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lunes, 20 de febrero de 2017

Un barco pirata

Al final parece nomás que vuelve el fútbol. Será a principios de marzo, volverá y nuevamente será codificado, volverá y será Súperliga. Volverá, y seguramente será un torneo apasionante y competitivo, como suele ser. El retorno del fútbol es una decisión de estado, y serán los dirigentes de los clubes quienes tengan esa responsabilidad, influenciados desde arriba por las diferentes corrientes de la política nacional, y desde abajo por la minoría que participa en la vida institucional de cada entidad. Será el próximo 3 de marzo, con el desafío de recuperar el lugar que se merece en el concierto mundial el país donde nacen los mejores exponentes del más bello deporte. No se trata de un imposible, pero sin dudas es un objetivo difícil.

El actual desgobierno es la consecuencia del fin de una etapa controversial de la Asociación del Fútbol Argentino, la entidad madre creada en 1934, el comienzo de una era que en principio sirvió para establecer unívocamente las categorías de los miles de clubes de fútbol que existían por entonces a lo largo y a lo ancho del país, con Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Tucumán como principales epicentros. Desde el nacimiento de la AFA, la conducción rara vez fue ejercida de manera independiente de la política y el poder. La dictadura militar que asoló al país entre 1976 y 1982 dirimió una interna designando a Julio Grondona en 1979 en reemplazo del oligarca Alfredo Cantilo, el hombre que había puesto el criminal Emilio Massera mientras conducía el Ente Autárquico Mundial 78, un organismo oficial que funcionó como una asociación ilícita y que cometió todo tipo de delitos. La AFA siempre estuvo a la sombra del poder de turno, ya sea conservador, radical, peronista o dictatorial. Los dirigentes que intentarán capear la tempestad son navegantes expertos del barco pirata de Julio Grondona. No hay dudas que les va a costar elegir entre ellos a un nuevo capitán.

Grondona llegó en silencio, como uno más, pero tuvo la astucia para sostenerse en medio del sálvese quien pueda del final del gobierno de facto de las tres armas. Con su estilo emparentado con el proceder mafioso, fue el único funcionario ligado a la dictadura que se mantuvo durante décadas, hasta su muerte en el poder ocurrida el 30 de julio de 2014. Su estrategia fue exitosa: durante 35 años de mandato ganó seis elecciones, la mayoría por unanimidad. Su táctica fue sencilla: empobreció a los clubes, enriqueció a la AFA, y desde su conducción férrea repartió a su antojo ayudas económicas y favores deportivos a cambio de votos y respaldo. Pocos se le animaron, y ninguno pudo con él. Todavía retumba en los oídos de un dirigente de Lanús su amenazante consejo de amigo, recibido horas después del último despojo que el club más castigado de la historia del profesionalismo debió padecer en 1984 por medio del silbato ejecutor de Emilio Misic: “Mientras sigan adelante con el juicio, no ascienden en la puta vida”. Su accionar fue deplorable, pero no se puede negar que el resultado más visible de su gestión fue el acortamiento de las enormes diferencias de poderío que existían entre los cinco grandes y el resto de los clubes, y que muerto Grondona, las nuevas autoridades deberán mantener para ofrecer un producto de primer nivel, algo que sólo lograrán si sortean el obstáculo de sus viejas y profundas distancias. Por lo que se ve, no van en buen camino.

“Vos fijate la potencia que te da en términos de visibilidad y de impronta cultural ser presidente de Boca, donde con seis mil votos ganás una elección. Con ese caudal electoral podés ser, con suerte, intendente de Trenque Lauquen, y en cambio acá te transformás en un personaje nacional de lo más influyente” dijo proféticamente el sociólogo Artemio López cuando Mauricio Macri se convirtió en presidente del club de la Ribera en 1996. Su acierto está a la vista: la AFA sigue estando en manos de los clubes y de sus representantes, gente que accede a ese poder muy fácilmente, invirtiendo muy poco dinero y sacrificio, y que juntos componen un iceberg capaz de hundir al transatlántico más pintado. Se trata de personajes de características tan dispares como Daniel Angelici, Marcelo Tinelli, Rodolfo D’Onofrio, Hugo Moyano y Víctor Blanco, poderosos e influyentes mandamases de los clubes grandes, quienes no logran poner orden por falta de consenso, mientras negocian -con el Gobierno por un lado y los oferentes para las transmisiones del fútbol por el otro- sin haber podido aún lograr un acuerdo entre ellos para normalizar la Asociación.

A las negociaciones no falta Nicolás Russo, el presidente de Lanús, el más ferviente defensor de la unidad política que conduce desde hace más de treinta años al club más exitoso del presente. Fueron aquellos socios, quienes pese a las diferencias políticas que siempre signaron al club, en 1979 se unieron para poner manos a la obra, y pese a que varias veces estuvo a punto de naufragar, la unidad se mantuvo a flote contra viento y marea. Russo es también el vocero de una AFA partida en más de dos fracciones. Pese a que su proyecto es en el club y la ciudad de Lanús, su figura asciende vertiginosamente a la esfera nacional por su experiencia y conocimiento de la problemática de las entidades de fútbol y porque es quien menos se identificó con cualquiera de los bandos. Esas fracciones muy pronto van a tener que deshojar la margarita y designar una nueva conducción. Ojalá tengan presente la frase de Silvio: sólo el amor convierte en milagro el barro.
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Marcelo Calvente







martes, 7 de febrero de 2017

La novela del Pepe Sand (película)

