia, se sube otro grande, como Francia o Bélgica. Porque a las semifinales, más allá de alguno de segundo nivel que a veces se cuela, siempre llegan los más grandes. Brasil, Italia y Alemania casi siempre, Holanda, Uruguay, Argentina, España, Francia e Inglaterra son los que últimamente alternan. Por lo general, vaya uno a saber porque, todavía de ahí no sale.

Marcelo se alarma por la lesión de Neymar
Después de ver a tantos buenos equipos que fueron quedando en el camino, ahora sabemos que el Mundial de Brasil 2014, uno de los mejores y más competitivos  de la historia, puede ganarlo el local, a priori el principal candidato, si es que vence primero a Alemania, el de juego más sólido. También lo pueden ganar Argentina u Holanda, que vienen a paso muy firme por la otra llave. Tal vez jueguen la final los dos sudamericanos, sería un choque apasionante e inédito en semejante instancia, el desenlace esperado por el mundo entero. Tal vez sea una final europea en tierra americana, algo que hasta hoy nunca sucedió. Y es muy probable que sea como casi siempre, uno de cada continente. Cada uno de los cuatro tiene atributos de sobra como para ser campeón, pero ninguno está exento de debilidades y carencias que pueden impedirle alcanzar la gloria. 

Brasil era el más firme candidato hasta que empezó a rodar la pelota, y empezaron a jugar con la responsabilidad de ser campeones, temerosos de despertar el malestar popular respecto a los gastos desmedidos y la corrupción de la organización, que el inicio de la competencia y las fuertes medidas de seguridad montadas ante las cámaras de TV, dejó latente en el pueblo brasileño. Las muestras de alarmante debilidad espiritual de deportistas de lágrima fácil, las dificultades ante Chile para alcanzar la victoria y el pase a cuartos, el mal juego ante Colombia y por encima de todo la grave lesión de Neymar, ausente para lo que resta, que preanuncia más dificultades, una definición plena de nerviosismo y sufrimientos, mirando de reojo la marcha de Argentina, el clásico rival, que de ser posible preferiría evitar en la hipotética final. Brasil nunca tuvo en el Mundial el juego que supo mostrar hasta poco antes del inicio de la competencia, el que le permitió ganar hace un año la Copa de las Confederaciones con enorme soltura. Son los mismos jugadores, pero no encuentran aquel funcionamiento. De los cuatro finalistas, es el que afronta el problema mayor: La ausencia de su principal figura. Así sería si la Argentina no pudiera contar con Messi, u Holanda perdiera el aporte de Robben. Alemania es el único que no tiene una figura determinante, porque así es siempre.

Messi celebra una de sus conquistas
El elenco teutón será el rival del local. Luce poderoso en ofensiva con Muller, Klose, Schurrle y Ozil, y tiene un arquero que por momentos parece invencible. El equipo está bien parado, aunque cuando lo atacan suele presentar algunos problemas defensivos, como todos. Impresionó de la mejor manera en la fecha inicial, goleando al Portugal de Cristiano por  4 a 0. Luego ya nada le resultó tan fácil. Empató en 2 con Ghana, y ese fue el único punto sumado por los africanos, y cerró el Grupo G venciendo a EUU por un ajustado 1 a 0. Para dejar atrás a Argelia en octavos necesito de un alargue. A Francia le marcó enseguida y luego lo envolvió en la madeja hasta el final. Desde donde se lo mire, es el favorito de su llave. Cuesta imaginar una final sin Brasil, tanto como imaginar que éste Brasil sin Neymar, tenga con qué superar a Alemania. El historial común, abrumadoramente favorable para el local, en estas circunstancias parece un agravante más. Brasil es el único de los cuatro finalistas que tiene la obligación de ser campeón; cualquier resultado que no sea el título será un fracaso para la historia, mientras para los demás haber llegado a esta instancia es misión cumplida.

