Ads 468x60px

.
.

Featured Posts

martes, 17 de mayo de 2016

Pensando en el futuro



Sin jugar en el nivel que lo venía haciendo, ya clasificado a la final, Lanús empató en un tanto con Argentinos en La Paternal por la anteúltima jornada, y con esa igualdad culminó la seguidilla de siete triunfos consecutivos s entre la 8ª y la 14ª fecha del torneo de Transición 2016, una marca inusual en un fútbol tan competitivo como el nuestro, lograda con un armado futbolístico conducido por una nueva comisión unitaria presidida por Nicolás Russo, con Jorge Almirón al frente del plantel.

Almirón había fracasado en Independiente a fines de mayo de 2015 y desde entonces nunca fue mencionado como posible reemplazante de los varios entrenadores que fueron despedidos durante ese tiempo, ni se escuchó hablar de él. Llegó en silencio, firmó un contrato austero, convencido de que Lanús era el club ideal donde poner en práctica su idea de juego. Con más promesas que dinero, el Grana incorporó a José Luis Gómez, Marcone, Mouche, Colotto, Pelletieri y Sand, y crease o no, logró armar el mejor equipo del fútbol argentino de hoy. No lo digo yo, lo dicen los números: la valla menos vencida, recibió apenas 7; el equipo más anotador (27); el jugador más desequilibrante: el Laucha Acosta, y el goleador del torneo, el Pepe Sand y su cinematográfico retorno, 14 conquistas en 15 partidos, su carrera deportiva pide a gritos una true history, otra página gloriosa de las tantas que habitan en las entrañas del club Lanús con sus novelescos ciento un años de vida, la historia de amor entre un goleador y el club que necesita para ser feliz, que está a punto de culminar de la mejor manera.

Curiosa es la trama. El Pepe ésta vez sí que volvió por amor a la camiseta, con menos exigencias, conciente de la situación económica del club donde había logrado su techo en 2007, donde fue ídolo y figura del Lanús campeón del Apertura de ese año, siendo además goleador absoluto de los torneos Clausura 2008 y Apertura 2009. Había llegado en junio de 2007 a los 27 años luego de un recorrido irregular por varios clubes, y se fue  dos años después por una millonada para Emiratos Árabes. Las vueltas de la vida: después de otro largo y variado periplo de nulo brillo deportivo que duró seis años, cuando parecía que su carrera se terminaba, un buen paso por Aldosivi lo puso en la vidriera. Por esas cosas del destino, lo trajo el mismo dirigente que, ante cada posible retorno que se frustró a causa de las exigencias desmedidas del representante del futbolista, tuvo que pagar el costo político por no ceder. Ni vencedores ni vencidos, al final el Pepe volvió, rindió mucho mejor de lo esperado, y todos felices.

Lanús había ganado sus tres primeros compromisos con poco fútbol pero con mucho sacrificio, y con lo que el Laucha y el Pepe pudieron lograr en el área de enfrente. Según Jorge Almirón: “El peor partido nuestro fue en cancha de Témperley, por la tercera fecha. Esa tarde, cuando todavía estábamos empatados en cero, Monetti resbaló con la pelota y pudo ser gol. Si perdíamos por esa jugada la gente se iba a impacientar, y con menos respaldo, salir jugando nos iba a costar mucho más, sobre todo de local”. Ante Atlético Tucumán su equipo mejoró bastante y ganó con justicia. Y en San Juan, con un parcial de igualdad en dos, Aguirre se fue expulsado a 23 minutos del final, y el empate parcial pasó a ser un buen resultado. En la sexta fecha, ante Newell’s y en La Fortaleza, apareció el funcionamiento que el equipo estaba buscando: sin tirar pelotazos frontales, intentando siempre salir jugando la pelota al pie, proyectando a los laterales para imponer superioridad en el medio, y tratando de armar los ataques con paciencia, intentando de generar el hueco para llegar con pelota dominada al área rival. Fácil de explicar, pero difícil, muy difícil de implementar de manera exitosa en un fútbol tan urgente de resultados como el argentino. Para jugar así hay que tener un público sabio y comprensivo como un monje oriental, cuya paciencia infinita le permita saber esperar, o como le sucedió a Lanús, que directamente arrancó ganando con o sin los méritos suficientes mientras buscaba imponer la idea del entrenador, diametralmente opuesta a la de su antecesor. La enorme victoria sobre Newell’s encendió la esperanza granate.  

Sin embargo siete días después, el equipo de Almirón, aunque volvió a jugar bien,  sufrió su única derrota en el torneo en Avellaneda ante Racing y a causa de dos errores defensivos. La senda decisiva la tomó a partir de la 8ª fecha, y desde entonces hasta el empate de ayer en La Paternal, ganó todo lo que jugó. Arrancó derrotando claramente a Boca, un partido de enorme repercusión, y luego a Unión, Banfield, Rafaela, otra vez Banfield, Tigre y Aldosivi, una brochette de siete victorias al hilo que lo consagró finalista con dos fechas por jugarse, mientras Godoy Cruz y San Lorenzo deberán luchar hasta la jornada de cierre para obtener el derecho a enfrentar a Lanús.

La inédita circunstancia de haber clasificado a la final de manera anticipada fue el principal escollo -pero no el único- que el Grana debió afrontar en La Paternal. Por un lado el campo de juego, además de ser muy chico, estaba en muy mal estado, como la gran mayoría de los terrenos argentinos, lo que dificultó notablemente el traslado del balón de un Lanús con muchos suplentes. Argentinos se jugaba la permanencia, en el minuto 3’ del complemento  recibió el gol de Velázquez, y de acuerdo al resto de los resultados que se daban en otros escenarios, estaba perdiendo la categoría. La desazón de sus hinchas ante el drama del descenso, un sentimiento que los viejos granates conocen muy bien, se trasladó al terreno, y gracias al permisivo Beligoy, los futbolistas locales recurrieron a un excesivo juego brusco que pudo ocasionar alguna lesión de gravedad. En ese contexto irregular, Colotto perdió increíblemente a Carlos Bueno en el área chica y el Bicho alcanzó el empate, que dadas las circunstancias, fue un buen resultado para ambos equipos.     

