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jueves, 17 de abril de 2014

El último campeón


Cuando se empezó a jugar el último minuto adicionado del partido entre Lanús y el Santos Laguna mexicano, el panorama de los granates no era el mejor. Lanús empataba en uno  en La Fortaleza, lo que significaba que en la vuelta, en Torreón, iba a tener que salir a buscar el gol, ya que el tanto marcado por el morocho Quintero a los 12’ del complemento, pese al rápido empate conseguido por Monteseirín a los 20’, le otorgaba al equipo mexicano la ventaja de pasar a cuartos con solo mantener el cero en su terruño. Lanús había afrontado dignamente una instancia decisiva con varios hombres fundamentales fuera de competencia: Goltz, lesionado; Izquierdoz, Somoza y Silva suspendidos, la columna vertebral del equipo de Guillermo junto a Agustín Marchesín, el mejor arquero argentino del momento. Si a todo eso le sumábamos el viaje que se viene -en medio de la maratón extenuante de dos partidos cada siete días- iba a ser una complicación adicional para el trajinado plantel granate. Pero en la última jugada del partido Víctor Ayala ejecutó un tiro libre desde la derecha imprimiéndole al balón un efecto muy marcado que complicó a los defensores visitantes, y en un borbollón Matías Martínez puso la cabeza y desató el delirio. Lanús se quedó con una victoria muy festejada, lograda con una opaca exhibición futbolística, pero con mucho coraje y un enorme corazón por parte de sus jugadores.   

Ismael Blanco no tuvo una noche feliz y fue reemplazado
El partido fue un típico choque de Copa Libertadores entre dos equipos de competencias  muy distantes como los son la mexicana y el fútbol nuestro de cada día. Lanús fue muy limitado con la pelota en los pies, y tuvo algunas dudas en el fondo que generaron inseguridad y un consiguiente retroceso en los centrales, lo que impedía el habitual adelantamiento de los laterales, Araujo y Maxi Velázquez. Por momentos Lanús se partía entre el medio y los tres atacantes  Lo de la visita era tibio y distante de Marchesín, pero el cero parcial era un gran negocio en territorio del último campeón del continente. El primer tiempo fue jugado por los dos con los dientes apretados, y concluyó casi sin situaciones de gol en ninguno de los arcos.

Pero a 12 de iniciado el complemento, casi sin pensarlo, Santos Laguna aprovechó una distracción del fondo granate en un saque lateral a la altura del área grande, desde la izquierda de la defensa, y la pelota cayó en el pecho de Quintero, que contó con una muy buena cortina de Rentería obstruyendo a Monteseirín, y que sin oposición fusiló a Marchesín desde el vértice del área menor. El balde de agua fría cayó sobre los espectadores locales, que volcaban todo su fastidio sobre las espaldas de Ismael Blanco, que no dio pie con bola, ya que el Marciano Ortíz, el pulpìto González y Víctor Ayala levantaron su rendimiento a partir de la desventaja. Maxi Velázquez y Araujo empezaron a soltar amarras, lo que significó más opciones de descarga para los del medio. Santos Laguna contaba ahora con más espacio para contragolpear, pero eligió retroceder. Y aunque Lanús seguía tan falto de claridad como en la primera parte, se llevó por delante a su rival a pura potencia. Por eso sus chances fueron de pelota parada, porque no le resultó fácil entrar al área rival, ya que nunca pudo desbordarlo por las bandas. El mellizo tenía que hacer cambios, y la presión estaba sobre los hombros de Ismael Blanco. Primero salió Lautaro Acosta, que venía de una lesión, y su lugar lo ocupó Junior Benítez. A los 20’ minutos, luego de un corner de Ayala con todo Lanús en el área de Oswaldo Sánchez, el pibe Monteseirín apareció en el punto penal para empalmar un pase de Junior desde la izquierda. Con 25 minutos por jugar ahora estaban 1 a 1.

El pibe Monteseirín puso el empate parcial 1 a 1
El Santos Laguna trató de reaccionar y salir del fondo. Pero en la lucha del medio perdía con el vallado que conformaban los dos laterales y los tres volantes granates. Al no poder meterse en campo contrario, superado más por la potencia que por el juego de Lanús, el equipo mexicano trató de llegar al final durmiendo el trámite y haciendo tiempo sin disimulo, cometiendo muchas infracciones en la zona de gestación para impedirle llegar a posiciones de gol con la pelota dominada . A los 31, Guillermo agotó los cambios: El Silva con pelo y Melano por Astina y el señalado Blanco. El dominio se acentuaba pero no aparecía la jugada clara, el Grana era pura voluntad y empuje. Ayala se puso al equipo al hombro, los laterales mexicanos, con la subida de Araujo y Velázquez, perdían con el dos-uno. A esa altura en Lanús no había cansancio ni importaban las ausencias, solo la decisión de ganar. El equipo granate que sobre el cierre iba al ataque era aquel del tramo final de 2013, el que siempre gana de local, el que se sabe respetado y admirado como un nuevo grande del fútbol de esta parte del mundo, y el Santos Laguna no lo podía aguantar. Lo tuvo Melano en la puerta del arco, y respondió muy bien el experimentado golero visitante. En el descuento el local se jugó a todo o nada y en la última pelota parada el estadio explotó por una victoria trabajosa y emotiva, obtenida a lo grande con decisión y sacrificio, y con el orgullo de ser el último campeón continental.   

Marcelo Calvente


martes, 15 de abril de 2014

Los pronósticos del Gurú


Me gusta hacer pronósticos cuando los torneos están a esta altura. En 2007 vaticiné el título cuando ganamos en Arsenal, y acerté. El semestre pasado, antes del partido con Colón hice una hoja de cálculo sobre los puntos que todos los que estaban arriba iban a sacar, y los aciertos fueron increíbles. Por supuesto, en todos los demás años no pegué una, pero bueh, puede pasar, dijo Tu Sam…

A pedido de mis compañeros de la audición Corazón Granate (AM 1160, Radio Independencia), los mismos que vieron con asombro como acerté casi todos los resultados de la definición del semestre pasado, tuve que arriesgar mi prestigio con otro vaticinio. Y para que no digan mis amigos de Face que no les avisé, acá les mando completo el detalle de lo que va a pasar. No me dejen solo.


Estudiantes tiene 24 puntos. Ganará 1, empatará 3 y perderá los 2 restantes, suma 6 puntos y llega a 30.

River, sin Barovero, ganará 2, empatará 3 y perderá el restante con Vélez en el Monumental. Suma 9 puntos a los 23 que tiene, llega a 32 y por ahí, si tiene suerte y no lo pasa Central, sale subcampeón…

Colón, lamentablemente, va a desmejorar: Ganará 1, con 3 empates y 2 derrotas. Con esos 6 puntos llega a 28, nada de título, pero se salva del descenso.

Lanús tiene 22, y sumará 14, producto de cuatro victorias y dos empates, campeón holgado con 36 puntos.

Gimnasia redondeará una campaña aceptable, pese que solo sumará 6 puntos, 1 victoria –ahora, la próxima fecha, contra Racing- 3 empates y 2 derrotas, alcanza la línea de los 27 puntos.

