Ads 468x60px

.
.

Featured Posts

viernes, 23 de enero de 2015

El día del arquero


Luego de perder tres chances consecutivas en un año, Lanús resultó el ganador del torneo de ascenso de 1976. No obstante, ese título no lo habilitaba al segundo ascenso; para terminar con la mufa debía ganar además un torneo reducido.  El cierre fue ante su principal perseguidor, Almirante Brown, el 18 de diciembre, en un estadio de San Lorenzo colmado de bote a bote, con victoria clara del Grana desde el inicio con gol de Epifanio de penal, confirmada por el tanto de Clausi a los 30’ del complemento, que desató la suspensión del cotejo por falta de garantías.  Crosta; Zarate, Giachello, Canio y Ojeda; Crespo, Lodico y Del Río; Epifanio, Nani y Clausi, la formación base de aquel once granate para el recuerdo, uno que teniendo en cuenta los diferentes contextos de una vertiginosa y cambiante vida institucional, por siempre deberá permanecer en la lista de los grandes elencos campeones de la historia del club Lanús.

Pero Lanús es Lanús porque siempre subyace una pequeña e increíble historia oculta en las entrañas de la gran historia. Durante los últimos cuarenta días del torneo de 1976 que culminaría con la consecución del título y el segundo ascenso, el plantel granate se mantuvo concentrado en Estancia Chica. En todo ese tiempo, los jugadores no salieron a la calle, y apenas podían recibir cada domingo la visita de sus familiares. Una verdadera cuarentena en la que pese al largo encierro, o tal vez gracias a él, los integrantes del plantel consolidaron su amistad, buscando distracción en los juegos de cartas y otros entretenimientos compartidos. Noche por medio se preparaba un cuadrilátero delimitado por sogas, y rodeado por las sillas que ocupaban los privilegiados espectadores, los propios jugadores, algunos de los cuales tenían la misión de fallar en la pelea estelar de cada jornada entre el masajista Pocho Iturria y su ayudante, Pascualito, ambos con pasado de boxeador. Pocho había combatido con escasa suerte en el campo rentado, e incluso dos veces había enfrentado al gran Horacio Accavallo, aunque en ambas había perdido por knockout. La carrera de Pascualito había sido más modesta aún; no había podido superar la categoría de boxeador amateur. La cuestión es que los futbolistas, entusiasmados con la cuestión, se habían hecho traer un par de guantes de box, y en su condición de árbitro uno y de jueces otros, se confabulaban para que finalmente Pascualito se alce invariablemente con la victoria, más allá de toda justicia y merecimientos, cosa que sucedió en cada enfrentamiento. Al  histriónico masajista lo volvían loco. Cuando advertían que estaba en condiciones propicias para golpear a su rival, independientemente del tiempo transcurrido, hacían sonar la improvisada campana. Y cuando la pelea al cabo de tres rounds llegaba a las tarjetas, las mismas reflejaban una abrumadora ventaja para el ayudante. Esa era la principal distracción de un plantel que estaba a punto de obtener el tan ansiado ascenso.

La cuestión es que la tarde del 18 de diciembre de 1976, y por circunstancias tan inexplicables como increíbles, Horacio Crosta y Pedro San Miguel, los dos arqueros del plantel, no subieron al micro que partió rumbo al estadio de San Lorenzo con sus compañeros. Los dirigentes de Lanús y el cuerpo técnico, tanto como el resto de los futbolistas, advirtieron la situación al llegar al viejo Gasómetro luego de un viaje con clima de fiesta, con cánticos y expectativas ante la gran definición que Lanús no podía perder, ya que era la cuarta chance consecutiva luego de tres duras derrotas, las señaladas ante San Telmo, Estudiantes de Caseros y Almagro, tres finales que en el transcurso de doce meses lo marginaron de la posibilidad de volver a la divisional mayor. La cuestión es que de manera inexplicable se habían olvidado a los dos arqueros, quienes involuntariamente no formaron parte del nutrido grupo que viajó en el micro. Mientras en Avenida La Plata reinaba el nerviosismo y se evaluaba qué hacer ante semejante imponderable, el buffetero de Estancia Chica se ofrecía a llevar a los futbolistas olvidados desde Abasto, donde queda el predio de Gimnasia y Esgrima La Plata, hasta el cruce Varela, disculpándose por no alcanzarlos hasta la cancha por lo largo del viaje, ya que no tenía a quien dejar en su negocio.

Lanús Campeón 1976
Mientras tanto, en los vestuarios de la cancha de San Lorenzo, en medio de una enorme confusión y a poco del inicio del partido, se tomó una drástica decisión: Carlos Lodico,   el hermano del capitán, que estando fuera de competencia por una rebelde lesión en un tobillo había acompañado al plantel, se estaba vistiendo con la ropa de arquero y se calzaba los guantes dispuesto a atajar, dado que de los jugadores de campo de Lanús era reconocido unánimemente como el que mejor se las rebuscaba bajo los tres palos. Imaginemos la inusual situación: Mientras el Gasómetro se iba llenado de espectadores para la gran final ante Almirante Brown por un lugar en primera, en las entrañas del estadio se desarrollaba un absurdo drama que iba a poner al club en situación de explicar lo inexplicable, y afrontar un partido de tal relevancia con un  marcador de punta de 1,74 de altura, para colmo lesionado, teniendo que defender el arco granate en una final, cotejo que bien podría llegar a una instancia de definición por penales. En esta tuvimos mala suerte. De haber así ocurrido, Silvero se marchaba, y tal vez Lanús zafaba del descenso que sufrió un año más tarde.

En Florencio Varela, a menos de una hora del pitazo inicial, los arqueros Crosta y San Miguel, al borde de la desesperación, paran con nulo éxito a cada auto que pasa para rogarle que los lleven al estadio. Hasta que la fortuna como pocas veces en la vida, esta vez jugó para Lanús: uno de los automovilistas que interceptaron era el cuñado del consagrado Ángel Clemente Rojas, integrante del banco de suplentes granate en ese histórico cotejo. El hombre, que justamente se dirigía al estadio a ver jugar a su pariente, sin poder creer lo que estaba sucediendo los levantó, y pisando el acelerador llegó al Gasómetro. Los dos futbolistas ingresaron corriendo al vestuario granate cuando faltaban ocho minutos para el inicio del partido, alcanzaron a firmar la planilla y fueron parte del cotejo con el resultado conocido. Insólita, inexplicable y casi desconocida hasta hoy situación. Cuesta imaginar las repercusiones que, con cualquier marcador final, habría tenido la noticia de esas dos ausencias de semejante relevancia.    

