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martes, 3 de marzo de 2015

Invicto con gusto a poco



Tres jugados, dos de ellos de visitante; uno ganado y dos empates, de ninguna manera puede ser una mala cosecha, mucho menos en esta incógnita que es el nuevo y raro torneo largo. Es llamativo, en los equipos participantes hay decenas de jugadores desconocidos, se ha ampliado la vidriera y aparecen muchos jóvenes futbolistas, algunos de futuro promisorio, que encuentran la chance de mostrarse en el fútbol grande. Los recién ascendidos se nutren de esos jóvenes, como Gamba, Rivas, Malcorra y Triberio, los cuatro atacantes de Unión de Santa Fe, un equipo con enormes posibilidades de consolidación que depende exclusivamente de la madurez que puedan alcanzar en lo colectivo. Junto a Central, Vélez, Argentinos y tal vez Newell’s, son los equipos que cuentan con los mejores futbolistas juveniles y apuestan a ellos. El resto de los que luchan por la permanencia, incluyendo a la mayoría de los nuevos participantes del torneo, vienen demostrando estar lejos del nivel de competencia de los que van a pelear arriba.

Hay otros clubes que invirtieron dinero para contratar futbolistas de primer nivel: Los cinco grandes, más Estudiantes y Lanús son los que movieron el mercado de pases tanto para vender como para comprar y pujan por obtener lo mejor de lo poco que se le ofrece a un fútbol  siempre competitivo pero devaluado respecto del primer mundo. Y algunos firmaron contratos muy elevados, desfasados respecto de la media del mercado. Revisando el pasado reciente, está claro que el siglo XXI encontró a los grandes en derribo: San Lorenzo y Racing peleando la permanencia, River e Independiente probando inesperadamente la hiel del descenso. Las causas respectivas tienen nombre y apellido: Savino, Abdo; Lalín, Marín, De Tomaso, Molina, Cogorno; Aguilar, Pasarella; Ducatenzeiler, Comparada, Cantero. Entonces Boca Juniors, con una economía que según dicen es tan poderosa que le permitió a su presidente dilapidar dinero grande contratando a Riquelme, Bianchi y los jugadores del hijo de Bianchi, una banda capaz de voltear a un coloso, junto a Vélez, Lanús, Newell’s y Estudiantes, pese a que Verón casi lo hunde por amor a la camiseta, fueron quienes ocuparon los primeros planos en los últimos años.

Pero como todo pasa, falleció Julio Grondona y dejó un vacío que hay que llenar, y de acuerdo a quien agarre la manija, tal vez el reparto de utilidades pronto deje de ser lo medianamente equilibrada que fue mientras el presidente estuvo con vida. Se vienen peleas duras a partir de octubre en la AFA, y la competitividad -tan destacada por todo el mundo- que reina últimamente en el fútbol argentino está en serio peligro de muerte. Cuando la nueva conducción decida sobre el futuro reparto del dinero del Fútbol para Todos -dinero también de todos- se sabrá lo que viene. Pero está más que claro que si el fútbol por TV vuelve alguna vez a manos privadas, la diferencia en los dividendos para los clubes participantes será abismal según el rating de cada uno, y entonces la desigualdad entre grandes y chicos, como a lo largo de todo el siglo XX, volverá a reinar en los terrenos de juego de la Argentina.

Guillermo y Gustavo ante el desafío de volver a triunfar
Mientras tanto se está jugando el primer torneo de 30 equipos, en el que los diez nombrados seguramente sacarán diferencias claras sobre los veinte restantes, y la cuestión es saber si Lanús estará en la pelea por el título o se acomodará entre el 5º y el 10º puesto, con el riesgo de perder la presencia internacional últimamente lograda. Es por eso que los socios granates se preguntan si el pobre rendimiento futbolístico de los tres primeros partidos, sumado al bajón experimentado respecto de la obtención de la Copa Sudamericana, obedece a un lento proceso de adaptación de los refuerzos, sacudido por la mala fortuna de lo de Leto y Braghieri, o si se tratará de un camino turbulento hacia el adiós sin pena ni gloria de un cuerpo técnico que pintaba para culminar de manera mucho más exitosa.

Hagamos un repaso. Se fue Marchesín, y más que aceptablemente fue reemplazado por Monetti, sabido es que muchos arqueros como Agustín no hay en el mundo. Se fueron el Pulpito y Somoza, y en su lugar llegaron Matías Fritzler, uno de los que mejor rindió en estas 3 fechas, y Aguirre, que llegó sobre el cierre y aún no es titular, pero pronto seguramente lo será, dado el bajo nivel mostrado por Ayala y Ortiz. Arriba se fueron varios: Pereyra Díaz, Ismael Blanco y el goleador y figura Silvio Romero, y llegó Melivilo, que no arrancó  de la mejor manera. Guillermo trata de reemplazarlos con lo que tiene en el plantel: Junior, Melano, Astina, Valdez Chamorro, González y Di Renzo, valores que todavía no han llegado a su techo y hay que esperarlos un poco más. Y por último, lo más grave: por ofertas irrechazables se fueron Goltz e Izquierdoz, y llegaron Braghieri, Gómez y ahora Barissone, y en esta zona de la cancha el déficit de calidad técnica individual es notorio, tanto o más que la incapacidad del cuerpo técnico de resolver los problemas colectivos en lo que respecta al aspecto defensivo, falencias que tienen que ver con lo posicional, con lo táctico y lo estratégico, causantes principales de los peores males de Lanús versión 2014/15.

Pero no todo es el recambio. También varias figuras como Araujo, Velázquez, Ayala, Ortiz, Melano y Silva han decrecido notablemente sus rendimientos individuales respecto de 2013, víctimas en parte del desmoronamiento colectivo producto de una manera inaceptable de marcar -principalmente en los segundos tiempos- con los zagueros metidos en el área propia, cediendo terreno y pelota al rival y condenando a sus compañeros a recorridos largos, extenuantes y poco propicios para el juego asociado y el desequilibrio ofensivo. La inseguridad del fondo provoca el sismo que amenaza con desmoronar el edificio sobre el que está construida la estructura futbolística del Lanús de Guillermo, y nadie más que él y sus colaboradores pueden evitarlo, al menos hasta diciembre de 2015.

