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martes, 18 de noviembre de 2014

Impredecible


Todo venía dentro de lo previsible hasta la fecha 14ª: River lideraba invicto y daba a entender que no había con que darle. Lanús sumaba y no perdía, pero desperdiciaba las escasas  posibilidades de acortar distancia. Primero, cuando después de tres victorias al hilo recibió al puntero por la 9ª fecha. El equipo de Guillermo se puso en ventaja, pero en el tramo final no pudo sostener el resultado y tuvo que conformarse con el empate. Enseguida volvió a la victoria frente a Central en Rosario, mientras el puntero empataba con Boca. Y cuando debía dar el zarpazo ante Godoy Cruz en casa, estando 2 a 0 arriba, otra vez la distracción, y en pocos minutos el humilde Tomba le convirtió tres goles. Por suerte pudo alcanzar el empate sobre el final. Mientras tanto, River recuperaba la diferencia de puntos, superando a Newell’s en Rosario, a Belgrano en Núñez y a Rafaela de visitante, y Lanús despachaba a Central y a San Lorenzo. Por entonces los que habían arrancado bien, ya se habían ido bajando de a uno. Primero Vélez, después Newell’s, enseguida Racing, solo Independiente se sostenía en pelea, aunque atado con alambre. La fecha 14 se suspendió. Y en la fecha 15ª, un día antes de que Independiente pierda con Gimnasia en Avellaneda dejando una muy pálida imagen, y dos antes de que River empate con Vélez en Liniers, Lanús obtiene una victoria de manera increíble ante Arsenal, convirtiendo dos goles entre el quinto y el sexto minuto de descuento, y el fútbol argentino en su conjunto explotó por los aires.

Me lo sigo preguntando hasta hoy: ¿Cómo fue que sucedió? ¿Porqué la prensa especializada en general se encolumnó para minimizar la enorme victoria lograda por Lanús y decidió ajusticiar a un árbitro por lo único que hizo bien en todo el partido? ¿Porqué casi nadie destacó la actitud bochornosa de Palermo y sus secuaces? Para colmo, apareció el bufoso y la campaña en contra del Grana se instaló en las primeras planas de todos los medios nacionales, de cualquiera de las veredas ideológicas existentes. Confieso que por esos días la pasé mal. Todos estaban en contra de Lanús. De repente la entidad modelo, para ideólogos de la calaña de Hugo Balasone, Gustavo López y otras luminarias del periodismo deportivo, sumados a notables del saber nacional, como Fernando Bravo, todos le apuntaban indignados a Lanús. Recuerdo lo imposible que era hablar con los amigos hinchas de otros cuadros, con el carnicero de la esquina, con la propia Doña Rosa. Ahí empecé a comprobar lo que ya sospechaba: El fútbol argentino todo está podrido de Lanús, del crecimiento institucional, de las participaciones internacionales, del protagonismo en cada torneo que juega, y se lo hicieron saber. Y eso no puede haber pasado desapercibido para los jugadores granates.

La cuestión es que Lanús, por la postergada fecha 14ª, fue goleado  3 a 0 por Tigre a primer turno, entregando una pésima actuación a lo largo de los 45 minutos que se debían,  y se volvió sin esperanzas de Victoria. Pero más tarde River de local cae ante el Pincha e Independiente empata con Arsenal al día siguiente. Y Racing, que lograba su tercera victoria consecutiva, con un triunfo raro y afortunado ante Quilmes, se prendía en la lucha por el título. La cuestión es que anoche Lanús cerraba la 16º fecha con la oportunidad de alcanzar por primera vez a River para compartir la punta, seguido por Racing con dos unidades menos. Solo había que derrotar al alicaído Independiente.

Gol de Romero al minuto. Después, la secuencia de siempre
Anoche Lanús abrió el marcador al minuto de juego con una gran combinación ofensiva: pase de Ortiz al Laucha a espaldas del último hombre de Independiente, corrida firme, cómodo toque hacia Romero y gol de Lanús. El dominio se mantuvo durante los primeros veinte minutos. Una vez más, el mejor escenario como para pasar a manejar el partido y el campeonato. Pero como cada vez que consigue la ventaja, aparece el desmoronamiento defensivo. Cada vez que un el rival en desventaja se vuelca al ataque, el fondo granate primero recula y luego se desarma, a punto tal que ni siquiera salen las contras rápidas para los de arriba. Y en Avellaneda, ante el partido que había que ganar, cuando la esperanza estaba más arriba que nunca, la secuencia conocida volvió a suceder, a los 27’ y a los 35’ llegaron los dos goles de Independiente para darlo vuelta, y en el complemento, con las expulsiones de Monteseirín y Velázquez, cerca del final llegaron otros dos goles que pusieron cifras catastróficas, y la peor imagen que Lanús podía dejar.

Supongamos que en las próximas dos jornadas, y pese a las falencias exhibidas, el equipo de Guillermo obtiene los seis puntos en disputa ante dos adversarios muy accesibles de manera consecutiva como Gimnasia y Boca en La Fortaleza, donde suele ganar, y no sería descabellado que así fuera. Que Racing y River empaten, y que River después no pueda con Banfield, que viene amagando con que alguna vez va a ganar un partido. Supongamos que Racing empate o pierda en Rosario ante Central, tampoco sería nada raro. Ponele que el Rojo empate con Boca y le gane a Newell’s, o viceversa, pero supongamos que sume 4. Puede suceder, decía Tu Sam. Si todos estos resultados se dan, en la última fecha Lanús -con 36 puntos- visitará a la Lepra,  River -con 35- a Quilmes,  Independiente -con 34- a Belgrano, y Racing, también con 34, recibe la visita de  Godoy Cruz.. Con una mano en el corazón, si llegara a suceder que Lanús dependa de sí mismo en la última fecha: ¿no volverías a depositar la confianza en el equipo, no renovarías la esperanza de, por fin, volver a ser campeón? Sabelo, puede pasar: Lanús todavía tiene chances de lograrlo, casi las mismas que River, Racing e Independiente. Más raro fue aquel verano que no paró de nevar, canta Sabina. Y también puede ocurrir que Newell’s le termine ganando por goleada y con baile, no tengas dudas, porque con este equipo todo es posible.  