La película debe estar por la mitad. Ya pasaron las mejores imágenes de los últimos años de Lanús. La vuelta olímpica en la Bombonera, la figura adorada de Ramón Cabrero, las conquistas del Pepe Sand, campeón y goleador del Apertura 2007. También quedaron atrás sus buenas actuaciones hasta su partida rumbo a los lejanos Emiratos Árabes en agosto de 2009. Ya vimos la gran campaña en el Al-Ain, en 49 partidos convirtió 44 goles, un breve recuerdo del fallido paso de José por La Coruña (5-0) y el Tijuana mexicano (34-12), y su regreso al país en Julio de 2012, para tratar de poner fin a un tramo de carrera muy fructífera en lo económico pero de tendencia descendente en lo deportivo. Y acabamos de ver la parte más dramática. La forma en que el Pepe negoció su retorno al club, para terminar firmando con Racing por un dinero poco mayor a lo ofrecido por Lanús. Vimos todos y cada uno de los fracasos del Pepe: Racing (24-2), Tigre (14-1), Argentinos Juniors (7-0), Belgrano (16-4) y Aldosivi (31-12) con una gran levantada final. Y lloramos con el regreso del Pepe, por fin, a principios de 2016, para ser titular indiscutido de Jorge Almirón. Con 35 años cumplidos lo vimos resucitar como futbolista, volver a ser el mismo que había sido ocho años atrás, volver a ser campeón y goleador del fútbol argentino. Esta parte parece algo exagerada, pero viste cómo son las películas.

Ahora viene lo mejor. Estamos en el Monumental y Lanús termina de aplastar a San Lorenzo. Cuando nadie lo esperaba, mientras comienzan los festejos por la reciente consagración, el Pepe apunta hacia un micrófono y dice que no sabe si va a seguir, porque esto y lo otro, que no puede ser, que conmigo no. Es un momento muy cinematográfico pero algo bizarro. La imagen del rostro contrariado del Pepe en primer plano, con la algarabía de sus compañeros, el cuerpo técnico y unos treinta mil hinchas de Lanús de fondo. Y eso no es nada. Lo mejor fue lo que pasó el día de Lanús-Boca, el 28 de agosto de 2016, por la primera fecha del torneo. Resulta que Jorge Almirón decide darle descanso al Pepe, y se lo comunica un día antes del partido. Y el Pepe va al banco. ¡Y no va que lo pone a los 5 del segundo tiempo y el Pepe la rompe, participa de la jugada del gol y se va aclamado por los hinchas! Explotaba esa noche La Fortaleza. Ahí pensás que termina, pero no, es una de esas películas que te hacen creer que terminan y que vos decís“¡¿Cómo va a terminar así?!” y cuando te parece que vienen los títulos, ¡zas!, la famosa vuelta de tuerca.

Ese misma noche, a minutos de terminado el partido, el Pepe habla con la prensa y dice que no puede ser, que qué se yo, que yo hago goles y todo eso. El tipo demuestra que ante los micrófonos es tan certero como frente el arco rival. Y ahí aparece Jorge Almirón –qué bien que trabaja este actor mexicano que hace de Almirón, ni se le nota la tonada- mirando amenazador al reportero que acaba de preguntarle qué opina de lo que dijo el Pepe Sand, dice: “Yo creo que esas cosas hay que hablarlas en el vestuario”. Habla en voz baja, mordiendo las palabras. Parece que en cualquier momento empiezan a los tiros, pero no. El Pepe vuelve a jugar, Almirón lo saca promediando la segunda parte, hay una música medio de suspenso, la cámara sigue las miradas de uno y otro mientras se produce el cambio, y el Pepe, como siempre, se va ovacionado aunque no haya agarrado una, y con cara de culo.

Algo le dice el Pepe al Laucha Acosta
Acá el director apela a un recurso fílmico bastante discutible para indicar que el plantel se fue de vacaciones: se ve a los jugadores abriendo regalos junto al arbolito de Navidad, tirando rompeportones la noche del 31. Se ve al Laucha Acosta huyendo de una horda de jovencitas, a Braghieri nadando mariposa, y se ve el momento en que Monetti se rompe los ligamentos jugando al fútbol tenis con el hermano, esa parte es muy fuerte. Se ve la pretemporada en el mar, la vuelta al trabajo en La Fortaleza y los amistosos en Chile. Las imágenes son vertiginosas. De pronto, la cámara muestra un vestuario desordenado y silencioso, toallas en el piso, se escucha caer alguna gota, el vapor destella en el haz de luz que llega de una ventana. Avanza en un lento travelling por la zona de vestuarios, donde no hay un alma, y se dirige a un gimnasio contiguo. Un hombre maduro hace abdominales. Luce concentrado, sereno. Es Maximiliano Velázquez, el legendario capitán de Lanús, una especie de superhéroe que lucha contra el paso del tiempo. Entrena a un ritmo impensado para un hombre de su edad. Su gesto adusto sugiere contrariedad. A lo lejos se ve venir al Pepe Sand vestido de calle, con un terno beige y zapatos al tono. Se quita respetuosamente el sombrero de paja y se para junto a Maxi. Espera pacientemente que el zurdo capitán concluya la última serie de 50 abdominales. El Pepe, de verlo, se cansa y sufre un ahogo, aprovecha para cambiar el aire y le lanza la pregunta crucial. Sube la música de suspenso.