Marcelo Calvente

martes, 17 de febrero de 2015

Una buena victoria y un raro adiós



Por fin, luego del largo receso, la pelota empezó a rodar en la Argentina dando comienzo a un nuevo campeonato, un torneo atípico e inédito de 30 participantes que se disputará a lo largo de todo el año, una nueva forma de jugar al fútbol que merece atención. Se ha conformado una misma liga con equipos de diferente categoría. Por un lado Boca, con siete refuerzos llegados del fútbol europeo y uno del Brasil; River, el último campeón de la Sudamericana, sin modificaciones sustanciales pero con buen recambio en los pibes del club y un jugador que asoma, el Piti Martínez; Racing, el último campeón local, sin bajas relevantes; San Lorenzo, reciente finalista de la Copa Mundial de Clubes; e Independiente, con un criterio de mercado más autóctono, han salido de compras en medio de la situación crítica de la AFA, súbitamente empobrecida y ya sin Grondona, obligada a respetar la última decisión en vida del mandamás, el torneo largo, como algo inevitable que pronto hay que ir desarmando.

Como hace mucho no pasaba, los clubes grandes se encuentran con equipos armados y muy competitivos. Están gastando a cuenta, y nadie dice nada. Sólo Guillermo Barros Schelotto, con esa cara de turro del aula que lo caracteriza, lo señaló al finalizar el encuentro con Quilmes. Pero el resto de los clubes participantes se la ve venir, sobre todo porque en octubre habrá elecciones en la AFA. Por eso se dedicaron a tratar de reemplazar a los que se le fueron de la mejor manera posible, sin grandes inversiones. Vélez embolsó por Prato y gastó por Pavone. Sigue luchando contra el déficit y sigue intentando con el producto de la cantera. Estudiantes se encontró de pronto con una clasificación a la Copa que no esperaba ni merecía, y tuvo que agarrar lo que había. Fueron diez refuerzos de nivel aceptable, pero ninguno como para reemplazar a Joaquín Correa, la figura que se le fue a Italia. Central, con nuevo técnico, está en proceso de rearmado, Newell’s parece desarmarse. Todos tienen algún pibe que ilusiona. Y Lanús, con cuatro bajas importantes, tres de ellas que pudo reemplazar, y que tuvo la poca fortuna de perder por varios meses a su principal contratación, Sebastián Leto, que sufrió un accidente increíble en las instalaciones del club, que incluso pudo costarle la vida.

Sin embargo, el equipo granate que salió a disputar el primer encuentro del nuevo torneo es el mismo de siempre, pese a las ausencias de Marchesín, el Pulpito, Somoza y  Romero, porque los suplió con otro muy buen arquero, Monetti, con Fritzler, que es campeón y referente de la casa, y con futbolistas que ya estaban en el plantel, como Ortiz y Junior Benítez. Y fue el mismo Lanús de Guillermo, principalmente por su habitual diseño táctico y por la permanencia de los históricos Araujo, Braghieri, Maxi, Ayala, Ortiz, Silva, Junior y el Laucha Acosta. Pronto se sumarán el Bicho Aguirre, jugador de características ideales para ocupar uno de los tres puestos del medio, y los pibes campeones del Sub-20, Monteseirín e Ibáñez. Para el nivel local, le alcanza y sobra como para pelear arriba. Enfrente estaba Quilmes, con doce incorporaciones de dudoso gusto, un nuevo equipo armado en torno a Braña con jugadores variopintos como Buonanotte, Bieler, Droopy Gómez, y el resto, del montón.

Maglio se despidió del arbitraje con un 5 + 1 a lo Merlos
El local salió a cambiar golpes. A partir de los diez minutos Lanús se adueñó del terreno y la pelota, y
aunque no fue claro en los últimos metros, el dominio fue tal que no permitió a su rival salir del fondo y llevar peligro al arco de Monetti. En el inicio del complemento, tras pase de Maxi Velázquez, Silva marcó la apertura y una vez en ventaja, Lanús empezó a ceder espacios. Y como siempre, la hora de retroceder resulta fatídica. Ver a Gómez abandonar una marca en tres cuartos de campo propio para retrasarse cinco metros y pararse en la puerta del área sin tomar a ningún rival, permitiendo de esa manera la recepción cómoda del que había dejado libre en su retirada, algo que viene haciendo desde su llegada, duele en el alma. Vimos trabajar defensivamente al equipo en los partidos amistosos y parecía corregida la tan mentada problemática. Ayer volvió a ocurrir, solo que no se notó tanto por las carencias del rival. Ojo, no sea cosa que para solucionarlo tengamos que sufrirlo otro año más.

Lo más llamativo estuvo en el final. En el resumen de Paso a Paso mostraron una escena en la que al cumplirse los ya de por si excesivos 5 minutos adicionados por Carlos Maglio, el central de Quilmes Joel Carli mira risueño al árbitro y le pide que juegue uno más. Y Maglio, que suele hacerse el piola, agregó un minuto más, en este caso sin motivo ni excusa alguna, aunque adujo luego que fue por una excesiva demora de Monetti en poner la pelota en juego, que en realidad no existió. El mismo accionar que tuvo el árbitro Andrés Merlos, al que sus colegas y la totalidad de los periodistas top condenaron luego del famoso partido de Lanús ante Arsenal en La Fortaleza por la 15ª fecha del torneo pasado. La prensa, la misma que aquella vez lo mató a Merlos, ahora que lo hizo Maglio pasó por alto la situación. El conductor de Paso a Paso lo comentó risueño, como si se hubiese tratado de una humorada del juez en su último acto en el referato. Pero el encuentro estaba uno a cero para Lanús, y bien podría haber terminado empatado, más allá de las pocas ideas de Quilmes para buscar el gol. Esta vez nadie le dio importancia a una situación reglamentaria que bien pudo haber terminado en otro escándalo. Dicho de otro modo, aquella vez Merlos y Lanús pagaron por la incapacidad de los futbolistas visitantes para defender la ventaja y por la inconducta de sus técnicos.
                                                                                                      