Marcelo Calvente


jueves, 13 de noviembre de 2014

Bufones, juglares y periodistas




La cuestión es que hace seis días, después de una muy pobre actuación, Lanús consumaba una enorme hazaña deportiva, con armas limpias, haciendo un esfuerzo descomunal en el último minuto de los cinco adicionados más que justificadamente por Andrés Merlos, y conquistando el empate parcial de manera más que lícita. Los bufones Palermo y Abbondanzieri, los responsables de la táctica del desmayo en cadena que empleó su equipo a partir de estar en ventaja, irrumpieron en escena para expresar su desacuerdo con que Merlos devuelva los minutos que ellos, adrede, habían perdido. Los juglares del reino, siempre amigos de los bufones, empiezan la cacería de Merlos, acusado de haber hecho mal lo único que hizo bien en su noche más negra. Pero resulta que Merlos no tuvo mejor idea que devolver aunque sea uno de los muchos más minutos que los bufones volvieron a perder explicando que no habían perdido tantos minutos, con lo que no hicieron más que volver a demorar el reinicio de las acciones para el pitazo final que el estadio descontaba, cosa que el árbitro hizo absolutamente dentro del reglamento, ya que sólo él tiene la potestad de adicionar el tiempo que considere justo. En la primera jugada de ese minuto Arsenal lo pudo ganar, y en la contra lo ganó Lanús. Y los juglares, protegiendo a los bufones, le cayeron con saña inaudita. Parece que es complicado de entender, aunque la explicación sea sencilla como un cuento infantil. Al unísono, los periodistas comenzaron a expresar su reprobación a lo que estaban viendo. “¡Pero cómo puede ser!” “¡pero mirá que bochorno!”. “Éste señor no puede dirigir más” dice Closs, ese que tan bien relata los partidos. Pero ni él ni los impresentables periodistas de la TV, sea pública, privada o en comandita por acciones, explican qué es lo les resulta tan difícil de entender, y en cambio siguen adjetivando con letra catástrofe como si no hiciera falta explicar qué fue lo sucedido.

Palermo, el mayor responsable, absuelto por los medios
Y cómo son muchos adjetivando lo mismo, algunos redoblan la apuesta. Uno pone a consideración el partido Racing-Lanús tratando de encontrar las acciones en las que el poco afortunado Merlos favorece a Lanús con algún fallo, sin poner las que lo hace en favor del rival. Ni hablar de revisar los otros dos partidos que lo dirigió, en las que lo bombeó de lo lindo, en uno fue tan alevoso que Marchesín casi lo ahorca, ¿te acordás? No señor, patíbulo para Merlos, que si no es un corrupto, seguro que tiene una tía que vive en Lanús. En eso aparece Guillermo Marconi, el Augusto Timoteo Vandor del referato argentino, y cuando uno piensa que va a respaldar a Merlos, le pega cuatro tiros como a Rosendo García en La Real de Avellaneda. Y como si todo esto fuera poco, en la cancha apareció un señor armado, con la pistola a la cintura, bien visible, en el medio de la espalda. Para qué. Vuelven los mismos adjetivos, pero ahora contra el Club Atlético Lanús. Y en un abrir y cerrar de ojos, los buitres del fútbol apuntan contra el club ejemplo: qué se han creído, venir a joder con un superávit tras otro, con tanta obra, con tanto pelear campeonatos…

Suelo enorgullecerme por haber tenido a Leandro Contento como compañero, de haberle dado la chance de probar suerte en el periodismo partidario cuando apenas tenía 16 años, y más me enorgullece que entre miles de postulantes, mi amigo haya logrado ingresar a un medio nacional como Olé, luego de una extraordinaria pasantía en 2010. Nadie conoce mucho más que yo sobre Leandro, su don de gente, su honradez y su pertenencia al barrio y a los colores del club. Eso es por un lado. Por el otro me da mucha pena tener que criticar a un dirigente del club Lanús. Es que estoy acostumbrado a señalar que son los principales hacedores de este milagro que está protagonizando la entidad de la que soy socio vitalicio, y lo vengo haciendo desde mucho antes de que el fruto del trabajo dirigencial de los últimos 15 años estuviera a la vista. Pero siempre, la verdad es una sola.

Cuando Contento advirtió que la foto del hombre armado iba a ser publicada por el diario, tuvo la deferencia de poner sobre aviso a Alejandro Marón, uno de los mejores dirigentes de la historia del club, que le atendió la llamada, declinando hacer cualquier aclaración, y recriminando la supuesta campaña de Olé en contra del Grana, cosa que todos los periodistas sabemos que no existe, al menos no en particular, más allá del desprecio profesional que el diario deportivo tiene por las entidades de menor convocatoria del fútbol argentino, porque es un medio gráfico creado como negocio, y tendrá vida mientras siga siéndolo. Esa es su razón de ser, y está muy por encima de si tal director es de Banfield o si a tal otro, de chico, lo engañó una novia que simpatizaba por Defensa y Justicia. Leandro Contento fue comprensivo con el presidente, y no dijo que tanto él, como los otros dos dirigentes que consultó al respecto, se negaron a dar explicación alguna, y tampoco hizo referencia al respecto su compañero Luis Calvano, autor de la nota del no uniformado armado.

