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lunes, 15 de septiembre de 2014

Un clásico y tres imágenes


La imagen de la vuelta del clásico del sur, la del principio, fue una pintura de la situación. La hinchada granate no venía muy conforme que digamos con el vertiginoso arranque del semestre: El debut con dudas ante el Mineiro en casa por la Recopa, la enorme victoria obtenida en la revancha que lo llevó a un alargue que insólitamente perdió cuando todo estaba para ganarlo, el viaje a Japón, donde fue derrotado por un equipo de tercera categoría, la eliminación con Colón por la Copa Argentina y no encontrar regularidad durante las cinco primeras fechas del torneo de AFA, es motivo más que suficiente como para preocuparse. Los propios futbolistas, con sus actuaciones deslucidas, han venido demostrando su fastidio por este arranque. Lanús venía de vencer a Racing en Avellaneda con una leve mejoría en el juego y un enorme amor propio, y de visita venía Banfield, el clásico que ya se empezaba a extrañar. Siempre es bueno tener un rival, y mejor es vencerlo. Su descenso fue una noticia que los granates celebraron, pero es necesario que el descendido vuelva; si no vuelve más, ¿a quien vas a cargar, a quien le vas a gritar los goles en la cara? Por eso Lanús llenó La Fortaleza, para volver a ganarle a Banfield por tercera vez consecutiva, y para festejar la vuelta de su rival a primera. La imagen del principio fue una estremecedora muestra de confianza de la gente granate, de la grandeza y la vigencia del Campeón de la Sudamericana, un recibimiento a la altura de uno de los mejores equipos del continente, y un volvernos a ver con el rival y comprobar como anda cada uno. A la imagen del principio sólo le faltó el público de Banfield.

La imagen del partido fue la de la lucha. Un encuentro de pocas situaciones de gol, pero  jugado a muerte en cada pelota, donde los dos dieron señales de fiereza. Esa lucha fue zanjada con el gol granate. Al tener que defender esa ventaja, Lanús siguió jugando fuerte, pero Banfield entró en el descontrol y terminó con nueve, con el arquero haciendo un papelón. Hasta el gol de Romero, coronando una salida clara de Araujo para Braghieri, que intentó un remate al arco que devino en fortuito pase gol, con un toque certero de Acosta para el Chino. Iban2’ minutos del complemento. En la parte inicial el Grana no había inquietado, y aunque Banfield dispuso de dos situaciones de gol, el local había logrado dominar el medio campo y ganar las pelotas divididas. La superioridad la impondría después del gol, soportando sin errores el confuso pero intenso despliegue ofensivo de la visita, y respondiendo con profundidad, repitiendo la formula conocida. Pelota que llega clara desde el medio, pase de Ortiz a un lado del área, desequilibrio en corto de Acosta y toque de primera para la sincronizada llegada de Romero para marcar con el arco vacío. El cordobés la recibió un poquito atrás y se quedó sin recorrido para pegarle fuerte, le puso el pie, y resultó un trampolín para que la pelota salte sobre el travesaño. Romero se perdió liderar la tabla de goleadores, y un gol de esos que integran el ranking del año. Como siempre ocurre cuando no se puede ampliar la ventaja como se merece, llegó la hora de sufrir para los granates, “a ver si en el final, éstos…”


El propio Banfield se encargó de impedirlo. Sus jugadores se entregaron antes de intentarlo, perdieron la sensatez, se quedaron con nueve y se llevaron una derrota dolorosa en una jornada de muy profusa cobertura periodística. Volver siempre cuesta. Los futbolistas granates jugaron este partido de una manera especial. Necesitaban ganar así, necesitaban volver a creer en si mismos. Hubo rendimientos individuales muy destacados. El de siempre, Agustín Marchesín, sacando las que van adentro; Araujo dando lección de su materia, la marcación de punta; Velázquez aportando su pase claro y su presencia, Ortíz conectando el medio con el ataque, entregando la pelota con notable precisión, y Acosta y Romero anunciando que juntos son dinamita, sobre todo si se juntan cerca del área. Y hubo mejorías también para celebrar, como las de los dos centrales, que esta vez no desentonaron, como las de Somoza y el Pulpito, que recobraron intensidad y se los vio más metidos en el partido, la imagen de buen equipo en general. De equipo armado, que tiene pronto que revalidar su condición de campeón de Sudamérica, y que mientras tanto se convierte en candidato con una victoria muy celebrada por sus hinchas. En síntesis, aquella imagen tan conocida de diciembre último.