Resulta que Maglio va a continuar ligado a la AFA en una nueva función, por eso al ser entrevistado en soledad por Sergio Krule para el Diario del Grana, quien lo consultó por los 5 + 1 que adicionó, se cuidó de no rendir homenaje alguno a su colega Andrés Merlos. Luego de aquel  escandaloso Lanús-Arsenal, la AFA suspendió al internacional  Merlos por tiempo indeterminado, y ahora silenciosamente lo puso a dirigir en el Nacional “B”. Pertenece al SADRA, el sindicato creado por Grondona a fines de los años 80 para quebrar a la combativa Asociación Argentina de Árbitros. Al frente del nuevo sindicato adicto a la patronal, Grondona había designado como secretario general al camisa negra Guillermo Marconi, ubicado políticamente a la derecha de Hitler, quien ante la injusta suspensión de un afiliado a su sindicato, expresó sin ruborizarse: "no puedo defenderlo de una cosa así. Es sentido común, se pierde la credibilidad..." Pocos de sus compañeros insinuaron algún tibio respaldo, la mayoría optó por callar, aunque  fueron varios los que se sumaron a su linchamiento. La AAA tampoco hizo nada porque está en vías de extinción. Julio Grondona, desde el más allá, sigue mandando y logrando objetivos. Al menos hasta octubre. 

Marcelo Calvente

martes, 10 de febrero de 2015

Esperando el bicentenario




Para mi sorpresa no son pocos los que están enfurecidos con la Fiesta del Centenario del Club Atlético Lanús. A más de treinta días de perpetrada, son muy contados los que se animan a sostener que no faltó nada. Al consultar al respecto, la mayoría me dice “¡siiii, muy linda fiesta...!” y cuando repregunto si no le parece que faltó la historia, los equipos, los jugadores, los dirigentes -bah, que faltó todo- son muchísimos los que me dicen “si, en eso tenés razón, no lo había notado”. Algunos se indignan en el momento, otros se van pensando. Pero no faltan los que dicen “siiii, tenés razón, pero la fiesta estuvo muy linda…”  Y la gran mayoría no entiende -o peor, no le importa- la gravedad de lo que en verdad está sucediendo en el club.   

El 2 de julio de 2012, en la nota “La reunificación de la Unidad”, escribí: “…hoy que los tiempos se acortan dramáticamente, me permito recomendar que él (Maron) y su agrupación comprendan que no puede ser candidato por la Unidad un dirigente que, más allá de sus grandes valores y cualidades que nadie puede discutir, durante los tres años de mandato de su sucesor, en la práctica, no formó parte de la misma. Para ser el presidente del club por la Lista Unidad, primero debería volver a ser parte de ella”. Casi tres años después nadie que esté cercano al club puede negar que Alejandro Marón y su grupo de colaboradores más cercanos fueron debilitando de a poco a la autoridad de los dirigentes de las demás agrupaciones que conforman la Unidad, incluso los de cargos electivos, esos que los socios votaron para que co-gobiernen de manera unitaria como ha sido invariablemente a partir de la reconstrucción de fines los ‘70 hasta hoy. Siempre existieron diferencias, es sabido, pero nunca tan profundas ni irreversibles como para destruir la condición que nos ha hecho grandes: todos juntos y el bien del club por encima de todo.

Al principio, la historia estaba en carpeta
No es un secreto para los socios más próximos a la vida institucional que el trato con los dirigentes a cargo de las diferentes actividades ha cambiado respecto de las últimas conducciones, y mucho menos que esa situación se ha extendido a los empleados del club. Ya no existe espacio para el disenso,  las redes sociales son patrulladas en busca de la opinión crítica para castigarla con la exclusión de la vida institucional. En el clima que se ha creado, todos, dirigentes, empleados, allegados y gran parte de los socios no encuentran motivación para seguir colaborando en un club de puertas cerradas y secretos compartidos por muy pocos. Demasiado pocos. Por ejemplo, me resultó imposible hasta ahora saber si la cobertura de TyC fue abonada y que bolsillo la pagó. Muchos dirigentes que conozco no lo saben. Es que últimamente, casi nada se sabe.

En ese estado de cosas, en un año dominado por las frustraciones deportivas, los granates de corazón llegamos al Centenario y dejamos de lado todo para celebrar como corresponde una existencia que nos enorgullece, para contar y también aprender de una historia cambiante y milagrosa como muy pocas más. Confiados, ya que durante cuatro años trabajó una Comisión del Centenario conducida por el ex presidente Emilio Chebel, un dirigente con muchos años en el club, que se ha caracterizado por fomentar y defender la unidad de la que siempre fue parte. En todo este tiempo el trabajo de la Comisión fue un secreto de estado. Sólo algunas esporádicas presentaciones, como las producciones fotográficas con las camisetas históricas, el video de la camioneta de Ramón Cabrero, y alguno que otro más. De acuerdo a la calidad de esos pocos trabajos difundidos el panorama resultaba esperanzador. Más cerca en el tiempo, la certeza de que la fiesta sería transmitida en directo para todo el país por TyC Sports presagiaba una jornada inolvidable, en pleno receso, donde los simpatizantes de todos los equipos del país conocerían y se sorprenderían de todo lo que nos pasó para llegar hasta aquí como el más solvente de todos los clubes de nuestro fútbol, y por lejos, el de mayor crecimiento en las últimas décadas, no mucho después de jugar con Piraña.

A la hora de la verdad, se optó por el humor de Ruggeri
El asunto es que la Comisión del Centenario realizó una fiesta imponente pero híbrida, sin contenido, sostenida por el esfuerzo de los periodistas deportivos que la animaron. Un grupo sin gracia de Morón. Una banda interesante pero de música instrumental. Un ambicioso espectáculo de teatro aéreo indescifrable, largo, lento y repleto de simbolismos poco simbólicos y el cierre de Los del fuego que habla por si sólo. En el medio, un chiste de mal gusto de Ruggeri, la nada feliz idea de pedirle a Huguito Morales -se sabe que la oratoria no es lo suyo- que presente al Negro Enrique. El Negro Enrique que se presenta sólo. Y la palabra del Presidente, que agradece a sus pares de comisión directiva y a sus antecesores más recientes, pero no sólo no los invita a subir, ni siquiera los nombra. No hay un solo video de otros tiempos, no hay un racconto bien leído e ilustrado de la historia. Parece que tampoco hubiéramos tenido ídolos deportivos. Ni Los Globe, ni Los Albañiles, ni los que nos ascendieron, ni los pibes que nos sacaron de la “C”, nadie merece un lugar en la fiesta.  Tampoco hubo coordinación con la transmisión televisiva, sus conductores no tienen datos certeros para estirar los muchos baches que se producen. En el final desfilaron algunos de los campeones de la Sudamericana 2013, los del Apertura 2007 y unos pocos del 96. De Mario, Lodico, Crespín, Nenito Baillie, por nombrar sólo a algunos de los que asistieron y nadie se enteró, todos ellos campeones de diferentes ascensos, quedaron al margen de los festejos, escuchando las palabras de de jugadores que, en varios casos, muy poca identificación tienen con el club. A la Urraca González, que no estaba en la lista de buena fe que calificaba para subir al escenario, lo llevó un socio indignado que conocía el camino. Y Armando puso la única nota de emoción de la noche.