San Lorenzo seguirá a los tumbos: 1 victoria, 1 derrota, 4 empates, 21 + 7 = 28, palo y a la bolsa…

Vélez va a ganar 2, empatar 3 y perder el restante. Tiene 20, suma 9, llega a 29, otra vez será.

Central va a ser la revelación: 4 victorias, 1 empate y 1 revés, a los 19 que tiene le va a sumar 13, puede ser subcampeón con 32 puntos, pero por ahí en vez de perder, le empata este fin de semana a Rafaela y saca 33 con la gran racha de victorias del final.

Como verán, la parte final será a empate limpio...


Marcelo Calvente
marcelocalvente@gmail.com


domingo, 13 de abril de 2014

Flores en el Bajo Flores


El fútbol tiene estas cosas. En su última conferencia de prensa, un mellizo calmo, casi resignado a sucumbir ante la mala fortuna que lo puso en el camino del lejano Santos Laguna, seguramente contrariado por las tontas suspensiones de Somoza y Silva, dos piezas fundamentales de su engranaje, que sumado a la merecida del Cali Izquierdoz, más las lesiones de de Goltz, Acosta, Melano y lo de Pereyra Díaz, el Mellizo había perdido parte de la confianza en el futuro, al menos eso decían su gesto y su semblante del jueves último ante la prensa. No era para menos. Pasar al Santos Laguna para seguir en la Copa será una tarea muy difícil, más que por las virtudes del rival, que las tiene, por lo desgastante del viaje, en medio de la caravana infernal de partidos. Pensando en el otro objetivo, la competencia local, el panorama no era más alentador: Debían descansar todos los que no están al margen del partido de ida ante los mexicanos, a disputarse el próximo miércoles en La Fortaleza. Y tres días antes visitar al puntero San Lorenzo, que ponía en cancha a varios de los mejores, porque inicia el duelo de octavos de final de la Libertadores una semana después que Lanús. Tan sólo Gentiletti,  Prósperi, Ortigoza y Piatti no serían de la partida. No había forma de que Guillermo estuviera exultante en la conferencia de prensa, sobre todo si además recordaba la cantidad de penales en contra sancionados, los penales a favor negados, los goles a favor mal anulados y los en contra mal habilitados por los árbitros en las dos competencias. No era muy alentador que digamos el futuro inmediato.

Astina convirtió el primero y asistió en el tercero y el cuarto.
Lanús salió a la cancha con jugadores que aún no habían rendido lo esperado, como Alejandro Silva, Martínez, Pasquini, Barrientos, más los pibes Valdez Chamorro y Astina, sostenidos por la columna vertical que componen Marchesín, el Cali, Somoza y Silva por el eje de la cancha. San Lorenzo venía entonado por su gran victoria ante un inexplicable Botafogo. Podía pasar cualquier cosa. Pero los sustitutos cumplieron con creces, sobre todo Alejandro Silva y Martínez; y los pibes decididamente la rompieron. Astina tuvo un arranque algo dubitativo, demasiado solícito para con Silva, le cedió pelotas que debía definir para él. Y Valdez Chamorro en el primer tiempo fue la manija, arrancando unos metros más atrás, se movió con mucho criterio para armar las jugadas de ataque y entregó la pelota con precisión. Con la batuta de Somoza, de excelente tarea e ingenioso y certero para dar el primer pase, Lanús se llevó por delante a San Lorenzo -pese a que un viento de otro mundo soplaba a favor del Ciclón- y se fue al descanso venciéndolo por 2 a 0 con goles de Astina y Valdez Chamorro.

Los locales, ahora con viento en contra, salieron con todo a disputar el complemento, y  paradójicamente acorralaron a Lanús pese a que la circunstancia climática pateaba para el arco de Torrico. El descuento no demoró: Enzo Kalinsky marcó a los 12’ y el público se guardó su fastidio para brindar un renovado aliento para el local. Parecía que se venía la noche. Pero Lanús lo emparejó, y empezó a llegar más que el  local, que rebotaba contra los del fondo Granate. Astina empezó a sacar diferencias por la izquierda del ataque, a las espaldas de Bufarini, a pura gambeta en velocidad y dando pases milimétricos y punzantes, abrió los caminos de los goles del Pulpito, con un gran remate de media distancia,  y el segundo de Valdez Chamorro, que ahora jugaba más adelantado, aprovechando los espacios que el local cedía por la otra banda, con una buena definición ante la salida del guardameta papal. 

Valdez Chamorro volvió a brillar ante El Ciclón.
No siempre se golea por 4 a 1 a San Lorenzo en su reducto. Ni siempre los que no juegan seguido se lucen de la manera que lo hicieron ayer varios jugadores granates. Y sobre todas las cosas, últimamente no se producen muchas apariciones como las de estos dos pibes, con tanto talento, y tan desequilibrantes como Astina y Valdez Chamorro. En la noche del Bajo Flores Lanús se floreó con el puntero, y lo desplazó de la posición de privilegio, que ahora es de Estudiantes, para quedarse circunstancialmente como único escolta a dos puntos del Pincha. Pero por sobre todas las cosas, obtuvo una victoria de suma importancia en el momento preciso, cuando las fuerzas empezaban a flaquear y los imponderables, los malos arbitrajes, le desgracia del viaje que se viene, el cansancio, las lesiones y las suspensiones tontas y evitables levantaban a los ojos de Guillermo y de todos, un muro que parecía infranqueable y que no dejaba ver el futuro con esperanza. La relevante victoria obtenida, y sobre todo las determinantes apariciones, reavivaron el fuego de la competencia por ocupar un lugar en el equipo. Ahora Guillermo tiene alternativas con las que no contaba hasta hoy, como Ale Silva, Martínez y sobre todo los pibes Astina y Valdez Chamorro, exhibiendo su potencial en la zona donde todo se define. Varias veces en lo que va del semestre los dos objetivos granates tambalearon. Uno, la Libertadores, milagrosamente sigue en pie gracias a la actuación determinante de Marchesín en Rancagua. El otro, el Torneo Final, se actualizó en la curiosa noche del Bajo Flores con la presentación de dos pimpollos de exportación, que como tantos otros, brotaron en los fondos de La Fortaleza.

Marcelo Calvente

viernes, 11 de abril de 2014

Este Lanús

El camino de la Libertadores se está haciendo mucho más cuesta arriba de lo pensado para este Lanús, que no logra imponer superioridad como lo hizo en la Sudamericana y también en el Torneo Inicial que se le escapó por poco. En las dos competencias que está disputando en simultáneo, varias veces fue superado claramente como sólo la Universidad de Chile lo había logrado en el semestre pasado, cuando lo recibió y lo venció. Rafaela, Estudiantes, Cerro Porteño en Paraguay, River y ahora el O’higgins lo han derrotado con justicia, con la salvedad de que excepto la Crema, las demás caídas fueron en condición de visitante. Es cierto que los arbitrajes lo han perjudicado, pero es inútil hablar de los árbitros, es algo que no tiene solución.