El final fue una postal del fútbol, de la victoria y de la derrota . Una verdadera multitud celebrando el triunfo ante el más rival de los rivales, y el equipo festejando la recuperación de su espíritu de tal, con los recambios adaptados y una ofensiva que ilusiona con volver a las fuentes, a Cejas y Lugo, a Silva y Acosta, a Huguito Morales e Ibazaga, a Blanquito y el Pelusa Valeri, duplas capaces de quebrar al rival con pelota al pié, velocidad  de maniobra y entendimiento mutuo, la estirpe natural del fútbol granate de toda la vida, a la que tal vez el entrenador pueda sumarle a Silva cuando el pelado recupere su verdadero nivel. La imagen del final es la de una hinchada que recobró la confianza en su equipo, y la de un equipo orgulloso del aliento de su gente y de jugar en un club como Lanús, donde todo está en su lugar, donde no hay excusas. La imagen del final es la que hay que consolidar en Quilmes con otra victoria, para después intentar frenar la marcha de River y meterse en la pelea decisiva del torneo de AFA, para seguir proyectándose en el ámbito internacional y tratar de mantener la Copa Sudamericana en sus vitrinas. Pero a decir verdad, al partido le faltó la vuelta a casa de la gente de Banfield bajo la lluvia, sufriendo la derrota y percibiendo de la manera más cruda lo mucho se han profundizado las diferencias.

Marcelo Calvente

sábado, 13 de septiembre de 2014

Clásico y moderno


A fines de siglo XIX, los territorios de Barracas al Sur eran enormes estancias dedicadas a la lana, al cuero, a la carne, zonas rurales que no nacieron con el ferrocarril. El tren llegó a esta parte del mundo en 1865 para facilitar las comunicaciones con las principales villas unidas por la línea férrea, en las que convivían criollos y descendientes de ingleses, vascos, gallegos, franceses e italianos. El ferrocarril las convirtió en ciudades. Lomas de Zamora fue el pueblo de la aristocracia ganadera, Banfield el de los funcionarios de la empresa ferroviaria y Remedios de Escalada, zona de talleres, el de los trabajadores especializados. Hasta que a Gaebeler se le ocurrió lotear Villa General Paz en 1888, Lanús era todo campo

Es difícil saber si la zona sur se hubiese desarrollado de igual modo de no haber existido la epidemia de fiebre amarilla que asoló a Buenos Aires en 1871, y que puso pies en polvorosa a los ricos de la ciudad. Muchos de ellos se afincaron en la zona de Banfield, y levantaron algunas de las hermosas y señoriales casonas que aún adornan sus calles empedradas. El Banfield Athletic Club nació en 1896 como la entidad deportiva de esa burguesía del naciente granero del mundo afincada en torno a la estación, con mayoría de ingleses ricos, y participó con escasa suerte en la prehistoria del fútbol, cuando el líder absoluto del nuevo deporte era su vecino, el Lomas Athletic Club. En 1904 fue refundado y castellanizado su nombre como Club Atlético Banfield, con dirigentes y deportistas de apellidos británicos fue partícipe de los torneos de principios de siglo, cuando el fútbol argentino empezaba a dejar de ser inglés.

En 1910, en los alrededores de la estación Temperley, la terminal del primer tendido ferroviario, jugaban al fútbol un grupo de jóvenes descendientes de italianos que fundaron un club con el poco original nombre de Centenario. Pasó a ser Temperley en 1921, cuando ya militaba en las divisiones menores de la Asociación. En el 35 se sumó a los torneos de ascenso del profesionalismo, y allí permanecería hasta 1974 cuando logró el primero de sus dos ascensos a la división mayor. En 1917, en el centro de Lomas, se fundó Los Andes. Eran hijos de tamberos ricos, que nada tenían que ver con la aristocracia de la zona, que lograrían jugar en intermedia recién en 1925, y llegará por primera vez a la división superior en 1961. El club Los Andes nació como acérrimo rival de los dos clubes ingleses que existían, pero Banfield pronto se iba a distanciar.