Todos; socios e hinchas, periodistas, el resto de los dirigentes, nos encontramos que no hubo Fiesta del Centenario cuando ya era tarde. Hubo sí un impactante escenario, fuegos artificiales, desfile de los campeones Conmebol 96, el Apertura 07, la Sudamericana 2013, y una sola persona tratando de acaparar la noche: Alejandro Marón. Como si la historia granate empezara después de su aparición como dirigente, el escenario fue sólo suyo, mientras todo lo importante que nos pasó en  los cien años de vida del club Lanús, y sobre todo los muchos protagonistas del mayor milagro del fútbol argentino, asisten azorados a esta impensada declaración de guerra a la Unidad, exigen una explicación, y la urgente normalización institucional. Algo hay que hacer. La otra sería quedarse piolas, esperando el bicentenario.

Marcelo Calvente

 

viernes, 23 de enero de 2015

El día del arquero


Luego de perder tres chances consecutivas en un año, Lanús resultó el ganador del torneo de ascenso de 1976. No obstante, ese título no lo habilitaba al segundo ascenso; para terminar con la mufa debía ganar además un torneo reducido.  El cierre fue ante su principal perseguidor, Almirante Brown, el 18 de diciembre, en un estadio de San Lorenzo colmado de bote a bote, con victoria clara del Grana desde el inicio con gol de Epifanio de penal, confirmada por el tanto de Clausi a los 30’ del complemento, que desató la suspensión del cotejo por falta de garantías.  Crosta; Zarate, Giachello, Canio y Ojeda; Crespo, Lodico y Del Río; Epifanio, Nani y Clausi, la formación base de aquel once granate para el recuerdo, uno que teniendo en cuenta los diferentes contextos de una vertiginosa y cambiante vida institucional, por siempre deberá permanecer en la lista de los grandes elencos campeones de la historia del club Lanús.

Pero Lanús es Lanús porque siempre subyace una pequeña e increíble historia oculta en las entrañas de la gran historia. Durante los últimos cuarenta días del torneo de 1976 que culminaría con la consecución del título y el segundo ascenso, el plantel granate se mantuvo concentrado en Estancia Chica. En todo ese tiempo, los jugadores no salieron a la calle, y apenas podían recibir cada domingo la visita de sus familiares. Una verdadera cuarentena en la que pese al largo encierro, o tal vez gracias a él, los integrantes del plantel consolidaron su amistad, buscando distracción en los juegos de cartas y otros entretenimientos compartidos. Noche por medio se preparaba un cuadrilátero delimitado por sogas, y rodeado por las sillas que ocupaban los privilegiados espectadores, los propios jugadores, algunos de los cuales tenían la misión de fallar en la pelea estelar de cada jornada entre el masajista Pocho Iturria y su ayudante, Pascualito, ambos con pasado de boxeador. Pocho había combatido con escasa suerte en el campo rentado, e incluso dos veces había enfrentado al gran Horacio Accavallo, aunque en ambas había perdido por knockout. La carrera de Pascualito había sido más modesta aún; no había podido superar la categoría de boxeador amateur. La cuestión es que los futbolistas, entusiasmados con la cuestión, se habían hecho traer un par de guantes de box, y en su condición de árbitro uno y de jueces otros, se confabulaban para que finalmente Pascualito se alce invariablemente con la victoria, más allá de toda justicia y merecimientos, cosa que sucedió en cada enfrentamiento. Al  histriónico masajista lo volvían loco. Cuando advertían que estaba en condiciones propicias para golpear a su rival, independientemente del tiempo transcurrido, hacían sonar la improvisada campana. Y cuando la pelea al cabo de tres rounds llegaba a las tarjetas, las mismas reflejaban una abrumadora ventaja para el ayudante. Esa era la principal distracción de un plantel que estaba a punto de obtener el tan ansiado ascenso.

La cuestión es que la tarde del 18 de diciembre de 1976, y por circunstancias tan inexplicables como increíbles, Horacio Crosta y Pedro San Miguel, los dos arqueros del plantel, no subieron al micro que partió rumbo al estadio de San Lorenzo con sus compañeros. Los dirigentes de Lanús y el cuerpo técnico, tanto como el resto de los futbolistas, advirtieron la situación al llegar al viejo Gasómetro luego de un viaje con clima de fiesta, con cánticos y expectativas ante la gran definición que Lanús no podía perder, ya que era la cuarta chance consecutiva luego de tres duras derrotas, las señaladas ante San Telmo, Estudiantes de Caseros y Almagro, tres finales que en el transcurso de doce meses lo marginaron de la posibilidad de volver a la divisional mayor. La cuestión es que de manera inexplicable se habían olvidado a los dos arqueros, quienes involuntariamente no formaron parte del nutrido grupo que viajó en el micro. Mientras en Avenida La Plata reinaba el nerviosismo y se evaluaba qué hacer ante semejante imponderable, el buffetero de Estancia Chica se ofrecía a llevar a los futbolistas olvidados desde Abasto, donde queda el predio de Gimnasia y Esgrima La Plata, hasta el cruce Varela, disculpándose por no alcanzarlos hasta la cancha por lo largo del viaje, ya que no tenía a quien dejar en su negocio.