El Mundial de Brasil entregó grandes partidos y emociones a granel, y la etapa decisiva pinta para alquilar morros. Argentina también está a un paso, independientemente de Holanda y del rival que deba enfrentar en caso de llegar al partido decisivo. Después de aquel arranque timorato en el que Sabella desnudó dudas que nadie intuía y salió a enfrentar a Bosnia con cinco defensores, la normalidad volvió en el entretiempo y Argentina ganó todos los partidos que jugó, solo Suiza en octavos lo complicó y lo obligó al suplementario. Viene de menor a mayor, y en el último partido -ante Bélgica- entregó su actuación más convincente. Aunque ya no tendrá a la primera guitarra de Di María, Lavezzi, Palacio, Biglia y Enzo Pérez no desentonaron. Y lo tiene a Messi, que canta como los dioses, y todavía no entregó lo mejor de su repertorio.

Marcelo Calvente


domingo, 6 de julio de 2014

Del 30 al 14, una historia con pocas cosas en común


Cuando se habla de la Copa del Mundo se extiende una línea de continuidad histórica desde el presente hasta el año 1930, el primer torneo ecuménico organizado por la FIFA y disputado en Uruguay, por entonces la máxima potencia futbolística del planeta junto a la Argentina, a quien el local derrotó en la final. Las estadísticas de los mundiales de fútbol  incluyen los resultados de las 15 ediciones disputadas desde entonces hasta hoy como si se tratara de lo mismo, pese al tiempo transcurrido. Sin tener en cuenta, por ejemplo, que todos los equipos intervinientes en aquella primera edición llegaron a Montevideo en barco, ni que participaron tan solo cuatro seleccionados europeos -Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia- siete sudamericanos -los dos finalistas además de Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile y Perú- más México y EEUU. Una Copa del Mundo con sólo 13 participantes invitados, que no jugaron eliminatoria alguna.

Selección de Alemania saludando al pueblo francés en 1938 
Las estadísticas que señalan que los cuatro más grandes de hoy son Brasil, Italia, Alemania y Argentina, escalón al que habría que agregar a Uruguay también ganador de dos mundiales, incluyen el Mundial disputado en Italia en 1934 al que no concurrieron equipos de Sudamérica –a excepción de Brasil- que se disputó ante la atenta mirada de Mussolini, que había sumado a su plantel a cuatro futbolistas argentinos para asegurarse la victoria, que obtendría en la final sobre Checoslovaquia para alivio de todos. Incluyen también el Mundial disputado cuatro años después en Francia, cuando Europa era una enorme mecha a punto de encenderse, el terror se empezaba a convertir en fanatismo y los futbolistas alemanes realizaban el saludo nazi en las narices de la gran nación que Hitler pronto ocuparía.

Las estadísticas incluyen los mundiales de posguerra. El de 1950 se jugó doce años después en Brasil, en agradecimiento al único país de Sudamérica que no se había plegado al boicot del 38. De los 16 equipos preestablecidos, solo participaron 13. Se dividieron en cuatro grupos: Dos de cuatro equipos, uno de tres, y el restante de dos: Uruguay y Bolivia, grupo ganado por los Charrúas con un solo partido, en el que  vencieron a Bolivia por 8 a 0  Es recordado por la final perdida por el local, un mito al que el tiempo le agregó una sorpresa que en verdad no debió ser tal. Más allá de la fe brasileña en la victoria, el fútbol rioplatense todavía estaba un escalón arriba, y la victoria uruguaya pudo haber sido inoportuna pero de ninguna manera inesperada. Incluyen los mundiales de Suiza, Suecia y Chile, donde la violencia apareció en escena,  Brasil sacó ventaja y Pelé se consagró como “O Rei”. Y el Inglaterra del 66, con los arbitrajes cruzados de un inglés y un alemán perjudicando a Uruguay y a la Argentina, con el tan publicitado como supuesto affaire de Ratin y la Reina Madre en la mismísima alfombra real…

En México 70 se produce el quiebre. El fútbol pasó a ser satelital, de allí en más la transmisión televisiva del evento a todo el mundo lo convirtió en un gran negocio y la FIFA pasó a ser una empresa multinacional de las más ricas, organizando puntualmente un Mundial cada cuatro años, una maquinaria que no se iba a detener ni aunque deba convivir con el genocidio que se estaba perpetrando en la Argentina en el 78. Lo demás es historia conocida: La del reinado de Argentina con Maradona, que volcó en EEUU, y de nuevo la supremacía brasileña. Sólo Francia y España se agregarían a la lista de los campeones.

