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viernes, 19 de diciembre de 2014

Desvelado por un sueño



Hace apenas un año atrás, convaleciente de una operación, con las retinas desbordadas por las imágenes de la final de la Sudamericana, fui un observador distante de algo que casi siempre me tiene en cuerpo presente. Tuve la suerte de haber asistido a casi todos los partidos definitorios de la historia moderna del club Lanús. Estuve en los ascensos, estuve en los descensos, estuve en las frustraciones, estuve en la Bombonera en 2007. Como la primera conquista, aquella Copa Conmebol 96, la Sudamericana 2013 la tuve que ver desde el líving, a siete cuadras de la Fortaleza, la transmisión fue conmovedora La primera vez que sentí orgullo mediático por Lanús fue cuando ganó la Conmebol en Colombia, y la televisión que hasta allí le había dado la espalda lo transmitió en directo, con himnos y todo, con la Urraca izando la bandera granate, todo un símbolo. Pasaron diecinueve años, y ahora somos más grandes.

Mellizos preocupados a la hora de armar un nuevo equipo
La obtención de la Sudamericana fue otra cosa. En la previa, las autoridades continentales loaban al gran presente de Lanús. La victoria estaba cantada. El marco fue inolvidable tanto como los festejos, y sobre todo, logrado con un gran rendimiento futbolístico del equipo, que al término incluso auspiciaba más. Mucho más. Pronto empezó a jugar la Libertadores como gran candidato, y su marcha, sin ser deslumbrante, resultó sólida y efectiva. Fue cuando empecé a pensar en este partido que está por jugarse en Marruecos, y tuve la certeza que de no mediar ese zapatazo diabólico del uruguayo William Ferreira del Bolívar, en un par de días Lanús enfrentaría al Real Madrid, el mejor equipo del mundo. No veo cómo en la revancha, aún en la altura, el Bolívar hubiere convertido si Lanús jugaba con la ventaja que se escapó con aquel remate funesto e infernal en tiempo de descuento. No veo cómo San Lorenzo hubiere luego superado a Lanús, el mejor Lanús de los últimos tiempos sino de todos, si hace más de seis años que no le gana ni de local ni de visitante. Ni hablar del humilde Nacional de Paraguay, no había equivalencias en el poderío de uno y otro. Lanús hubiese ganado indefectiblemente la Libertadores si no fuera por esa pelota maligna que heló la sangre de los granates presentes, aquella noche del 8 de mayo de 2014, cuando ese misil del averno que salió de los pies del satánico volante uruguayo, vade retro, se clavó en el ángulo de Marchesín.

En un par de días Lanús estaría jugando con el Real Madrid por mérito propio, porque en los dos años que pasaron desde la llegada de Guillermo hasta mitad de 2014 fue el mejor equipo de América. Hace un año atrás, no tenía dudas que así iba a ser. No habrá una Libertadores más fácil de ganar, ni más servida. ¡Las veces que imaginé estar ante este partido! Era el escalón que faltaba para subirse a la plataforma deportiva de Vélez y Estudiantes, digo deportiva y de proyección internacional, porque desde lo institucional ya miran desde abajo desde hace bastante. Lanús se habría convertido en una especie de Príncipe de Copas, con tres galardones continentales estampados en su camiseta. Pero no. Maldito zapatazo…

Sin embargo, nadie lo dudaría, ese momento pasó, y pasó también el semestre bonus track que ofrecía un montón de títulos para servirse a gusto, y que Lanús fue dejando pasar uno tras otro. Nadie lo duda, el equipo ya no es el mismo. Aquel tenía una de las mejores defensas del continente, pero se fueron Goltz e Izquierdoz y nada volvió a ser igual. Y eso que ahora está Romero, uno de los máximos goleadores patrios, travestido además en gran pasador. Aquel equipo se armaba de atrás para adelante, tratando de quitar el balón en el terreno rival. En ofensiva tenía dos titulares, Silva y Acosta, pero no tenía al tercero. A veces Pereyra Díaz, a veces Ismael Blanco, en otras Melano, al final Junior Benítez. Y eso que éste Laucha es una versión muy mejorada de aquel de un semestre atrás perseguido por los desgarros. Me da la sensación que a este Lanús le sobró Silva, que hace mucho que no es el mismo, y al medio campo le faltó otro volante. Es una sensación que tengo. Ya que vamos a ser largos, al menos equilibremos…

Yo no discuto con quienes piensan que no se debería haber vendido a los dos centrales juntos. Soy conciente que eso no era posible. Me afilio a los que sostienen que el entrenador dispuso de todo lo necesario para conseguir los refuerzos acordes, además de casi la mitad de lo mucho recaudado por ambos defensores para abonar por ellos. Guillermo se decidió por el conocido Braghieri, ahora desconocido, y por el joven central paraguayo de la Selección, Gustavo Gómez, de apenas veinte años.