Lanús Campeón 1976
Mientras tanto, en los vestuarios de la cancha de San Lorenzo, en medio de una enorme confusión y a poco del inicio del partido, se tomó una drástica decisión: Carlos Lodico,   el hermano del capitán, que estando fuera de competencia por una rebelde lesión en un tobillo había acompañado al plantel, se estaba vistiendo con la ropa de arquero y se calzaba los guantes dispuesto a atajar, dado que de los jugadores de campo de Lanús era reconocido unánimemente como el que mejor se las rebuscaba bajo los tres palos. Imaginemos la inusual situación: Mientras el Gasómetro se iba llenado de espectadores para la gran final ante Almirante Brown por un lugar en primera, en las entrañas del estadio se desarrollaba un absurdo drama que iba a poner al club en situación de explicar lo inexplicable, y afrontar un partido de tal relevancia con un  marcador de punta de 1,74 de altura, para colmo lesionado, teniendo que defender el arco granate en una final, cotejo que bien podría llegar a una instancia de definición por penales. En esta tuvimos mala suerte. De haber así ocurrido, Silvero se marchaba, y tal vez Lanús zafaba del descenso que sufrió un año más tarde.

En Florencio Varela, a menos de una hora del pitazo inicial, los arqueros Crosta y San Miguel, al borde de la desesperación, paran con nulo éxito a cada auto que pasa para rogarle que los lleven al estadio. Hasta que la fortuna como pocas veces en la vida, esta vez jugó para Lanús: uno de los automovilistas que interceptaron era el cuñado del consagrado Ángel Clemente Rojas, integrante del banco de suplentes granate en ese histórico cotejo. El hombre, que justamente se dirigía al estadio a ver jugar a su pariente, sin poder creer lo que estaba sucediendo los levantó, y pisando el acelerador llegó al Gasómetro. Los dos futbolistas ingresaron corriendo al vestuario granate cuando faltaban ocho minutos para el inicio del partido, alcanzaron a firmar la planilla y fueron parte del cotejo con el resultado conocido. Insólita, inexplicable y casi desconocida hasta hoy situación. Cuesta imaginar las repercusiones que, con cualquier marcador final, habría tenido la noticia de esas dos ausencias de semejante relevancia.    

El año 1976 para Lanús fue una primavera en medio del desastre que se avecinaba. Y lo fue en parte gracias al accionar de un presidente, Lorenzo D’angelo, que no utilizó su condición de diputado nacional para engrosar su peculio pero si para el fortalecimiento edilicio del club. Él armó aquel gran equipo que al coronarse, después del golpe militar de marzo, el club ya no lo tenía como presidente. Cuando la dictadura le quitó los fueros y trató de encarcelarlo por enriquecimiento ilícito, como hicieron con casi todos los funcionarios del gobierno depuesto, encontraron que nada tenía, porque todo lo que había conseguido había sido para su querido club Lanús. Principalmente la cesión definitiva mediante un decreto, con la firma de la Presidente de la Nación, del terreno donde se erige el polideportivo -hoy un predio de un valor incalculable, que con total justicia lleva su nombre- logrado contra reloj y sin pagar un peso por Lorenzo D’angelo, casi al mismo  tiempo en que el país entero empezaba su violento calvario a la pobreza.

Marcelo Calvente

jueves, 8 de enero de 2015

La deuda interna


Con signos de resaca y pesadez estomacal producto de las tradicionales festividades decembrinas, el mes de enero arrancó sin fútbol argentino. Un mercado de pases de escaso movimiento que cada vez genera menos expectativas, tal vez una repetición interesante de un viejo partido o alguna Liga europea que uno sigue de lejos para despuntar el vicio, enero es la siesta bucólica y aburrida de la que queremos despertar lo antes posible. En medio del receso, el 3 de enero del año que se inicia, Lanús cumplió cien años y lo festejó con 40.000 granates en el estadio, y con dos horas de transmisión en directo para todo el país por TyC Sports. Y a decir verdad, desde lo artístico resultó una fiesta extraordinaria, con una propuesta novedosa el club nacido en 1915 en Villa General Paz dio testimonio de su presente luminoso y fecundo, una realidad que ya a nadie puede sorprender. Con arte, pompa y pirotecnia, Lanús exhibió su presente sólido desde lo institucional y próspero en lo deportivo enarbolando las tres conquistas obtenidas en los últimos diecisiete años, dos internacionales, la Conmebol 96 y la Sudamericana 2013, con el Apertura 2007 en el medio. Varios de los futbolistas campeones de esas tres competencias recibieron la ovación de los hinchas desde el escenario mayor y tomaron la palabra para retribuirlo, entre ellos Huguito Morales, protagonista de un retorno de película, en la noche inolvidable del 98 que estuvo reflejada en las pantallas con aquel gol a San Lorenzo, uno de los instantes más emotivos de la historia del fútbol de nuestro país.

La otra nota sentida de la noche la puso la “Urraca” González, quien se mostró sinceramente orgulloso de haber superado su grave dolencia tanto como de ser de Lanús, y se llevó la mayor ovación de la fiesta. Estuvieron varios de los pibes de Ramón Cabrero, los campeones del 2007, siempre liderados por la dupla cordobesa Bossio-Graieb. Y estuvieron algunos, los que no estaban en el exterior, de los recientes campeones de la Copa Sudamericana 2013. En definitiva, Lanús celebró cien años de vida en el mejor momento de su historia, y todo el espectáculo estuvo dirigido a dejarlo bien en claro. En tiempos de la comunicación globalizada y la informática, en el reinado del contenido audiovisual, Lanús celebró con buena música, un imponente espectáculo de arte moderno repleto de simbologías, y con la presencia de algunas grandes figuras mediáticas, como Oscar Ruggeri; el Negro Héctor Enrique, quien científicamente es el más consagrado de los valores surgidos en el club, los famosos mellizos Barros Schelloto y el gran Ramón Cabrero, quien en el momento central del acto y de la transmisión televisiva recibió de parte de Guillermo un tan merecido como infrecuente reconocimiento público por su trabajo

La parcialidad granate dijo presente, sólo faltó la historia
Pero Lanús tiene un pasado: cumplió cien años de alternativas extraordinarias, totalmente ajenas a la historia de los demás clubes. Nació a los apurones, y enseguida se largó a la competencia con un rejunte de jugadores. Pronto forjó una localia temible que le permitió mantenerse en primea durante más de 30 años. El increíble descenso del 49, que peleó con Tigre, Boca y Huracán, fue su primer revés, cuando protagonizó la primera final por la permanencia de la historia del profesionalismo contra el Globo de Ducó. Fueron cuatro partidos en cancha neutral, jugados a estadio repleto, con ribetes fantásticos y con escenas de enorme dramatismo.  Y pronto llegó su primer gran equipo, los Globetrotters, considerado por los expertos contemporáneos como uno de los más espectaculares que se han visto por estos pagos. También dejaron su impronta distinguida Los Albañiles. Y hasta cuando se vino la noche, en el tiempo de los ascensos y los descensos, Lanús fue pelota al pie y fútbol ofensivo. Así volvió en el 50, en el 64, en el 71 y en el 76. Y ni hablar los pibes del “Viejo” Guerra, todos de la cantera, que pusieron el cuerpo para empezar de cero y lograr en el 81 el retorno de la “C”.