De esta forma debió haberse acabado la cuestión, sobre todo pensando que Lanús está en carrera por el título. Sin embargo no fue así, y acá es donde creo que el presidente y quienes lo asesoran en estos temas se equivocaron, porque la cuestión del hombre armado en el campo de juego merecía una explicación mas seria, y sobre todo porque mientras tanto se conocían graves hechos de violencia y de muerte entre dos hinchadas, y no surgía otra noticia que sirviera para dar vuelta la página. Lanús entró en la provocación, y apuntó contra Clarín y Olé, un poder que está más que entrenado para la guerra, y cuando le llegó el ataque frontal se defendió denunciando la falta de pago de la cuota social del joven periodista, lo que comúnmente se llama matar al mensajero. Pero lo más grave, lo que me obliga a explicar esto, es que el club envió un comunicado que llegó a la dirección del diario manifestando que la llamada de Contento no había existido. Por suerte para mi amigo y su fuente de trabajo, la misma estaba registrada en su teléfono como atendida por Alejandro Marón en persona.

Mientras algunos colegas periodistas e hinchas de Lanús apuntan sobre Leandro Contento haciendo un gran esfuerzo para no decir la verdad, con la carga de una semana extraña y un contexto confuso, el Grana fue superado por Tigre claramente por 3 a 0, en tanto en el Monumental, River desperdiciaba su chance de cerrar el torneo perdiendo ante Estudiantes. Por eso, porque todavía Lanús está en carrera, es hora de que las cosas retomen su cauce natural, y se eviten situaciones como la del viernes con el hombre armado en el terreno de juego, o como la golpiza que sufrió en la Platea Norte un hombre acompañado por dos niños en ocasión del encuentro ante San Lorenzo -porque supuestamente era hincha de la visita-, situaciones que ojalá  no sigan ocurriendo.


Marcelo Calvente

sábado, 8 de noviembre de 2014

Una de Walt Disney


Seguramente a esta hora te cuesta recordarlo, pero instantes antes del gol del empate La Fortaleza era un velorio. Murmullos ante cada pelota perdida, lamentos por los despejes de Gómez, por las pérdidas de Somoza, por lo confuso del juego de Ayala, por la ausencia de Pulpito González. En la cancha, el equipo no devolvía la imagen ganadora de otras veces. Mas bien la certeza de que la suerte estaba echada y que ni el tiro del final iba a pegar en la esquiva cuarta estrella, tan deseada como postergada. De las cinco competencias del semestre, Lanús había desperdiciado cuatro. A esa altura el público granate, muy desencantado, ya no alentaba al equipo. Sólo se aplaudía al Laucha Acosta y a Marchesín. A Lautaro por la forma en que defiende la camiseta querida. Lo hace con valentía, va en busca del gol, impresiona verlo atravesar rivales mientras sus compañeros se muestran estáticos o confundidos. Y también a Marchesín, por su gran momento y por su genuina desesperación ante lo inminente de otro fracaso. El premio del soberano para esos dos futbolistas retumbó en la cabeza de los demás produciendo el contagio, y también atemorizó a los rivales. Las salidas profundas de Marchesín a las puertas del área de enfrente retrasaron a Arsenal, las diagonales a pura gambeta y velocidad de Acosta, los dientes apretados y esfuerzo del mejor delantero del campeonato, abrieron la defensa de la visita. El árbitro marcó cinco minutos de tiempo adicional, y entonces sí, el estadio se pone de pie, y acompaña con el clásico “Soy granate…” la reacción del equipo, ahora sí, alentando de nuevo a los colores, que en el último de los cinco minutos agregados arrasó con la resistencia de Arsenal. Corner al primer palo que ejecuta Ayala a los 04:49 de tiempo adicionado, mientras Romero choca en el aire con un rival, brutal cabezazo de Acosta que devuelve Andrada, y definición de primera hacia abajo, para evitar que se eleve, del Pulpito González directo a la red para poner el partido 2 a 2.

Repasando la transmisión televisiva se advierte que los periodistas de FPT juzgan excesivos los cinco  minutos que marcó Andrés Merlos. “Ni siquiera entró el carrito…” dijo uno de ellos, omitiendo  la reiteración de actitudes antideportivas de los futbolistas visitantes, que se turnaban para  tirarse al piso de manera escalonada y ordenada, impidiendo que el juego tenga continuidad. El árbitro tiene la obligación de parar las acciones cuando hay un futbolista caído. Sabe que están fingiendo pero no tiene como penarlo. La única posibilidad de hacer una mínima justicia deportiva es adicionar un par de minutos más a los establecidos de rigor. Y sin embargo los periodistas lo juzgan excesivo. “Técnicamente, el árbitro estaba en condiciones de terminarlo antes de que Ayala ejecute el corner” dijo su compañero con ese particular sentido común de los que hablan sin saber, sin pensar y sin ni siquiera mirar el cronómetro. Hasta aquí, no había nada que reprocharle a Merlos. Pero Palermo perdió los estribos y Abbondancieri los perdió aún más, y por advertencia del cuarto árbitro ambos se van expulsados. “Se van los dos” se lee en los labios de Andrés Merlos cuando le habla a Palermo, y para que no queden dudas le muestra los dos dedos que lo certifican. “Acá dio dos minutos más” dijo un energúmeno sentado en la silla de un periodista de Fox Sports, mientras el resto de los panelistas trataba de explicar lo que no entendían.