El Pepe habla. Pero como es su costumbre, habla bajo y no se escucha lo que dice. Entonces responde Maxi, casi a los gritos: “¿Me venís a preguntar porqué estoy caliente? ¿No sabés porque estoy caliente? Cada vez que estamos en momentos claves aparecés vos y armás quilombo. ¿Y me venís a preguntar porqué estoy caliente?” Maxi habla un rato largo, el Pepe asiente con la cabeza, la imagen se diluye y aparece el estadio de La Plata repleto. Más de treinta mil hinchas de Lanús, casi el doble de River, asisten al partido final. Se está jugando la Supercopa Argentina y Lanús esta a punto de ganar holgadamente. Hay emoción en los futbolistas, hay delirio en las tribunas granates. El Pepe la está rompiendo, metió como nunca, no perdió una, corrió como si fuera un pibe, dio un pase gol y ejecutó el penal que puso el 3 a 0. Una vez más, el Grana se consagra campeón y el Pepe, que días antes, fiel a su costumbre, había declarado que no sé, que qué se yo, que nadie me quiere, y que me voy a ir del club, se apresta a celebrarlo. Suena el silbato de Delfino, Lanús empieza a festejar y una de las cámaras lo sigue al Pepe, que fue la figura de la cancha, y que lo busca a Lautaro Acosta, que viene a ser el muchachito de la película. El nueve está emocionado, con lágrimas en los ojos, abraza al Laucha y le habla al oído, pero con el duelo de hinchadas de fondo tampoco se escucha. Y ahí termina. Final abierto. Si te gustó, jodete. Esperá la próxima película de la saga.

El director es muy turro. Seguro que ya está armando la parte dos. Te deja tan enganchado que te morís por saber qué fue lo que le dijo el Pepe al Laucha. Te hace volver a ver la escena final una y otra vez para tratar de leer los labios del goleador. Todo el mundo hace lo mismo, y cosa de locos, cada uno lee una frase distinta. A mi me parece que dijo “¡Te prometo que no lo hago más!” pero andá a saber. Habrá nomás que esperar que estrenen la segunda parte.  

Marcelo Calvente


jueves, 15 de diciembre de 2016

DE BRUJAS, CONJUROS Y SAPOS (FÁBULA)


“¿Un trabajo para qué?” dijo la vieja hechicera más cerca de la sordera absoluta que de la sorpresa. Corría el mes de enero de 2012 en el sórdido gabinete a media luz donde atendía la bruja. El heterogéneo grupo de varones de edades diversas, todos vestidos de granate, había llegado gracias al volantito que una noche le habían entregado a uno de ellos, a la salida de un prostíbulo.
“Nosotros somos fanas de Lanús, y algunos también somos socios. Por eso, aunque le parezca extraño que le pidamos que nos haga perder, el daño es necesario. No podemos permitir que el presidente termine su mandato con otro título; eso sería el fin de la oposición” dijo con cierta timidez uno de los mayores, un hombre vestido con un buzo gastado que decía Sasetru, que andaba por los setenta años, que en una mano llevaba enrollado un póster de los Globetrotters y en la otra una botella de Ginebra Llave a medio tomar. La vieja observaba en silencio el fixture y las fotos que los hinchas le habían dejado sobre el mugroso escritorio. “Y no solo por eso. El técnico no sabe un carajo y encima, en un año de contrato, ya nos dedicó un fuck you, un corte de mangas, dos agarrones de huevos, un pito catalán e incluso un `A mi me rebota y a vos te explota dijo un muchacho bastante más joven, abrazado a un osito Winnie the Pooh de peluche, vestido con la camiseta de Huguito Morales.
“¡Acá dice que juegan tres torneos..!” dice sorprendida la vieja, y mientras recorre con malicia las miradas temerosas, agrega: “Solo se puede engualichar la participación en dos de ellos. Uno hay que dejarlo librado a la suerte, elijan ustedes cual…” Al cabo de dos horas de discusión infructuosa -los “hinchas” debatían sobre temas tan dispares como el andar cansino de Ledesma, la conveniencia o no de pagarle a la vieja con tarjeta, de pedirle o no un recibo con el detalle de lo prometido y cosas por el estilo, hasta que la bruja, harta de tanta locura y armada con un revolver calibre 32, los invitó gentilmente a retirase. Mientras bajaban la escalera, escucharon nítidamente la voz agria y ofuscada que les gritaba “¡Ojo el miércoles con Barracas Central, dementes!” Uno de los revoltosos le respondió indignado desde la planta baja “¡Aguante Lanús, vieja chota, a esos muertos le hacemos cinco!”. Al llegar a la calle, casi de inmediato, todos empezaron a ponerse verdes y a desplazarse en cuatro patas. A los saltos, despreocupados ante la metamorfosis que padecían, pronto emprendieron  la veloz retirada al son de un solo grito, el viejo grito de guerra de los granates: “Dale lanóoo, dale lanóoo, dale croaaaac, cro croaaaac…”
El sábado 25 de febrero pasado varios de aquellos hinchas, todavía con rastros verdosos en la piel y demasiada tendencia al revoleo de ojos, golpearon la puerta del perturbador gabinete de la bruja para pedirle perdón y felicitarla por la extraordinaria precisión con que había adivinado el increíble debut de Lanús por la Copa Argentina. La vieja no comprendía, estaba aún bajo los efectos del brebaje a base de ron de Jamaica, aserrín, crema del cielo, unas gotas Procenex y jugo de cáscara de limón a gusto que acababa de prepararse, como cada tarde, a las cinco en punto. Buscó bajo el escritorio su periódico de cabecera y encontró la nota. El título de aquella página de La Defensa le dio la respuesta: “¡Barracas Central!”
Los hinchas granates fueron pasando de a uno, con la cabeza gacha. Algunos dejaron presentes sobre el escritorio: Una gallina viva, una escoba con motor fuera de borda, una bola de cristal de bajo consumo, una camiseta de Ledesma empapada en sudor. “Y eso que ese día fue al banco y el turro del técnico no lo puso” dijo el que había vaticinado los cinco goles a Barracas, un viejo hincha caracterizado al que ya casi todos lo conocen como “El Sapo”. Los visitantes querían saber cuanto debían y como seguía el tratamiento. La bruja les respondió que si continuaban con el conjuro, la derrota ante Barracas era gratis porque había lanzado la promoción “De tres dos, uno sin cargo” que le había recomendado su amiga, la madama del burdel. El grupo ya lo tenía decidido: Por la Copa, el panorama de Lanús se había complicado de entrada, ya que no había podido superar en el debut al Flamengo de Brasil en La Fortaleza (1-1), y había caído en Paraguay ante Olimpia (1-2) en su segunda presentación. En tanto por el torneo local había vencido a San Lorenzo (4-1) y a Independiente (1-0), el primero en casa, el otro en Avellaneda, y el Grana quedaba puntero en soledad y se perfilaba como uno de los máximos candidatos a ganar el Clausura 2012. “Doña, póngale todas las fichas al torneo local…” dijo uno, al que desde aquella última visita todos llaman “Pepe” por su predicamento entre los niños, mientras su mejor amigo, “El Rana”, le susurraba al oído: “Total, por la Copa nos caemos solos, cri, cri… cri, cri…”
El resto de la historia es conocida. Después de esa tarde, Lanús perdió ante San Martín de San Juan (1-3), y luego ante Tigre, Estudiantes, Argentinos, Belgrano, y el sábado ante Colón, todos por uno a cero e inmerecidamente, los últimos cuatro recibiendo el gol en el tramo final, cuando aun sin brillar y errático en la definición, el equipo de Schurrer era dominador absoluto. En el medio sólo pudo sacar un empate 2 a 2 en la Boca después de haber arrancado con un injusto y fortuito 0-2 abajo y siendo muy superior durante los noventa minutos. “Pasa que Schurrer puso el equipo que juega la Copa” le dijo canchera la bruja a René, una de las chicas del grupo, cuando a los saltos la llamó para quejarse.
La historia avanzó de la siguiente manera: Mientras el equipo muleto recibía la maldición de seis derrotas y un empate en siete partidos por el Clausura, con el equipo titular y por la Copa Libertadores, el Grana se recuperaba venciendo con autoridad a Emelec en Lanús y también en Ecuador (1-0 y 2-0) y luego de la espectacular actuación ante Olimpia, al que aplastó en forma brillante por 6 a 0 en la Fortaleza, ya clasificado a octavos de final se apresta a viajar a Brasil donde cerrará el jueves 12 del corriente con el Flamengo de Ronaldinho, equipo en crisis y casi eliminado. En los diferentes barrios de la ciudad, mientras los granates de corazón sueñan con la obtención del máximo título continental, algunos seres pequeños, huidizos y saltarines hablan por lo bajo cuando el equipo gana y croan barbaridades cuando pierde. No son muchos y están un poco preocupados. Son, como quien dice, sapos de otro pozo.
por Marcelo Calvente