Y si Lanús es grande lo es por su cúpula dirigencial, los que mandan, y también los que colaboran en un segundo plano, en los diferentes departamentos y actividades que se llevan a cabo, esos cientos de socios casi anónimos que mantienen en funcionamiento a la institución. Los de ahora, los de los tiempos viejos, y los que se hicieron cargo en los años más duros, verdaderos héroes que pusieron su patrimonio algunos, y su dedicación completa otros, con el urgente objetivo de frenar la caída, y en lo posible, honrar las deudas. Son los hombres que lideraron Néstor Díaz Pérez y Carlos González, los que salvaron al club de la desaparición. Muchos de ellos siguen ligados y colaborando, siempre listos para darle algo más al que ya todo le dieron. También lo hicieron grande los presidentes Carlos Seguer, Pichi Solito, Emilio Chebel y Nicolás Russo,  tanto como los que ya no están, como Carlos Pointis, Silvio Peri, Juan Bautista Besse, Guillermo Gaebeler,  Antonio Rotili, José N. Volante, Lorenzo D’angelo y tantos más. A la hora del Centenario, ni se los mencionó.
    
Sólo algunas de las glorias del pasado se hicieron presentes. Pero para todos ellos fue un chin-chin y un gracias por venir, nadie se enteró de su asistencia. Fue una pena que no se haya podido lograr la presencia de Benito Cejas, actualmente radicado en Córdoba, Tito Álvarez Vega, que vive en Mar del Plata y el Tanque Rojas, que siempre anda por acá. Hubiese sido hermoso ver a los sobrevivientes de Los Globetrotters recibir su merecida ovación 59 años después de su hora fatídica, la de la caída ante River en el 56 que cambió sus vidas, y los hizo depositarios durante años de un rencor que la hinchada granate hoy ya no siente. Por el contrario, tanto como la de Los Albañiles, la leyenda de Los Globetrotters y su fútbol sin igual, pese a esa frustración final, ya forma parte de la historia del fútbol argentino.

Entre los invitados estuvieron algunos de los Albañiles, entre ellos el legendario Quico De Mario, aunque la gente no se enteró de su presencia. También estuvo José Felipe Perassi, el futbolista que más veces vistió la camiseta granate después de Maxi Velázquez. Hubo varios campeones del ascenso, entre ellos José Luis Lodico, un verdadero símbolo del Lanús de los años duros, campeón 71, 76 y 81, y también Nenito Baille, Juan Crespín, el Plumero Gómez y algunos pocos muchachos más, los más cercanos, cuya presencia fue ignorada por el público asistente y, por consiguiente, también por la TV. Figuras destacadas como Guidi, Daponte, Nazionale, Manolo Silva, Bernardo Acosta, los mencionados Héctor Enrique, Pino Lodico y Gilmar Villagrán, como la mayoría de las figuras del definitivo ascenso del 91/92, no pudieron disfrutar ni de un breve audiovisual que recuerde su brillante paso por el club. Seguramente hubiere sido seguido con más atención por parte de la multitud que alguno de los tres grupos musicales que animaron la noche.

No dudo  del impacto de la fiesta. Si mostrar el presente era la consigna, se lo ha hecho de la mejor manera. Simplemente me pregunto por qué motivo no hubo lugar para rescatar del olvido las hermosas páginas que componen la extraordinaria y cambiante vida de Lanús, una existencia repleta de injusticias, perjuicios, derrotas y sinsabores, tanto como de horas de gloria, con grandes equipos, futbolistas y dirigentes, que al articularse con el presente conforman la historia más singular de nuestro fútbol, la del Club Atlético Lanús, que increíblemente, no formó parte de la fiesta de su propio Centenario.

Marcelo Calvente

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Un milagro centenario



Hacia mediados de siglo XIX, en las enormes estancias del Riachuelo hacia el sur, gringos y criollos explotaban la cría, los saladeros, el tambo, la lana y el cuero. Pronto aparecieron las casas de descanso, y a partir de 1871 se agregó buena parte de la estampida de porteños que desató la fiebre amarilla. Suele pensarse al ferrocarril como el generador del desarrollo de la zona, pero no fue así, nunca es así. La economía local lo preexistía, aunque la llegada masiva de familias distinguidas  le dio un nuevo sentido comercial al emprendimiento. Los alrededores de las paradas del tren fueron los terrenos más buscados por los pioneros que lotearon las primeras villas, las que pronto tendrán mayor evolución. De a poco los ricos se fueron llevando sus vacas y ovejas más al sur, y sus enormes pastoreos fueron vendidos por partes para el loteo de nuevas villas. Guillermo Gaebeler llegó en 1888, y en cómodas cuotas loteó 44 manzanas delimitadas por Basalvibaso, Arias, Eva Perón y Madariaga, según sus actuales nombres. 27 años después, cuando todavía estaba a medio poblar y se luchaba a brazo partido contra las inundaciones, en el corazón de Villa General Paz, el 3 de enero de 1915, nació el Club Atlético Lanús en referencia a la pequeña parada del tren que llevaba el apellido del francés dueño de la estancia preexistente, quien había donado enormes terrenos al ferrocarril. No fue una veintena de jóvenes de clase media y baja como los que fundaron a los demás clubes con la única ambición de practicar fútbol y competir en las ligas oficiales e independientes que surgían con el boom del nuevo deporte; a Lanús lo crearon los vecinos distinguidos de aquella naciente Villa General Paz, y solo un par de ellos jugaban al fútbol.