El árbitro Andrés Merlos luchando por su vida
La imagen no deja dudas: el pobre Merlos, de pésimo arbitraje, después de las protestas de Arsenal decidió agregar un minuto más, vaya uno a saber porqué. Tal vez por pedido de Somoza o en represalias a la descomedida protesta de los entrenadores de la visita. Lo anunció a los 07:54 de tiempo agregado, y la pelota se puso en movimiento a los 08:14. Arsenal lanzó un ataque profundo que termina con posición adelantada. Rasic se tira, uno de Lanús lo levanta. A los 08:40 le pega largo Marchesín, la pelota se divide, se juega la pierna -y recibe bruto planchazo- Braghieri, que la tira al área. Lautaro Acosta la cabecea desde el vértice izquierdo hacia el punto penal, y se acerca a la pelota con los ojos clavados en su circunferencia. Silva la pelea y Acosta acompaña. Junior también la pelea, se choca con Somoza y ambos caen, Silva se suma a la pirueta cual Curly de Los Tres Chiflados. Ayala patea y le da en el pecho a Romero, que con los brazos caídos y pegados al cuerpo, gira y enfrenta a Andrada mientras Acosta palpita, atento, dando saltitos en el lugar a un metro de la jugada, hasta que finalmente Andrada da rebote y Acosta la mete. Los futbolistas granates corren para hacer una montaña de felicidad, los de Arsenal para linchar a Merlos. Y aunque las cámaras optan por seguir los incidentes, la Fortaleza estalla y el cielo se ilumina, y pronto se convierte en la linterna del acomodador anunciando el fin de la película, mientras a tu alrededor son varios los que tratan de ocultar las lágrimas por el final feliz, casi milagroso, de una de Walt Disney.

La prueba de que no hubo infamia es el reloj, que al momento de ingresar la pelota en el arco de Arsenal marca los 09:10 de tiempo adicionado, cuatro segundos menos de los sesenta agregados por el árbitro, el mismo que ahora Abbondancieri no deja de de zamarrear en el centro de la cancha. Todo lo demás es olvidable. El saldo futbolístico de Lanús resulta preocupante, sobre todo habiendo tenido resuelto el partido desde el inicio, cuando a los 6 minutos de juego Romero abrió el marcador, y a pura desconcentración y errores defensivos se lo dejó dar vuelta en quince minutos, entregando tal vez la peor actuación del semestre. Fue promisorio el arranque del complemento, un desconcierto de los quince a los treinta, y pura desesperación e impotencia de los 30 hasta el final, mientras Arsenal dilapidaba una tras otra las varias oportunidades que tuvo de liquidarlo. Pero cuando todo estaba irremediablemente perdido, fue milagro en tiempo de descuento, y ese cierre de película es el mejor incentivo para seguir luchando hasta el final por obtener la tan esquiva estrella, y si se puede, corregir errores más que repetidos.

Marcelo Calvente

miércoles, 22 de octubre de 2014

Inconsciente Colectivo


Cuando en un colectivo victorioso aparecen resultados como el de anoche en La Fortaleza, empate en uno ante Cerro Porteño que significó la eliminación del sueño de retener la Copa Sudamericana, suele ser desconcertante la reacción de los diferentes pasajeros de dicho Bondi. “Si el referee rajaba al que bajó a Melano de un patadón, los pasábamos por arriba” dice un flaco que fuma, dos escalones más abajo. “Este es el fin de un ciclo” le contesta un albañil a su compañero, tres pisos de loza más abajo. “Que se vayan todos” dice un cuarentón en la panadería, y se va apurado para que su señora no lo rete. “El domingo vamos a estar los granates de verdad” dice Dios, que está en todas partes.

Lanús es un equipo espectacular tanto cuando ataca como cuando defiende, pero no consigue ser eficiente. Tiene un ataque variado, con una dupla ofensiva de toque y devolución en velocidad, como la que componen Acosta y Romero. Tiene al pelado Silva llevando marcas, chocando, tratando de pivotear, y a veces, convirtiendo. Los tiene a Junior, Melano, Valdez Chamorro y Astina, que sin terminar de asentarse, suelen tener partidos buenos y, también a veces, marcar goles importantes. Los tiene a Araujo y Velázquez, capaces de generar peligro por afuera, a Ortiz, Ayala y el Pulpito, capaces de hacerlo por adentro. Lo tiene a Somoza, que cuando el equipo no se estira se convierte en el iniciador de todas las maniobras. Y tiene al mejor arquero argentino. Pero ya no tiene a Goltz e Izquierdoz. Y para mí, éste es el nudo del problema.

Todavía hay granates que no terminan de aceptar la partida de los dos centrales. Hay quien dice que no deberían haberse ido, y quienes sostienen que al menos uno de los dos se debería haber quedado. En el fútbol actual no se pueden rechazar ofertas de tres millones de dólares, no hay manera, al menos sin destartalar el funcionamiento institucional. Es cierto que Lanús es uno de los pocos clubes con superávit, sino el único, pero no es menos cierto que eso se debe a la producción y venta de futbolistas de elite. La lista es larga, desde Gioda en adelante, pasando por el Flaco Leto, Lautaro Acosta, Blanquito, Salvio, Pizarro y los que rajen, de la cantera del club provienen cientos de millones de dólares. Cada tanto, aparece un pase de manos, como el Pepe Sand, o como Silvio Romero, jugadores  que llegaron formados y que su paso fue redituable tanto en lo deportivo como en lo económico. Son aciertos esporádicos, incorporar al plantel a alguien que no se conoce a fondo no es sencillo, te puede salir un Bossio positivo tanto como un negativo Balvorín, es la lotería de los pases a suerte y verdad. El balance de gestión de las dos últimas décadas del Club Atlético Lanús es intachable, el modelo a seguir por todas las entidades del fútbol argentino que quieran seguir vivas en los tiempos que corren. Ser Lanús, o ser Atlanta, Platense, Chacarita, Ferro y siguen las firmas. Esa es la cuestión. Otra no hay, si la cosa es a largo plazo.