sábado, 24 de septiembre de 2016

Las malas compañías

A decir verdad, muchos granates temían un retorno a la competencia como éste, sobre todo después del pobre rendimiento del equipo ante San Martín de Formosa y Patronato. El triunfo con festejo de un nuevo título venciendo a Racing en Avellaneda y la victoria ante Boca en Arias y Guidi, partidos ambos muy difundidos que nos subieron de nuevo al tren de las nubes. Pero esa misma noche ocurrió la segunda aparición del Pepe Sand, y su desatino nos puso en guardia. El primer despropósito lo había cometido en cancha de River, mientras sus compañeros festejaban el título recién obtenido ante San Lorenzo, él se dedicó a mostrar su peor faceta. Y una vez terminado el partido ante Boca, ésta vez sin razón ninguna, volvió a aparecer en toda su dimensión su verdadera personalidad. Cariacontecido, cuestionando la decisión del entrenador campeón de mandarlo al banco, resaltó con su reclamo de privilegios la pobre actuación de Brian Montenegro, el compañero que lo había reemplazado, que además tuvo la desgracia de desperdiciar un penal. Esa noche, pese a la gran victoria, la estructura del campeón crujió. Y a partir de ese incidente, el equipo se desdibujó.

Hagamos un repaso individual de este inicio de semestre, donde se advierten también otros síntomas que influyen en el mal momento. Por empezar, el técnico aún no logró suplantar a Gustavo Gómez. Su ausencia complica a su ex compañero de zaga, Diego Braghieri, que terminó el torneo pasado jugando en gran nivel, y hoy, ya sin Gómez a su lado, perdió algo de la solvencia que había adquirido después de mucho tiempo de rendimiento irregular, cuando conformó la dupla central del campeón. Tampoco el otro Gómez -José Luis, el muy buen lateral derecho- puede pasar al ataque como lo hacía estando el paraguayo, que siempre lo relevaba con acierto, dejando a cargo de Marcone el centro de la defensa. Ahora se observan dificultades para acortar las líneas, por eso Gómez dosifica más sus apariciones en ataque, conciente que su proyección complica a Herrera, que de a poco se está asentando en el puesto de primer marcador central. Algunos futbolistas, como los nombrados Braghieri y Marcone, más el Bicho Aguirre y el Laucha Acosta no arrancaron enteros físicamente. Los veteranos Velázquez, Martínez, Pelletieri y Sand no están para marcar el ritmo pero si para aportar su experiencia y calidad técnica. Y el otro Almirón, Miguel, la joya, y también el chico Marcelino Moreno, que completan la orquesta, son muy buenos solistas pero no están para agarrar la batuta. En la suma de todos estos datos, algunos parciales, otros mínimos, pero todos reales y objetivos, se puede encontrar otra explicación acerca del bajón general del equipo.