El fútbol siempre va a estar a merced de los árbitros. Supongamos un mundo ideal en el que los árbitros son incorruptibles, y descontemos que disponen del estado físico adecuado para pertenecer al primer nivel. El fútbol se juega a una velocidad que requiere concentración y reflejos, las circunstancias a validar en muchas jugadas quedan sujetas al parecer de los árbitros, a su interpretación y juicio, como las manos casuales en el área penal, la simulación ante los golpes recibidos y las verdaderas intenciones de quienes ponen una pierna demasiado fuerte. Y es ahí donde se ve por cual de los dos equipos se inclina el árbitro, sus humanas simpatías por uno o por el otro quedan al desnudo cuando su opinión entra en juego. Ahora apliquemos la misma línea de pensamientos para los árbitros de este mundo. La síntesis de los penales sancionados en perjuicio de Lanús es clara al respecto: lo ponen a doce pasos uno cada dos partidos. Y el análisis de las jugadas dudosas demuestra que los perjuicios fueron todos para el Granate. Debe ser casualidad, es difícil que se trate de una componenda internacional para perjudicarlo, eso está claro, pero igual inquieta.

Ayer nomás, Lanús ganó la Copa  Sudamericana
El rumbo no fue el ideal ni en la Libertadores ni en el Torneo Final: En veinte partidos disputados desde febrero hasta hoy, su campaña se compone de diez triunfos, tres empates y siete derrotas. Una mirada dice que es un equipo que gana o pierde porque no acepta repartir puntos, que siempre quiere ganar y por eso a veces pierde. La otra, indica que le ocurre demasiado a menudo, aunque en algunas ocasiones no lo mereció, como ante Olimpo, Deportivo Cali y Godoy Cruz, siempre de visitante. Es en esa condición donde el equipo de Guillermo más difiere de si mismo: Sólo Rafaela lo derrotó en La Fortaleza en lo que va del año, pero de visitante apenas doblegó al Caracas y a Argentinos. Este Lanús no tiene la soltura y la condición física que tuvo aquel gran campeón con estos mismos jugadores, ni tiene la presencia ni impone la superioridad que hace apenas cuatro meses supo desplegar en todos los escenarios. Sigue teniendo la misma potencia, pero perdió seguridad en el fondo y pimienta arriba. Eso explica las diferencias que se advierten en  los resultados entre uno y otro Lanús.

Apenas enterado de la mala nueva -que deberá dirimir el próximo miércoles el pase a cuartos ante el remoto Santos Laguna, al que primero recibirá con las ausencias de Goltz, Izquierdoz, Somoza, Lautaro Acosta, el Pelado Silva y andá a saber si no alguno más, y una semana después viajará 15 horas para llegar a la lejana ciudad del norte mexicano de Torreón. En este semestre apretado diabólicamente por la realización del Mundial, un viaje semejante es un peligroso obstáculo. Está claro que si hubiese derrotado a O’higgins en Chile le habría tocado otro rival, que incluso con el empate obtenido bien le podría haber tocado otro destino, sobre todo si los mexicanos no hubieran llegado clasificados a la última fecha de la ronda de grupos, y si no hubieran jugado con suplentes ante Arsenal. El empate en Chile fue demasiado premio para Lanús, pero no fue la suerte sino su arquero Agustín Marchesín quien lo salvó. Al contrario, la suerte no viene ayudando demasiado.

Antes del Santos Laguna, Lanús deberá afrontar una instancia clave en la lucha por el Final, un objetivo que no hay que descuidar, sobre todo ante lo difícil que se ha puesto el panorama continental. Uno entiende que fue la locura, la distracción, o una pierna demasiado vehemente lo que ha dejado a Silva, a Somoza y a Izquierdoz afuera del próximo choque copero y no una planificación deliberada para cambiar la prioridad competitiva sin declararlo públicamente, como piensa un tipo que se sienta a dos butacas de un primo mío en la platea oficial. ¡Hay gente que piensa cada cosa..!

Melano, Acosta y Silva, tres bajas por la Copa
Lo concreto es que tanto San Lorenzo como Lanús afrontarán el fundamental choque de mañana en el Bajo Flores por la 13ª del Torneo Final ante uno de los punteros con los ojos puestos en la Copa, y ninguno de los dos la tiene sencilla ni puede darse el lujo de perder. Lo concreto es que ante San Lorenzo, Guillermo tendrá a disposición a cuatro de los seis pilares del equipo: Marchesín, el Cali Izquierdoz, Somoza y Silva, faltarán Goltz y el Laucha porque están recuperándose de sus desgarros. Habrá que ver que se anima a poner Bauza, que luego deberá enfrentar a Boca mientras Lanús, postergando el encuentro ante Tigre, reciba al Santos Laguna: Si alguna ventaja tiene enfrentar a los mexicanos es que se sabrá de antemano el destino copero, y se puede clarificar el panorama de los objetivos con una semana de anterioridad al resto de los clubes argentinos que afrontan doble competencia.


El hincha granate, con el recuerdo de la última consagración continental bien patente, no puede sino mirar el futuro con ilusión: Este Lanús ha sido más de lo que es, siempre puede volver al nivel que supo tener. En cambio los demás candidatos -San Lorenzo, Estudiantes, Vélez, River y algún tapado que se anime- están en su mejor momento y tal vez en su techo como equipo. Se ilusionan con lo que aún no fueron, mientras este Lanús tiene su propia imagen reciente como espejo donde mirarse, porque hace cuatro meses fue el mejor de todos y a punto estuvo de hacer un doblete para la historia. El panorama de tan complicado pinta hazañoso, pero este Lanús viene de tutearse con la hazaña.

Marcelo Calvente

jueves, 10 de abril de 2014

Rarezas granates


Cosa rara lo de Santiago Silva. Últimamente no viene marcando y eso no es bueno, ya que es de anotar goles importantes. Le faltó algo de suerte, tuvo varias situaciones propicias que falló de manera increíble, y también es cierto que a veces anda demasiado lejos del área rival. Tal vez sea consecuencia de jugar con tres delanteros. Como sea, se extrañan sus goles, aunque se sigue destacando con su gran trabajo defensivo. Resuelve todo el juego aéreo de pelota parada rival y lo hace con criterio, concentración y muchos reflejos. También es destacada su presencia a la hora de bajar envíos largos. Su espíritu deportivo contagia a sus compañeros y levanta a sus parciales, su presencia fue determinante en el armado del Campeón de la Sudamericana, y cuando no está en cancha, su falta se hace notar como ninguna otra ausencia en el equipo, ya que no tiene un reemplazante de iguales características. El sustituto natural es Ismael Blanco, que no posee su juego aéreo, y cuyo presente está lejos del nivel que tuvo en la final ante el Ponte Preta. Por todo esto es que su expulsión por desbocarse después de la atajada de Marchesín, desviando el penal que nos dejaba afuera de la Libertadores a pocos minutos del final, es una falta grave, una irresponsabilidad que perjudica notablemente las chances del equipo. Una verdadera locura.