Con el dinero que ingresó por Goltz e Izquierdoz, era sabido, había que traer dos centrales capaces de insertarse en un equipo con pretensiones de obtener cinco títulos en el presente semestre, tres de ellos internacionales. Dos jugadores de la categoría de los que se fueron, algo realmente difícil de conseguir por menos dinero del que se recibió por ellos. Para que valga la pena haberlos vendido debían llegar dos jugadores de menor costo. Se optó por un experimentado conocido, Diego Braghieri, de 27 años, que aunque su presente no era promisorio, si lo había sido su corto paso por el club, no hace tanto, en el ciclo 2011/12, cuando jugó 28 partidos e hizo 2 goles dejando una muy buena imagen. Se optó también por un joven prometedor, Gustavo Gómez, de 21 años, futbolista de Libertad y de la Selección de Paraguay, país-fábrica de centrales de primer nivel, que pese a su buena presencia física y su enorme fibra combativa, aún no demostró estar a la altura. Y mantuvo a Matías Martínez, que aunque cuando le toca actuar cumple, no está como titular en la consideración del entrenador, y él sabrá porqué. Pero lo de Braghieri es más difícil de analizar. Es tan arrebatado y brutal como para cometer un error -encadenado a otro error de Ortiz igual de grave- como el que costó el gol de Cerro Porteño, como para marcar el mejor gol del semestre, una especie de barrilete cósmico del futuro, más directo, y bajando casi a la mitad los famosos 10,6 segundos que tardo el otro Diego. Es muy fácil reprobar la incorporación de ambos cuando no se tuvo la responsabilidad de elegir, cuando no tuvo que optar entra las  pocas alternativas que entraban en la variable calidad-precio. En la lotería de los pases también se pierde, lo importante es no jugar más que lo debido.

Un equipo de su mismo nivel, como Cerro Porteño, eliminó a Lanús en un partido friccionado y apasionante, de ida y vuelta, condicionado como todos por las alternativas que sucedieron en su transcurso. Lanús lo pudo ganar y también pudo ser derrotado, sobre todo en el final, cuando atacó a todo o nada. Distinta hubiera sido la historia sin ese doble error inicial, impropio de un equipo de su categoría, que sin embargo suele ser presa de sus reiteradas distracciones, sobre todo en los inicios de cada tiempo. Y distinto también hubiese sido el trámite si el lateral paraguayo Benítez, que a los 15 de juego tumbó con un patadón a Melano cuando se iba al gol, hubiera recibido su más que de sobra correspondiente expulsión. Tanto en lo que respecta a los fallos arbitrales, como a la fortuna en general, Lanús no viene últimamente muy iluminado que digamos por los dioses.

Para la evaluación final del ciclo 2014/2015 todavía falta el semestre que viene y lo que queda de este. De los cinco títulos que Lanús empezó a jugar después del Mundial queda uno en pie, y aunque no parece sencillo, todavía está en carrera. Ahora más que nunca, es tiempo de apoyar al equipo sin medias tintas. El colectivo granate, antes de apagar el motor para brindar por un año mejor y celebrar los cien de vida, todavía tiene siete paradas difíciles pero no imposibles para lograr la última estrella del año, que aún sigue encendida.

Marcelo Calvente
    


sábado, 18 de octubre de 2014

Botines


“José, te necesito en el equipo ¿no te animás a jugar de nuevo en primera?” Ramón Cabrero no suele dar muchas vueltas cuando tiene que decir algo. Transcurría el mes de mayo de 1983, Ramón asumía por primera vez como DT interino de Lanús, y José Luís Lodico estaba pintando un escudo en el Polideportivo, aún convaleciente de una complicada operación en el oído que a los treinta años lo terminaba de retirar del fútbol. Tiene recién implantadas las prótesis del yunque y el martillo, y según los médicos, de poder volver a jugar, sería recién después de un largo año de convalecencia  Se moría de ganas, pero no quería defraudar a Ramón y le transmitió sus dudas: “Ni siquiera puedo cabecear…” le dijo con tristeza. “Mañana te venís a entrenar, y cuando sentís que estás, te pongo de titular. Cabeceadores me sobran, lo que no tengo es quien se la pase al compañero” le dijo fiel a su estilo el entrenador, y José Luis se fue corriendo a contarle a su señora.

Lodico volvió a vivir. Durante las tres fechas que duró el interinato de Ramón fue titular inamovible. Para enfrentar a Deportivo Español se hizo cargo la flamante subcomisión de fútbol, y por supuesto, José Luís Lodico estuvo en la cancha con la 5 en la espalda, junto a varios ex compañeros del ascenso a la “B” que continuaban en el equipo. A los 35 minutos, el futbolista local Rubén Arbelo va a disputar un balón con él y le aplica un premeditado golpe en el oído operado. Pino se indigna con el jugador, comprende de inmediato que fue mandado y reacciona violentamente ante su imperdonable accionar de sicario. Ambos se van expulsados por agredirse mutuamente. Pero sus ojos apuntan al banco de Español, donde está el despreciable Roberto Iturrieta, técnico cotizado del ascenso, conocido por sus excentricidades y su condición de tramposo y ventajero, el mismo que en la semana previa había acordado con los dirigentes de Lanús hacerse cargo del primer equipo granate luego de terminado ese mismo encuentro. Cuando el lunes siguiente José Luís volvió a entrenar, Iturrieta fue presentado e intentó comenzar con los trabajos con naturalidad. Lodico se paró frente a él y le dijo: “¿Vos te pensás que voy a trabajar a tus órdenes, que me vas a dirigir a mí, cuando hace una semana me mandaste golpear? Yo me voy, a mí no me da órdenes un sinvergüenza como vos”. Y así, con mucha pena y sin la gloria que merecía, pero con la frente bien alta, el último centrojás de Lanús se retiró del fútbol profesional, esta vez para siempre.