La increíble campaña pone al club Lanús frente a dos nuevos y ambiciosos objetivos, dos circunstancias que al comienzo del ciclo ni el hincha más optimista podía imaginar: en primer término, ganar la final y abrochar la esquiva cuarta estrella. Si todo transcurre sin sorpresas, Lanús debe ser el campeón, simplemente porque es el que mejor juega. Es necesario cerrar el semestre con el más que merecido título de campeón y terminar con la larga lista de finales perdidas. Las victorias deportivas, siempre, alimentan el fervor del hincha y el respaldo del socio. El segundo objetivo es el más importante, y a la vez el más difícil de conseguir: en lo posible sin desarmar el equipo y tratando de acertar en la elección de los reemplazantes, concretar un par de ventas relevantes y recaudar el dinero necesario para volver a poner al club en la ruta de la solvencia económica y la previsibilidad financiera. Si lo logra, volverá a instalarse en más alto nivel continental y será un gran candidato a obtener la Copa Sudamericana 2016 que se disputará durante el segundo semestre. Un objetivo nada sencillo, pero tampoco descabellado.

Marcelo Calvente



martes, 26 de abril de 2016

El tren de la ilusión



El fútbol, todos lo sabemos, es una caja de sorpresas. Y lo es a punto tal que Messi marcó su gol número 500, cifra hoy por hoy nada frecuente, y en esa misma noche el Barcelona perdió su tercer partido consecutivo por la Liga Española, cosa que tampoco suele ocurrir muy a menudo. Sabemos que con el pitazo inicial comienza una impredecible historia de 90 minutos donde todo puede suceder, una continuidad de circunstancias deportivas supervisadas por un reglamento inflexible en lo disciplinario aunque demasiado laxo en lo espiritual, cuya interpretación está cargo de un hombre vestido de árbitro que suele tender a los fallos compensatorios, siempre y cuando no se le de por el afano liso y llano. Un árbitro cuyas sanciones, sean correctas o equivocadas, suelen condicionar enormemente el curso normal de los partidos. Con esta lente, resulta interesante analizar la gran victoria Granate sobre Banfield por 2 a 0.  

Sabíamos de antemano el muy distinto presente futbolístico de cada equipo: el Grana marcha puntero absoluto, mientras el Taladro viene a los tumbos, golpeado por la dura derrota que hace apenas 15 días su clásico rival le propinó en Peña y Arenales. Sin embargo, y como suele ocurrir, al comenzar a rodar la pelota las cosas fueron muy parejas. Banfield salió a meter presión en campo rival, y logró dificultar el juego atildado de Lanús. La pelota se disputaba lejos de los arcos, en la zona de gestación, y cuando el local lograba hilvanar algo en ofensiva, la visita recuperaba y respondía con intenciones de armar la contra. En dos oportunidades, a los 15’ a y a los 17’, Marcone tuvo que cometer infracción para evitar dos réplicas peligrosas, y de manera tempranera dejó a su equipo con diez. Dicen los analistas de repeticiones de TV que en la segunda oportunidad no llegó a tocar a su rival. El árbitro marcó la falta que todos vimos, mostró la segunda amarilla y a llorar a la Iglesia. Con mucho por jugar, Jorge Almirón pierde a su jugador clave en lo que respecta al equilibrio. A barajar y dar de nuevo.

En inferioridad numérica, con Román Martínez ocupando el centro del campo y con Mouche volanteando por derecha, Lanús decidió esperar lo que pudiera construir el rival, y lo hizo en campo propio, con dos líneas de cuatro y el Pepe suelto arriba para tratar de capturar un balón y descargar para la llegada en velocidad de Acosta, Almirón y José Luís Gómez, virtual cuarto atacante del equipo de Almirón. Temerosos del poder de respuesta del local, a los jóvenes futbolistas visitantes le empezó a quemar la pelota. Advertido de la situación, Lanús le fue tomando la mano al partido, y a los 40’, el penal que le cometen a José Luis Gómez -¿fue adentro o afuera?- puso frente a frente a dos especialistas en la materia: el Pepe Sand para ejecutarlos, Hilario Navarro para atajarlos. Y como no pintaba ser una noche fácil para los Granates, Hilario se adelantó dos metros -a la vista del árbitro asistente ubicado sobre la línea de fondo para controlar que esa infracción no se cometa- y rechazó el remate poco eficiente del correntino. Reclamos, solamente los lunes por la mañana. Final del primer tiempo con empate en cero y a volver a barajar.

El paraguayo Ayala se tuvo fe y abrió el marcador
Si la presencia de Mouche es difícil de justificar cuando Lanús juega con once, con diez ya deja de tener sentido. Su lugar lo ocupó Ayala, que había entrado unos minutos ante Rafaela para mostrarle al entrenador que comprendía su idea. Entonces el esquema volvió a cambiar: Ayala se paró de “cinco” pegadito a la línea de cuatro para hacer la tarea de Marcone, y los tres volantes restantes -Acosta, Martínez y Almirón- dieron un paso adelante, y contaron con las proyecciones de José Luís Gómez y Maxi Velázquez. Así Lanús volvió a dominar y a sacar ventaja por las bandas, y Banfield apeló al retroceso absoluto como nunca en el partido. En eso estaba cuando Erviti fue expulsado por una mano que cuesta juzgar como intencional, pero que el propio jugador convalidó con sus ganas de dejar la cancha. En la reanudación de las acciones, toque de Maxi para un Ayala demasiado libre que no dudó y clavó un remate inatajable desde 30 metros. Iban 14 minutos, Erviti aún no había llegado a su vestuario, cuando el piso se le movió por el estallido de 30.000 gargantas. Todo estaba a pedir del Grana.

Pero en el fútbol no siempre ocurre lo que debería suceder. A la visita, ya sin empate que defender y con 30 minutos por jugar, no le quedaba otra que quemar las naves en busca del empate. Y como Lanús no pudo aumentar y tampoco defendió correctamente, en dos o tres oportunidades la valla de Monetti peligró, y aunque el arquero respondió con eficacia, una vez más su público tuvo que sufrir hasta el final. Cuando ya se celebraba, la alarma la encendió Junior Benítez, reemplazante del Pepe Sand, que a los 93’ cometió una falta de esas que no se debe cometer, el Taladro dispuso de una última pelota parada en tres cuartos, cerca de la raya de cal, y fueron a buscarla todos menos Hilario Navarro, que nada pudo hacer cuando después de dos cabezazos defensivos y de una inteligente salida de Velázquez para una corrida fulminante de Miguel Almirón, que cara a cara con el arquero definió de emboquillada y transformó la tensión del momento en delirio absoluto.