El año 1976 para Lanús fue una primavera en medio del desastre que se avecinaba. Y lo fue en parte gracias al accionar de un presidente, Lorenzo D’angelo, que no utilizó su condición de diputado nacional para engrosar su peculio pero si para el fortalecimiento edilicio del club. Él armó aquel gran equipo que al coronarse, después del golpe militar de marzo, el club ya no lo tenía como presidente. Cuando la dictadura le quitó los fueros y trató de encarcelarlo por enriquecimiento ilícito, como hicieron con casi todos los funcionarios del gobierno depuesto, encontraron que nada tenía, porque todo lo que había conseguido había sido para su querido club Lanús. Principalmente la cesión definitiva mediante un decreto, con la firma de la Presidente de la Nación, del terreno donde se erige el polideportivo -hoy un predio de un valor incalculable, que con total justicia lleva su nombre- logrado contra reloj y sin pagar un peso por Lorenzo D’angelo, casi al mismo  tiempo en que el país entero empezaba su violento calvario a la pobreza.

Marcelo Calvente

jueves, 8 de enero de 2015

La deuda interna


Con signos de resaca y pesadez estomacal producto de las tradicionales festividades decembrinas, el mes de enero arrancó sin fútbol argentino. Un mercado de pases de escaso movimiento que cada vez genera menos expectativas, tal vez una repetición interesante de un viejo partido o alguna Liga europea que uno sigue de lejos para despuntar el vicio, enero es la siesta bucólica y aburrida de la que queremos despertar lo antes posible. En medio del receso, el 3 de enero del año que se inicia, Lanús cumplió cien años y lo festejó con 40.000 granates en el estadio, y con dos horas de transmisión en directo para todo el país por TyC Sports. Y a decir verdad, desde lo artístico resultó una fiesta extraordinaria, con una propuesta novedosa el club nacido en 1915 en Villa General Paz dio testimonio de su presente luminoso y fecundo, una realidad que ya a nadie puede sorprender. Con arte, pompa y pirotecnia, Lanús exhibió su presente sólido desde lo institucional y próspero en lo deportivo enarbolando las tres conquistas obtenidas en los últimos diecisiete años, dos internacionales, la Conmebol 96 y la Sudamericana 2013, con el Apertura 2007 en el medio. Varios de los futbolistas campeones de esas tres competencias recibieron la ovación de los hinchas desde el escenario mayor y tomaron la palabra para retribuirlo, entre ellos Huguito Morales, protagonista de un retorno de película, en la noche inolvidable del 98 que estuvo reflejada en las pantallas con aquel gol a San Lorenzo, uno de los instantes más emotivos de la historia del fútbol de nuestro país.

La otra nota sentida de la noche la puso la “Urraca” González, quien se mostró sinceramente orgulloso de haber superado su grave dolencia tanto como de ser de Lanús, y se llevó la mayor ovación de la fiesta. Estuvieron varios de los pibes de Ramón Cabrero, los campeones del 2007, siempre liderados por la dupla cordobesa Bossio-Graieb. Y estuvieron algunos, los que no estaban en el exterior, de los recientes campeones de la Copa Sudamericana 2013. En definitiva, Lanús celebró cien años de vida en el mejor momento de su historia, y todo el espectáculo estuvo dirigido a dejarlo bien en claro. En tiempos de la comunicación globalizada y la informática, en el reinado del contenido audiovisual, Lanús celebró con buena música, un imponente espectáculo de arte moderno repleto de simbologías, y con la presencia de algunas grandes figuras mediáticas, como Oscar Ruggeri; el Negro Héctor Enrique, quien científicamente es el más consagrado de los valores surgidos en el club, los famosos mellizos Barros Schelloto y el gran Ramón Cabrero, quien en el momento central del acto y de la transmisión televisiva recibió de parte de Guillermo un tan merecido como infrecuente reconocimiento público por su trabajo

La parcialidad granate dijo presente, sólo faltó la historia
Pero Lanús tiene un pasado: cumplió cien años de alternativas extraordinarias, totalmente ajenas a la historia de los demás clubes. Nació a los apurones, y enseguida se largó a la competencia con un rejunte de jugadores. Pronto forjó una localia temible que le permitió mantenerse en primea durante más de 30 años. El increíble descenso del 49, que peleó con Tigre, Boca y Huracán, fue su primer revés, cuando protagonizó la primera final por la permanencia de la historia del profesionalismo contra el Globo de Ducó. Fueron cuatro partidos en cancha neutral, jugados a estadio repleto, con ribetes fantásticos y con escenas de enorme dramatismo.  Y pronto llegó su primer gran equipo, los Globetrotters, considerado por los expertos contemporáneos como uno de los más espectaculares que se han visto por estos pagos. También dejaron su impronta distinguida Los Albañiles. Y hasta cuando se vino la noche, en el tiempo de los ascensos y los descensos, Lanús fue pelota al pie y fútbol ofensivo. Así volvió en el 50, en el 64, en el 71 y en el 76. Y ni hablar los pibes del “Viejo” Guerra, todos de la cantera, que pusieron el cuerpo para empezar de cero y lograr en el 81 el retorno de la “C”.


Y si Lanús es grande lo es por su cúpula dirigencial, los que mandan, y también los que colaboran en un segundo plano, en los diferentes departamentos y actividades que se llevan a cabo, esos cientos de socios casi anónimos que mantienen en funcionamiento a la institución. Los de ahora, los de los tiempos viejos, y los que se hicieron cargo en los años más duros, verdaderos héroes que pusieron su patrimonio algunos, y su dedicación completa otros, con el urgente objetivo de frenar la caída, y en lo posible, honrar las deudas. Son los hombres que lideraron Néstor Díaz Pérez y Carlos González, los que salvaron al club de la desaparición. Muchos de ellos siguen ligados y colaborando, siempre listos para darle algo más al que ya todo le dieron. También lo hicieron grande los presidentes Carlos Seguer, Pichi Solito, Emilio Chebel y Nicolás Russo,  tanto como los que ya no están, como Carlos Pointis, Silvio Peri, Juan Bautista Besse, Guillermo Gaebeler,  Antonio Rotili, José N. Volante, Lorenzo D’angelo y tantos más. A la hora del Centenario, ni se los mencionó.
    