En 1906 se labró el acta de fundación del club de los vecinos de los Talleres de Escalada, el pueblo de mayor impronta ferroviaria de la zona sur, una mezcla de gringos y criollos, el Talleres United. Football Club, que ascendió a primera división en 1925, y que sería uno de los 18 clubes fundadores del profesionalismo, al igual que su vecino, el Club Atlético  Lanús, el de los pitucos de Villa General Paz, esos que nunca habían agarrado una herramienta. La existencia de ambas instituciones, desde la fundación de Lanús en 1915 hasta 1934, estuvo signada por una enconada rivalidad. Ese año, la nueva AFA iba a mostrar la hilacha: para apartar a seis clubes chicos y de menor convocatoria, los dirigentes de la Asociación van a descender por decreto a Tigre y a Quilmes, mientras que van a obligar a fusionarse a Atlanta y Argentinos por un lado, y a Lanús y Talleres por el otro, una medida absurda y muy resistida que no hizo más que acentuar el encono. Aquella rivalidad va a palidecer con el tiempo. Talleres descendió en el 38 y nunca más volvió a jugar en primera, mientras el Granate permaneció en la máxima categoría en 61 de las 83 temporadas disputadas desde la creación del profesionalismo. Cerca está El Porvenir, que no tiene rivalidad verdadera con ninguno de los dos, porque nació en 1915 en la barriada del mismo nombre, en la calle Galicia y Humberto 1º, que siempre estuvo ligada a Avellaneda, y que por esas cosas del destino se afincó definitivamente en 1971 en un terreno cercano, lindero a las vías del Ferrocarril, que a partir de la autonomía obtenida en 1946 perteneció al distrito de Lanús. Alguna vez el Granate debió enfrentar a estos dos equipos, que siempre le resultaron escollos duros, pero con el paso de los años las diferencias deportivas que le sacó a ambos lo llevaron a transitar otros caminos: Lanús, como un club de primera, Talleres y El Porvenir buscando su destino en los torneos de ascenso, como Temperley y Los Andes. 

La rivalidad entre Banfield y Lanús no es antigua, hay registro de sobra de una amistad que duró hasta finales de los años 70, cuando el Grana desbarrancó a la “C”, para retornar con gloria y establecerse definitivamente en primera a principios de los 90. Es producto de ese distanciamiento de ambos respecto del resto de los clubes de la zona, que se disparó en los ochenta, y las nuevas generaciones hicieron propia. Una rivalidad absolutamente lógica: Uno nació aristocrático, bien inglés, en un barrio que no perdió esa prosapia pese al tiempo transcurrido. El otro de una juventud de clase media acomodada, profesionales, comerciantes, gente de la política y la manteca al techo, vascos cabezaduras que terminarán conformando un club identificado de manera absoluta y como ningún otro, con su inigualable y divino color granate a la proletaria ciudad que creció a su alrededor. La contradicción los hermana. Son clubes que viven el deporte del mundo del revés. Los ingleses de Banfield y su historia largamente centenaria, una vida pegándole de punta y para arriba. Los humildes trabajadores de los barrios de Lanús, Villa Obrera y Monte Chingolo, y el eterno culto al fútbol elegante, de galera y bastón.

Casi dos años y medio después del último enfrentamiento, Lanús y Banfield vuelven a chocar en La Fortaleza, el mismo escenario en el que con victoria granate por dos a uno, ambos adversarios se despidieron para no volverse a ver hasta mañana a las 15:15. Faltará el colorido de la tribuna visitante, y será una circunstancia que puede jugar a favor de alguno de los dos. Lo único que importa es que por fin vuelve el Clásico del Sur. Lo estábamos extrañando.

Escuchá a Huguito Morales recordando viejos clásicos ante Banfield.

Escuchá al uruguayo Gilmar Villagran que revive algunos goles ante Banfield y palpita el que se viene.

Escuchá a la Urraca Armando González que pide llenar la cancha mañana.



Marcelo Calvente


lunes, 8 de septiembre de 2014

Fútbol raro


Es raro el fútbol argentino, Rafaela le hace 3 a Boca en la Bombonera, Independiente aplaude el esfuerzo y convierte en ídolo a Mancuello, y en una sola fecha, son expulsados cuatro jugadores por agresión a un rival –Prichoda, Borja, Galmarini y Centurión- los dos primeros antes de los 30’ del primer tiempo, más Diego Vera y Cillis, por exceso verbal estando amonestados, seis profesionales que ganan mucho dinero, actuando con la irresponsabilidad de un chico en el potrero, dejan a su equipo con diez y lo condenan a la derrota, además de recibir una suspensión y resignar el puesto cada uno de ellos. Marco esto porque me llama la atención que cosas así se tomen con naturalidad por periodismo y público, aunque seguramente cada entrenador pensará muy bien antes de volver a confiar en ellos. Todo muy extraño. Lanús volvió a la victoria en Avellaneda sobre Racing por 3 a 1, después de un arranque en desventaja desde el segundo minuto de juego. Sin brillar, metiéndose demasiado atrás para defender, pero corriendo y poniendo como hace mucho no lo hacía, Lanús sumó tres puntos muy importantes de cara al clásico del próximo fin de semana y lo que resta de torneo. Y lo más raro de la tarde fue que por primera vez en mucho tiempo, el árbitro de turno, Andrés Merlo, de flojo arbitraje, no lo perjudicó.