En medio de una gran depresión causada por el desencanto que acompañó su accidentado retiro, José Luís Lodico se dedicó a la pintura para poder mantener a sus hijos. El club Lanús le cedió un pequeño espacio debajo de la platea oficial donde guardaba los elementos. Pintó departamentos, pintó mansiones. La prolijidad de su trabajo y su responsabilidad para cumplir con los clientes le permitió hacerse un nombre en su nuevo oficio. Pintó carteles de publicidad, pintó más de cien veces el hermoso escudo del club Lanús. Una tarde, mientras delineaba las letras de la promoción de un recital en la pared de la sede de la calle 9 de Julio, después de observarlo un rato con detenimiento, se le acercó Enrique Carrillo. Pino no lo conocía, pero se trataba de un destacado pintor de cuadros y retratos que tenía su taller en el lado oeste de la ciudad y dictaba clases sólo para aquellos principiantes a los que veía con condiciones. Carrillo le dijo que por lo que había podido observar, le veía aptitudes como para poder incursionar en la pintura artística. José Luís sintió curiosidad y comenzó a tomar clases con él. Mientras rápidamente incorporaba los nuevos conceptos, se puso a pintar paisajes, naturaleza muerta, pintura abstracta y hasta algunos retratos, siempre alentado por su profesor. Pronto comenzó a frecuentar el ambiente del arte y sus obras se empezaron a exponer en distintas galerías. Ganó premios y vendió muchos cuadros, sin dejar jamás su oficio de pintor de paredes y carteles para poder vivir.

José Luís Lodico, capitán y campeón 1976
Al cumplir 40 años, la depresión había quedado atrás. Físicamente se mantenía en plenitud, y del problema del oído solo tenía el mal recuerdo. La vieja y competitiva Liga Amateur de Lanús de cada domingo pronto lo vio brillar, y en ese marco de potrero, Lodico sintió que seguía siendo el mismo. Primero jugó para el Club Pampero, después para el Guido, en las canchitas del distrito pudo desplegar su categoría, y recibir el reconocimiento de compañeros, adversarios y el público que siempre se acercaba a verlo jugar. Después de tanta malaria y tantos sufrimientos, con la pelota bajo la suela como pasatiempo y la pintura como oficio, Lodico volvió a ser feliz

Una tarde de finales de los años noventa, José Luís se encontraba pintando el escudo que adorna el fondo de la pileta del Polideportivo, mientras los operarios de la empresa encargada del final de obra de una reparación llevada a cabo en el sector terminaban con su tarea, advirtió que uno de ellos, mientras barría, se le iba acercando con timidez, mirándolo de reojo, hasta que se animó a hablarle: “Disculpe, usted es José Luis Lodico, hace un montón de años que tengo algo suyo y se lo quiero devolver. Soy hincha de Lanús, y fui el que le sacó los botines en la cancha de San Lorenzo en el 76, el día que ascendimos a primera. Siempre me quedó el remordimiento porque usted gritaba ‘¡Los botines no, muchachos, por favor, que me los compré hace dos semanas de mi bolsillo!’ Y yo se los saqué igual. Le quiero pedir disculpas y se los quiero devolver, porque hasta hoy los estuve cuidando…” 

Al culminar la jornada, como habían acordado, Lodico llevó en su auto al operario hasta su casa, cerca de la avenida Pasco, en un barrio ubicado al este del distrito. Había quedado conmocionado por el recuerdo y las palabras del hombre, que se ajustaban a la realidad. La pérdida de esos botines le había dolido en el alma, y aunque otros pesares posteriores fueron mucho más dolorosos, quería volver a verlos. El tiempo se detuvo cuando ambos ingresaron al humilde living. En el estante de un modular, envueltos en celofán, prolijamente acomodados en una caja abierta, decorada con la famosa foto del diario Clarín del 19 de diciembre de 1976, con el viejo Gasómetro colmado a reventar como fondo, en la que se ve en primer plano a José Luis Lodico en andas, ya despojado de su camiseta pero aún con el resto de la vestimenta, estaban los botines.

“Sáquelos de la bolsa, nomás, son suyos” le dijo el hombre con una sonrisa. Pino los sacó con cuidado, sus manos temblaban. Eran los mismos Adidas con las tres tiras amarillas, toda una novedad de entonces, y estaban tan nuevos como en la tarde que se los puso por última vez. Los miró con atención, y mientras mil recuerdos volaban por su cabeza, los dio vuelta. Entre los tapones, pegados a la suela de ambos botines, había trozos de pasto y barro seco de aquella tarde gloriosa. El pasto del mítico estadio de la Avenida La Plata, un ícono de la historia del fútbol argentino que ya no existe más, testigo de enormes victorias y dolorosas derrotas granates de aquellos años difíciles e inolvidables. José Luís los contempló y lloró como una criatura. El hombre lo abrazó emocionado. “Que se queden acá, nadie los va a cuidar mejor que vos”, le dijo el crack al despedirse, con la certeza de que nada, ni el peor de los sufrimientos que el fútbol le había dado, había sido en vano.

Marcelo Calvente  

marcelocalvente@gmail.com

sábado, 11 de octubre de 2014

La misma cruz


Todo pintaba de la mejor manera. Lanús tenía que ganar para subirse a la punta, y superaba a Godoy Cruz con cierta suficiencia. Había abierto el marcador a los 40 minutos del primer tiempo, después de muy buenas combinaciones de ataque, con Romero, Acosta y un renovado Pelado Silva bien afilados. Estamos en el arranque del complemento, cuando Silva marca el segundo, luego de una extraordinaria jugada colectiva entre los tres de arriba, iniciada brillantemente por Acosta y Romero con una pared precisa,  y cerrada por el Pelado por el palo opuesto con el arco a su merced.  Iban apenas 2 minutos, y como en la semana hay que volver a jugar, Guillermo tenía que cerrar el partido y rotar jugadores hasta el pitazo final. Pero mientras el entrenador pensaba, su equipo en la cancha empezaba a aflojar el pie, cediendo demasiado espacio a los volantes y delanteros rivales. Como si pensara que el partido estaba terminado, Lanús siguió buscando el tercer gol y empezó a no volver bien. Y en cada respuesta, Godoy Cruz encontraba más y más facilidades.