Gustavo Gómez cierra los ojos ante el Masche japonés
No quiero volver a hablar de Gustavo Gómez, me canso a mi mismo. Pero el receso me devuelve esas imágenes que no me dejan dormir. A veces, en medio de la noche, me despierto sobresaltado porque Gómez, en vez de presionar, se aleja de su marca de manera imprevisible. A veces trato de recobrar el sueño pensando en las Nereidas de Lola Mora, y de la fuente, entre los corceles, surge heroica la figura del guaraní chapoteando y rechazando para adentro, al punto del penal. Pienso en el Circo Thiany, y me aparece haciendo cabriolas al lado de Marchesín, que lo mira sorprendido, mientras los cuchillos de un mago imaginario se clavan en sus ángulos, y Agustín grita desesperado “¡No dejen patear, no dejen patear!”. Y entonces el desfile de caras extrañas. Araujo contrariado, tratando de entender donde pararse, Velázquez extraviado, incluso perdiendo la calma. Somoza, Ayala, Ortiz y el Pulpito alternando buenas y malas en la soledad de sus respectivas estancias. Y allá arriba, Lautaro, Romero, y Silva, sin cadena, haciéndose visera con la mano y buscando pelotazos que pasan de largo. No hay caso, al final de cuentas, cuando hablo de Lanús, siempre, tengo que hablar de Gómez. Incluso no descarto una mejora, tiene condiciones naturales. Pero me pregunto cómo fue que a seis meses de su llegada no pudieron corregido, e incluso si acaso lo han intentado.

Todo indica que va a haber más bajas. Marchesín y el Pulpito inauguraron la lista de los que se van, a la que, dicen, puede agregarse Romero, Ayala, Somoza e incluso los dos laterales, Araujo y Maxi, que no serían muy tenidos en cuenta que digamos por el entrenador. Dicen, y hablan de los que antes de Gómez eran los mejores laterales de Sudamérica. Y ahí es cuando pienso que de no mediar ese zapatazo a lo Lucifer del hombre del Bolívar, en algunas horas más estaríamos jugando con el Real Madrid en Marruecos. Pero resulta que en lugar de Lanús está San Lorenzo. Es tarde, me pesan los párpados, pero no quiero dormirme. Últimamente se me aparece el Mellizo trayendo refuerzos y me despierto sobresaltado. Y entonces sí, decididamente no puedo volver a pegar un ojo.  

Marcelo Calvente

viernes, 12 de diciembre de 2014

Culpas, causas y consensos



A un año calendario exacto de su conquista más relevante, Lanús dejó de ser el último campeón de la Sudamericana. Apenas un año, y sin embargo parece que ha pasado mucho tiempo más, tal vez por lo tanto que jugó –y no ganó- y por las muchas cosas que han cambiado en el equipo, pese a que no se cambiaron tantas cosas. No está Paolo Goltz, quien partió en el momento justo a buscar la fortuna que por su calidad merecía. Tras ocho temporadas en Huracán, desde su debut en 2002, un equipo sin más pretensiones que mantener la categoría, y un salto de calidad a mediados de 2010, cuando llega a Lanús, donde permaneció cuatro ciclos hasta partir rumbo a México seis meses atrás, un justo premio a su constante crecimiento técnico y profesional. Tampoco está Izquierdoz, un futbolista en pleno desarrollo que hizo lo correcto al decidir su partida, también por un dinero irrechazable; es sabido, el tren de la fortuna no pasa todos los días. Los demás, están casi todos, salvo Pereyra Díaz, que se fue en plena competencia, e Ismael Blanco, que nunca se afirmó pese a sus goles relevantes. Está Silvio Romero, que retornó frustrado de Europa siendo mucho mejor armador de juego y más determinante en la red. Los demás son los mismos, y aunque Silva, Somoza, Ayala, el Pulpito, Araujo y Velázquez  bajaron en su rendimiento, el Laucha volvió a ser aquel jugador indestructible que no falta ni con anginas, aunque a veces lo rajan por desborde. Lo cierto es que un año después de ganar brillantemente la Copa que ahora se llevó River con justicia, el equipo de Guillermo ha cambiado mucho, y el espíritu colectivo y la concordia en el plantel han decrecido.

El último gran festejo, hace justo un año, en diciembre 2013
A veces son los jugadores. Está claro que no se acertó con los integrantes de la nueva zaga, no son Goltz e Izquierdoz, no es fácil tener una dupla igual con el mismo presupuesto. Gustavo Gómez se merece otra oportunidad porque tiene condiciones físicas y espirituales, pero debe prepararse urgente para rendir táctica y estrategia, que las tiene previas. También Braghieri se merece otra oportunidad porque lo hemos tenido en mejor nivel, y porque uno supone que debe ser difícil hacer dupla con Gómez, mientras el paraguayo, en su puesto de último hombre, siga haciendo todo lo contrario a lo conveniente. El mercado ofrece a los que están porque fueron rechazados de Europa, y algunos además están más cerca del retiro, y a los que surgen mostrando condiciones. Hay que reconocer que no es fácil encontrar un central joven que reúna esas condiciones jugando en una institución que no pueda rechazar una oferta de Lanús.