El Pepe, en el momento de desconocer a Jorge Almirón
Parte de la tribuna adhiere a otra sentencia: “Nos agarraron la mano. El técnico va a tener que cambiar. Hay que inventar otra cosa” dicen muchos granates de todas las edades, con cara de chicos que se enteran que los Reyes son los padres. ¿Qué significa que nos agarraron la mano? ¿Que hay que pegarle de punta? No señor, hay que volver a hacer lo que ya supimos hacer. Porque todos nuestros rivales nos juegan concientes de enfrentar al mejor, al que viene de consagrarse como uno de los más brillantes campeones de la historia del fútbol argentino. Si conocimos la gloria jugando la pelota al pie y ejerciendo neto dominio sobre todos los adversarios que enfrentamos, si fuimos el equipo más ofensivo y ahora no lo estamos haciendo igual de bien, tendremos que trabajar un poco más. Si el juego que supimos conseguir no está saliendo no es únicamente virtud del rival, es también por falta de precisión nuestra, por falta de movilidad, de oferta de recepción, de sacrificio. Es decir, falta de convicción, cierto desinterés, algún aburguesamiento o algún otro tipo de malestar que el cuerpo técnico y cada uno de los futbolistas, pero sólo los que sumen, tienen que superar para volver a ser los mejores

Nadie puede discutir la impresionante influencia del Pepe Sand en la conquista del último campeonato, ni su gran actuación en el Apertura 2007, en ambas goleador del equipo y del torneo. Dicho esto, es claro que Almirón, que nunca lo tuvo entre sus preferencias, conciente de la situación económica del club aceptó su incorporación pensando que con su experiencia podía sumar. La conducción fue quien lo contrató porque en enero de este mismo año no había valores para vender ni dinero para comprar, y el déficit comenzaba su cuenta regresiva a los números en rojo. Así fue que luego de una sorprendente perfomance en Aldosivi, el Pepe, el mismo que siempre se descolgaba con pretensiones imposibles, esta vez sintió sinceras nostalgias de la idolatría e hizo todo lo posible para volver. El puesto se lo ganó en la red, y Almirón se lo concedió a regañadientes, porque los aportes del Pepe, de no ser por las conversiones, nunca se ajustaron a las pretensiones del entrenador, quien en ofensiva apuesta al quiebre en velocidad, virtud que el goleador granate nunca tuvo. El técnico -y según cuentan también parte del plantel- se quedaron con la sangre en el ojo con el correntino. Y como sus goles no volvieron a llegar, Almirón decidió sacarlo del equipo estando abajo en el marcador. Lo hizo en el segundo tiempo de la revancha contra Independiente, y también lo reemplazó el sábado ante Unión. Se advierte una tensa calma, diría un narrador mediocre.

Si la caída ante Independiente dolió, la derrota ante Unión aumentó las dudas de los simpatizantes. El hincha Granate sigue aportando su aliento y brindando su respaldo. Es mucho lo logrado y mucho hay por defender. La Copa Argentina es un torneo que termina pronto y que se puede ganar, siempre y cuando en pocos días Lanús recupere la memoria y vuelva a vencer a Boca, partido a jugarse el miércoles 28 de septiembre en Mar del Plata, un choque clave al que ambos equipos llegan golpeados. Pero antes, este domingo a la hora señalada por Angelici, ambos en condición de local, enfrentarán a equipos que no impresionan demasiado: Boca recibirá a Quilmes y Lanús a Aldosivi, ambos resultados, sobre todo en caso de ser negativos, influirán en los protagonistas de manera diferente. Almirón lejos está de ser cuestionado, tiene mucho crédito a favor, y Guillermo, que nunca desde que llegó le encontró la vuelta, y que no parece contar con el aval de Tevez, quedaría  demasiado cerca del precipicio. Se vienen instancias muy interesantes para seguir bien de cerca.


Marcelo Calvente

jueves, 1 de septiembre de 2016

La vigencia del campeón

El reinicio de la competencia del segundo semestre de 2016 resultó muy auspicioso para Lanús. Es cierto que las opacas actuaciones ante San Martín de Formosa y Patronato de Paraná, sendas victorias ajustadas, indispensables para avanzar por la Copa Argentina, y la sobrenatural derrota en Arias y Guidi ante Independiente en el partido de ida por la Copa Sudamericana dejaron algunas dudas, que la victoria ante Boca por la primera fecha del torneo argentino disipó. Feliz por el triunfo, el Grana llegó al breve receso de dos semanas muy desgastado por el esfuerzo de jugar dos partidos en cuatro días a esta altura de la competencia. Es difícil discutirlo: despachó en fila a San Lorenzo, a Racing, ambos por un título, y ahora a Boca, y pese a que aún no logró determinar el reemplazante de su marcador central, Gustavo Gómez, emigrado al fútbol italiano,  Lanús sigue siendo el mejor equipo del fútbol argentino y dispone de esta pausa para seguir ajustando cosas y tratar de extender su presente al plano internacional, cuando el 14 de septiembre dirima el pase de ronda por la Copa Sudamericana en Avellaneda y contra Independiente con la obligación de remontar un 0-2 en contra.

Lanús ganó el último torneo local jugando un excelente fútbol, y quedará en la memoria colectiva como uno de los más brillantes campeones de la historia, como Huracán del 73,  San Lorenzo del 68 o el Racing de José, por citar algunos. Lo logró con un armado austero y silencioso de un entrenador que llegó en silencio y con mala prensa, como Jorge Almirón. Con un par de refuerzos que se convertirían en figuras fundamentales, como José Luis Gómez e Iván Marcone, el entrenador apostó al toque y la pelota al pie, y logró las mejores versiones de Monetti, Braghieri, Velázquez, Román Martínez, el Laucha y Miguel Almirón, un equipo que convirtió al Pepe Sand en el goleador del torneo con 22 anotaciones. El análisis uno por uno abruma: Lanús es un equipo conformado por enormes figuras, que trata de encontrar el defensor central derecho titular. El joven canterano Marcelo Herrera tuvo su chance, y cuando su rendimiento estaba en alza, un desgarro lo sacó de competencia por varias fechas. Ante Boca lo reemplazó Zurbrigger, y su actuación fue más que aceptable. Superando el mal trago de la derrota ante Independiente, Lanús le ganó a Boca sin atenuantes y debería arribar al receso pleno de entusiasmo, si no fuera que tendrá que lamentar por algunas semanas la ausencia de Lautaro Acosta a causa del desgarro que sufrió al marcar el gol del triunfo. Se trata de una baja muy sensible para el equipo, el “Laucha” es el máximo ídolo granate de  la era moderna, el único que sin declamarlo a los cuatro vientos, demostró su amor por los colores rechazando sumas millonarias para seguir vistiendo la camiseta que aprendió a querer desde niño. Todo lo demás, es sólo cháchara…