Los cinco puntos que sacó de ventaja sugieren que no hay manera de que Lanús, en lo que ya es la mejor campaña de su historia, no sea el finalista de la Zona B. De ser así, el título se definirá en 90 minutos, en terreno neutral y a todo o nada, una definición poco frecuente. Resta conocer el rival y el nombre del árbitro que tendrá a su cargo el partido, y ninguna de las dos es una cuestión menor. Pero es tanto el poderío exhibido por el equipo, es tan variado su juego y luce tan eficiente su entrenador, que después de las cinco frustraciones al hilo que siguieron a la conquista de la Sudamericana 2013, el pueblo Granate se subió al tren de la ilusión, en el que ya no hay lugar para viejos fantasmas, y de donde no piensa bajarse sin la cuarta estrella.

Marcelo Calvente

martes, 19 de abril de 2016

Uno de esos triunfos



Seamos sinceros; lo lógico era esperar una victoria abultada de Lanús sobre Atlético Rafaela, y que Estudiantes no gane en San Juan, en el difícil reducto donde el Granate dejó dos de los cinco puntos que perdió en este torneo. Estaba cantado, pero no fue así. El fútbol argentino cambia, los clubes se reciclan, algunos crecen, otros retroceden pero durante las últimas dos décadas una premisa se mantiene inalterable: cualquiera le gana a cualquiera. Siempre. Y así como el Pincha le ganó sin discusión a un tibio equipo sanjuanino, Atlético de Rafaela estuvo muy cerca de no perder en La Fortaleza, e incluso pudo haberse llevado los tres puntos. Y si un equipo que en diez partidos solo había ganado una vez y tan solo en dos oportunidades había logrado empatar, un equipo que había convertido nada más que ocho goles y recibido 23, estuvo a 23 minutos de ganarle y a cuatro -los cuatro que el árbitro otorgó de descuento- de empatarle a Lanús, significa que el Granate no fue el mismo. Que algo falló.

El Pepe volvió a marcar, y lleva 12 goles en 11 partidos
En primer término falló la capacidad de definición que lo había caracterizado. Las dificultades que exhibió en ese aspecto ante Rafaela tienen que ver en gran parte porque el as de espadas, el Laucha Acosta, no fue tan determinante en los últimos metros como suele ser. Y en parte porque Miguel Almirón, jugador fundamental para que Lanús sea desequilibrante en velocidad, siga debiendo la materia en cuestión, la que el Pepe Sand sabe de memoria: la definición. Sand, que también falló todo lo que dispuso en la etapa inicial, tuvo frialdad y la espalda necesaria como para asumir ese penal en el minuto 90, y no le tembló el pulso para clavar un fierrazo inatajable al ángulo superior derecho del arquero. En 11 partidos convirtió 12 goles. Más que un milagro, lo del Pepe es la reencarnación de Arsenio Erico…

Durante la etapa inicial, Lanús dispuso de no menos de cinco situaciones claras que fue desperdiciando una a otra, sumadas a algunas decisiones arbitrales que lo perjudicaron, entre ellas la anulación de un claro penal a favor que Herrera había sancionado correctamente, y que a expensas de uno de los líneas -que marcó un off-side que no existió- cambió por tiro indirecto para la visita. Hasta los 42 minutos, la única preocupación de Rafaela era mantener el cero en su valla, y para eso corría y se prodigaba tratando de presionar sobre la salida. Pero llegó ese rebote fortuito que Graciani capturó cara a cara con Monetti y marcó el inesperado gol. Al volver de los vestuarios, la consigna lógica de Rafaela fue aferrarse de cualquier modo a ese milagroso resultado. La mala campaña del equipo santafesino le había costado el puesto a un entrenador muy querido como Jorge Burruchaga, al que habían acudido en diciembre último para salvar a la Crema del descenso, y en 9 partidos había logrado apenas un triunfo y un empate. Su reemplazante, Juan Manuel Llop, venía de debutar con derrota dura en la Boca y posterior empate de local ante Unión. Sería injusto criticar su esquema, y las artimañas a las que recurrió para intentar la hazaña que finalmente se le escurrió de las manos.

Falló también el triángulo defensivo que Jorge Almirón debió improvisar, sin Braghieri y sin Marcone, cambiando de perfil a Gustavo Gómez, que pasó a la izquierda de la zaga, para que debute Colotto como primer marcador central, y Agustín Pelletieri como “cinco”, tratando de cumplir el relevante rol de Marcone. El Pulpo lo hizo bien en el aspecto defensivo, aunque no le alcanzó para aportar lo que el ex Arsenal entrega en el armado ofensivo una vez que saca al equipo del fondo. Lo de Colotto fue mediocre, sobre todo por sus problemas con la pelota, y tampoco Gómez fue el mismo que venía siendo en su posición natural. Durante el primer tiempo, el trío dificultó el principio de las maniobras ofensivas. Así y todo el Grana generó varias situaciones que no pudo definir. En el segundo, Rafaela ya no presionó. Cedió terreno y pelota y se dedicó a correr y morder mientras tuvo piernas. Lanús lo terminó ganado porque no se desesperó. Por más que Rafaela no pasara nunca al ataque, el equipo de Almirón siguió fiel a su nuevo estilo: pasar el balón hasta encontrar el espacio para perforar, ejercer el dominio sin desesperar hasta que aparezca la oportunidad. Lo que no podemos decir es que durante ese dominio del complemento Lanús haya dispuesto de muchas chances de gol. Más bien poco y nada.