Sólo algunas de las glorias del pasado se hicieron presentes. Pero para todos ellos fue un chin-chin y un gracias por venir, nadie se enteró de su asistencia. Fue una pena que no se haya podido lograr la presencia de Benito Cejas, actualmente radicado en Córdoba, Tito Álvarez Vega, que vive en Mar del Plata y el Tanque Rojas, que siempre anda por acá. Hubiese sido hermoso ver a los sobrevivientes de Los Globetrotters recibir su merecida ovación 59 años después de su hora fatídica, la de la caída ante River en el 56 que cambió sus vidas, y los hizo depositarios durante años de un rencor que la hinchada granate hoy ya no siente. Por el contrario, tanto como la de Los Albañiles, la leyenda de Los Globetrotters y su fútbol sin igual, pese a esa frustración final, ya forma parte de la historia del fútbol argentino.

Entre los invitados estuvieron algunos de los Albañiles, entre ellos el legendario Quico De Mario, aunque la gente no se enteró de su presencia. También estuvo José Felipe Perassi, el futbolista que más veces vistió la camiseta granate después de Maxi Velázquez. Hubo varios campeones del ascenso, entre ellos José Luis Lodico, un verdadero símbolo del Lanús de los años duros, campeón 71, 76 y 81, y también Nenito Baille, Juan Crespín, el Plumero Gómez y algunos pocos muchachos más, los más cercanos, cuya presencia fue ignorada por el público asistente y, por consiguiente, también por la TV. Figuras destacadas como Guidi, Daponte, Nazionale, Manolo Silva, Bernardo Acosta, los mencionados Héctor Enrique, Pino Lodico y Gilmar Villagrán, como la mayoría de las figuras del definitivo ascenso del 91/92, no pudieron disfrutar ni de un breve audiovisual que recuerde su brillante paso por el club. Seguramente hubiere sido seguido con más atención por parte de la multitud que alguno de los tres grupos musicales que animaron la noche.

No dudo  del impacto de la fiesta. Si mostrar el presente era la consigna, se lo ha hecho de la mejor manera. Simplemente me pregunto por qué motivo no hubo lugar para rescatar del olvido las hermosas páginas que componen la extraordinaria y cambiante vida de Lanús, una existencia repleta de injusticias, perjuicios, derrotas y sinsabores, tanto como de horas de gloria, con grandes equipos, futbolistas y dirigentes, que al articularse con el presente conforman la historia más singular de nuestro fútbol, la del Club Atlético Lanús, que increíblemente, no formó parte de la fiesta de su propio Centenario.

Marcelo Calvente

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Un milagro centenario



Hacia mediados de siglo XIX, en las enormes estancias del Riachuelo hacia el sur, gringos y criollos explotaban la cría, los saladeros, el tambo, la lana y el cuero. Pronto aparecieron las casas de descanso, y a partir de 1871 se agregó buena parte de la estampida de porteños que desató la fiebre amarilla. Suele pensarse al ferrocarril como el generador del desarrollo de la zona, pero no fue así, nunca es así. La economía local lo preexistía, aunque la llegada masiva de familias distinguidas  le dio un nuevo sentido comercial al emprendimiento. Los alrededores de las paradas del tren fueron los terrenos más buscados por los pioneros que lotearon las primeras villas, las que pronto tendrán mayor evolución. De a poco los ricos se fueron llevando sus vacas y ovejas más al sur, y sus enormes pastoreos fueron vendidos por partes para el loteo de nuevas villas. Guillermo Gaebeler llegó en 1888, y en cómodas cuotas loteó 44 manzanas delimitadas por Basalvibaso, Arias, Eva Perón y Madariaga, según sus actuales nombres. 27 años después, cuando todavía estaba a medio poblar y se luchaba a brazo partido contra las inundaciones, en el corazón de Villa General Paz, el 3 de enero de 1915, nació el Club Atlético Lanús en referencia a la pequeña parada del tren que llevaba el apellido del francés dueño de la estancia preexistente, quien había donado enormes terrenos al ferrocarril. No fue una veintena de jóvenes de clase media y baja como los que fundaron a los demás clubes con la única ambición de practicar fútbol y competir en las ligas oficiales e independientes que surgían con el boom del nuevo deporte; a Lanús lo crearon los vecinos distinguidos de aquella naciente Villa General Paz, y solo un par de ellos jugaban al fútbol.

Al principio nada fue sencillo. El 11 de abril de 1915, la flamante entidad de tres meses de vida -ocupando la plaza dejada por su vecino en caída libre, el Lanús United- con un rejunte de jugadores para la ocasión, debuta en la división Intermedia de la Asociación Argentina de Football en la Isla Maciel y su primer equipo es derrotado por el local, el desaparecido club Buenos Aires Isla Maciel por 3 a 1. En 1916 perdió la categoría en el terreno de juego, pero la Asociación lo mantuvo en Intermedia argumentando que su cancha era una de las mejores, ocultando que se debió además a las aceitadas relaciones políticas de algunos de los socios fundadores más caracterizados. Durante los primeros años siguió actuando en la principal categoría de ascenso con muchas dificultades, tanto en lo deportivo como en la faz institucional. Los jóvenes pitucos que aún no se desvelaban por el fútbol se inclinaron con fervor por el escolazo, y el club se fue convirtiendo en un bullicioso garito donde se jugaba hasta la madrugada. En 1919 se empieza a formar el que sería su primer gran equipo, con la llegada de refuerzos de categoría como Miguel Ainzuain y Adolfo Sacarello, ambos de Independiente, además del insider Pedro Raggi, de Rosario Puerto Belgrano. Al finalizar el torneo, el equipo granate culmina segundo a siete puntos de Banfield, pero accede a la primera división a causa de una crisis organizativa desatada por un grupo de  clubes en conflicto, entre ellos varios grandes, los que crearon una nueva entidad rectora, la Asociación Amateurs de Football. Consumada esa ruptura, los seis mejores equipos de la tabla final de Intermedia, entre ellos Lanús, ascendieron por decreto con el fin lograr un número razonable de competidores en la máxima categoría de una muy debilitada Asociación Argentina de Football. 