Al principio nada fue sencillo. El 11 de abril de 1915, la flamante entidad de tres meses de vida -ocupando la plaza dejada por su vecino en caída libre, el Lanús United- con un rejunte de jugadores para la ocasión, debuta en la división Intermedia de la Asociación Argentina de Football en la Isla Maciel y su primer equipo es derrotado por el local, el desaparecido club Buenos Aires Isla Maciel por 3 a 1. En 1916 perdió la categoría en el terreno de juego, pero la Asociación lo mantuvo en Intermedia argumentando que su cancha era una de las mejores, ocultando que se debió además a las aceitadas relaciones políticas de algunos de los socios fundadores más caracterizados. Durante los primeros años siguió actuando en la principal categoría de ascenso con muchas dificultades, tanto en lo deportivo como en la faz institucional. Los jóvenes pitucos que aún no se desvelaban por el fútbol se inclinaron con fervor por el escolazo, y el club se fue convirtiendo en un bullicioso garito donde se jugaba hasta la madrugada. En 1919 se empieza a formar el que sería su primer gran equipo, con la llegada de refuerzos de categoría como Miguel Ainzuain y Adolfo Sacarello, ambos de Independiente, además del insider Pedro Raggi, de Rosario Puerto Belgrano. Al finalizar el torneo, el equipo granate culmina segundo a siete puntos de Banfield, pero accede a la primera división a causa de una crisis organizativa desatada por un grupo de  clubes en conflicto, entre ellos varios grandes, los que crearon una nueva entidad rectora, la Asociación Amateurs de Football. Consumada esa ruptura, los seis mejores equipos de la tabla final de Intermedia, entre ellos Lanús, ascendieron por decreto con el fin lograr un número razonable de competidores en la máxima categoría de una muy debilitada Asociación Argentina de Football. 

La Fortaleza en 1932, se ven las calles Arias y Madariaga
En las décadas que siguieron, el pueblo de Lanús se fue convirtiendo en el sueño de una casa propia y un empleo digno para cientos de familias de trabajadores llegados de todo el país. Aún existían enormes baldíos donde los pibes corrían sin descanso detrás de la pelota. El más grande de todos pertenecía al ferrocarril, se encontraba al lado Este de las vías del tren, y se extendía en la gran curva de la vía férrea que une las estaciones de Lanús y de Remedios de Escalada, un cuarto de círculo que cerraba con la intersección de las calles Arias -límite Sur de la Villa General Paz que trazó Gaebeler- y la calle Fray Mamerto Esquiú, el límite con el barrio de Escalada Este. En ese vértice, Lanús obtendrá la cesión de un terreno de 50.000 metros cuadrados donde inaugurará en 1929 su nueva y definitiva cancha, en la que se presentó como uno de los dieciocho clubes fundadores del profesionalismo, y en la que protagonizó consagratorias actuaciones  y obtuvo enormes victorias. La pequeña industria y el comercio se fueron asentando en el territorio y de a poco las antiguas villas distantes entre sí, pioneras independientes de la zona, como Villa Sarmiento, Villa Obrera y Escalada Este, fueron un solo pueblo y con una sola identidad: el color granate, el del club de cuna aristocrática que el destino irá tornando cada vez más popular.

En estos cien años de vida, como casi todos los clubes condenados de antemano al segundo plano, debió luchar contra el poder y las injusticias que imponía la Asociación, dirigida por los grandes, y lo hizo siempre con armas dignas, con equipos conformados por muchos de los pibes de esos barrios, que dejaron para el recuerdo de propios y extraños grandes formaciones, todas con un sello inalterable: el juego de ataque. Desde entonces, y hasta entrados los años 90, recorrerá un duro camino en el que los sinsabores dominaron la escena. Hasta el retorno a primera de la mano de Miguel Russo, el hincha granate convivió con el sufrimiento: Descenso con increíble injusticia en el 49, la gran ilusión de los años 50 que naufragó en el 56,  la bronca y la desconfianza de sus hinchas por aquella inexplicable derrota en Arias y Guidi ante River cerca del final del torneo, y la curva descendente que lo llevó de nuevo a la “B” en el 61. Las dificultades para volver, la milagrosa y fortuita conformación de una delantera para el recuerdo, con Silva, Acosta y De Mario como solistas, el retorno de 1964, las memorables jornadas en las que Manolo Silva se inspiraba y Acosta convertía, y el abismo que vino después, en los oscuros años 70, que concluyó con las tres temporadas en la “C” hasta lograr la vuelta a primera en el 81 con un poderoso equipo conformado por los pibes de la cantera, jugando un fútbol acorde con la historia del club.
 
Una rica historia en la que subyacen las leyendas granates más hermosas: La de los hermanos Volante; la gran campaña del año 27; el fútbol de Daponte, Guidi y Nazionale; el recuerdo de Los Albañiles, los pibes del viejo Guerra; la historia de José Luis Lodico; la consolidación en primera con Miguel Russo; el equipo de Cuper Campeón de la Conmebol; el inolvidable retorno de Huguito Morales, la vuelta olímpica en la Bombonera con los pibes de Ramón y la enorme conquista internacional  de la Sudamericana 2013, son la postales más bellas que Lanús, como muy pocos clubes argentinos nacidos para ser chicos, atesora en desván de sus recuerdos: una historia gloriosa y singular que es indispensable analizar y difundir, y que dado el extraordinario presente deportivo, institucional y financiero, augura un futuro aún mejor, y justifica holgadamente la fiesta que la ciudad pasional y futbolera se dispone a celebrar por estas horas.

Marcelo Calvente
  

viernes, 19 de diciembre de 2014

Desvelado por un sueño



Hace apenas un año atrás, convaleciente de una operación, con las retinas desbordadas por las imágenes de la final de la Sudamericana, fui un observador distante de algo que casi siempre me tiene en cuerpo presente. Tuve la suerte de haber asistido a casi todos los partidos definitorios de la historia moderna del club Lanús. Estuve en los ascensos, estuve en los descensos, estuve en las frustraciones, estuve en la Bombonera en 2007. Como la primera conquista, aquella Copa Conmebol 96, la Sudamericana 2013 la tuve que ver desde el líving, a siete cuadras de la Fortaleza, la transmisión fue conmovedora La primera vez que sentí orgullo mediático por Lanús fue cuando ganó la Conmebol en Colombia, y la televisión que hasta allí le había dado la espalda lo transmitió en directo, con himnos y todo, con la Urraca izando la bandera granate, todo un símbolo. Pasaron diecinueve años, y ahora somos más grandes.