El técnico volvió a acertar con sus dos modificaciones. Castelani por Pelletieri y Junior por Mouche, ambos cambios casi cantados, aportaron más precisión en la entrega. Igual, el equipo no encontraba la manera de llegar al gol. A los veinte del complemento, de tanto correr para recuperarla mientras Lanús tocaba para conservarla, la visita empezó a dar signos de cansancio. Es entendible: tan cerca de la hazaña impensada y con tanto trajín a cuestas, los jugadores de Rafaela empezaron a nublarse y el público local así lo interpretó y redobló el aliento. A 1os 22 minutos, un centro al área, la cabeza de Gustavo Gómez y el toque sobre la línea de Román Martínez, otra vez gran figura, puso el empate que todavía era un buen resultado para la Crema y una pésima cosecha para Lanús, que entonado redobló el ataque y logró algo más de  profundidad, mientras la visita echaba el lastre y se aferraba al transcurrir del minutero. Lo pudo haber logrado, pero no hubiera sido justo. En el último envío aéreo del tiempo reglamentario, pelota al segundo palo, mano tontamente levantada por Nelson Benítez, cabezazo de Castelani que todos vimos dar en el brazo del ex Lanús aunque después se comprobaría que dio en la nuca. Herrera pitó el penal y pelito pa’ la vieja. En 85 años de profesionalismo, es mucho más lo que nos quitaron que lo que nos regalaron. Sépanlo, periodistas “equipograndedependientes” que tanto lamentaron ese penal: la AFA sigue estando en deuda.

La cuestión es que Estudiantes no afloja y volvió a sumar de a tres, mejorando notablemente respecto de sus últimas actuaciones. Viene por la quinta victoria consecutiva, y pese a los difíciles compromisos que debe afrontar, es la única amenaza que el Granate puede llegar a sufrir de aquí hasta el cierre para acceder al partido final. Algunos interpretan la ajustada victoria como una luz de alarma. En cambio otros están seguros que, como pintaba la cosa, el obtenido el domingo es uno de esos triunfos que al levantar la copa para celebrar un título, se recuerdan con frases por el estilo: “Si no le hubiéramos ganado con ese penal mal cobrado a Rafaela…”

Marcelo Calvente



jueves, 14 de abril de 2016

Lanús, con el sello de su historia



La verdad es que a esta altura decir que lo de Lanús es sorprendente, es quedarse demasiado corto. Hay que remitirse apenas unos meses atrás, al último verano, a las malas noticias que acompañaron el cambio de autoridades, cuando los socios se desayunaron que tras el último mandato de Alejandro Marón, en el que Lanús se desprendió de sus principales figuras y embolsó una suma que supera los treinta millones de dólares, el club no tenía el dinero necesario como para encarar el 2016 sin sobresaltos. La primera decisión de la nueva conducción fue la no continuidad del cuerpo técnico encabezado por Guillermo Barros Schelotto: “El club no puede ofrecerle ni la mitad de lo que está ganado hoy” dijo con claridad el presidente entrante, Nicolás Russo. Y por supuesto omitió decir que el plantel respetaba al cuerpo técnico pero la mayoría ya no lo quería. Algunos por lo despiadado de Valdecantos para trabajar, otros por el planteo táctico de los entrenadores. Más rápido que volando, Nicola presentó a Jorge Almirón, y destacó sus virtudes, no sin dejar de señalar que además, resulta mucho más barato que su antecesor. Con nada para vender, con pocas incorporaciones para realizar, ni la celebrada vuelta del goleador amado, el Pepe Sand, alcanzaba para ser optimistas de cara al futuro. En el mundo Lanús, al comenzar la competencia, era el tiempo de celebrar la nostalgia por el tan postergado retorno, y no mucho más había demasiado entusiasmo por el posible equipo.

Cosa de Mandinga, a seis fechas del final del torneo, Lanús no sólo es el que más puntos logró; tampoco se discute que se trata del mejor equipo del fútbol argentino de hoy, que es lo mismo que decir uno de los mejores de América. Los periodistas de los medios nacionales lo afirman con resignación. Es que habían soñado un torneo peleado por los grandes, ahora que por fin volvieron a ser grandes, pero no, no pudo ser. Boca, River, Racing y San Lorenzo pierden con cualquiera mientras tratan de avanzar en la Copa. Independiente no juega ningún torneo internacional pero tampoco da pie con bola. El propio Central ya no parece ser el mismo, Godoy Cruz perdió de local el partido clave con San Lorenzo, que se acercó, y se perfila mejor para ganar la zona A, aunque también se prendió Arsenal, armado en principio para defender, de a poco empezó a sumar. Por el lado de Lanús, sólo la tenaz persecución de Estudiantes y Huracán, ambos avanzan aunque medio a los tumbos. En las dos fechas que se vienen, el Grana juega ambos de local, mientras el Pincha tiene dos visitas muy complicadas: ahora va San Juan, y en la siguiente enfrenta al Lobo en el bosque. Todo indica que puede extenderse la ventaja de tres puntos que Lanús le lleva, y del mismo modo puede alejarse aún más de Huracán -ya le sacó cinco- que también tiene dos visitas de las bravas: a Newell’s y a San Lorenzo.  

En los amistosos previos -y también en los tres primeros partidos oficiales, que Lanús ganó con lo justo y sin brillar-  el primer cambio que se advirtió fue la firme decisión de no tirar pelotazos. Aún en las circunstancias más apremiantes, los jugadores granates intentaban, con determinación y valor, buscar a un compañero, pero la empresa no era sencilla y el circuito no prosperaba tan fácilmente. Hasta ahí, lo mejor era el rendimiento de tres de los refuerzos: José Luis Gómez, Marcone, y el Pepe Sand, demostrando la vigencia de sus cualidades de hombre de área, le dieron el salto de calidad individual que el equipo necesitaba. Todo lo demás es decisión táctica, y es mérito del entrenador, que ordenó el cambio de planteo tan obvio como necesario, y de los futbolistas, que lo siguieron con esmero y convicción.

Lanús celebra otro gol del Pepe Sand en Banfield
Todo comenzó a principios del 2014, después del zapatazo maldito de Wilmar Cabrera. Fue el principio del fin de aquel gran equipo campeón de la Sudamericana 2013 de Guillermo, que se fue deshilachando con las partidas de Romero, Pizarro, el Pulpo González, Marchesín, Goltz e Izquierdoz. Guillermo no supo o no pudo suplantarlos: Lanus se fue quedando sin ideas, sin juego y sin equilibrio. Tan largo, que su única manera de llegar al área rival era el pelotazo frontal de los zagueros. Tan distante entre líneas, que su única manera de defender era retrocediendo sin presionar, a veces hasta pararse en la puerta del arco. Medio equipo para atacar, la otra mitad para defender, el famoso golpe por golpe que ya tanto habíamos padecido con Luis Zubeldía.