Chile 1962, un Mundial con record de fracturados
La globalización del fútbol que se inició en los noventa explotó en este mundial que se disputa en Brasil, eliminadas las restricciones para la contratación de extranjeros en las principales ligas de Europa, de manera definitiva se nivelaron las potencialidades, y equipos como el de México, EEUU, Chile, Costa Rica, Argelia y Colombia -el mejor del torneo hasta caer ante Brasil- hablan de paridades que hasta hoy no existían. De todos modos, a la hora de la verdad, en los cuartos de final aparecen de nuevo los grandes del mundo: Alemania, que superó a Francia, Brasil a Colombia y Argentina a Bélgica, todos con marcadores apretados pero de manera indiscutible. No pudo Costa Rica, que terminó invicto y fue la sorpresa del torneo, un excelente equipo integrado por futbolistas que no obstante la eliminación por tiros del punto penal, cedió ante la Holanda de Robben y Sneijder, otro de los mejores elencos del torneo.

Ausentes por eliminación temprana Italia, Inglaterra, España y Uruguay, el representativo de Holanda, un verdadero campeón sin corona, animador más que habitual de la mayoría de las competencias de la era de la televisión, sueña con conquistar su primer título. Tendrá por oponente a la Argentina de Messi, que vuelve a participar de una semifinal tras 24 años de postergaciones, el único de los semifinalistas con recorrido ideal de cinco victorias al hilo, logradas jugando de menor a mayor, que no contará con Ángel Di María, marginado por una lesión muscular sufrida a 30 minutos del inicio del encuentro ante Bélgica.

Por la otra llave, el choque entre Alemania y Brasil, sin Neymar, marginado por un rodillazo en la espalda propinado por el colombiano Zúñiga, quien será recordado por esa acción por encima de sus virtudes como futbolista. Ningún resultado es para descartar por imposible, pero nada podría igualar una probable final entre Brasil y Argentina, el choque soñado, en el mismo Maracaná que carga sobre si con la legendaria derrota ante Uruguay en 1950 que se transformó en mito, y que puede retornar convertida en amenaza de una nueva frustración en caso de tener que enfrentarse los dos más grandes del continente, nada menos que Brasil y  Argentina, los países donde crecen los mejores futbolistas del planeta.   

Marcelo Calvente



viernes, 20 de junio de 2014

Sangre de campeones


En un extraordinario partido de fútbol, Uruguay venció a Inglaterra por 2 a 1 con una actuación rutilante de Luis Suárez, atacante del Liverpool inglés, considerado uno de los mejores delanteros del mundo de la actualidad. Sus números hablan por él. En 442 partidos disputados en toda su carrera convirtió 262 goles, 41 de ellos vistiendo la camiseta de la Selección de Uruguay. Debutó en Nacional de Montevideo a los 18 años, y al cabo de la temporada 2005/2006 fue transferido al fútbol holandés, donde permaneció durante cuatro temporadas y media, la mayoría de ellas jugando para el poderoso Ajax. El gran reconocimiento internacional llegó con su actuación en el mundial de Sudáfrica, y desde entonces brilla en el fútbol inglés y en la Champions League.