La delantera granate había sido imparable en la primera etapa, en un partido de trámite interesante y de ida y vuelta. Pero en el complemento no jugó con la misma intensidad, y empezó a perder el mediocampo. Los laterales de Godoy Cruz se sumaban al ataque sin oposición y agarraban desguarnecidos a los laterales granates. Así, los problemas se encadenan: delanteros y volantes que no vuelven marcando, superioridad numérica del adversario en la zona media, inevitable retroceso de los del fondo, respuestas cada vez más esporádicas, siempre largas, y su consecuente pérdida de precisión ofensiva. Si no te avivás y equilibrás el medio, el rival te lleva por delante como efectivamente sucedió. Lo raro es que esta secuencia no fue en los quince finales, cuando al que pierde no le queda otra. Esto empezó a pasar a los cinco minutos del complemento. Eso es lo llamativo, lo que hace pensar que se trató más de relajación que de cansancio, más por defección propia que por virtud del rival. No es la primera vez que Lanús no puede sostener una doble ventaja para llegar al cierre sin sufrimiento. Las primeras dos victorias granates, ante Belgrano y Estudiantes, fueron con parto al final, igual que ante Banfield por la 7ª fecha. Lanús llegó cómodo al cierre ante Racing y Quilmes 3 a 1 y 2 a 0 respectivamente.  River se lo empató, con Central jugó bien y ganó con justicia pero volvió a sufrir al final. Y lo de anoche, que fue insólito. Estando 2 a 0 arriba, el Grana aflojó la cincha cuando faltaban 40 minutos por jugar.

Silva marcó el segundo de Lanús y se sacó la mufa
Van cinco minutos del complemento y Somoza no hace pie, Ayala está perdido, Ortiz golpeado y fundido, se nota que no puede correr, y el fondo que deja de dar respuestas expeditivas. Al contrario, en inferioridad numérica por las bandas, aflojan las marcas y se van metiendo cada vez más cerca de Ibáñez. Cosa infrecuente, a los diez minutos, y con el 2 a 0 arriba, se impone meter dos cambios, sacar a Ortiz y a un delantero, y poner dos volantes. Guillermo, un tanto lento de reflejos, piensa el primer cambio. Lo más parecido a un volante defensivo que tiene en el banco es Pasquini. A los 14’, el técnico se inclina por el Pulpito González por Ortiz, y el cambio no surte efecto. A los 15' el gordo Ramírez marca el descuento. Carlos Mayor se da cuenta de la situación: a los 19 mete un doble cambio ofensivo, y a los 20, uno de los recién ingresados, el moreno Ayoví, marca el previsible empate. Y como si todo esto fuera poco, Braghieri se va expulsado luego de tirar un planchazo brutal en la medialuna del área granate.


Guillermo duda: Todavía no resolvió el medio y ahora tiene que rearmar el fondo. Todavía estaba en eso cuando llegó el tercer baldazo, a los 28, con un remate desde donde debía estar quien releve a Braghieri, y donde no había nadie, con el que Aquino fusila a Ibáñez, que en todo este breve y diabólico segmento de 25 minutos sacó un par de goles más. Quedaban quince por jugar, a todo o nada. Ahora Lanús era pura desesperación. Enseguida Lautaro Acosta encabeza un ataque por izquierda y le da un pase perfecto, a media altura, para que un muy despierto Romero toque al gol por el segundo palo, ante la mirada impotente del arquero Moyano. El empate presagiaba más emociones. Iban 32  del complemento y Lanús estaba nuevamente en pelea. Sin embargo, el hombre de menos se empezó a hacer notar. Con el Laucha como abanderado, el Grana era puro corazón pero hacía agua por todos lados. A los 40, Godoy Cruz estaba mas cerca, el empate peligraba. Y Guillermo, uno imagina que con algo de culpa, hizo el único cambio que podía hacer a esa altura: Sacó a Acosta, al límite de sus fuerzas, y puso a Monteseirín para, por fin, armar la línea de cuatro y cerrar el partido. Tarde piaste.

En una noche que empezó de la mejor manera, Lanús terminó dejando esa vieja y conocida sensación de bronca en sus parciales. Muchos apuntaron al entrenador por su escaso poder de reacción, otros a la repentina falta de predisposición para la lucha de los tres del medio, y otros a la falta de rigurosidad de los del fondo para aventar el peligro cuando así se impone. Hubo un poco de todo. También quedó evidenciado que el ataque granate es de lo mejor del torneo, que Acosta y Romero confirman partido tras partido su buen entendimiento, y que Silva, además de reencontrarse con el gol, se viene acoplando cada vez mejor. Resulta preocupante la falta de recambio de cara a la doble competencia que se viene, sobre todo en la zona media, donde la partida de Barrientos dejó un espacio vacío que no pudo llenar la llegada de Bella. Cuando la noche pintaba para fiesta terminó en fastidio, y los hinchas granates se fueron con esa conocida sensación de frustración, porque se dejó pasar tontamente una oportunidad inmejorable y ante su público. Esa cruz que lo acompañó durante toda su existencia, de la que nunca, ni en su hora más gloriosa, termina de despegarse definitivamente.