Jorge Almirón logró convencer a sus jugadores que podían volver a ser un equipo corto, y que para lograrlo era necesario asegurar el balón. Y por supuesto, cuando la tiene el rival, todos a presionar para recuperarla. Nada del otro mundo, y a la vez algo tan difícil de conseguir en este fútbol argentino tan competitivo. De la cuarta fecha en adelante Lanús comienza a superar a todos sus rivales a fuerza de confianza en la tenencia y vocación ofensiva, lanzando a los dos laterales al ataque e imponiendo superioridad en la zona de gestación, mientras Marcone retrocede y se mete entre los dos centrales como último hombre, tratando de plantarse lo más cerca posible de la línea media. Con los aportes destacados de Velázquez y José Luis Gómez, con el toque y la pausa del mejor Román Martínez, con el vértigo del paraguayo Almirón, el Laucha imparable y el Pepe en la definición, Lanús fue superando a todos sus rivales, incluso a Racing, que lo venció aprovechando dos yerros defensivos, y a San Martín de San Juan, con el que empató luego de quedarse con un hombre menos. De local, ganó todo lo que jugó. Con un record de ocho victorias, un empate y un solo revés en diez partidos disputados y con apenas seis por jugar más la final, líder de punta a punta, se trata de una campaña nunca vista para un equipo de los llamados chicos en la historia del profesionalismo.

El Grana se apresta a asumir sus dos próximos compromisos en su mejor momento, primero con Rafaela y luego otra vez con Banfield, ambos en La Fortaleza y a estadio lleno, mientras sus perseguidores deberán sumar de visitantes para no perderle pisada. En el fútbol, dicen, siempre hay sorpresas. Pero por lo visto hasta hoy, son pocos los equipos capaces de oponerle alguna resistencia y parece más que difícil que alguno de ellos pueda arrebatarle el primer puesto de su zona. Su hinchada, acostumbrada a ganar jugando bien al fútbol, no piensa todavía en festejos. Quiere seguir disfrutando de lo que está viendo. Lo quiere ver jugar hasta el final como, según le contaron, jugaban los Globetrotters y Los Albañiles, y como los tres campeones: el equipo de Cuper del 96, el de Ramón Cabrero 2007 y el de Guillermo 2013. Lo quiere ver jugar de galera y bastón como lo marca su historia, y con ese sello, lo quiere ver campeón una vez más.


Marcelo Calvente

miércoles, 9 de marzo de 2016

De galera...



Admito que salí de La Fortaleza muy ilusionado: Lanús venció claramente a Newell’s por 3 a 0, entregando una actuación colectiva para el recuerdo. En un fútbol argentino inusualmente parejo, donde cualquiera le gana a cualquiera, superar a un rival a fuerza de rigor físico, concentración, velocidad, astucia y audacia, como Lanús aplastó a Newell’s, sometiéndolo a un largo suplicio que finalizó con el pitazo del juez, no es cosa de todos los días. Lo dicen los rostros de los futbolistas visitantes, con la mirada perdida, exhaustos y avergonzados buscando la salida. Contrastan con los semblantes de los de Lanús, festivos y eufóricos, que no terminan de abrazarse, tal vez hasta sorprendidos de lo que ellos mismos acaban de realizar. El Grana dejó postales amenazadoras para aquellos equipos que se postulan para ganar el título: todos van entrando en la irregularidad, mientras Lanús se sostiene arriba, puntero e invicto, superándose a si mismo en cada presentación y anunciándose como un firme postulante que no estaba en los planes de nadie. Sus seguidores, los más firmes, los de siempre, sabemos que hace mucho tiempo que el primer equipo no entregaba una actuación así, y que este presente es el resultado del trabajo de Jorge Almirón, que cambió el método de juego, y de los jugadores, que aceptaron de buena gana, y que fueron perfeccionando el libreto partido tras partido.
                                                                                                     
Hasta la tercera fecha -victoria ajustada en cancha de Témperley- Lanús se pareció demasiado a su última versión, sobre todo en cuanto al posicionamiento de las tres líneas. Durante ese lapso, Almirón trabajó para conseguir el indispensable acortamiento que Guillermo perdió en 2014 y nunca recuperó. Muy pronto el nuevo técnico le encontró la vuelta en lo que respecta al adelantamiento de los volantes: Aguirre y Román Martínez presionan bien arriba y desde esa posición se suman al ataque con criterio y, toda una novedad en Lanús, también pasan los dos laterales al mismo tiempo. Otro cambio importante que hizo el entrenador también se notó desde el primer partido: en Lanús, está prohibido reventar la pelota. Curiosamente, esas fueron las palabras de José Nazionale al joven Ramos Delgado, el día de su debut, el 5 de mayo de 1956 en Arias y Guidi, frase que aún pervive en La Fortaleza como un legado.

Jorge Almirón, nuevo director técnico de Lanús
El equipo de Almirón nunca intentó llegar a posiciones de gol con pelotazos desde campo propio hacia el área rival. Siempre jugó con pelota al pie, bien en bloque, con opciones de pase por adentro, con poder de desborde y centro atrás para la llegada del goleador, el Pepe Sand, que en su retorno arrancó con el pie derecho, y con el Laucha Acosta, el jugador más desequilibrante del fútbol argentino. Una considerable mejora se advirtió en la 4ª fecha, al recibir a Atlético Tucumán, triunfo muy claro pese al 1 a 0, y se mantuvo en la visita a San Martín de San Juan, encuentro que pudo ganar, aunque la expulsión del Bicho Aguirre transformó el empate en un buen resultado.

Frente a Newell’s llegó el punto más elevado: jugando a un nivel que sorprendió a propios y extraños, Lanús se consolidó como gran candidato a ganar la zona. Siempre las victorias son celebradas, pero cuando el equipo deleita en el terreno de juego apostando a la tenencia de balón con movilidad e ingenio, cuando se logra el dominio absoluto del partido, la ciudad pasional y futbolera se infla de esperanzas y se compromete con su aliento. A lo largo de sus 101 años de vida Lanús fue sinónimo de fútbol bien jugado. Siempre fue así, aún en los momentos más duros y dolorosos que la institución debió sobrellevar. La actuación Granate del viernes por la noche fue una joyita para copiar y guardar, un muestrario de jugadas para recordar: salidas por los laterales a puro toque, cambios de frente al pie, triangulaciones y paredes en todos los sectores del terreno. Si existen dudas al respecto, volver a ver el partido se recomienda.