El Pulpito González la clavó al final del primer tiempo
Lanús salió a enfrentar a Racing con tres cambios en la defensa, más las salidas de Silva y el paraguayo Ayala, y el comienzo fue de la peor manera. Ante la pasividad de Monteseirín, Ortiz y Somoza, entregando demasiados metros a sus marcas, Hauche buscó la espalda de Pinto, metió la diagonal de derecha a izquierda, y con toda la libertad de movimientos puso el pase en cortada para Centurión, a quien el Pipi Araujo descuidó. Lanús había perdido la oportunidad de jugar con la desesperación del rival. Y hasta los  30’, en un partido de lucha y pierna fuerte, Racing fue superior. Pero en los quince finales el Granate empezó a responder, y en un centro al área, Gastón Díaz saltó con las manos extendidas, casi como un arquero. En la cancha supuse que no había sido intencional, que no me canso de repetirlo, es lo único que el juez debe tener en cuenta al juzgar, pero en la reiteración televisiva se observa claramente la diferencia entre una pelota que rebota contra una mano -dos veces había sucedido eso en el área de Lanús, y Merlos correctamente las ignoró- y cobró como debía la de Díaz, donde ocurrió todo lo contrario: claro penal, que Romero picó a sangre fría y marcó un empate que hasta ahí era negocio para la visita. Pero Racing se desesperó, perdió la rigurosidad defensiva que había tenido hasta el empate, y sobre el final de la etapa fue el equipo de Guillermo quien atravesó la puerta del área de izquierda a derecha, donde el Pulpito, llegando de atrás con tiempo y espacio, metió un derechazo inatajable a media altura contra el palo derecho de Saja.

El segundo tiempo ganó más aún en dramatismo, y el Cilindro fue un infierno. El técnico local, pésimo declarante acerca de la importancia de perder un clásico antes de jugarlo, y el árbitro Merlos, que en el primer tiempo perjudicó al local en una sola oportunidad -falta del Pulpito sobre Centurión en el área que no sancionó penal, como hubiese correspondido- se llevaron todas las puteadas. Lanús ahora sí trató de ajustar el retroceso, y la respuesta defensiva fue mejor, pero hasta los treinta, nuevamente fue Racing el que creó peligro, y bien lo pudo empatar en dos cabezazos de Lollo casi calcados y un remate de Aued, que Marchesín sacó del ángulo. El clima y el resultado sacaron a los futbolistas locales, y a cinco del final, cuando ya Lanús contragolpeaba con más espacios, Centurión metió dos trancazos, estando amonestado por sacarse la camiseta en el gol, y se fue a las duchas. El final fue la larga corrida de Romero, mano a mano con Videla, a quien eliminó con un cambio de paso hacia fuera, y ya sin fuerzas remató contra el cuerpo de Saja, que estuvo un tanto lento para levantarse. El delantero cordobés llegó antes al rebote, metió un buen amague que volvió a desparramar al arquero, y con un toque a la red se transformó en la gran figura del partido.

El técnico local hizo un nuevo papelón a la hora de hablar con la prensa. Fue raro;  avisando que no respondería preguntas, Diego Cocca salió con un emotivo pedido al supuesto poder oculto que tanto está perjudicando a Racing que por favor no lo haga más, y se marchó. Una pena, hubiese sido enriquecedor una enumeración minuciosa de los fallos arbitrales perjudiciales que sufrió su equipo, uno imagina que eso es lo que le hubieran  preguntado los periodistas. De todos modos, la hinchada de Racing se va a olvidar más rápido del árbitro que de las declaraciones de Cocca previas al clásico que perdió hace siete días. Sólo lo salva ganar el título, y parece difícil que obtenga el crédito necesario como para intentarlo.   