Mellizos preocupados a la hora de armar un nuevo equipo
La obtención de la Sudamericana fue otra cosa. En la previa, las autoridades continentales loaban al gran presente de Lanús. La victoria estaba cantada. El marco fue inolvidable tanto como los festejos, y sobre todo, logrado con un gran rendimiento futbolístico del equipo, que al término incluso auspiciaba más. Mucho más. Pronto empezó a jugar la Libertadores como gran candidato, y su marcha, sin ser deslumbrante, resultó sólida y efectiva. Fue cuando empecé a pensar en este partido que está por jugarse en Marruecos, y tuve la certeza que de no mediar ese zapatazo diabólico del uruguayo William Ferreira del Bolívar, en un par de días Lanús enfrentaría al Real Madrid, el mejor equipo del mundo. No veo cómo en la revancha, aún en la altura, el Bolívar hubiere convertido si Lanús jugaba con la ventaja que se escapó con aquel remate funesto e infernal en tiempo de descuento. No veo cómo San Lorenzo hubiere luego superado a Lanús, el mejor Lanús de los últimos tiempos sino de todos, si hace más de seis años que no le gana ni de local ni de visitante. Ni hablar del humilde Nacional de Paraguay, no había equivalencias en el poderío de uno y otro. Lanús hubiese ganado indefectiblemente la Libertadores si no fuera por esa pelota maligna que heló la sangre de los granates presentes, aquella noche del 8 de mayo de 2014, cuando ese misil del averno que salió de los pies del satánico volante uruguayo, vade retro, se clavó en el ángulo de Marchesín.

En un par de días Lanús estaría jugando con el Real Madrid por mérito propio, porque en los dos años que pasaron desde la llegada de Guillermo hasta mitad de 2014 fue el mejor equipo de América. Hace un año atrás, no tenía dudas que así iba a ser. No habrá una Libertadores más fácil de ganar, ni más servida. ¡Las veces que imaginé estar ante este partido! Era el escalón que faltaba para subirse a la plataforma deportiva de Vélez y Estudiantes, digo deportiva y de proyección internacional, porque desde lo institucional ya miran desde abajo desde hace bastante. Lanús se habría convertido en una especie de Príncipe de Copas, con tres galardones continentales estampados en su camiseta. Pero no. Maldito zapatazo…

Sin embargo, nadie lo dudaría, ese momento pasó, y pasó también el semestre bonus track que ofrecía un montón de títulos para servirse a gusto, y que Lanús fue dejando pasar uno tras otro. Nadie lo duda, el equipo ya no es el mismo. Aquel tenía una de las mejores defensas del continente, pero se fueron Goltz e Izquierdoz y nada volvió a ser igual. Y eso que ahora está Romero, uno de los máximos goleadores patrios, travestido además en gran pasador. Aquel equipo se armaba de atrás para adelante, tratando de quitar el balón en el terreno rival. En ofensiva tenía dos titulares, Silva y Acosta, pero no tenía al tercero. A veces Pereyra Díaz, a veces Ismael Blanco, en otras Melano, al final Junior Benítez. Y eso que éste Laucha es una versión muy mejorada de aquel de un semestre atrás perseguido por los desgarros. Me da la sensación que a este Lanús le sobró Silva, que hace mucho que no es el mismo, y al medio campo le faltó otro volante. Es una sensación que tengo. Ya que vamos a ser largos, al menos equilibremos…

Yo no discuto con quienes piensan que no se debería haber vendido a los dos centrales juntos. Soy conciente que eso no era posible. Me afilio a los que sostienen que el entrenador dispuso de todo lo necesario para conseguir los refuerzos acordes, además de casi la mitad de lo mucho recaudado por ambos defensores para abonar por ellos. Guillermo se decidió por el conocido Braghieri, ahora desconocido, y por el joven central paraguayo de la Selección, Gustavo Gómez, de apenas veinte años.

Gustavo Gómez cierra los ojos ante el Masche japonés
No quiero volver a hablar de Gustavo Gómez, me canso a mi mismo. Pero el receso me devuelve esas imágenes que no me dejan dormir. A veces, en medio de la noche, me despierto sobresaltado porque Gómez, en vez de presionar, se aleja de su marca de manera imprevisible. A veces trato de recobrar el sueño pensando en las Nereidas de Lola Mora, y de la fuente, entre los corceles, surge heroica la figura del guaraní chapoteando y rechazando para adentro, al punto del penal. Pienso en el Circo Thiany, y me aparece haciendo cabriolas al lado de Marchesín, que lo mira sorprendido, mientras los cuchillos de un mago imaginario se clavan en sus ángulos, y Agustín grita desesperado “¡No dejen patear, no dejen patear!”. Y entonces el desfile de caras extrañas. Araujo contrariado, tratando de entender donde pararse, Velázquez extraviado, incluso perdiendo la calma. Somoza, Ayala, Ortiz y el Pulpito alternando buenas y malas en la soledad de sus respectivas estancias. Y allá arriba, Lautaro, Romero, y Silva, sin cadena, haciéndose visera con la mano y buscando pelotazos que pasan de largo. No hay caso, al final de cuentas, cuando hablo de Lanús, siempre, tengo que hablar de Gómez. Incluso no descarto una mejora, tiene condiciones naturales. Pero me pregunto cómo fue que a seis meses de su llegada no pudieron corregido, e incluso si acaso lo han intentado.

Todo indica que va a haber más bajas. Marchesín y el Pulpito inauguraron la lista de los que se van, a la que, dicen, puede agregarse Romero, Ayala, Somoza e incluso los dos laterales, Araujo y Maxi, que no serían muy tenidos en cuenta que digamos por el entrenador. Dicen, y hablan de los que antes de Gómez eran los mejores laterales de Sudamérica. Y ahí es cuando pienso que de no mediar ese zapatazo a lo Lucifer del hombre del Bolívar, en algunas horas más estaríamos jugando con el Real Madrid en Marruecos. Pero resulta que en lugar de Lanús está San Lorenzo. Es tarde, me pesan los párpados, pero no quiero dormirme. Últimamente se me aparece el Mellizo trayendo refuerzos y me despierto sobresaltado. Y entonces sí, decididamente no puedo volver a pegar un ojo.  

Marcelo Calvente