Los próximos dos compromisos serán la medida para saber para qué está Lanús. Racing en Avellaneda y Boca en La Fortaleza, ambas canchas seguramente repletas, y el fútbol argentino todo, expectante, frente al televisor. ¿Como no ilusionarse con volver a vivir jornadas de gloria jugando un fútbol que da gusto ver, condición vitalicia de los Granates de todos los tiempos? Dicen que Los Globetrotters lo practicaban de galera y bastón. El equipo de Almirón ya se puso la galera. Son otros tiempos y otras exigencias: el bastón recién lo tendrá cuando obtenga la esquiva cuarta estrella que Guillermo, después de ganar la tercera, no pudo conseguir. Mientras tanto, ¿que hacemos con esta ilusión? ¿La reprimimos pensando lo peor o redoblamos el aliento y llenamos La Fortaleza para acompañar al equipo?

Marcelo Calvente




jueves, 3 de marzo de 2016

Lanús, el candidato sorpresa



En el debut, con un gol de corner, Lanús venció cerca del final a un Estudiantes con algunas bajas, entregando una actuación opaca que tuvo de positivo la vuelta de un Pepe Sand vigente, jugando en un nivel muy cercano al de sus horas de gloria en Lanús, un auspicioso debut del pibe José Luís Gómez, llegado para reemplazar a Araujo, y un por ahora inexpresivo Pablo Mouche en reemplazo del Laucha Acosta, suspendido. Es lindo arrancar ganado de visitante frente a un rival difícil y odiado, cuando eso sucede, lo demás es lo de menos. En la segunda fecha había que ratificar venciendo en La Fortaleza a Defensa y Justicia, rival difícil si los hay, uno de los pocos elencos que logró vencer a Lanús en Arias y Guidi en los últimos años. Fue la vuelta de Lautaro Acosta, y su inmediato entendimiento con su antiguo compañero de ataque en el inolvidable equipo de Ramón Cabrero, el gran equipo Campeón del Apertura 2007, que encendió la ilusión. El Pepe y Lautaro fueron las figuras destacadas de un triunfo trabajoso, en el que con mucho sacrificio del resto se logró dar vuelta un marcador tempranamente adverso. Una vez más, el Grana se muestra poderoso en ataque pero inconexo en el resto de la cancha, y así redondea una presentación de poco brillo, con victoria apretada pero justa, con dos goles de Sand. 

En la tercera había que ir a Tempereley, terreno complicado, sobre todo para intentar jugar la pelota al piso. En su más opaca actuación hasta hoy, Lanús logró la victoria en un ataque aislado, gracias a un accionar técnico espectacular del Pepe, un movimiento con su sello: entrando al área de espaldas al arco y con la marca encima, giro con amarre mutuo hasta lograr la falta del defensor, que el propio goleador concreta desde los doce pasos. El equipo de Almirón se afianza en el sacrificio de todos, el desequilibrio que logra el Laucha y el oportunismo de Sand, a esta altura el goleador del torneo. De fútbol, poco y nada. La cuarta jornada era la más difícil: nos visitaba Atlético Tucumán, que era la revelación del torneo y compartía la punta de la zona con Lanús: ambos habían sumado los nueve puntos en juego, pero entre los derrotados por el Decano tucumano estaban Racing y Boca, dos de los candidatos naturales, que arrancaron con el pie izquierdo. 

Después de las malas noticias del receso, cuando los socios de Lanús se enteraron que aquella  tan consolidada economía que permitía tener a cubierto los déficits de dos años a futuro ya no existía, y que no debería ser mucha la expectativa en lo que a refuerzos se refiere, por lo cual el retorno demorado del goleador fue la mayor alegría.  Pese a la enorme cantidad de futbolistas transferidos por millones de dólares durante el último y lamentable mandato de Alejandro Marón, los socios se enteraron que el club no tenía reservas, y que por razones presupuestarias era indispensable la partida del Mellizo y la llegada de Almirón. Con la victoria en Temperley, todo pasó a un segundo plano. El choque ante Atlético Tucumán tuvo el marco de público que como puntero invicto merecía, y el homenaje a Maxi Velázquez, que disputó su partido número 373 con la casaca Granate y se convirtió en el jugador que más veces la defendió, record difícil de igualar en primera división en los tiempos que corren. Ésta vez el juego del equipo estuvo a la altura de las circunstancias. Haciendo méritos para sacar más diferencia en el marcador, ganó con claridad con otro gol del Pepe -afirmado como goleador absoluto del certamen- y las muy buenas actuaciones de José Luis Gómez, Iván Marcone, el “Bicho” Aguirre y hasta del irregular Román Martínez. Con cuatro victorias consecutivas en el arranque, Lanús pasó de posible sorpresa a gran candidato sin escalas.

Acosta y Sand, la vigencia de la fórmula del gol Granate
San Juan siempre es una visita difícil, una prueba de fuego que Lanús superó a medias. En lo previo, el empate era un resultado más que aceptable. El partido fue muy atractivo, de ida y vuelta, al golpe por golpe, Lanús basado en el buen trabajo de los laterales, más el aporte de Marcone y Aguirre en el medio y la amenaza implacable de la dupla de ataque, los puntos débiles eran los de siempre: la intermitencia de Mouche y Martínez, los errores de la dupla central, las fallas de Monetti. Sería injusto no reconocer sus buenas atajadas, sobre todo cuando tiene que responder con sus notables reflejos bajo los tres palos. Las dudas aparecen cuando llega el juego aéreo. Con su estatura, Fillol fue el mejor arquero del mundo de su tiempo. Hoy, para atajar en primera con un metro ochenta hay que ser Fillol. El triangulo que compone con Braghieri y Gustavo Gómez es la cuestión a resolver por el entrenador, allí tiene que aparecer su impronta.