Santiago Silva, y una expulsión difícil de justificar
Raro también fue lo de Leandro Somoza. Tenía dos amarillas en el descuento ante el O’higgins y  alevosamente tiró la pelota lejos para hacer tiempo. Es cierto que era improbable que el árbitro brasileño se animara a amonestarlo después del incalificable penal que había sancionado, y de la roja obligada a Silva por su reacción. Pero el morocho se animó y le puso la merecida tercera amarilla que lo deja afuera del partido de ida por octavos de final, con rival hasta ahora desconocido. La irresponsabilidad de Somoza tampoco debería ser tomada como una instancia del juego. Fue una verdadera tontería, máxime tratándose de un jugador de su experiencia, también un valor irreemplazable, bastión temperamental del equipo, tanto como Marchesín, los dos centrales y el mencionado Silva. Para colmo de males, Izquierdoz tampoco será de la partida porque estando en capilla peleó una pelota perdida y se le fue la pierna, cartón amarillo y también afuera. Lanús pasó a octavos con lo justo gracias a una actuación descomunal de Agustín Marchesín. Al equipo no le sobró nada, y como si eso fuera poco no contará con cuatro de sus cinco principales figuras ya que tampoco Paolo Goltz estaría recuperado para el próximo compromiso en el plano internacional.

Es raro también lo de Sabella con Marchesín. Su notable presente lo pone arriba no solo de todos los arqueros argentinos sino también de la totalidad de los futbolistas que actúan en el país: Semana tras semana, sus atajadas componen parte de las imágenes más destacadas de cada fecha. Hace muy pocos meses la crítica especializada lo ubicaba detrás de Orión, Saja y Barovero. Hoy nadie duda de su liderazgo absoluto, que contrasta con las macanas habituales que cuestan goles en contra de los tres que Alejandro Sabella piensa llevar al Mundial, las pocas veces que tienen la suerte de jugar en sus respectivos equipos: Orión, Chiquito Romero y Andujar. Es entendible que Sabella quiera mantener el plantel que viene trabajando con él y que ganó cómodamente las eliminatorias sudamericanas, pero el tema de los arqueros merece especial atención. Todo el mundo sabe que con Agüero, Higuaín, Di María, el resto, y sobre todo con Lionel Messi, Argentina por lógica pura debería ser un gran candidato a ganar el Mundial de Brasil, una competencia de inicio inminente que ya se empieza a palpitar en todo el planeta. Y todo el mundo sospecha que la defensa elegida por Sabella -y sobre todo los tres arqueros- podrían ser la causa de una vuelta a casa anticipada y sin gloria. Yo me animo a decir que si Argentina se vuelve por un error de cualquiera de estos tres arqueros que indudablemente están muy por debajo de Agustín, Sabella va a pagar los altos costos y se va a arrepentir toda la vida.

Agustín Marchesín tuvo una noche espectacular y heroica
Gracias a la brillante actuación de Marchesín, más la muy buena predisposición de sus compañeros para la lucha, y pese a las muy pocas ideas ofensivas, Lanús pudo sostener una igualdad en Chile que lo clasificó a octavos como uno de los peores segundos, y deberá enfrentar a uno de los tres mejores primeros: Vélez, Santos Laguna o Defensor de Montevideo, tres rivales difíciles que han exhibido buenos atributos. Con solo pensar un viaje a México en este semestre de calendario asfixiante, de tocarle a Lanús sería mortal. La situación Granate es preocupante, no solo por las ausencias que padecerá al comienzo de la llave -será en condición de local en los tres casos posibles- sino también por las deslucidas actuaciones que viene teniendo en condición de visitante.  Desde que venció a Caracas en su debut hasta hoy, fuera de La Fortaleza solo derrotó a Argentinos en todo lo que va del semestre.  Además de esa única victoria en nueve partidos jugados de visitante -tres por la Copa y seis por el Torneo Final- Lanús apenas logró dos empates -Belgrano y el reciente ante O´higgins- y sufrió seis derrotas: Estudiantes, Cerro Porteño, Olimpo, el Deportivo Cali, River y Godoy Cruz. La estadística muestra que el equipo de Guillermo perdió aquella regularidad que le permitía mantener la eficacia fuera de su reducto

Tal vez suene descomedido ponerse a evaluar estas situaciones cuando aún retumban los ecos del festejo del martes en la ciudad de Lanús, sobre todo el grito interminable que en la medianoche recorrió los barrios del distrito por el penal que atajó Marchesín -una vez más, un penal  en contra inventado- cuando todo parecía estar perdido. Cualquiera que no sepa que este equipo es capaz de concretar cualquier tipo de hazaña, bien podría dejarse ganar por la preocupación y el desaliento. Pero los hinchas de Lanús no, aunque venga a los tumbos, nadie va a darlo por muerto. No mientras siga con vida.

Marcelo Calvente

sábado, 5 de abril de 2014

Como la cigarra


No hay caso: Para la mayoría de los Granates, contra Godoy Cruz perdimos por el penal tonto que supuestamente hizo Maxi Velázquez. No importa que todo jugador sea plausible de cometer errores. Ni importa que reglamentariamente no haya manera de interpretar que esa mano sea intencional y mucho menos importa leer el reglamento que claramente indica que tal falta no existió. Una vez más, paredón para Velázquez, que seguramente ya se acostumbró a sobrevivir a tantos fuegos con que los hinchas granates lo fusilamos desde que llegó y hasta hoy, y poco importa que aún sobreviva ni que en esa sobrevida haya sido partícipe fundamental de las últimas dos grandes conquistas de Lanús: El título del Apertura 2007 y la Sudamericana 2013. A Velázquez, como a la cigarra, tantas veces lo matamos y tantas resucitó. Hoy contra Colón descansa, pero el miércoles, en Chile, seguro que vuelve a ser titular y a nadie debería sorprenderle que  una vez más, termine siendo una de las figuras del partido.

Maxi al ras, los brazos muy abiertos, en acción de ataque
Maximiliano Velázquez nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el 12 de septiembre 1980. Inició su carrera de futbolista a los 18 años en Ferro, donde jugó de volante por izquierda, debiendo sufrir dos descensos consecutivos: en el2000 a la “B” Nacional, y al año siguiente a la Primera B metropolitana. En esa divisional jugó hasta 2003, cuando a mediados de año pasó a Talleres de Córdoba, entonces en Primera División, cuyo descenso estaba prácticamente decretado de antemano por el muy bajo promedio de puntos con que contaba. Pero Talleres hizo una inesperada y extraordinaria campaña de diez partidos ganados, cinco empates y cuatro derrotas, sumando 35 puntos y ubicándose en la tercera posición, detrás de River y Boca. Con ese puntaje lograba la clasificación a la Copa Sudamericana, torneo que el club de la Docta finalmente no pudo jugar, ya que debió disputar la promoción contra un Argentinos que no impresionaba muy bien que digamos, y que le ganó con justicia los dos partidos por 2 a 1. El plantel conformado por pocos valores de experiencia, apenas Marcos Gutiérrez en el arco y un Chicho Serna al borde del retiro, tuvo como figuras a Maidana y Víctor López en defensa, Ariel Donnet, Luciano de Bruno y el mencionado Velázquez  en la línea media, y a Aldo Osorio y el uruguayo Piriz Alves arriba. Todos ellos seguramente ya evaluaban tentadoras ofertas cuando afrontaron la peligrosa promoción, y todo indica que a esa altura muchos de ellos ya no tenían la cabeza puesta en la crítica situación del club. Una vez más en su vida deportiva, Maxi Velázquez perdió la categoría, aunque eso no le impidió dar el salto más importante de su carrera: Se incorporó a Lanús, el club de mayor crecimiento en la última década -al que llegó junto a De Bruno- donde lograría notoriedad y dos títulos, además de ser líder y referente de todos los planteles que integró hasta hoy. Hay enorme coincidencia acerca de sus cualidades humanas y su conducta, valores de singular importancia para la formación y guía de los muchos jóvenes que se integraron al plantel en todos estos años, muchos de los cuales fueron transferidos al exterior por cifras millonarias, dinero que resultó el combustible fundamental para la consolidación institucional y deportiva de Lanús como uno de los nuevos grandes del fútbol argentino.