La victoria ante Boca marcó un salto de calidad para el equipo de Almirón, sobre todo por el poco tiempo transcurrido desde la derrota ante el Rojo. Boca llegó bien descansado, con Angelici y el Mellizo con la sangre en el ojo por lo de Gustavo Gómez, el jugador que  quisieron birlarle a Lanús y no pudieron. Necesitaban la victoria, pero una vez más, el Grana demostró estar un escalón arriba. La buena actuación del pibe Marcelino Moreno, al que el entrenador fue llevando de a poco, permite suponer que será el reemplazante temporario del Laucha y tendrá la posibilidad de confirmar sus condiciones. Lanús volverá a la competencia el sábado 10 de septiembre, cuando visite a Olimpo. El mismo día, Independiente recibirá a Godoy Cruz. Y cuatro días después será la revancha entre el Rojo y el Granate en Avellaneda, con dos goles de ventaja para el local. Los rendimientos de uno y otro hacen suponer que nada está dicho, y que será el trámite del partido lo que influya en el resultado final. Si Lanús se pone en ventaja, el silencio del estadio y el nerviosismo de su gente pesarán sobre el ánimo de los futbolistas de Independiente. Al finalizar el partido con Boca todo era optimismo, hasta que apareció el Pepe Sand frente a los micrófonos.

Después de la pésima actuación de Sand ante Independiente, y teniendo en cuenta las pocas horas entre uno y otro partido, el entrenador de Lanús decidió que el goleador no formara parte del once titular ante Boca y lo destinó al banco de suplentes. En su lugar jugó Brian Montenegro, aquel que había convertido el gol de la victoria ante Racing. Y a decir verdad, Montenegro tuvo su noche negra. Primero erró un penal, y en seguida su desaliento lo sacó del partido. A los 4 minutos del segundo tiempo fue reemplazado por el Pepe Sand, que jugó muy bien, y a punto estuvo de marcar. Fue en la jugada del gol: estrelló contra el primer palo un remate corto, pisando el área chica, luego del desborde de Moreno, que finalmente el Laucha capturó y transformó en victoria. Todo pum para arriba. Pero a la hora de las notas, cuando no, el Pepe Sand, declaró a todos los medios su contrariedad por no haber sido de la partida, cuestionando la decisión del técnico campeón, faltándole el respeto a todos sus compañeros y directamente pasándole por encima con un camión a su reemplazante, el Brian, en su hora más triste. Con compañeros así, el espíritu de equipo, virtud indispensable para las grandes conquistas, corre serio peligro.

En la cuestión tomaron partido el capitán, Maxi Velázquez, y el presidente del club, Nicolás Russo. Ambos seguramente habrán tratado de poner paños fríos. Lo discutido no trascendió, pero es indudable que el entredicho estará presente en la cabeza de Almirón cuando tenga que tomar determinaciones respecto del veterano futbolista. Lamentablemente, hasta ahora Sand no convocó a la prensa en la sala de conferencias del club para pedir disculpas por su desatino. Según parece, eso no va a pasar. Jorge Almirón tendrá que demostrar que además de un gran entrenador, es una persona capaz de pilotear en la tormenta y tomar las mejores decisiones para que nada se interponga ante el desafío de conquistar alguno de los torneos que están en juego, y así escribir en la historia del club otra marca jamás pensada: tres títulos en un año. ¿Y porqué no cuatro? Jugando así, y si la suerte acompaña, todo puede ser.

Marcelo Calvente



domingo, 17 de julio de 2016

La tarde que Lanús enfrentó a Piraña

Curiosa es la historia del Club Atlético Piraña, nacido en 1942 en el corazón de Pompeya, en la calle Famatina, entre casonas, conventillos y galpones donde aún sobrevive la sede y la vieja cancha de medidas antirreglamentarias. Allí supo forjar un relieve futbolístico durante dos décadas de participación en las ligas independientes. Vaya uno a saber cómo, Piraña consiguió lo más difícil de lograr por aquellos años de explosión futbolera: junto a otros seis clubes, entre ellos Arsenal de Sarandí y Villa Dálmine, obtuvo la afiliación a la AFA para disputar el torneo de la división Aficionados de 1961. Humilde entre los más humildes, sólo entre 1964 y el 69, con la aparición de Héctor Yazalde,  Piraña estuvo cerca del ascenso. A partir del año 1970 el equipo de Pompeya tuvo que luchar por mantener la categoría, y muchas veces esquivó milagrosamente la tan temida desafiliación de una divisional cada vez más competitiva.