Pese a que el dibujo táctico es el mismo -el 4 3 3 se ha impuesto definitivamente en el primer mundo del fútbol- Almirón superó a Guillermo en un aspecto: logró resolver lo que su antecesor no pudo desde la obtención de la Sudamericana 2013: la línea de volantes logró acortar distancias con los hombres de ataque, y ahora vuelve a presionar en campo rival como entonces, el Bicho Aguirre, baluarte de la recuperación, y en parte Román Martínez, junto al aporte de los laterales, ponen al equipo en campo adversario y se suman al ataque. La línea de fondo, la dupla Gómez-Braghieri no puede hacer lo mismo: a veces el retroceso es excesivo, en otras aparecen errores no forzados. Almirón apuesta a que Marcone, quien claramente queda como último hombre cuando Lanús ataca, comande ese acortamiento que el equipo necesita para ser más compacto. Guillermo nunca lo logró, aunque tuvo la sabiduría de poner a Ibáñez, que no es Marchesín, pero que transmite seguridad y solvencia en el juego aéreo. Uno imagina que Almirón debe estar evaluándolo. Hay también otra cuestión: Aguirre debe ser reemplazado cuando promedia el complemento. A esa altura del partido, su permanencia en la cancha se torna peligrosa. Cuando se cansa, cosa que invariablemente ocurre a esa altura del partido, llega a destiempo, se le va la pierna fuerte y te puede dejar con diez, como pasó en San Juan. Hasta que no supere esa cuestión física no hay que arriesgarlo. Sería entendible que Almirón se sienta arrepentido de no haberlo sacado antes. El resultado fue justo y conveniente. Lanús empezó perdiendo y logró darlo vuelta. Parecía tenerlo dominado, pero ese dominio duró muy pocos minutos. Siete minutos después del segundo gol, una pelota parada y lejana a favor de San Martín que llegó llovida, dos defensores que se molestan entre sí, certero cabezazo de Toledo a un ángulo imposible para Monetti, sumado a la pronta expulsión del Bicho, significó un cambio de planes: con 25 minutos por jugar se imponía defender el empate, y se logró. El resto de los hinchas argentinos se quedaron con las ganas de que pierda Lanús, que sigue siendo único puntero con trece unidades, marca que ningún otro competidor alcanzó en estas cinco fechas disputadas.  

De mantener el nivel logrado, aún sin resolver los problemas, la posibilidad de ganar la zona es muy elevada. Los tres escoltas, Atlético Tucumán (12), Estudiantes y Defensa y Justicia, ambos con diez, ya fueron vencidos por Lanús. Ahora vendrá Newell’s, que apenas sumó cuatro unidades, un equipo indescifrable capaz de golear y de ser goleado, que está  un escalón debajo de Lanús. Después visitará a Racing (5), uno de los mejores equipos del país, que quedó muy lejos y sólo lo acercaría la victoria, y luego recibe a Boca (7), el otro gran candidato en el análisis previo, al que también sólo le sirve la victoria. De la suma que obtenga en estos tres compromisos mucho dependerá la suerte de Lanús: lo que viene después, las ocho fechas que componen la segunda mitad del torneo, a saber por lo mostrado hasta ahora por los rivales que le quedan por enfrentar, se presenta claramente accesible y tiene un ingrediente especial: dos de los ocho compromisos serán ante un Banfield que no da pie con bola. La llamativa campaña realizada por el Grana invita a soñar y a acompañar al equipo cuando juegue de local como en los mejores tiempos, con la certeza de que en el fútbol argentino no hay rivales sencillos, y que la sorpresa sería que no haya más sorpresas.

Marcelo Calvente


sábado, 14 de noviembre de 2015

Historia del primer despojo



En 1949 Lanús recibe el primer gran revés de su vida deportiva: de manera injusta y arbitraria es condenado a la B en una particular definición ante Huracán, la primera final por un descenso de la historia. Ambos equipos habían igualado la última posición con 26 puntos, uno menos que Tigre y Boca. Se decidió jugar dos partidos en cancha neutral -el primero en San Lorenzo el 18 de diciembre, con ajustado triunfo de Huracán por 1 a 0, y el segundo en Independiente, amplia victoria granate por 4 a 1, encuentro disputado increíblemente la tarde del ¡24 de diciembre! a estadio repleto- sin que valga la diferencia de gol. La AFA decide la disputa de un tercer encuentro, que se jugó en San Lorenzo el 8 de enero de 1950, una vez más con estadio repleto de espectadores, varios de ellos simpatizantes de otros equipos convocados por tan dramática e interminable definición por la permanencia en primera. Nadie imaginaba que el equipo del poderoso militar amigo -distanciado- de Perón pudiera perder con el humilde cuadro del suburbio de Lanús. Tomás Adolfo Ducó, por entonces presidente de Huracán por quinta vez, desde las sombras del poder manejaba también la AFA con mano dura. Tan dura que no necesitaba pedir un favor. Pero no tuvo en cuenta que los árbitros ingleses tenían aún muy arraigado el sentido de justicia, y pese a que sufrían incontables problemas con el idioma, ignoraban todavía los grandes intereses que había detrás de tal o cual divisa. Habían llegado por vez primera al país a fines del 43, convocados ante los sospechosos arbitrajes de los jueces argentinos, luego de que Osvaldo Bossio fuera providencialmente salvado por tres soldados en Rosario, cuando un nutrido grupo de hinchas de Newell’s estaba a punto de colgarlo de un árbol del Parque Independencia con un cinturón alrededor de su cuello, luego de un accidentado arbitraje frente a San Lorenzo.

La AFA había decidido que la cuestión no podía extenderse más y por eso en caso de empate al cabo del tercer partido se jugaría un alargue de 30 minutos. Fue el 8 de enero de 1950 en el Gasómetro de Avenida La Plata, un emotivo y cambiante cotejo con empate parcial en tres goles, cuando a dos minutos del final los jugadores de Huracán abandonaron el terreno por orden de Ducó, desconformes con la anulación de un tanto a su favor. Imaginemos la escena: En diciembre se jugaron dos partidos, en enero se disputa un tercero, el resto de los equipos no tiene competencia, y todos los ojos del fútbol argentino apuntan sobre la controvertida final. Los jugadores del Globo, encabezados por el poderoso dirigente de su club, no entienden ni aceptan el fallo del inglés Bert Cross. La decisión arbitral había sido tomada a expensas de uno de sus jueces de línea, Parker, quien alzaba insistentemente su banderín desde antes de la conversión para informar una posición adelantada de un delantero de Huracán en el inicio de la maniobra. De esta manera, el juez principal le anula al Globo el gol que inicialmente había convalidado. Ofuscados, despreciando además el empate parcial y el tiempo complementario, los futbolistas del Globo se retiran del terreno ante 60.000 personas, cometiendo de esa manera una infracción que desde el inicio del fútbol y hasta hoy se pena indudablemente con la pérdida inmediata del partido.