Más joven, con pelo  y con la sonrisa de siempre
Desde su llegada hasta hoy, Maxi fue reconocido y resistido por los hinchas en partes iguales. Llegó de la mano de Ramaciotti para ser titular, pero ya como marcador lateral izquierdo. Siguió en ese puesto con Gorosito, con Ramón Cabrero, con Zubeldía, Schurrer y también con el Mellizo. En todos estos años lo fue peleando con Archubi, Nelson Benítez, Lugo, Balbi y ahora Pasquini, y nunca lo perdió. Muchas veces fue capitán. Comparte el privilegio de haber estado en las dos grandes conquistas granates del nuevo siglo con el Laucha Acosta, que estuvo ausente de la institución entre 2008 y 2013, y el Pulpito González, que en aquel plantel que se consagró en la Boca jugó poco, y que en 2010 fue cedido a préstamo a Central. Más allá de gustos y pareceres, con un paso fugaz y poco productivo por Independiente que le alcanzó para levantar la última Copa ganada por el Rojo, Maxi Velazquez en todos estos años fue una de las grandes figuras de Lanús. Lo que se dice un ídolo de perfil bajo que se destacó más por sus aportes a la ofensiva del equipo, y su predisposición a la sonrisa franca y el buen trato para con prensa y público que siempre es dado a ofrecer.

La carrera de todo futbolista, está más que dicho, es limitada en el tiempo y Maxi cumplirá pronto 34 años. En su andar se advierte algunas señales de la llegada de la veteranía inexorable, es probable que pronto algún jugador más joven finalmente le termine sacando el puesto de marcador lateral. Mucho hemos hablado de lo nocivos de algunos líderes, por caso Riquelme, Veron y Trezeguet, como ejemplos de máxima, cada uno por lo suyo  comprometen el proceso colectivo que integran porque se valen del respaldo incondicional que reciben de sus hinchas. Pero Maxi no. Pese a su notable campaña en el club, como casi siempre, su figura una vez más divide aguas: A muchos nunca le terminó de cerrar, sobre todo por ciertas ventajas que Lanús suele dar por su sector. Para otros, entre los que me incluyo, se trata de un valor irreemplazable, sobre todo por su aporte al juego ofensivo del equipo y su rigor en la marca en espacios reducidos. Más temprano que tarde su ciclo en Lanús cerrará definitivamente, aunque sospecho que todavía puede levantar alguna Copa más. Al menos, mientras el entrenador de turno lo tenga en cuenta a la hora de conformar el plantel, Maxi Velázquez será merecedor de la posibilidad de defender en la cancha lo mucho que ha  ganado durante todos estos años en ese mismo exigente y difícil escenario.

Marcelo Calvente

      

jueves, 3 de abril de 2014

Las buenas intenciones


Transcurría el minuto 15 del primer tiempo entre Godoy Cruz y Lanús, y salvo el insólito, inexplicable y desastroso estado del terreno de juego, todo estaba dentro de lo previsible: Lanús aplicaba a medias su habitual y desconcertante presión en campo rival, el local cometía errores en el fondo, y la apertura del marcador, con un poquito más de precisión de los de arriba, se veía venir para Lanús. De pronto, Castillón se mete en el área y llega exigido hasta la raya de fondo, sin otra perspectiva que tirar un centro atrás. Maxi Velázquez, que lo había descuidado, lo corría un metro detrás para tratar de impedirlo con los brazos exageradamente separados del cuerpo, tal su forma de correr acentuada con los años y el cansancio acumulado. Cuando Castillón logra ejecutar su envío a media altura, la pelota se estrella en la mano derecha del defensor granate, por lo que el árbitro Carlos Maglio sancionó penal, y el ex granate Mauro Óbolo lo ejecutó bien pegado al palo derecho de Marchesín, que a punto estuvo de sacarla. Fue 1 a 0 para Godoy Cruz, y ese sería el resultado final de un partido que tenía otro destino inicial.

Velázquez y Castillón, protagonistas de la jugada clave
Lanús no jugó bien, Godoy Cruz menos. Ambos llegaban expectantes, con 16 unidades y a dos del líder, la victoria depositaba al ganador en la posición de escolta. Pero las urgencias de uno y otro son bien distintas; el Tomba juega para salvarse del descenso al que hoy estaría condenado; Lanús tiene otro frente de competencia más importante, la Copa Libertadores, en la que tiene una final en Chile a tan solo siete días, aunque en el medio deba enfrentar a Colón por la competencia local. El panorama granate, ya en desventaja se tornó similar a la visita a River, y como aquella tarde, Lanús no encontró los caminos al gol, aunque esta vez dispuso de más situaciones favorables. Una vez más no ligó, pero a diferencia del partido ante River y aún sin jugar nada bien, mereció al menos el reparto de puntos. El quiebre fue ese penal que Godoy Cruz dispuso, en su única incursión al área enemiga en toda la primera etapa.

“Llega Castillón, Maxi lo sigue… ¡Penal!” dijo el relator. “Fue penal”, “¡Que penal tonto hizo Maxi!”, “¡Como va a ir a marcar con las manos separadas del cuerpo!” “Penal, clarísimo, indiscutible” fueron vertiendo su opinión el resto de los integrantes de la transmisión. “No estoy de acuerdo”, alcancé a decir. Me miraron raro. Vino la repetición y me miraron más raro aún. Enseguida se vino la ejecución de Óbolo, y todo siguió su rumbo hasta la derrota final y el cierre con resignación y tristeza de parte de todo el equipo periodístico. Más tarde, buscando elementos para tratar de entender primero y explicar después la 5ª -¡en 11 partidos!- derrota granate en el presente Torneo Final, me encontré ante la repetición de la mentada jugada, y luego de observarla con el detenimiento que la circunstancia merece, vuelvo a decir lo mismo: No fue penal, de ninguna manera.