La Fortaleza en 1932, se ven las calles Arias y Madariaga
En las décadas que siguieron, el pueblo de Lanús se fue convirtiendo en el sueño de una casa propia y un empleo digno para cientos de familias de trabajadores llegados de todo el país. Aún existían enormes baldíos donde los pibes corrían sin descanso detrás de la pelota. El más grande de todos pertenecía al ferrocarril, se encontraba al lado Este de las vías del tren, y se extendía en la gran curva de la vía férrea que une las estaciones de Lanús y de Remedios de Escalada, un cuarto de círculo que cerraba con la intersección de las calles Arias -límite Sur de la Villa General Paz que trazó Gaebeler- y la calle Fray Mamerto Esquiú, el límite con el barrio de Escalada Este. En ese vértice, Lanús obtendrá la cesión de un terreno de 50.000 metros cuadrados donde inaugurará en 1929 su nueva y definitiva cancha, en la que se presentó como uno de los dieciocho clubes fundadores del profesionalismo, y en la que protagonizó consagratorias actuaciones  y obtuvo enormes victorias. La pequeña industria y el comercio se fueron asentando en el territorio y de a poco las antiguas villas distantes entre sí, pioneras independientes de la zona, como Villa Sarmiento, Villa Obrera y Escalada Este, fueron un solo pueblo y con una sola identidad: el color granate, el del club de cuna aristocrática que el destino irá tornando cada vez más popular.

En estos cien años de vida, como casi todos los clubes condenados de antemano al segundo plano, debió luchar contra el poder y las injusticias que imponía la Asociación, dirigida por los grandes, y lo hizo siempre con armas dignas, con equipos conformados por muchos de los pibes de esos barrios, que dejaron para el recuerdo de propios y extraños grandes formaciones, todas con un sello inalterable: el juego de ataque. Desde entonces, y hasta entrados los años 90, recorrerá un duro camino en el que los sinsabores dominaron la escena. Hasta el retorno a primera de la mano de Miguel Russo, el hincha granate convivió con el sufrimiento: Descenso con increíble injusticia en el 49, la gran ilusión de los años 50 que naufragó en el 56,  la bronca y la desconfianza de sus hinchas por aquella inexplicable derrota en Arias y Guidi ante River cerca del final del torneo, y la curva descendente que lo llevó de nuevo a la “B” en el 61. Las dificultades para volver, la milagrosa y fortuita conformación de una delantera para el recuerdo, con Silva, Acosta y De Mario como solistas, el retorno de 1964, las memorables jornadas en las que Manolo Silva se inspiraba y Acosta convertía, y el abismo que vino después, en los oscuros años 70, que concluyó con las tres temporadas en la “C” hasta lograr la vuelta a primera en el 81 con un poderoso equipo conformado por los pibes de la cantera, jugando un fútbol acorde con la historia del club.
 
Una rica historia en la que subyacen las leyendas granates más hermosas: La de los hermanos Volante; la gran campaña del año 27; el fútbol de Daponte, Guidi y Nazionale; el recuerdo de Los Albañiles, los pibes del viejo Guerra; la historia de José Luis Lodico; la consolidación en primera con Miguel Russo; el equipo de Cuper Campeón de la Conmebol; el inolvidable retorno de Huguito Morales, la vuelta olímpica en la Bombonera con los pibes de Ramón y la enorme conquista internacional  de la Sudamericana 2013, son la postales más bellas que Lanús, como muy pocos clubes argentinos nacidos para ser chicos, atesora en desván de sus recuerdos: una historia gloriosa y singular que es indispensable analizar y difundir, y que dado el extraordinario presente deportivo, institucional y financiero, augura un futuro aún mejor, y justifica holgadamente la fiesta que la ciudad pasional y futbolera se dispone a celebrar por estas horas.

Marcelo Calvente
  

viernes, 19 de diciembre de 2014

Desvelado por un sueño



Hace apenas un año atrás, convaleciente de una operación, con las retinas desbordadas por las imágenes de la final de la Sudamericana, fui un observador distante de algo que casi siempre me tiene en cuerpo presente. Tuve la suerte de haber asistido a casi todos los partidos definitorios de la historia moderna del club Lanús. Estuve en los ascensos, estuve en los descensos, estuve en las frustraciones, estuve en la Bombonera en 2007. Como la primera conquista, aquella Copa Conmebol 96, la Sudamericana 2013 la tuve que ver desde el líving, a siete cuadras de la Fortaleza, la transmisión fue conmovedora La primera vez que sentí orgullo mediático por Lanús fue cuando ganó la Conmebol en Colombia, y la televisión que hasta allí le había dado la espalda lo transmitió en directo, con himnos y todo, con la Urraca izando la bandera granate, todo un símbolo. Pasaron diecinueve años, y ahora somos más grandes.

Mellizos preocupados a la hora de armar un nuevo equipo
La obtención de la Sudamericana fue otra cosa. En la previa, las autoridades continentales loaban al gran presente de Lanús. La victoria estaba cantada. El marco fue inolvidable tanto como los festejos, y sobre todo, logrado con un gran rendimiento futbolístico del equipo, que al término incluso auspiciaba más. Mucho más. Pronto empezó a jugar la Libertadores como gran candidato, y su marcha, sin ser deslumbrante, resultó sólida y efectiva. Fue cuando empecé a pensar en este partido que está por jugarse en Marruecos, y tuve la certeza que de no mediar ese zapatazo diabólico del uruguayo William Ferreira del Bolívar, en un par de días Lanús enfrentaría al Real Madrid, el mejor equipo del mundo. No veo cómo en la revancha, aún en la altura, el Bolívar hubiere convertido si Lanús jugaba con la ventaja que se escapó con aquel remate funesto e infernal en tiempo de descuento. No veo cómo San Lorenzo hubiere luego superado a Lanús, el mejor Lanús de los últimos tiempos sino de todos, si hace más de seis años que no le gana ni de local ni de visitante. Ni hablar del humilde Nacional de Paraguay, no había equivalencias en el poderío de uno y otro. Lanús hubiese ganado indefectiblemente la Libertadores si no fuera por esa pelota maligna que heló la sangre de los granates presentes, aquella noche del 8 de mayo de 2014, cuando ese misil del averno que salió de los pies del satánico volante uruguayo, vade retro, se clavó en el ángulo de Marchesín.