Luis Suárez, de la silla de ruedas a la gloria
De escasa imagen atlética, medio retacón, su poder radica en la viveza para moverse en los últimos metros y en su olfato goleador, el misterio que guarda es la naturaleza de su potencia y su infalibilidad en el momento de la definición. Estaba más para el quirófano y un largo reposo que para competir, pero con el respaldo del cuerpo técnico y el aliento de todo un pueblo deseoso de repetir festejos, y por sobre todas las cosas, con el enorme amor propio que sólo tienen las grandes estrellas del deporte, Luis Suárez llegó a Brasil lejos de la mejor aptitud física, debuto en la segunda fecha ante la necesidad imperiosa de vencer a Inglaterra  y convirtió los dos goles de un triunfo uruguayo para la historia ante un muy buen equipo inglés, que habiendo jugado dos grandes cotejos -cayó también ajustadamente por 2 a 1 ante Italia en el debut- cosechó sendas derrotas que lo ponen a un paso de la eliminación, en uno de los grupos más parejos y competitivos que integra junto a los nombrados y al sorprendente Costa Rica, amplio vencedor de los Charrúas por 3 a 1 en la fecha inicial       

Las imágenes del final, con Luis Suárez visiblemente emocionado en andas de sus propios compañeros enmarcaron la máxima actuación individual de lo que va de competencia. Cuando parecía que todo estaba terminado, con la garra ancestral de todos y los goles de Suárez, revivió la imagen gloriosa que Uruguay logró con su participación en Sudáfrica, que se extendió con la conquista de la Copa América 2012 en Buenos Aires, el corazón futbolero de treinta mil uruguayos alentando en las tribunas del Arena de San Pablo, y tres millones esperando nuevamente ganar las calles de Montevideo para gritar su orgullo de seguir siendo un grande del fútbol, por y para siempre el primer campeón mundial, y el protagonista de la mayor hazaña que registra la historia de este deporte a nivel selecciones, la gran victoria ante Brasil en 1950, en el primer mundial organizado por los brasileños, triunfo que conocemos con el nombre de El Maracanzo, la tarde que Obdulio Varela dijo “Los de afuera son de palo” y se convirtió en mito, mientras su colega Moacyr Barbosa, el arquero de Brasil, iniciaba su calvario. “La pena máxima prevista por la Constitución del Brasil es de 25 años, y yo llevo casi cuarenta de condena por un crimen que no cometí” dijo el desgraciado Barbosa, que sufrió el repudio de su pueblo hasta su hora final.

El fútbol del Río de Plata dominó la incipiente escena internacional de las tres primeras décadas del siglo pasado, cuando el deporte de los marineros ingleses echó raíces en los puertos del Plata. Rápidamente, los lugareños lo hicieron propio, desplegando su aptitud natural para el juego con lo pies, y pronto llegaron los primeros enfrentamientos nacionales, con clara superioridad argentina hasta mediados de los años 20, cuando Uruguay pasó a liderar la escena mundial mediante su consagración como campeón en las olimpiadas del 24 y el 28, y la obtención del Mundial del 30, venciendo a lo guapo a los argentinos en la final por 4 a 2. Paulatinamente, en más iba a ser desplazado por sus dos grandes vecinos, Argentina y Brasil, que hoy lo aventajan holgadamente en el historial común

Obdulio Varela, "El Negro jefe",  capitán de Uruguay 1950
País pequeño de vacas y estancieros, con un pueblo apacible que pasea por las calles de Montevideo con el termo y el mate, gente sensible y con apego a las tradiciones y el carnaval, donde las injusticias y la violencia aún no arrasaron con la calma como en el resto del continente, su selección es la única que no defendió su título de campeón en el Mundial siguiente, que se disputó en Italia en 1934, al que declinó de asistir en respuesta a la escasa participación de los equipos europeos cuatro años antes. Tampoco asistió a Francia en 1938, plegándose al boicot de los países latinoamericanos –Brasil carnereó- que reclamaban para el continente la organización del evento, como estaba acordado desde el inicio de los mundiales, Volvió al ruedo en 1950 y nuevamente se consagró campeón, consolidando un liderazgo ecuménico que con el tiempo empezó a declinar y que cuando ya lo daban por muerto, volvió a la palestra con el cuarto puesto obtenido en Sudáfrica 2010.