Guillermo y una declaración de principios que merece debate
Una mano en el área es penal, sólo si el árbitro juzga que hubo intencionalidad.  En su artículo XII, el reglamento lo deja bien claro: “Se concederá un tiro libre directo al equipo adversario si un jugador comete una de las siguientes tres infracciones: […] tocar el balón deliberadamente con las manos.” Dicho de otra manera, lo único que tiene que decidir el árbitro, una vez seguro de que ha habido mano, es si cree que fue voluntaria. Poco importa si la pelota da más o menos claramente en la mano, si la misma está pegada o separada del cuerpo, si busca a la pelota o si es ésta la que va hacia aquella, el árbitro sólo deberá evaluar la intención. Y como nunca podrá conocer los procesos mentales del jugador, en pocos segundos debe considerar todos los indicios a su alcance para decidir que el futbolista ha tocado voluntariamente o no el balón con la mano. El resto de las consideraciones, por muy populares que resulten y mucho que induzcan al error a los aficionados, al punto de ser consideradas verdades indiscutibles, carecen de importancia. ¿Qué otra intención pudo haber tenido Velázquez que no sea la de obstruir con su cuerpo el centro atrás  de Castillón? ¿Qué jugador cambiaría intencionalmente un envío sin destino claro por un penal en su contra? Y si de indicios se trata, claramente se observa el intento del defensor de retirar su brazo derecho hacia atrás, justamente tratando de evitar que se interponga a la trayectoria de la pelota. A esta hora discutir el penal suena a lloriqueo, lo importante es evaluar qué dice y -sobre todo- que no dice el reglamento. Y por lo tanto, no fue, de ninguna manera, penal de Maxi Velázquez.

Con la derrota consumada, Guillermo Barros Schelloto realizó una declaración muy interesante: “El Fair Play no puede ser utilizado en contra de su esencia. Cuando algunos equipos van ganando, sus jugadores se empiezan a tirar al piso, le ordenan a los chicos que escondan las pelotas en vez de alcanzarlas, y otras trampas por el estilo. Que todos sepan que Lanús, que no recurre a esos artilugios, por orden del cuerpo técnico no devuelve más la pelota.” Aplausos. Era hora de que alguien ponga claridad sobre este asunto, al menos hasta que se empiece a aplicar la sanción que corresponde a este tipo de accionar deliberado y descaradamente malintencionado que es fingir una lesión, o esconder una pelota. Esperemos que alguien argumente en contrario. Pero que sea el técnico Granate quien proponga este debate es, a mi entender, la nota más grata y destacada de una tarde para el olvido.

Marcelo Calvente


martes, 1 de abril de 2014

El barro y el turro


A la hora del partido, la lluvia era tal que resultaba impensado que se jugara. Solo a los que cumplían con su obligación, ya sea laboral o con un corazón desaforado por los colores, se le podría ocurrir encaminarse a La Fortaleza con el diluvio que caía desde  la mañana del domingo. Pero minutos antes de la hora de inicio el árbitro hizo picar la pelota acompañado por los presidentes de ambos clubes, que no muy convencidos aceptaron la orden de jugar. En varios sectores de la cancha había charcos, los botines despedían agua para todos lados, el piso definía el destino de la pelota. Un chaparrón cerrado lo suspendía inmediatamente. Pero el chaparrón no llegó, y de apoco ambos equipos se fueron adaptando al campo. Central lo hizo primero, y dispuso de cuatro chances claras de gol producto de los imponderables acuáticos de cada pique de balón en las cercanías de Marchesín. Advertido del peligro, Lanús dio un paso adelante, y con el buen trabajo de Somoza, Ayala, y sobre todo el pibe Valdez Chamorro -cada vez más suelto y convencido de sus posibilidades- a partir de los 15’ el dominio y las aproximaciones fueron del Granate. Barrientos, Ismael Blanco y el dicho pibe tuvieron sus oportunidades de marcar, sin éxito, en el último cuarto de hora. El partido se hizo vibrante, los charcos de agua y los piques en falso quedaron en segundo plano, los dos equipos lo querían ganar. La imagen del estado del terreno al finalizar el primer tiempo era casi campestre. El agua se había transformado en barro.

En el barro, Lanús se impuso a Central con convicción
El segundo tiempo fue igual de vibrante, el terreno era resbaloso pero uniforme y Lanús seguía siendo mejor. El Mellizo seguramente había tomado nota de que en Central ataja Mauricio Caranta, y con los caminos cerrados, Lanús jugó a poner la pelota vía aérea en el punto penal. A los 19’, el tiro libre del paraguayo Ayala se quedó corto, pero Caranta dudó con el amague de Goltz, 1 a 0 arriba y era justicia. Sin embargo en el primer ataque a fondo de Central, dos minutos después, Federico Carrizo dispuso de un metro demás y la clavó en un ángulo desde afuera del área. Lanús siguió siendo dominador, en el barro se afirmó mejor que en el agua y la personalidad de sus baluartes anímicos, Marchesín, los dos del fondo, Somoza y el Pelado Silva, se llevó por delante a Central con la misma convicción con que había arrasado con Cerro Porteño, en ambos casos, supliendo fatigas por fiereza y convicción en la parte final de cada encuentro.  A los 37’ y desde la esquina, Ayala la puso en  la cabeza de Izquierdoz y Caranta, en su especialidad, la miró entrar desde la línea de gol: 2 a 1 definitivo.  La imagen de Lanús es la del que sabe que se viene lo mejor. El cansancio de siempre, tanto como el barro del domingo, son obstáculos que el plantel está dispuesto a saltar con una convicción pintada de heroísmo, tinte indispensable para coronar con éxito un semestre de competencia maratónica y demencial, una virtud que Lanús ya demostró tener cuando levantó la Copa Sudamericana, hace apenas tres meses.

Minutos después, Boca y River se enfrentaron en la Bombonera. Los dos vienen tan mal como los números lo indican, aunque River aventaja a su rival en conciencia. Aún están volviendo de la “B”, y sus hinchas han comprendido a fuerza de dolor. Ya no tienen paladar negro, y no les preocupa jugar a lo Platense. Boca, que aún se siente ajeno a la lucha que se le viene, sigue dándose el lujo de mantener a un técnico que no da pie con bola, que hace contratar jugadores mediocres que representa su hijo y que está dibujado en el medio del quilombo que es su plantel, avanza arrodillado al capricho de Riquelme, tan turro él, que se las rebusca para poner un tiro libre en el ángulo de Barovero para alcanzar un empate indispensable, y luego salir reemplazado para recibir esos aplausos que tanto teme perder para siempre. Tan turro, que no pudo evitar que River se aproveche de la bondad de Agustín Orión, el que va al Mundial que no va Marchesín, y se lleve la victoria en sus nariz, siempre fruncida. River da pelea como puede. Boca todavía no sabe restar 76 puntos en el promedio del descenso, y los dirigentes aún no se animan a hablar de cambios. En Racing, Merlo se aferra a los empates para subsistir, y en Independiente, Cantero afronta el descrédito y la obligación de ascender en un club que cada día está más fundido, y se inspira en Napoleón Bonaparte.