Por ahora, con casi un tercio de las jornadas disputadas, el pulso del torneo lo marca River (16 puntos), que parece estar un escalón arriba de todos los demás, pero que tendrá que rendir cuentas físicas en la triple competencia, obstáculos con los que puede tropezar. Lo siguen Vélez (13), Newell’s e Independiente (ambos con 12) y enseguida, junto a Central, se ubicó Lanús con 10 unidades. Es difícil saber si la victoria es el resultado de una superación individual de sus jugadores, si el entendimiento colectivo es lo que mejoró, o si fue la pobreza espiritual del adversario lo que facilitó las cosas. Lo cierto es que cuando aparecen las dudas en el juego y las diferencias internas, las victorias ayudan a zanjarlas. El desafío mayor lo tiene en siete días, cuando reciba a Banfield. Y no sería nada raro que de ganar el clásico en La Fortaleza puede encontrar el despegue definitivo, y recuperar el único objetivo posible para un plantel de su calidad: la lucha por el título.

Marcelo Calvente

sábado, 6 de septiembre de 2014

Guillermo pateó el tablero

Lanús entrenó de cara al partido ante Racing y el técnico paró un equipo con varios sorpresas. En defensa debutaría el juvenil Marcos Pinto. Vuelve Ortiz por Ayala y Astina irá en lugar de Silva.

Silva va al banco y lo reemplaza Astina. Romero irá de 9.
El Granate practicó ésta mañana pensando en el partido de mañana a las 17.15 horas ante Racing en Avellaneda con arbitraje de Andres Merlos. Guillermo paró un equipo en la cancha de cesped sintético y hubo varias sorpresas. En defensa sin Gustavo Gomez en la selección paraguaya y con Braghieri y Velázquez lesionados los titulares serían Matías Martinez, Monteseirin y el juvenil de 20 años Marcos Pinto que debutaría en Primera. En el medio probó con la vuelta de Ortiz por Ayala y adelante Silva saldría del equipo y en su lugar estaría Marcos Astina. De ésta manera Romero iría de 9.
Hoy los 11 fueron: Marchesin; Araujo, Matías Martinez, Monteseirin y Pinto; Diego Gonzalez, Somoza y Ortiz; Astina, Romero y Acosta. Ademas concentraron Ibañez, Pasquini, Ayala, Bella, Valdez Chamorro, Melano, Benitez y Silva.

Milito desgarrado se queda afuera. En su lugar ingresa Bou.
EL RIVAL. Racing que viene de perder el clásico ante Independiente suma 9 puntos en el torneo y Diego Cocca tendrá un cambio obligado ya que Diego Milito sufrió un desgarro ante el Rojo y su reemplazante será Gustavo Bou. El equipo saldría con: Sebastián Saja; Iván Pillud, Luciano Lollo, Yonathan Cabral y Leandro Grimi,  Gastón Díaz, Nelson Acevedo, Ezequiel Videla y Ricardo Centurión; Gabriel Hauche y Gustavo Bou. Además concentraron Nelson Ibáñez, Nicolás Sánchez, Germán Voboril, Luciano Aued, Diego Villar, Marcos Acuña, Wason Rentería y Facundo Castillón.

RESERVA. El partido de Reserva entre Lanús (viene invicto con 2 victorias y 3 empates) y Racing se jugará el miércoles a las 10 horas en el predio Tita Mattiusi.

martes, 2 de septiembre de 2014

Volver a Japón


Jugando el peor partido de lo que va del semestre, Lanús empató de local en 1 gol ante Olimpo de Bahía Blanca. Poco sentido tiene ahondar en la pobre actuación del equipo. Solo decir que muchos viejos hinchas granates volvieron a sentir esa fea sensación que le dejaban los equipos de Aimar, de Chiche Sosa, del bueno de Ramaciotti. No digo que sean lo mismo, desde luego que no. Está más que claro que estos jugadores son mucho mejores, pero estar viendo un partido que sabés que tu equipo no va a poder ganar,  y en cambio sospechás que terminará perdiendo, es algo que últimamente no suele pasar. Lo que confunde es que se trata de casi los mismos muchachos que ganaban y brillaban hace menos de un año. Y en Lanús, que yo sepa, aquellos que dieron tanto son amados y respetados hasta la muerte. Ante la pobreza futbolística con que arrancaron este semestre, resulta odioso repetir todo aquello que no ayudó a un comienzo mejor. Basta resumirlo.