En un par de días Lanús estaría jugando con el Real Madrid por mérito propio, porque en los dos años que pasaron desde la llegada de Guillermo hasta mitad de 2014 fue el mejor equipo de América. Hace un año atrás, no tenía dudas que así iba a ser. No habrá una Libertadores más fácil de ganar, ni más servida. ¡Las veces que imaginé estar ante este partido! Era el escalón que faltaba para subirse a la plataforma deportiva de Vélez y Estudiantes, digo deportiva y de proyección internacional, porque desde lo institucional ya miran desde abajo desde hace bastante. Lanús se habría convertido en una especie de Príncipe de Copas, con tres galardones continentales estampados en su camiseta. Pero no. Maldito zapatazo…

Sin embargo, nadie lo dudaría, ese momento pasó, y pasó también el semestre bonus track que ofrecía un montón de títulos para servirse a gusto, y que Lanús fue dejando pasar uno tras otro. Nadie lo duda, el equipo ya no es el mismo. Aquel tenía una de las mejores defensas del continente, pero se fueron Goltz e Izquierdoz y nada volvió a ser igual. Y eso que ahora está Romero, uno de los máximos goleadores patrios, travestido además en gran pasador. Aquel equipo se armaba de atrás para adelante, tratando de quitar el balón en el terreno rival. En ofensiva tenía dos titulares, Silva y Acosta, pero no tenía al tercero. A veces Pereyra Díaz, a veces Ismael Blanco, en otras Melano, al final Junior Benítez. Y eso que éste Laucha es una versión muy mejorada de aquel de un semestre atrás perseguido por los desgarros. Me da la sensación que a este Lanús le sobró Silva, que hace mucho que no es el mismo, y al medio campo le faltó otro volante. Es una sensación que tengo. Ya que vamos a ser largos, al menos equilibremos…

Yo no discuto con quienes piensan que no se debería haber vendido a los dos centrales juntos. Soy conciente que eso no era posible. Me afilio a los que sostienen que el entrenador dispuso de todo lo necesario para conseguir los refuerzos acordes, además de casi la mitad de lo mucho recaudado por ambos defensores para abonar por ellos. Guillermo se decidió por el conocido Braghieri, ahora desconocido, y por el joven central paraguayo de la Selección, Gustavo Gómez, de apenas veinte años.

Gustavo Gómez cierra los ojos ante el Masche japonés
No quiero volver a hablar de Gustavo Gómez, me canso a mi mismo. Pero el receso me devuelve esas imágenes que no me dejan dormir. A veces, en medio de la noche, me despierto sobresaltado porque Gómez, en vez de presionar, se aleja de su marca de manera imprevisible. A veces trato de recobrar el sueño pensando en las Nereidas de Lola Mora, y de la fuente, entre los corceles, surge heroica la figura del guaraní chapoteando y rechazando para adentro, al punto del penal. Pienso en el Circo Thiany, y me aparece haciendo cabriolas al lado de Marchesín, que lo mira sorprendido, mientras los cuchillos de un mago imaginario se clavan en sus ángulos, y Agustín grita desesperado “¡No dejen patear, no dejen patear!”. Y entonces el desfile de caras extrañas. Araujo contrariado, tratando de entender donde pararse, Velázquez extraviado, incluso perdiendo la calma. Somoza, Ayala, Ortiz y el Pulpito alternando buenas y malas en la soledad de sus respectivas estancias. Y allá arriba, Lautaro, Romero, y Silva, sin cadena, haciéndose visera con la mano y buscando pelotazos que pasan de largo. No hay caso, al final de cuentas, cuando hablo de Lanús, siempre, tengo que hablar de Gómez. Incluso no descarto una mejora, tiene condiciones naturales. Pero me pregunto cómo fue que a seis meses de su llegada no pudieron corregido, e incluso si acaso lo han intentado.

Todo indica que va a haber más bajas. Marchesín y el Pulpito inauguraron la lista de los que se van, a la que, dicen, puede agregarse Romero, Ayala, Somoza e incluso los dos laterales, Araujo y Maxi, que no serían muy tenidos en cuenta que digamos por el entrenador. Dicen, y hablan de los que antes de Gómez eran los mejores laterales de Sudamérica. Y ahí es cuando pienso que de no mediar ese zapatazo a lo Lucifer del hombre del Bolívar, en algunas horas más estaríamos jugando con el Real Madrid en Marruecos. Pero resulta que en lugar de Lanús está San Lorenzo. Es tarde, me pesan los párpados, pero no quiero dormirme. Últimamente se me aparece el Mellizo trayendo refuerzos y me despierto sobresaltado. Y entonces sí, decididamente no puedo volver a pegar un ojo.  

Marcelo Calvente

viernes, 12 de diciembre de 2014

Culpas, causas y consensos



A un año calendario exacto de su conquista más relevante, Lanús dejó de ser el último campeón de la Sudamericana. Apenas un año, y sin embargo parece que ha pasado mucho tiempo más, tal vez por lo tanto que jugó –y no ganó- y por las muchas cosas que han cambiado en el equipo, pese a que no se cambiaron tantas cosas. No está Paolo Goltz, quien partió en el momento justo a buscar la fortuna que por su calidad merecía. Tras ocho temporadas en Huracán, desde su debut en 2002, un equipo sin más pretensiones que mantener la categoría, y un salto de calidad a mediados de 2010, cuando llega a Lanús, donde permaneció cuatro ciclos hasta partir rumbo a México seis meses atrás, un justo premio a su constante crecimiento técnico y profesional. Tampoco está Izquierdoz, un futbolista en pleno desarrollo que hizo lo correcto al decidir su partida, también por un dinero irrechazable; es sabido, el tren de la fortuna no pasa todos los días. Los demás, están casi todos, salvo Pereyra Díaz, que se fue en plena competencia, e Ismael Blanco, que nunca se afirmó pese a sus goles relevantes. Está Silvio Romero, que retornó frustrado de Europa siendo mucho mejor armador de juego y más determinante en la red. Los demás son los mismos, y aunque Silva, Somoza, Ayala, el Pulpito, Araujo y Velázquez  bajaron en su rendimiento, el Laucha volvió a ser aquel jugador indestructible que no falta ni con anginas, aunque a veces lo rajan por desborde. Lo cierto es que un año después de ganar brillantemente la Copa que ahora se llevó River con justicia, el equipo de Guillermo ha cambiado mucho, y el espíritu colectivo y la concordia en el plantel han decrecido.