La cuestión prosigue de manera insólita. Pese a la ausencia de rival, los jugadores granates reciben con asombro la orden del árbitro de poner la pelota en movimiento desde el lugar donde se había cometido la infracción señalada. La empiezan a llevar hacia el arco contrario sin oposición –aunque también con poca convicción- porque la escena es francamente absurda. Se muestran desorientados ante la insólita circunstancia, pero igual avanzan sobre la desguarnecida valla rival. Sin embargo, en el momento que Daponte ejecuta el remate final,  el árbitro Cross, vaya uno a saber que le pasó por la cabeza a este hombre en ese instante crucial, qué repentino temor o arrepentimiento lo animó a tomar tal decisión, inesperadamente hizo sonar el silbato y suspendió el partido antes de que la pelota transponga la línea de gol del arco de Huracán, para después encerrarse en su camarín y tratar de repensar la situación. Hay quien dice que en el camino vio un arma, otros que directamente fue amenazado de muerte, y otros sugieren que ante la inconcebible circunstancia y el idioma casi desconocido, el extranjero fue superado por la situación y se confundió. No es difícil imaginar lo que pasó puertas adentro del vestuario cuando redactó el informe ante la presencia del propio Ducó.

Los espectadores permanecieron en el lugar durante casi una hora más, esperando que se juegue un alargue que, luego de la suspensión, anunciaron los altoparlantes del estadio y que finalmente no se disputó. Insólito. A partir de ese inesperado informe del juez se van a aferrar Valentín Suárez –hombre de confianza de Ducó, histórico dirigente de Banfield y entonces flamante presidente de la AFA- y sus secuaces de los clubes grandes, los que votaron en contra del reclamo de Lanús, que exigía se le adjudique la victoria y la permanencia en la categoría, como claramente indica el reglamento. Nada de eso ocurrió. De forma descarada beneficiaron al equipo que desconoció un fallo arbitral, que no quiso seguir jugando y que abandonó el terreno, en lugar de castigarlo con la derrota y el descenso que merecía, luego de varias semanas de dilaciones ordenaron un nuevo partido.

La historia vuelve a repetirse 38 días después, el 16 de febrero de 1950, en un estadio de River Plate también colmado por 50.000 aficionados convocados por un choque tan controversial como nunca había habido otro en la historia del fútbol argentino, que resultará atrayente, cambiante y con seis goles. Pronto, en el terreno de juego sucedería lo que muchos temían. El árbitro designado, John Muller, había decidido ser más razonable y obediente que su compatriota Bert Cross: Lanús fue perjudicado de forma descarada de principio a fin del partido. No obstante, el Grana se adelanta en el marcador por intermedio del Gordo Lacasia a los 19 minutos de juego. Trejo lo iguala a los ’34, y tres minutos después Pairoux de tiro penal pone de nuevo en ganancia a Lanús, que se va al descanso con un parcial de 2 a 1 arriba. No es difícil imaginar el drama de Muller. Sabe que debe evitarlo, está en tierra extraña, en un tiempo político de cambios profundos y cargado de violencia. Teme por su vida, y se convierte en protagonista destacado con sus fallos, todos favorables al equipo de Ducó. Con su ayuda, Trejo marca el empate transitorio a los ‘4 del complemento. Con el empate parcial, Lanús se vuelca con todo a la ofensiva, y Muller le niega la sanción de un claro penal a favor, por fuerte falta dentro del área del defensor del Globo Uzal a Osvaldo Gil. El clima se enrarece y Muller trata de volcar la cancha contra el arco granate sin conseguirlo, hasta que a los 34 minutos, en una contra, el volante derecho de Huracán, el petiso Omar Muracco, desnivela y pone el 3 a 2 para su equipo. Lleno de rabia e impotencia, Lanús se va con todo al ataque buscando el más que merecido empate, y enseguida el árbitro le vuelve a negar la sanción de otra clara falta del mismo Uzal dentro del área, un indiscutible penal, en este caso en perjuicio de Lacasia, lo que provocó una violenta reacción de los futbolistas granates. El árbitro ingles sabe que de ninguna manera puede ganar Lanús, pese a que a lo largo de la interminable definición había demostrado con nitidez ser superior a su rival. Por eso no podía cobrar un penal para Lanús, y por eso mismo, si podía, trataría de sancionar uno para el Globo. Fue en la siguiente jugada, en una infracción dudosa cometida por Roberto González un metro afuera del área de riesgo, cuando Muller le da el tiro de gracia a Lanús sancionando un inexistente penal en favor de Huracán. La escena no es menos surrealista que las anteriores: ante semejante marco, con resultado adverso por 3 a 2 a favor del Globo y dos minutos por jugar, los jugadores granates rodean al juez, y pronto comprenden que están perdidos. Sin dirigentes a la vista a quien consultar, se juegan la última y desperada carta. Con su capitán Salvador Calvente al mando de la situación, los futbolistas granates en cuestión de segundos toman la valiente decisión que quedará en la historia del fútbol argentino: Ante 50.000 sorprendidos espectadores, se sientan en el césped frente al punto penal e impiden la ejecución de la sanción hasta que el juez da por suspendido el encuentro. Con ese recurso los futbolistas granates evitan una segura derrota  en el terreno de juego y llevan nuevamente la definición a los escritorios de la AFA, poniendo en evidencia el despreciable accionar de la entidad rectora. Increíble pero real.

Como era de esperar, el desenlace estaba escrito de antemano. Para los equipos grandes era indispensable que los seis elencos cuyo voto valía por tres mantuvieran la categoría -Huracán era el sexto- y así conservar los 18 votos que le otorgaban mayoría, sobre 17 que sumaban el resto de los equipos de menor convocatoria. Pese a que el mundo del fútbol se indignó ante la infamia, apenas un par de días después, y sin más dilaciones, la AFA le dio por perdido el partido a Lanús, que durante 1950 debió militar por vez primera en la divisional B, y que al cabo de ese año ganará el título con comodidad, recuperando la categoría de manera inmediata y dando comienzo al espectacular ciclo de Los Globetrotters, otra extraordinaria página de la historia Granate.

Marcelo Calvente