En primer término, el tema de los centrales. Hasta hoy, hay coincidencia de que no están a la altura de lo esperado. Es fácil criticar y señalar que podrían haber traído alguno de mejor presente. De afuera es sencillo opinar, pero la verdad es que comprar jugadores siempre fue una lotería. Hablar del largo del equipo, de la falta de gol, del calendario infernal que tuvo que afrontar hasta hoy sería ser reiterativo, pero no lo es recordar que el arranque fue ni más ni menos que contra el Mineiro, ni que se tuvo el coraje para lograr un triunfo histórico en Belo Horizonte, tanto como la torpeza para hacerse dos goles en contra y perder en el alargue. Teléfono, don Guiness. Cuatro días después  perdió con Colón, y la derrota fue en parte un alivio, una competencia menos que afrontar. Pero la Suruga Bank, con un poquito más de suerte, debería estar descansando en las vitrinas del club. Por eso, para encontrar respuestas, hay que volver a Japón.

Seis días después de la derrota ante el Kashiwa, Lanús venció ajustadamente a Belgrano en Arias y Guidi sufriendo en el final. “El hincha de Lanús está preocupado. Sabe que el bajón futbolístico del equipo continúa pese a la ajustada victoria, y sospecha que la tarea de recuperación del nivel será ardua y dificultosa” escribimos en este mismo espacio sobre ese partido. Apenas cinco días después, el 16 de agosto, Lanús cayó en Rafaela por 2 a 1, y entonces señalamos que “…volvió a perder en la perla del oeste santafesino ante otro flojo rival, un elenco indudablemente inferior en cuanto al poderío individual que lo venció por dos goles a uno, manteniendo todos los interrogantes de un semestre que no arrancó de la mejor manera para el equipo de Guillermo Barros Schelotto, uno de los planteles más cotizados del continente…”. Enseguida llegó la victoria ante Estudiantes. El comentario sobre ese partido comienza diciendo: “Lanús volvió a la victoria, y fue con justicia, aunque tuvo la suerte que tantas veces le faltó. Venció merecidamente a Estudiantes por 2 a 1, un rival que últimamente se le había tornado difícil de superar. Lejos estuvo el equipo de Guillermo de sus mejores brillos, es lógico, todavía está en etapa de recuperación de la línea futbolística perdida, y aún no se han logrado insertar en el funcionamiento colectivo los recién llegados”. Lo derrota en Vélez que siguió, tanto como el empate de hoy, está más fresco en el recuerdo. En Liniers se mereció otro resultado, pero se empezó a notar un cierto desaliento. Y hoy lo de Lanús fue alarmante, sobre todo si advertimos la poca convicción de la gran mayoría de los futbolistas a la hora de ofrecerse como alternativa de pase. Lanús fue levemente superior en la etapa inicial, pero se desmoronó en el complemento, y a juzgar por el sufrido final, el pitazo de Penel resultó una buena noticia.

Guillermo, expulsado por retornar tarde del descanso
Muchos sabemos que en Japón hubo una discusión entre el cuerpo técnico y algunos futbolistas que terminó en desacuerdo. Resulta que los jugadores elevaron su queja por una práctica realizada por Valdecantos bajo el sol del verano nipón, a poco de bajados del avión. El cuerpo técnico desestimó esos argumentos. Sabemos de esto desde que ocurrió, antes del partido ante Belgrano, en el que tomamos nota de dos cuestiones: Por un lado la salida del equipo del capitán, sobre todo porque Velázquez negó estar cansado o golpeado; y por el otro, los cantos hirientes y el sugestivo trapo que colgó la barra con la frase “Jugadores Mercenarios”, que de inmediato fue reprobada por la mayoría de los hinchas presentes. No lo mencionamos entonces porque jamás un cambio de opiniones entre jugadores y cuerpo técnico resulta preocupante. El tema es que pasan los partidos y nada volvió a ser como antes. Y como el Club Lanús cumple sus compromisos puntualmente, lo menos que merece es que cada uno cumpla con su obligación de la mejor manera posible.

A todos nos gustan los futbolistas que además de tener talento, dejan la vida en el campo de juego. Y todos respetamos a los técnicos que hacen trabajar duro a sus dirigidos. Pero a la hora de afrontar el mal momento no sería justo que se desoiga la voz de quienes son el principal patrimonio de la institución. Sobre todo si tenemos en cuenta que en su larga y reconocida trayectoria profesional, la tarea física ordenada por el profesor ha sido considerada como de excesivo rigor por más de uno de sus entrenados. Nada indica que la diferencia de Japón no sea un tema solucionado, sobre todo si tenemos en cuenta que ninguna de las partes lo ha expuesto públicamente. Pero ante la profundización del bajón del equipo nos parece necesario plantear esta situación. Por lo menos que revisen si en verdad no quedaron resquemores, y si alguien tiene algo que agregar a la cuestión. De no ser así, es hora de trabajar más que nunca para recuperar el rumbo perdido en el torneo local, y salir a defender a muerte el título internacional que han obtenido hace menos de un año de forma tan justa y brillante. Porque para el hincha y el socio, el bien del club siempre está primero.