Como no nos une el amor, sino el espanto, yo me pianto...
Sin embargo la nota de la semana pasó por otro lado. Casi en simultáneo con el empate de San Lorenzo en Ecuador que lo deja al borde de la eliminación dela Copa, Tinelli hizo saber que tomará una licencia por lo que resta del año, y en una de las pocas entrevistas que dio explicó, entre otras cosas, que él no había llegado al club para escuchar insultos. Ocurrió que en Ecuador, su equipo se empezó a despedir de la Copa Libertadores que quería grabar con su apellido, y el tipo, desacostumbrado a las derrotas, se fue a bailar por un sueño. De ahora en más, todo lo que pase en su amado club será ajeno a su figura. Flor de turro, que muy rápido se avivó de su grave error. Por lo pronto el Papa Francisco no hizo anuncios en el mismo sentido. Antes de lo pensado, San Lorenzo estará poco menos que en manos de Dios …


Vélez, Newell’s, Arsenal y Lanús, si logra al menos un empate en Chile ante el duro O’higgins en ocho días, en un choque que será una verdadera final por un objetivo, el pase a octavos, están en carrera por la principal competencia del continente en representación del fútbol argentino, la Copa Libertadores de América, esa que en otros tiempos jugaban Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo y Estudiantes, en tanto muchos parecen no advertir cuánto y porqué todo ha cambiado tanto.

Marcelo Calvente

sábado, 29 de marzo de 2014

Con alma de campeón


Lanús y Cerro Porteño igualaban cero a cero y estaban en el entretiempo. En las tribunas había preocupación. El equipo de Guillermo había sido superior, tomando siempre la iniciativa y manejando la pelota con criterio, aunque con tendencia a nublarse en la puerta del área. Había síntomas de cansancio en varios jugadores, el árbitro no daba una mano con sus fallos. Lanús atacaba pero no demostraba la convicción y la fiereza que supo tener no hace tanto. La inmensa entrega del equipo se parecía más a un lamento que a una canción. Peor hubiera sido si a poco del inicio, el cabezazo de Romero entraba, como parecía, al lado del palo izquierdo de Andrada. Y mucho peor si promediando la etapa, el línea no inventaba una posición de adelanto que terminó en gol para la visita y que el árbitro anuló erróneamente a expensas suyas. Había más tensión que entusiasmo, más preocupación que relajamiento. Como para no perder el vicio de conformarse que uno siempre tiene, alguien a mi lado decía: “Y bueno, habrá que dedicarse el torneo local y ganarlo, que va’cer…”

Lanús celebra el gol de Araujo bajo una lluvia torrencial
Desde lo individual, todos habían aprobado. Araujo y Cali ganaban en el mano a mano, Goltz y Velázquez también aunque no siempre. El Pulpito trajinaba hacia delante como ante el Deportivo Cali. Somoza ponía claridad, Ortiz trataba de amigarse con la pelota y Silva desplegaba su oficio y su presencia lejos del área. Y Junior y Pereyra Díaz intentaban pero con poco éxito. El rival mostraba sus credenciales de buen equipo, trataba de obstruir la salida y daba pelea dura sobre la posesión. Principalmente, se lo veía más entero. El veterano, dos butacas más allá, achicaba los ojos con una sonrisa resignada de quien se las sabe todas y murmuraba “no hay caso, estos muchachos no dan más…”

El panorama era favorable para Cerro, y posiblemente lo hubiera ganado de enfrentar al mismo Lanús del primer tiempo. Porque el que volvió era otro Lanús, con las mismas circunstancias: Cansado, sin el Laucha, sin explosión en los últimos metros, el que volvió del entretiempo era el mismo Lanús que levantóla Copa, y volvió con aquella convicción, la misma que desplegó en Rosario para terminar peloteando a Newell`s en la fecha de cierre del Torneo Inicial que a punto estuvo de ganar también. Y estos mismos jugadores -muy buenos todos- no son lo mismo cuando juegan con aquella enorme pasta de campeón. Los jugadores de Cerro Porteño lo advirtieron enseguida. Araujo se le venía con más fuerza que nunca, Velázquez, Ortiz, el Cali y el Pulpito imponían condiciones  y entregaban la pelota al pie, y el Pelado Silva en vez de obstruir la salida se tiraba a la pelota de cabeza como un desesperado, y sumado a Somoza y Goltz, los tres volvieron a ser los abanderados de la confianza ganadora que llevó a Lanús a la cima de América hace tan solo un par de meses. Cerro Porteño ya había perdido la calma con que jugó el primer tiempo y se empezaba a meter atrás, un poco empujado por los intentos de Pereyra Díaz y Junior, que ahora aparecían más enchufados, quienes dispusieron de sendas oportunidades para marcar. Dos veces Silva logró rematar desde la medialuna con peligro, los volantes empezaban a probar de media distancia para tratar de quebrar la heroica resistencia paraguaya. Hasta que a los 26’ del complemento el Pipi Araujo encontró el hueco y le dio con fuerza, el envío recibió la bendición de un roce milagroso que le otorgó una comba perfecta para eludir el manotazo del arquero y se arrinconó en el fondo de la red provocando el delirio de un estadio que por entonces alentaba desde todos los rincones, más fuerte que nunca, un aliento sostenido por lo que los jugadores estaban entregando en el terreno y acompañado por una tormenta descomunal que se había desatado de la mano de la renovada imagen de campeón.


Junior le puso la cabeza a un corner perfecto de Ayala 
Cerro Porteño no se desmoronó por el gol del Pipi, ya se había entregado mucho antes, cuando advirtió que enfrente tenía al Campeón de la Sudamericana, ese que habían visto por TV consagrarse de manera estelar, ante un estadio repleto, un ganador indiscutible y claro de la versión 2013 del segundo torneo internacional en importancia que se disputa en esta parte del mundo. Ese Lanús lo borró de la cancha, a poco del final llegó el gol de Junior y ya no hubo para más. En esta maratón infernal de partidos ahora hay que recibir a Rosario Central, luego visitar a Godoy Cruz y finalmente enfrentar al sorprendente Colón en La Fortaleza por la 12ª fecha del Torneo Final, en el que hoy el Grana se encuentra en posición expectante. Luego habrá que jugarse a todo o nada en Chile ante el respetable O’higgins con la ventaja de saber que el empate clasifica a octavos y con la esperanza de mantener la talla de equipo poderoso y sacrificado que se repone de todos los males  y se lleva a sus rivales por delante como se llevó a este buen elenco paraguayo que cuando tenía todo para ganar sucumbió ante el último campeón del continente.

Marcelo Calvente

miércoles, 26 de marzo de 2014

Historia y Ciencia Ficción


Ya pasaron más de ocho años desde la primera vez que en este espacio polemizamos acerca de que los grandes se venían en picada. Obviamente, esa caída fue tratada de evitarse con uñas y dientes y muchos intereses detrás, pero llegó. Deportiva y económicamente, los descensos deberían ser siempre, en todos los aspectos, un retroceso de relevancia para los clubes. Sin embargo para San Lorenzo y Racing, descendidos en los ya lejanos años ochenta, significaron en parte una resurrección; al menos la chance de celebrar algo importante aunque se trate de la recuperación de una categoría que nunca deberían haber perdido. Ambos volvieron con distinta suerte y celebraron luego algunos títulos en primera, Racing haciendo de su sufrimiento un himno, San Lorenzo tratando de recuperar su identidad de barrio y su barrio propiamente dicho. Por entonces la política y los millones que empezaba a generar el fútbol transitaban ocultos a los ojos públicos. Dirigentes como  Ducó, Alberto J. Armando, Valentín Suárez, Grondona, un muestrario variopinto de los hombres que dejaron su impronta. Algunos fueron visionarios, otros buenos para los negocios y el dinero, algunos fueron muy autoritarios, otros no tan honestos, y el último, Grondona, que rompió el molde y se hizo presidente vitalicio convirtiendo al sistema democrático de elección de autoridades en poco menos que un trapo. En eso llegó la televisión y todo fue diferente.