El último gran festejo, hace justo un año, en diciembre 2013
A veces son los jugadores. Está claro que no se acertó con los integrantes de la nueva zaga, no son Goltz e Izquierdoz, no es fácil tener una dupla igual con el mismo presupuesto. Gustavo Gómez se merece otra oportunidad porque tiene condiciones físicas y espirituales, pero debe prepararse urgente para rendir táctica y estrategia, que las tiene previas. También Braghieri se merece otra oportunidad porque lo hemos tenido en mejor nivel, y porque uno supone que debe ser difícil hacer dupla con Gómez, mientras el paraguayo, en su puesto de último hombre, siga haciendo todo lo contrario a lo conveniente. El mercado ofrece a los que están porque fueron rechazados de Europa, y algunos además están más cerca del retiro, y a los que surgen mostrando condiciones. Hay que reconocer que no es fácil encontrar un central joven que reúna esas condiciones jugando en una institución que no pueda rechazar una oferta de Lanús.

A veces son los técnicos. Como entrenador debutante, Guillermo ha cosechado una enorme cantidad de puntos en su estadía en Lanús, logrando la Copa que hoy cambia de manos. No debe haber muchos casos así. Su gran trabajo se ha opacado porque todo lo que peleó después, por una o por otra cosa, lo terminó perdiendo. Pero la mácula que lleva estampada su campaña tiene que ver con el desastre táctico-defensivo que llegó con el cambio de zaga, porque su responsabilidad era corregirlo, y ni si quiera se advierte que lo haya intentado, ya que la falla fue la misma de principio a final del ciclo que termina. No hay que olvidar que le faltó algo de suerte. Al menos la Suruga Bank pudo y debió haberla ganado. Con todo, la responsabilidad máxima de estos errores es del entrenador, tanto como de todos los aciertos. "Te acuerdas, fue hace justo un año..." dice el tango.

En contra o a favor, siempre juega la suerte. River terminaba en la 17ª ubicación el Inicial 2013 con Ramón Díaz al frente. Con el riojano, luego obtuvo el Torneo Final 2014. La política institucional trajo un cierto orden y a Gallardo, que con jugadores que habían mostrado menos logró mucho más, aún está peleando el inicial 2015, el mismo que Lanús también arañó hasta caerse ante Boca, y en simultáneo se acaba de quedar con el cetro que deja el Grana. Algo de fortuna tuvo. Halló excelentes proyectos en la cantera y logró inéditas versiones de Mercado, Vangioni, Poncio, Sánchez, Rojas, el propio Teo, Mora y sobre todo Leonardo Pisculichi, que volvía del otro lado del mundo, con un previo paso por Argentinos para el olvido, donde jugó 14 partidos y apenas marcó 4 goles, y parecía más cerca del retiro que de la consagración. Sin embargo, todos sus jugadores brillaron como nunca antes. No hay dudas de que la suerte sopló a su favor, de todos modos, ¿Cómo no adjudicarle el éxito al entrenador? 

El cierre del año deportivo fue sin victorias relevantes
Muchas veces, casi siempre, los culpables son los dirigentes, y a veces también su contrapartida, los socios y simpatizantes más cercanos, los que concurren a la cancha de local y exigen alegrías a puteada limpia. Los de Boca pusieron al club de rodillas obligando la contratación de Riquelme y Bianchi, y por los magros resultados, ahora se aprestan a desplazar a Angelici, quien les dio el gusto perdiendo el honor y la palabra empeñada públicamente ante Falcioni, y le harán pagar el error de haber obedecido sus demandas en las elecciones que se vienen. Es una situación muy descriptiva. Las decisiones no se ponen a consenso popular, se toman a conciencia. Y después se rinde cuenta. En cambio los hinchas granates en general están muy conformes con quienes vienen conduciendo al club desde hace más de 20 años. No obstante expresan su natural malestar ante la falta de nuevos títulos, sobre todo en el semestre que termina, en el que dispuso de cinco oportunidades y todas resultaron fallidas. Algunos suelen decir “acá festejan el superávit, yo quiero ganar campeonatos” como si una cosa no dependiera de la otra. Como si no estuviera más que probado que, para un club “chico”, los problemas económicos alejan toda posibilidad de logros deportivos y llevan inexorablemente a la pérdida de categoría tanto como a la bancarrota.

Frustrados por un año sin estrellas, muchos granates ahora exigen refuerzos de categoría para la conformación de un nuevo plantel que les devuelva la alegría, dado que según el propio entrenador, además de Agustín Marchesín y el Pulpito González -recientemente transferidos al Santos Lagunas de México- partirán también varias figuras más. La cuestión es clara: Para tener una economía floreciente hay que vender bien, para eso hay que comprar con acierto, y sobre todo hay que formar.  Para consolidar a los valores que se forman no hay que taparlos con jugadores del montón. Y todo esto lleva a la pregunta clave: ¿están surgiendo últimamente valores como para promover al plantel superior como venía ocurriendo en los últimos años? Al menos en el año que termina, no parece haber sido así.