Marcelo Calvente

domingo, 31 de agosto de 2014

Vuelven los Albañiles

Lanús entrenó ésta mañana y Guillermo definió el equipo para recibir mañana a Olimpo. Regresan Acosta y Silva por Melano y Benitez. Ademas Braghieri con una contractura se queda afuera y lo reemplazará Monteseirin.

Acosta y Silva ausentes en Liniers serán titulares mañana.
El plantel Granate busca recuperare luego de la derrota en Liniers y hoy realizó el último ensayo previo al choque de mañana a las 17 horas frente a Olimpo en Arias y Guidi (dirige el debutante Ariel Penel).
Como se preveía vuelven a estar entre los titulares Acosta y Silva en lugar de Melano y Benitez de flojo rendimiento ante Vélez; la otra variante será en defensa ya que Braghieri (ni concentra) fue probado pero se retiró antes de tiempo de la práctica por una contractura y entonces Monteseirin estará desde el arranque.
En definitiva los 11  serán: Marchesin; Araujo, Gustavo Gomez, Monteseirin y Velázquez; Diego Gonzalez, Somoza y Ayala; Romero, Silva y Acosta. Además concentraron: Ibañez, Pinto, Pasquini, Gallardo, Valdez Chamorro, Benitez, Melano y Astina. Afuera Ortiz que se recupera de una molestia en el isquiotibial izquierdo y Bella que si bien ya regresó de México para resolver trámites con su ex club no fue convocado.

Cobo irá por el suspendido Blanco.
EL RIVAL. El Aurinegro de Bahía Blanca viene de perder 2 a 1 ante San Lorenzo como local y Walter Perazzo tendrá una baja ya que Jonathan Blanco (autor de los 3 goles de Olimpo en el torneo, todos de penal) fue expulsado y en su lugar estará Juan Manuel Cobo. El equipo confirmado irá con: Champagne; Sills, Furios, Moiraghi y Villanueva; Cuero, Cobo, Gil y Vega; Olivares y Borja. Además viajan: Viola, Parnisari, Achucarro, Martínez, Mansilla, Gaona Lugo, Vidal y Vuletich. 

El partido de Reserva entre Lanús y Olimpo se jugará mañana a las 11 horas en la cancha número 2 del Poliportivo de Arias y Guidi.

viernes, 29 de agosto de 2014

Uno nunca sabe


Si ver un buen partido de fútbol es apasionante, seguir a un equipo lo es infinitamente más aún. No perderte partido alguno, prestar atención a la información que ronda en torno a tu once, ver la evolución -o la involución- de cada uno de esos envidiados muchachos que tienen la suerte de poder defender tus colores en el campo de juego, eso es el fútbol. Así como vieron brillar al reciente campeón de la Sudamericana, los hinchas granates se impacientan porque su equipo no logra la recuperación de aquel nivel. Por la 4ª fecha del Torneo de Primera División, Lanús perdió en Liniers un partido imposible, en el momento preciso en que tenía todo para ganarlo. Fue a los 83 minutos de juego, cuando Vélez ya poco inquietaba y su defensa no hacía pie, el fondo granate descuidó a Pratto, y la figura de la cancha, sin marca y con demasiado espacio, tiró una pared con Caraglio y venció a Marchesín. Una vez en desventaja, Lanús lo fue a buscar con todo y le generó tres situaciones de gol. Tarde piaste. Dos ganados de local, dos perdidos de visitante, todos por un gol de diferencia, un camino irregular inesperado.