El dinero empezó a venir de otro lado, y poco a poco el número pasó a ser mucho mayor. Los cinco clubes que se hicieron grandes por ganar más campeonatos y vender más entradas que los demás ahora tenían que asumir otro tipo de contratos y manejar otras sumas de dinero. Y no todos estuvieron capacitados, diría que muy pocos. Siguieron dilapidando los nuevos recursos de manera absurda e irresponsable. Noel, Miele, Aguilar, Ducatenzeiler, Sabino, Blanquiceleste, Comparada, Passarella, Abdo, Cogorno, algunos de los que transitaron el camino al desprestigio público. De pronto los socios se enteraban que tal club debía 200 millones, que tal otro más de 300, y los responsables se iban impunes y nunca nadie explicó cómo y porque fue que eso ocurrió en tantos viejos y populares clubes de fútbol. Passarella, que fue uno de los más grandes jugadores del mundo de todos los tiempos, único bicampeón mundial con la camiseta Argentina, no entregó el mando personalmente en River pese a dejar una cifra en rojo aún no estimada, pero cercana al medio millar de millones. Por ahora, ninguno terminó en cana.

1981, Lanús Campeón de Primera C
La cosa estaba apunto de estallar cuando llegó fútbol para todos y se hizo cargo del balurdo a cambio de duplicar largamente el aporte de la TV, cuyo reparto se hizo en base a la historia deportiva y la popularidad de cada club, dinero que en algunos casos fue utilizado con inteligencia y precaución por dirigentes responsables que se avinieron a trazar objetivos deportivos en consonancia con las nuevas posibilidades económicas reales, mientras otros doblaron la apuesta del despilfarro con la excusa de que tal club tiene que salir campeón siempre y por eso traigo a Romario, la plata se evaporó en contratos imposibles de pagar. Bastante antes, en la década del noventa, Vélez había surgido con una conducción sobria y capaz, con Gámez a la cabeza. Pero aún antes, a fines de los 70 había sido Lanús el primero en cambiar el modelo político, cuando al borde de la desaparición construyó una unidad verdadera de todas las agrupaciones, una unidad que se fue sosteniendo en el tiempo gracias a la transferencia ordenada de cada gestión saliente a su sucesora durante tres décadas, todas enmarcadas en la continuidad de una idea como eje, que tuvo en Carlos González el impulsor y en Néstor Díaz Pérez el motor incansable. En los últimos años se llegó a estar cerca de la perfección administrativa, las asambleas para aprobar el balance anual de las presidencias de  Marón y Russo terminaron  con aclamación unánime de los presentes, el presidente saliente entrega el mando y la tesorería, y se va honrado por cientos de hombres grandes que lloran de emoción. Algo muy diferente, está más que claro, a lo que vemos sucede a menudo en varios clubes, principalmente los considerados cinco grandes de hoy y de siempre.

Todo esto y ninguna otra cosa es lo que los hinchas de los equipos grandes están padeciendo, lo tienen tan a la vista, está tan claro, y así y todo muchos no se dan cuenta. Algunos pocos al menos sospechan que la cosa viene por ahí. ¿Cómo fue que el humilde Lanús, jugando por nada, le quitó en su cancha un título que valía un tri campeonato a Boca? ¿Y como fue que al cabo de un año justo le dio una vuelta olímpica en la mismísima Bombonera? ¿Cómo fue que Lanús mandó a la promoción a River, venciéndolo en su mítico estadio repleto de dolor, rabia y vergüenza? ¿Y como que lo goleó y lo sacó de la Copa en el mismísimo Monumental después de la vuelta a Primera? Todas esas grandes proezas deportivas granates, triunfos inéditos e impensados poco antes, reflejan en el campo de juego la diferencia que les saca en el plano administrativo, económico e institucional, el orden y la austeridad como lema, la transferencia generacional y el consejo sano como costumbre.
  
Lleva años construir un club de fútbol con más de diez canchas profesionales, con pensión de lujo, con una enorme estructura formativa en infantiles, con inferiores dirigidas por ex jugadores del club, hombres con pertenencia a una entidad como Lanús, que pese a la crisis internacional que acosa a parte de Europa se las rebusca para vender más de un crack por año, dinero grande que no se dibuja ni se desdibuja, sino que entra en efectivo a la tesorería y se convierte resguardo financiero para el futuro. ¿Cómo van a hacer los grandes para desplegar la infraestructura y el estilo formativo que construyó Lanús en treinta años de continuidad? Lamentablemente, no lo van a hacer nunca, no pueden, no tienen tiempo. D’onofrio se hizo cargo del desastre en River con muchos aportes de dinero privado que le permite tapar los agujeros indispensables e invertir en jugadores para después obtener una renta con la comercialización de alguno de ellos y devolver el capital más las rentabilidades. Nadie va a poner dinero para hacer obras. En Boca no había problemas de plata hasta que empezaron a tomar las decisiones Bianchi y Riquelme. La tesorería empezó a gastar de más, el club se convirtió en un sainete, el equipo anda a la deriva. Si sigue así un poco más, el derrumbe esta a la vuelta de la esquina.

2013, Lanús Campeón de la Copa Sudamericana
En el fútbol argentino del siglo XXI gana el que está ordenado Y el orden se construye con tiempo, unidad y crédito político, algo que le falta a las nuevas conducciones que generalmente llegan a los clubes grandes en situación caótica. Los mandatos cortos no permiten encarar un proceso largo, por eso son presidencias que fracasan, porque generalmente defraudan en lo deportivo, porque urgidos dilapidan los recursos armando rejuntes, y pierden ante los que tienen más solvencia y credibilidad, contratos mejores y mejor vidriera para los pibes del club, mientras los grandes los venden cuando aún no debutaron en primera y a precio vil, por falta de paciencia, por la urgencia de conseguir dinero rápido. Pero lo más interesante para seguir es lo de Tinelli en San Lorenzo: Llegó por aclamación, votado en asamblea, y conduce el club como un yuppie con su mesa chica. El tipo acudió como salvador cuando se venía la maroma, y para los seguidores de San Lorenzo es poco menos que un Dios. Nadie que  guste ser dirigente –hay que tener ganas, eh!- se anima a contradecirlo. Es el único de los nuevos figurones del fútbol argentino que podría poner la plata necesaria hasta comprar el club. Y esa sí que sería una alternativa inédita, toda una novedad, una trama muy interesante para observar de cerca. Casi como una vieja película de ciencia ficción.

Marcelo Calvente