Marcelo Calvente
        


martes, 7 de octubre de 2014

La fiesta de todos


Van 34 minutos del primer tiempo de un partido peleado, con ataques de ambos lados y emociones para todos. El Pulpito la lleva de izquierda al centro, pisando campo rival con pelota al pie, cabeza levantada, ojos bien abiertos. Silva baja unos metros y la recibe para tocársela corta a Romero, que como un rugbyer viene desde atrás en diagonal hacia derecha y que domina, cabeza levantada, ojos bien abiertos, buscando por derecha a Araujo, otro rugbyer que viene de atrás. Romero se acerca al trote, amaga ofrecerse para la devolución pero de pronto cambia de paso y sale en velocidad hacia el área desairando a su marca. Araujo lo observa con pelota al pie, cabeza levantada, ojos bien abiertos y le tira un pase de alquimista, que sintetiza la mejor dirección posible con la velocidad exacta, para que el cordobés defina con un toque preciso por entre las piernas de Caranta, abriendo el marcador. El gol de Lanús es el producto de una mejor disposición táctica de un equipo que fue más compacto y más corto. Las diferencias de las que tanto hablamos. Cuando es largo, los pases a Acosta o Romero son a dividir, tienen que resolver mano a mano para dejar de estar aislados. En el equipo corto que le ganó a Central los pases fueron hacia el costado, y el receptor del balón nunca quedó solo. Por eso Lanús ganó bien, porque jugó con la cabeza levantada, entregando la pelota con seguridad, con movimientos sincronizados y con una enorme convicción colectiva.

Si lo observamos con el fixture en la mano, la visita de Lanús a Rosario Central era casi una final. El Grana fue a buscar tres puntos que necesitaba para prenderse definitivamente en la pelea, aunque los rendimientos de cada uno de los candidatos siguen estando sujetos a la cortedad habitual de las rachas del fútbol nuestro. River, Newell’s y Vélez  presentaron credenciales en la primera parte del Torneo. Primero Vélez, enseguida Newell’s y ahora River, fueron iniciando el retroceso futbolístico que siempre va acompañado por los malos resultados. Mientras esos equipos puntearon, Lanús no dio pie con bola: dos victorias y dos derrotas, y el anodino empate ante Olimpo, la peor actuación del equipo en todo el semestre, donde se vieron signos de desorientación y hasta de falta de confianza entre los players. Pero a partir de la victoria en Avellaneda en la 6ª fechas, Lanús inició una racha de cuatro triunfos y un empate, el obtenido ante River, con un constante crecimiento futbolístico, y con aquella misma actitud que los llevó a ser campeones no hace tanto tiempo. La pregunta es cuánto tendrá que ver la actuación de Martínez, autor de un golazo, en otra jugada de entendimiento entre pasador y receptor, de Maxi a la frente goleadora del defensor central, uno de los mejores cabeceadores ofensivos del fútbol argentino, sino el mejor. Uno no sabe qué es lo que lo margina del primer equipo, el técnico sabrá, pero cada vez que juega expone su personalidad y sus notables atributos técnicos. Lanús fue claramente superior hasta el segundo gol, a los 10’ del segundo tiempo. Después bajó la intensidad, algo que se ha vuelto habitual, y recibió el descuento. El final fue como el principio: ataque por ataque y los granates sufriendo innecesariamente una vez más

Silvio Romero fue figura y volvió a marcar
Si la zaga central se consolida y logra definitivamente moverse al ritmo del equipo, si deja de dar ventajas defensivas y si no le entrega la pelota al rival cerca de su propia área, Lanús tiene equipo como para soñar. Con Araujo y Velázquez dando cátedra en su sus respectivos puestos, con Somoza como patrón, sin la obligación de largas corridas, con el Pulpito y Ortiz o Ayala en la doble tarea y la dupla ofensiva entre Acosta y Romero que no deja de sorprender, la visita a Rosario trajo la novedad de un renovado Santiago Silva, todavía lejos del goleador que es, pero muy metido en el circuito ofensivo del equipo. Definitivamente, Lanús entregó la mejor imagen de lo que va del semestre en un escenario donde los candidatos suelen perder seguido.

El equipo de Guillermo está donde está porque los demás empezaron a perder puntos. Vélez quedó lejos, Newell`s se comió un baile de local ante Banfield y empató con Quilmes jugando al waterpolo. A River le van tomando la mano y hace tres que no gana. En la próxima fecha ambos se enfrentan en Rosario, mientras Lanús tendrá que confirmar su andar superando a Godoy Cruz en La Fortaleza. Si de rachas se trata, hay que prestar atención a Estudiantes y Rafaela. El primero viene ganando y jugando muy bien, la Crema tiene notables atacantes, si corrige la faz defensiva puede dar pelea. Boca y Racing no se terminan de perfilar, y lo de Independiente con Mancuello en el papel de Patoruzú pertenece al mundo de la historieta. Cumplida la décima fecha, River pasó a ser  un apurado puntero con 22 puntos, seguido bien de cerca por Lanús, que no para de ganar, y sumó 20. Comienza un tiempo de la competencia donde el recambio pasa a ser fundamental, y habrá que ver quien tiene más.

A menos de noventa días de cumplir cien años, motivo valedero por demás como para festejar, el Club Atlético Lanús se apresta a disputar el tramo final de dos torneos: las nueve fechas que restan del Campeonato de Primera y la Copa Sudamericana en instancia de octavos de final, dos trofeos que bien podrían ser los principales animadores de la festichola que se viene, en la que no deben faltar nadie. No pueden faltar aquellos que estuvieron en las malas. Los pibes que lloraron la derrota ante San Telmo, los muchachos que lo siguieron en la “C”. Los que se tomaron el micro al Chaco, y los que llegaron después; sus hijos y sus nietos, y los miles de hinchas de los buenos tiempos, esos que cada día son más, y que se creen que es joda cuando hablamos de Piraña.  

Marcelo Calvente
marcelocalvente@gmail.com