Después de haber vencido a Estudiantes con una actuación aceptable, con Acosta como figura, Guillermo decide mandar al banco justamente al Laucha, el as de espadas de Lanús, después de haber sido reemplazado a cinco minutos del final ante el Pincha y retirarse despedido por una ovación. En la práctica de fútbol del martes previo al choque con Vélez, el técnico granate saca a Silva y Acosta, y en su lugar practicaron con el resto de los titulares Junior Benítez y Melano, dos que hasta hoy no habían tenido buenas actuaciones, que vienen jugando pocos minutos y sin continuidad. Al día siguiente no da el equipo, pero los reemplazantes afirman que van a jugar. “Tal vez el mellizo apueste a ceder espacios y contragolpear con juego largo, y por eso saca a Silva y pasa a Romero al centro del ataque,  tal vez imagine un partido cerrado que se definirá en el segundo tiempo y por eso guarda a Acosta, para tenerlo en los minutos claves sin exponerlo a la hora de la lucha y la pierna fuerte en la etapa inicial…” Algo así dijo un periodista amigo que suponía que podía pasar. Y en parte eso pasó.

Vélez y Lanús tardaron 10 minutos en estudiarse y en dirimir la pelea del medio. El Grana, en efecto, replegó sus líneas y el partido se empezó a jugar en su campo. Pero el local no conseguía inquietar a Marchesín. Aunque Nanni no lo acompañaba, Pratto empezaba a mostrar su buen momento, participando de la creación de juego en tres cuartos con mucho acierto, aprovechándose de la pobre marcación del trío Somoza, Gómez y Braghieri, sociedad de marca más que limitada. Lanús lo aguantaba sin sufrir demasiado pero era impreciso a la hora de devolver el ataque. Melano bajaba a colaborar por la derecha, y por la izquierda Velázquez la pedía para atacar con todo un campo para recorrer sin marca, pero el medio no podía armar juego.  Varias veces se apeló al pase largo, buscando las espaldas del fondo Vélez, que en esa faceta respondió correctamente. Lo mejor de Lanús fue en los últimos quince, donde en algunos pasajes se paró en campo y rival y recuperó el balón en tres cuartos. Y ahí sí le creó algo de peligro, siempre en los pies de Romero. Y como Junior no dio pie con bola, el complemento pintaba ser el tiempo de Lautaro Acosta.

En el reinicio del juego, en el marco de paridad general y escasez ofensiva de ambos, Lanús se insinuó un poco mejor. En Vélez entró Caraglio por Nanni y todo siguió en el marco de la Pratto-dependencia. En Lanús entró Silva por Melano, y tampoco el Pelado se destacó, se lo vio impreciso y fastidioso. Junior seguía bartoleando, y en la única que le salió, Lanús lo tuvo en la cabeza de Melano. A partir de los 30, los dos equipos empezaron a mostrar cansancio. En Vélez el desgaste fue muy elocuente, en la visita se pareció demasiado a la decepción y al fastidio. Recién a los 38’ entró Acosta por Silvio Romero, y en seguida llegó la apertura para el rival. Uno nunca sabe, pero está cansado de escuchar que la cosa entre el plantel y el cuerpo técnico no está del todo bien. De una u otra manera, ya sea porque Guillermo tuvo una idea genial y dijo “Eureka”, o por razones que no tienen explicación desde lo futbolístico, el técnico de Lanús prefirió poner a Junior y a Melano antes que a Silva y Acosta, y aunque Melano apenas aportó su énfasis en la recuperación y Junior se cansó de perder pelotas, los ingresos de Silva  y sobre todo del Laucha demoraron más de lo debido. Y como la idea del técnico no funcionó, y para colmo Lanús cayó sobre el final, da toda la sensación que lo perdió él.

Uno nunca sabe si creer o reventar, pero está más que seguro de que en el fútbol estas cosas suelen pasar, sobre todo en estos tiempos, en los que la pelota la tiene el jugador, y por eso se queda con la mayor parte del negocio, que además es cada vez más grande. Dicen los que saben que algunos jugadores experimentados están cansados del rigor del profe Valdecantos, algo que también de acuerdo a lo dicho por futbolistas que tuvo en otros equipos, siempre le suele pasar  Y uno está seguro que en estos casos depende de la inteligencia de todos. Inteligencia de parte de los jugadores para mantener bajo el perfil público, cosa que viene siendo así, inteligencia también del cuerpo técnico para no jugar con fuego cerca de la garrafa, e inteligencia de la conducción del club para evaluar correctamente la gravedad de la supuesta situación conflictiva y, en lo posible, mediar. Ojala que no sea así, pero si así fuera, en Lanús se impone volver a apuntar la mira a los dos objetivos que aún quedan por delante y seguir trabajando para reconstruir ese temple de equipo campeón que supo tener hace menos de un año, en el que el espíritu de conjunto sobresalía por encima de todas las cosas y la vida sonreía.

Marcelo Calvente