“Uruguayos, sangre de campeones, uruguayos, garra y calidad” cantaba El Canario Luna en los ‘80, cuando la gloria deportiva era un recuerdo del pasado. El desarrollo del fútbol de sus vecinos más grandes Argentina y Brasil, el éxodo desmedido de sus figuras y el deterioro económico de su liga, entre otros factores organizativos deficitarios, lo fueron alejando de los grandes logros. Pero sorpresivamente fue semifinalista en Sudáfrica y encendió la llama. La derrota ante Costa Rica parecía condenarlo a la pronta eliminación, el fin de un sueño imposible de retorno definitivo a los primeros planos. Pero cuando las papas queman Uruguay siempre tiene algo más para entregar. El paisito de ritmo cansino y vida pueblerina, con muy baja natalidad y una enorme y permanente emigración de jóvenes que se desperdigan por el mundo entero, volvió a decir presente con su fútbol, su leyenda y, sobre todo, con su garra característica ante Inglaterra, que en el juego lució mejor, pero que no tuvo fortuna en el área rival, como sí Uruguay dispuso en la vigencia anímica y futbolística de Luis Suárez, sacando pecho al límite de sus fuerzas. Para seguir con vida deberá derrotar a Italia, nada menos, otro duro escollo en el camino a octavos de final en uno de los grupos más competitivos del torneo. La victoria ante Inglaterra, lograda en los minutos finales, apenas lo deja con vida: Si no vence a Italia se vuelve a casa. Pero cuidado, las imágenes del festejo del final seguramente inflarán la autoestima del plantel, y sobre todo, aumentarán los temores y el respeto de parte de su rival de turno, el que siempre merece la Celeste cuando tiene que afrontar instancias decisivas.   

Marcelo Calvente

marcelocalvente@gmail.com   

lunes, 16 de junio de 2014

El camino a la gloria


Y arrancó nomás el Mundial de Brasil. En los partidos disputados hasta la noche del domingo se exhibieron las claves principales de este torneo ecuménico, sin dudas el de mayor equilibrio entre los equipos participantes. Como nunca sucedió hasta hoy, los 32 clasificados se agrupan divididos en apenas dos escalones de categoría: El grupo de los que salen a ganar el campeonato -Brasil, Argentina, Alemania, Holanda, España y tal vez alguno más- y el de los que si consiguen un lugar entre los cuatro mejores se convierten en héroes nacionales, que también pueden ilusionarse con algo más. No hay, como hubo siempre, equipos condenados de antemano a tres derrotas, como Corea del Norte en 2010, Costa Rica en 2006 y tantos más, cuanto más atrás nos vayamos en el tiempo. Como muestra de la evolución del fútbol global del siglo XXI, los Ticos, ocho años después de aquella pobre participación, vuelven al Mundial y golean en la fecha inicial a Uruguay, un país dos veces campeón. Hay grupos de la muerte y grupos accesibles, y de la clasificación factible a la desgraciada eliminación, como la de la Argentina de Bielsa 2002, como siempre, hay apenas tres partidos. Pero como nunca, esos tres primeros cotejos de la serie de grupos serán muy difíciles para casi todos. Clasificarán a octavos muchos de los favoritos, algunos quedarán en el camino, y otros que, como el Indio, no lo soñaron, tendrán la chance de sorprender. Cualquiera del escalón inferior que clasifique se convertirá en rival difícil de eliminar en el mano a mano y posible finalista, como lo fue el equipo del maestro Tabárez en el último mundial.