Sin embargo en 1978, y de manera insólita, casi milagrosa, Piraña vivió su hora más gloriosa: en un torneo que contó con 30 participantes, divididos en tres zonas de 10 equipos, fue uno de los quince clasificados a la rueda final por el ascenso, los cinco primeros de cada zona. Todo milagro tiene su explicación; en medio de la competencia se denunció a un equipo que no cumplía el artículo 241 de la reglamentación de la divisional, que impedía poner en cancha más de tres jugadores mayores de 23 años. La investigación se profundizó, y finalmente 14 de los 15 equipos que participaron de la ronda final fueron sancionados. Las quitas de puntos fueron determinantes. Gracias a esas sanciones, Piraña, el único equipo que no trasgredió la regla, vivió su cuento de hadas: terminó puntero con 19 unidades, la misma cantidad que Justo José de Urquiza, que había recibido la sanción menor: apenas 3 puntos de descuento. Lo dirimieron en una gran final jugada en cancha de Argentinos el 15 de enero de 1979, donde Piraña se impuso por 4 a 1 y obtuvo la mayor conquista de su breve existencia: Campeón de Primera División “D” y ascenso a la “C”, donde jugará en 1979 por primera y única vez.

En sentido contrario venía el club Lanús, una de las 18 entidades fundadoras del profesionalismo, con un bien ganado prestigio por su estilo de juego ofensivo y un reducto difícil, atributos suficientes como para afianzarse como equipo de primera división durante los años 30 y 40. El elenco Granate perdería la categoría por vez primera recién en el año 1949 víctima del mayor despojo de la historia del fútbol patrio, cuando ya casi todos los chicos, incluidos Vélez y los equipos rosarinos, habían mordido el polvo del descenso a la “B”. El retorno fue inmediato, y significó el inicio de la construcción de un representativo que pasó a la historia como el más lujoso, desplegando un fútbol de galera y bastón que conquistó la simpatía de la mayoría los espectadores porteños: Los Globetrotters, aquel elenco maravilloso que no pudo ganar el torneo de 1956, aquellos grandes jugadores que no pudieron obtener la gloria que merecían.

En 1961 Lanús descendió por segunda vez, y en esta oportunidad el retorno le demandaría tres años en la “B”, hasta 1964, cuando consigue volver a la categoría de privilegio con otro equipo para el recuerdo: Los Albañiles, por Silva y Acosta, los constructores de las famosas paredes que los convirtieron en una dupla de leyenda. En 1970 Lanús volvió a la “B”, en el 71 ascendió, en el 72 volvió a descender, y después de varias finales perdidas consiguió retornar a la división mayor en 1976 con otro equipo excepcional conducido por José Luís Lodico, el último centrojás granate. A esa gran conquista le sucedió la caída estrepitosa. En 1977 Lanús se va a la “B” en una dramática e inolvidable definición por penales ante Platense en cancha de San Lorenzo. Y en la misma cancha, un año después, bajaría otro escalón al perder otra final, ésta vez ante Villa Dálmine. Fue en 1978, el año del Mundial, Lanús se fue a la “C” y la noticia sacudió al fútbol argentino.

Los caminos de Lanús y Piraña se cruzaron por vez primera el 5 de mayo de 1979 en cancha de Huracán, donde Piraña asumió en condición de local el partido más importante de corta existencia. Nunca había jugado ni volverá a jugar con un rival de semejante tamaño. El Grana había tocado fondo, y el sorprendente crecimiento de Piraña, de manera simultánea, encontró su techo. Lanús había formado un equipo con hombres experimentados en la divisional “B” pensando que el retorno se daría de manera natural, por el peso de la camiseta y de la historia, y pronto comprendió que nada sería tan sencillo. Algo parecido pero en sentido adverso le pasó a Piraña, que mantuvo el equipo que había logrado el ascenso, y pronto comprendió que el sitial le quedaba demasiado grande. Su campaña lo dice todo: apenas 2 victorias y siete empates con 29 derrotas, muchas de ellas por goleada, los números elocuentes que lo devolvieron a la “D”.  Cuando se volvieron a ver las caras en la cancha de Lanús, por la ronda de las revanchas, todo estaba más que encaminado para ambos. El local no logrará darle alcance al Deportivo Español, que lo pasó en el tramo final, consiguió el ascenso con justicia, y Piraña se despidió de la “C” para siempre.

El tiempo puso las cosas en su lugar. Para Lanús, el choque con Piraña simboliza la dimensión de la caída, pero también el punto de partida de una esforzada y sorprendente recuperación institucional, aunque le demandará 12 años su vuelta a la primera división. En la actualidad es uno de los animadores del fútbol argentino y de las máximas competencias internacionales, y en los últimos 20 años obtuvo dos títulos locales y dos continentales. Para Piraña, haber enfrentado a Lanús sintetiza la dimensión de una hazaña deportiva lograda en circunstancias curiosas, que se truncó cuando la carroza se convirtió en zapallo y todo volvió a su lugar. En 1980, Piraña jugó nuevamente en la “D”, salió último en la tabla y perdió su afiliación. Nunca más volvió a la órbita de la AFA. En los últimos 15 años dejó de funcionar normalmente, padecimiento habitual en las instituciones barriales. Sus instalaciones fueron ocupadas por bandas dedicadas a comercializar drogas. Luego de un procedimiento policial, el lugar fue clausurado. En 2014 socios y vecinos lograron la normalización institucional, y en la actualidad siguen luchando para recuperar su sitial en el corazón de Pompeya.

Aquel furtivo encuentro entre Lanús y Piraña, uno sintiendo el estrépito de su caída y el otro celebrando su suerte ante el precipicio, está marcado a fuego en las historias de ambas entidades. Y hoy, que todo los separa, los une la singularidad y el dramatismo con el que ambos clubes han transitado sus respectivas existencias.  