Marcelo Calvente

domingo, 7 de diciembre de 2014

Tres preguntas



Al final, el último capítulo del semestre no fue feliz, pese a lo cerca que estuvo Lanús de lograr la tan ansiada cuarta estrella. No pienso en la derrota ante Tigre, cuando al menos había que asegurar el empate parcial, y en cambio perdió estrepitosamente por 3 a 0 sin línea de juego ni control de impulsos. Mas duele la derrota ante Independiente, porque se arrancó en ventaja y se perdió por goleada. Nada fue igual después del caso Merlos, un árbitro mediocre que fue condenado por el periodismo berreta por la que fue quizás la sanción más justa de su carrera, esos más que justificados cinco minutos de adición, más uno por indisciplina de Palermo y sus muchachos. Luego de Castrilli, Madorrán, el Sargento Giménez, el misterio de Brazenas y el affaire Lunati, Merlos fue el último mártir del arbitraje argentino. A juzgar por la pobre actuación de Lanús de ahí en adelante, el equipo no pudo sustraerse a la presión de los medios. Si el árbitro fue Frankenstein, Lanús es la colina que los exaltados con carnet prendieron fuego con sus antorchas medievales para hacer justicia con el monstruo. El equipo granate, conformado por jugadores de vasta experiencia, pagos como casi ningún otro plantel argentino, no pudo con una runfla de mediocres con micrófono increíblemente al frente de medios de relevancia nacional. Y el cuerpo técnico que conduce quien como jugador fuera de los más ganadores y despiertos del fútbol criollo, cuando estaba a un paso del gran salto al fútbol internacional, tampoco pudo con ellos.

En su último De Frente, Martín Macchiavello lo pone en números: “Guillermo tiene, desde su llegada hace dos años y medio, una eficacia del 55,91% de los puntos en juego (a pesar de su falta de acierto en algunos cambios) y, detrás de Almirón, es el DT con mejor puntuación en 2014 (62 unidades); en este torneo, Lanús cuenta con la segunda mejor localía (73,3%) y la 3° mejor marca como visitante…”. Y más adelante, lo más clarificador: “…si sólo valiesen los puntos al finalizar los primeros tiempos, ya seríamos campeones, con siete puntos de ventaja (39 vs 32) sobre Racing (cerrar un partido debería ser tan importante como abrirlo, ¿no?,” Más claro, échale agua. Venimos diciendo desde el principio que éste Lanús no puede sostener los resultados, que se produce el retroceso, el estiramiento, el equipo se desmorona y lo terminan peloteando, muchas veces le empaten, y otras, hasta le ganan. Los números reflejan el descalabro táctico de cada jornada. Y explican esas imágenes de vodevil de los defensores de Lanús dando brincos y recibiendo los pelotazos en el área chica, rogando el milagro de cada día de San Marchesín. Guillermo la pifió feo con la contratación de Gómez. Es quien pone la última línea de su equipo donde el delantero rival decida. Me canso de repetirlo. Laterales y volantes echan los bofes, los delanteros no la reciben limpia, el retroceso de los centrales granates permite que los rivales reciban a espaldas de Somoza con libertad y tiempo como para pensar y ejecutar el último pase, que si es preciso, termina en la red de Marche. Por estas cosas se perdió contra Independiente, un equipo que fue vapuleado antes y después –antes Gimnasia en Avellaneda, después Boca en la Bombonera- y que volvió a ser aplastado ayer en Córdoba por 4 a 0 por Belgrano.  Macchia dixit: “¿Semejanzas entre este 2-2 y los juegos ante Olimpo, River, Godoy Cruz, Arsenal e Independiente (sí, una tercera parte de los partidos)? Claro, acertaste: íbamos adelante y perdimos”. Fueron muchos los puntos perdidos de esa manera ante rivales inferiores. Demasiados para un equipo con pretensiones de campeón.



Guillermo, tal vez pensando en otra manera de defender
A la hora de salir a enfrentar a Boca, Lanús tenía un panorama tan raro como alentador. Si ganaba, cosa que venía ocurriendo hasta los 42’ del complemento, estaba ante la posibilidad de una definición exótica que podía ser histórica, y estrenar esa extraña circunstancia de que ante un triple empate, el campeón sea el que haya sumado más puntos en los partidos disputados entre los tres. Dicho de otro modo: de haberle ganado a Boca, si River supera a Quilmes y Racing empata con Godoy Cruz, ganando hoy en Rosario, Lanús era campeón. Dios quiera que no se den esos resultados para no lamentarse más aún.. 

Ni el tiro del final, no habrá cuarta estrella en el año que termina. Una pena. Lanús fue a Rosario ya sin chances, y entregó otra actuación para el olvido, nuevamente apostando un a idea defensiva que no parece seria, el empate en cero tuvo sabor a milagro. El extraordinario momento de la institución, instalada en la elite del fútbol internacional como nunca antes, el inigualable balance con un superávit de 33.284.480, 90 pesos, algo habitual desde hace varios años en el club pero imposible en cualquier otra entidad, merecía algo más en lo deportivo. De haber ganado alguna de las finales que perdió, al menos una de las varias alegrías que no pudo conseguir, hubiese sido un enorme aporte a la fiesta del centenario que se viene, que de ninguna manera debe empañarse por no haberlo logrado.

Finalmente Paraguay ya tiene entrenador, y los medios que tanto hablaron de la partida del DT granate poco tiempo atrás, ahora no han vuelto a abrir la boca al respecto. Todo indica que la continuidad de Guillermo no está en duda, no puede estarlo con semejantes números, aunque desde lo táctico deja más de un interrogante. Es sabido, los cortocircuitos con parte del plantel existieron. Primero bajo el sol de Japón, después por el hastío de algunos jugadores por lo mal que se defiende. No hay que ser muy perspicaz para señalar que con Acosta y Romero en este nivel, con un poco más de plantel y con otra idea de cómo defender, Lanús debió ganar algún campeonato. No pudo ser, son cosas del fútbol.

La primera pregunta que nos surge es si Guillermo, ante la anunciada partida de varios futbolistas importantes, va a poder armar un gran equipo con incorporaciones más certeras que las de Gómez, el Pochi Chávez, Firulete Silva y Bella. Si es capaz de diseñar un mejor sistema defensivo, dinero para invertir con acierto no le va a faltar. La segunda es si va a poder pilotear la indiscutible bronca e insuficiente sintonía que hay en algunos integrantes del plantel entre sí, y también para con el cuerpo técnico que él conduce. No sería una locura, más bien lógica pura, que los dirigentes consulten con algún referente del equipo sobre temas varios, entre ellos algunas de las ideas del entrenador y las cualidades humanas y técnicas aplicadas al trabajo de cada uno de los integrantes del plantel y el cuerpo técnico. Y la tercera pregunta, que es la más difícil de responder: si advierte que nada de esto podrá lograr, ¿seguirá Guillermo al frente del equipo hasta el final de su contrato?