El árbitro japonés Nishimura cumplió... con la FIFA
El formato de la competencia favorecerá a los equipos que tengan más resto, mejores entrenadores y futbolistas más inteligentes y más conocedores del juego. Se tratará de resolver de un partido al siguiente todo aquello que se haya hecho mal, y no debe haber herramienta mejor que apelar a los videos, ya que no hay tiempo para ejercitar. Todos saben que para ser campeón no hay que perder, y que para no perder, como mínimo, se impone terminar jugando con once. En lo que respecta al juego, se advierte la notable precisión de aquellos jugadores que disputan la Champion League, tanto en los cambios de frente como las en las cesiones de gol, y da la sensación de que el anunciado padecimiento del equipo argentino –defensores de menor nivel que los delanteros- lo sufren todos los grandes. En ese sentido, en el mejor de los partidos disputados hasta hoy, Italia e Inglaterra entregaron 90 minutos de fútbol de ataque incesante. Los dos finalistas de 2010 se enfrentaron en su debut por el Grupo B. Luego de un primer tiempo favorable a España, el trámite se resolvió de manera apabullante a favor de Holanda. El partido también fue muy bueno, y nada indica que de volver a encontrarse, las circunstancias se puedan repetir. Digamos que lo esperable, es más bien todo lo contrario.

Por otro lado, en el debut de Brasil quedó bien claro que los árbitros saben qué resultado conviene a la FIFA, tanto como que no quedan dudas que el Mundial perfecto es el que concluye con una final entre el local y otro de los favoritos, si es la Argentina mejor, siempre y cuando el país anfitrión resulte el ganador. Es lo menos que le puede desear la multinacional de fútbol a un país organizador tan poderoso y floreciente como Brasil, que tan buen negocio le ha permitido realizar en desmedro de necesidades más urgentes de un pueblo que protesta indignado, al que no han dudado en reprimir con dureza con tal de cumplir con lo acordado con la entidad madre del fútbol mundial. No debería estar lejano el día en que no existan naciones que se disputen el privilegio de ser país organizador, al menos si la FIFA mantiene sus actuales exigencias.

Lio Messi busca su consagración en el Mundial
De la forma en que se lo mire, el Mundial sigue siendo la fiesta de las banderas, de los himnos y el fervor patriótico, y no es un tema menor. Por un lado a todos nos gratifica identificarnos con el lugar del mundo donde hemos nacido, y qué mejor que a través del fútbol, el deporte más popular, sin duda alguna uno de los máximos inventos de la humanidad en lo que respecta a la recreación. Por el otro, no hay forma que no subsista un rencor inmortal, sobre todo en aquellos pueblos que han sufrido guerras, ocupaciones, invasiones, y muertes inútiles y evitables. Los franceses ante Alemania, japoneses e iraníes ante EEUU, los argelinos ante Francia y los argentinos ante Inglaterra, entre muchos otros, nunca son ajenos a los resabios violentos de la historia. No hay forma de evitarlo, por eso es mejor omitirlo, minimizarlo, darle un tinte folklórico si se quiere y no mucho más. Es hora de mirar fútbol y de apreciar los cambios que el paso de los años y el desarrollo de las comunicaciones van produciendo en este deporte cuya competencia a nivel selecciones arrancó entre ambas guerras allá por 1930, y de disfrutar que pese a todo, la máxima competencia mundial que durante la década del cuarenta fue borrada a cañonazos, sigue viva y en pleno desarrollo.

Hay que ser muy crédulo para pensar que es la casualidad lo que condena de antemano a Brasil y Argentina a medirse únicamente en el partido final, si es que los dos acceden a esa instancia. De no ser así, de no eliminar ambos a todos sus oponentes hasta llegar a  la final, el clásico sudamericano no se jugará. Por ahora, los dos arrancaron ganando con merecimientos, aunque de manera muy ajustada. En 1930 definieron Uruguay y la Argentina, por lejos los dos grandes de entonces. En 1950, en el primer mundial de posguerra, el legendario choque entre Brasil y Uruguay fue el último partido de una fase final de cuatro participantes, y esta vez los locales se quedaron con la sangre en el ojo. Nunca más volvió a darse otra final sudamericana. Para que el 13 de julio Brasil y Argentina protagonicen  en el renovado Maracaná ese broche de leyenda que tanto se palpita, deberán sortear la primera fase, octavos, cuartos y las semifinales a pura victoria, eliminando grandes y ambiciosos adversarios, durante los próximos 30 días de fútbol de una Copa del Mundo que anuncia ser inolvidable.


Marcelo Calvente