Marcelo Calvente



viernes, 24 de junio de 2016

Sufrir, celebrar y seguir soñando

La gestación del inolvidable Lanús Campeón de Jorge Almirón no fue un lecho de rosas para los hinchas granates. Fueron seis meses de sentimientos contradictorios. Al principio pesimistas de cara al futuro, no había demasiada confianza en el nuevo entrenador, aunque las victorias se acumulaban aún antes de empezar a jugar bien. Hasta la 5ª fecha, el equipo de Almirón siempre lo intentó aunque no siempre logró, no obstante le alcanzó para agarrar la punta con cuatro victorias consecutivas y el empate en San Juan. Por la 6º, en Arias y Guidi, Lanús aplastó a Newell’s con una lección de fútbol bien jugado, firme defensivamente y profundo en ataque. Fue la primera vez que se plasmó en el terreno lo que el DT y los jugadores venían intentando. El buen andar se mantuvo pese a la derrota en Avellaneda ante Racing. Con la seguidilla de triunfos que siguió a esa caída, la gente de Lanús empezó a confiar en el equipo, a ilusionarse con que ésta vez sí, el título estaba más cerca que nunca.

Superando a todos los rivales que enfrentó, el Grana se clasificó a la final dos fechas antes del cierre, y mientras no se definía el adversario, en Lanús volvió la tensión. Cuando se supo que el rival sería San Lorenzo, una buena parte de los hinchas se dejó ganar por la inquietud. De perjuicios y despojos, los Granates saben de sobra. La angustia se terminó cuando la pelota empezó a rodar por el césped de la cancha de River, y Lanús empezó a construir su tarde de gloria, la mejor actuación colectiva y la más notable victoria de su historia centenaria, cuatro a cero sobre el equipo del Papa y de Tinelli, vuelta olímpica en Núñez y celebración en el Obelisco. Ésta vez sí, con el reconocimiento de todos, con amplia cobertura de la prensa especializada, con el renovado fervor de su parcialidad cada vez más numerosa y cada vez más exigente, la ciudad de Lanús vivió su merecida fiesta por la obtención de la cuarta estrella, esa que tanto se venía postergando.

El campeonato se terminó y la borrachera pronto se fue disipando. Enseguida llegó la Copa América, también la Copa de Europa, pero el hincha granate, con la vara de la exigencia demasiado alta, no se termina de enganchar con el juego que se despliega. Quiere que vuelva la competencia local, y mientras espera, mira de reojo las noticias que siempre animan los recesos, el famoso mercado de posibles pases, campo orégano para las operaciones de prensa que llevan a cabo sistemáticamente los periodistas de los medios nacionales, a veces de manera descarada. El hincha de Lanús no tiene respiro. La fiesta pronto dio lugar al sufrimiento. El primero en encender la alarma, cuando no, fue el más idolatrado de sus futbolistas, el Pepe Sand, que en el mismo terreno de juego, minutos después de obtenido el campeonato, deslizó que su continuidad estaba en duda y que la culpa era de algunos dirigentes. De ahí en más, las pálidas se sucedieron una tras otra. El que la siguió fue Román Martínez, que dice que quiere firmar un mejor contrato y que escucha ofertas. Después apareció Iván Marcone, que ante la pregunta cómplice dice que siempre fue hincha de Independiente. Señales de humo, intentos unilaterales demasiado obvios. Y algunas noticias parecen en joda: dicen que se llevan al controvertido Junior Benítez, el mismo que hasta no hace mucho tiempo estaba en la mira implacable de la mayoría de sus hinchas, según parece lo quiere uno de los grandes de Portugal, nada menos que el Benfica, y de concretarse la operación, sería a cambio de una suma cercana a los tres millones de dólares. Sí, ¡por Junior! ¿Quién lo hubiera dicho? Por ahora, es todo chamuyo. Una muestra de lo mucho que falta para que se active el mercado son las pocas operaciones de relevancia que se han concretado hasta el momento.

Los ojos de los dirigentes y representantes del primer mundo están puestos en la competencia europea, y apenas si miran de reojo la Copa América. Recién a partir de cuartos, cuando empiezan los partidos eliminatorios, suelen prestarle mayor atención. Lanús tiene tres de sus mejores valores jugando en Paraguay, pero lamentablemente el equipo guaraní no logró clasificar a cuartos, es decir, esos futbolistas no pudieron cotizarse como se esperaba. Pero ojo, Paraguay tiene un panorama complicado para llegar al próximo mundial y acaba de ser despedido su entrenador, Ramón Díaz. Y según informa el diario Olé, el director de selecciones de Paraguay, Miguel Figueredo, confirma desde Asunción que Jorge Almirón está en la lista de probables reemplazantes. Eso sí es para preocuparse. Si bien los dirigentes de las asociaciones nacionales suelen buscar entrenadores con más renombre internacional, no hay que ser muy inteligente para saber apreciar lo hecho por Almirón en Lanús: en apenas seis meses logró aplicar con notable acierto un esquema táctico revolucionario que lo llevó a consagrarse holgado campeón, que hasta hoy nunca fue superado y que dejó claramente un escalón debajo a todos los rivales que enfrentó, incluso hasta los más encumbrados. Y además lo dicho: tres de los mejores futbolistas paraguayos están a sus órdenes en Lanús

Pronto comienza la Copa Sudamericana, y si no ocurren circunstancias irreversibles, como ser ofertas millonarias irrechazables o incorporaciones fallidas, el equipo granate mantendrá su potencial y será animador principal de la competencia, teniendo como adversarios más poderosos al Atlético Nacional de Medellín, a Emelec de Ecuador, y tal vez a alguno de los equipos brasileños y mexicanos. Esta Copa, la segunda en relevancia a nivel continental, es una buena oportunidad para ver si aparece un equipo que pueda superarlo. Por ahora, con la idea de Almirón y con estos mismos futbolistas, Lanús tiene chapa como para afrontarla con optimismo, y también la Copa Libertadores que disputará durante el primer semestre del 2017. Y el hincha de Lanús, después de tanto sufrimiento, tiene todo el derecho a soñar con ganarla, y luego viajar a Japón para jugar por la obtención de la Copa Mundial de Clubes Campeones.

Marcelo Calvente