Marcelo Calvente

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Otra mirada



Si querés sentir de cerca la esencia del fútbol, andá a la cancha. Las emociones fuertes, los instantes de gloria, los sinsabores, esas cosas se viven desde la tribuna de tu equipo, jugando de local. Ahora si querés apreciar las acciones más detenidamente, evaluar el rendimiento de cada jugador y observar con mayor claridad el entendimiento colectivo, además miralo por tele. Mirá bien cada repetición, desde cada ángulo, de más cerca o más lejos, y bancate a Apo o a Alejandro Fabbri en los comentarios si es necesario. Está claro que si saben algo de fútbol no se les nota. El primero anda entusiasmado con su nueva creación: “el destino que intenta alcanzar se encuentra congestionado…” repite en cada partido, abriendo los ojos como Einstein pero con la voz del Oso Yogui. El segundo ni eso. Comenta con desprecio, como si el fútbol lo aburriera. A veces pienso que es su sola .presencia en la cabina lo que hace aburridos a cada uno de los partidos que le tocan en suerte. El tipo es feliz cuando le piden una estadística. En eso es muy respetado, pero ¿para qué se mete a comentarista? ¿Se toma el trabajo de volver a ver los partidos que comenta? ¿Acaso no le afecta saber que, más allá de estilos y escuelas, lo hace muy mal?

Tengo la suerte de poder ir a ver a Lanús de visitante. Y a aunque concurrir a estadios ajenos es estar sometido a la provocación y la extorsión en la calle, a la incomodidad de los espacios otorgados y el hostigamiento permanente de los hinchas rivales, presenciar el partido es una experiencia única y emocionante, que sólo sirve si se puede enriquecer con la emisión completa que se obtiene en youtube pocas horas después de disputado el mismo. En la transmisión televisiva se observa de cerca lo que en la cancha ocurrió lejos, y se puede descubrir qué es lo que intentó hacer tal o cual jugador, si lo hizo bien, mal o masomenos, si al concluir la jugada se lamentó, le echó la culpa a otro, y después ver si escupió a lo Riquelme, o si por pudor, se lo tragó como un caballero.

Suelo decir sin malicia que a mi criterio, Gustavo Gómez no está a la altura de la categoría en la que juega Lanús. Apreciando de cerca sus movimientos debo rectificar esos dichos. Su presencia física, su determinación y la fiereza con que va a disputar cada balón, con el agregado de su corta edad y su prematura experiencia internacional, me hacen pensar que debería tener otra oportunidad, trabajarlo durante un tiempo  específicamente en los graves errores tácticos que comete. Toda la valentía y la potencia que exhibe en el mano a mano la desperdicia retrocediendo, dejando el espacio necesario para que su marca reciba sin contratiempos. Cuando el rival la tiene, solo trata de que no se anime a superarlo, que se conforme con no intentarlo, que ceda la pelota y asunto de otro. En los videos también se observa claramente que cuando el equipo sale del fondo, Gustavo Gómez establece la última línea granate donde lo decide el delantero adversario. Que no lo arrea hacia delante, que no se propone hacerlo. En el video se observa como sus compañeros empiezan a sufrirlo más y más en tanto avanza el partido. Y se advierte también que cuando el rival logra meter a Lanús contra su arco y durante dos o tres intentos logra un ataque sostenido, no hay forma de que no termine en gol, porque Gómez, y con él Braghieri y el resto, durante todo el semestre y en cada una de esas acciones que terminó en gol, aparecen tratando de defender a los revolcones en el área chica de Marchesín. Te lo recomiendo, impresiona verlo tanto como advertir que tal situación deja de ocurrir en las contadas ocasiones en que su lugar lo ocupa Matías Martínez, cosa que sucedió a los 16 minutos del segundo tiempo ante Gimnasia, cuando Guillermo también hizo ingresar a Somoza por Ortiz, y con ambos logró recuperar el equilibrio .  

Junior, si está enchufado, te puede mojar la Oreja
No debe ser sencillo para Silva aceptar lo mal que está jugando, justo él que cuando brilla te saca campeón, como lo fue en Nacional, Banfield, Vélez y también en Lanús, en la última edición de la Sudamericana. Y es ilustrativo ver con el esmero que trata de revertirlo, con vergüenza deportiva, ya no es tan exigente con sus compañeros como lo era con Pereyra Díaz, ya no se saca de las casillas como entonces, sólo intenta e intenta con admirable voluntad y amor propio. No hay caso, es más útil al final, cuando hay que defender la ventaja que sin él en cancha es más fácil conseguir. Las imágenes de la TV permiten notar que el Pulpito González y Ayala jugaron más que aceptablemente, y que el de volante central no es el puesto de Ortiz. Es muy buen pasador cuando aparece cerca del área rival, pero jugando de “5” no le alcanza su reserva física, no por nada es el primero que se funde cuando se estira el equipo, es decir casi siempre. También Romero se va apagando con el paso de los minutos, pero es sabido que quedan apenas 180 minutos por jugar, y es a todo o nada.

Y también ante la TV se comprende a Guillermo por las tantas oportunidades que le dio a Junior Benítez, que en todo 2014 nunca repitió su actuación de hace justo un año atrás, ante Boca y Newell’s, donde apareció en todo su esplendor. De allí hasta hoy, nada de nada, ni siquiera signos de mucha preocupación ni de mayor compromiso. Viendo su actuación ante Gimnasia justifica lo mucho que Guillermo confió en él, por lo enchufado que estuvo y lo muy bien que jugó. Tal vez lo vuelva a poner en lugar de Silva ante Boca, y se complemente bien con la dupla Acosta-Romero. Si funciona, y si Martínez ingresa en lugar del lesionado Gómez, Con la vuelta de Somoza tal vez Lanús encuentre el once ideal para sumar los seis puntos que faltan. Es muy posible. Habrá que ver si alguno de sus competidores en la lucha por el título logra igual cosecha. La nota repudiable fue la agresión al Conejo Tarantini, luego de su intento laboral fallido en la función de comentarista, algo injustificable, sobre todo si el agresor estaba en la cancha. Viendo ahora la transmisión en diferido, y escuchando los comentarios de él y de Balasone, sin un tipo lo estaba mirando en la casa y se vistió para ir a pegarle, al menos tiene atenuantes.
 

Marcelo Calvente