A veces son los técnicos. Como entrenador debutante, Guillermo ha cosechado una enorme cantidad de puntos en su estadía en Lanús, logrando la Copa que hoy cambia de manos. No debe haber muchos casos así. Su gran trabajo se ha opacado porque todo lo que peleó después, por una o por otra cosa, lo terminó perdiendo. Pero la mácula que lleva estampada su campaña tiene que ver con el desastre táctico-defensivo que llegó con el cambio de zaga, porque su responsabilidad era corregirlo, y ni si quiera se advierte que lo haya intentado, ya que la falla fue la misma de principio a final del ciclo que termina. No hay que olvidar que le faltó algo de suerte. Al menos la Suruga Bank pudo y debió haberla ganado. Con todo, la responsabilidad máxima de estos errores es del entrenador, tanto como de todos los aciertos. "Te acuerdas, fue hace justo un año..." dice el tango.

En contra o a favor, siempre juega la suerte. River terminaba en la 17ª ubicación el Inicial 2013 con Ramón Díaz al frente. Con el riojano, luego obtuvo el Torneo Final 2014. La política institucional trajo un cierto orden y a Gallardo, que con jugadores que habían mostrado menos logró mucho más, aún está peleando el inicial 2015, el mismo que Lanús también arañó hasta caerse ante Boca, y en simultáneo se acaba de quedar con el cetro que deja el Grana. Algo de fortuna tuvo. Halló excelentes proyectos en la cantera y logró inéditas versiones de Mercado, Vangioni, Poncio, Sánchez, Rojas, el propio Teo, Mora y sobre todo Leonardo Pisculichi, que volvía del otro lado del mundo, con un previo paso por Argentinos para el olvido, donde jugó 14 partidos y apenas marcó 4 goles, y parecía más cerca del retiro que de la consagración. Sin embargo, todos sus jugadores brillaron como nunca antes. No hay dudas de que la suerte sopló a su favor, de todos modos, ¿Cómo no adjudicarle el éxito al entrenador? 

El cierre del año deportivo fue sin victorias relevantes
Muchas veces, casi siempre, los culpables son los dirigentes, y a veces también su contrapartida, los socios y simpatizantes más cercanos, los que concurren a la cancha de local y exigen alegrías a puteada limpia. Los de Boca pusieron al club de rodillas obligando la contratación de Riquelme y Bianchi, y por los magros resultados, ahora se aprestan a desplazar a Angelici, quien les dio el gusto perdiendo el honor y la palabra empeñada públicamente ante Falcioni, y le harán pagar el error de haber obedecido sus demandas en las elecciones que se vienen. Es una situación muy descriptiva. Las decisiones no se ponen a consenso popular, se toman a conciencia. Y después se rinde cuenta. En cambio los hinchas granates en general están muy conformes con quienes vienen conduciendo al club desde hace más de 20 años. No obstante expresan su natural malestar ante la falta de nuevos títulos, sobre todo en el semestre que termina, en el que dispuso de cinco oportunidades y todas resultaron fallidas. Algunos suelen decir “acá festejan el superávit, yo quiero ganar campeonatos” como si una cosa no dependiera de la otra. Como si no estuviera más que probado que, para un club “chico”, los problemas económicos alejan toda posibilidad de logros deportivos y llevan inexorablemente a la pérdida de categoría tanto como a la bancarrota.

Frustrados por un año sin estrellas, muchos granates ahora exigen refuerzos de categoría para la conformación de un nuevo plantel que les devuelva la alegría, dado que según el propio entrenador, además de Agustín Marchesín y el Pulpito González -recientemente transferidos al Santos Lagunas de México- partirán también varias figuras más. La cuestión es clara: Para tener una economía floreciente hay que vender bien, para eso hay que comprar con acierto, y sobre todo hay que formar.  Para consolidar a los valores que se forman no hay que taparlos con jugadores del montón. Y todo esto lleva a la pregunta clave: ¿están surgiendo últimamente valores como para promover al plantel superior como venía ocurriendo en los últimos años? Al menos en el año que termina, no parece haber sido así.

Marcelo Calvente

domingo, 7 de diciembre de 2014

Tres preguntas



Al final, el último capítulo del semestre no fue feliz, pese a lo cerca que estuvo Lanús de lograr la tan ansiada cuarta estrella. No pienso en la derrota ante Tigre, cuando al menos había que asegurar el empate parcial, y en cambio perdió estrepitosamente por 3 a 0 sin línea de juego ni control de impulsos. Mas duele la derrota ante Independiente, porque se arrancó en ventaja y se perdió por goleada. Nada fue igual después del caso Merlos, un árbitro mediocre que fue condenado por el periodismo berreta por la que fue quizás la sanción más justa de su carrera, esos más que justificados cinco minutos de adición, más uno por indisciplina de Palermo y sus muchachos. Luego de Castrilli, Madorrán, el Sargento Giménez, el misterio de Brazenas y el affaire Lunati, Merlos fue el último mártir del arbitraje argentino. A juzgar por la pobre actuación de Lanús de ahí en adelante, el equipo no pudo sustraerse a la presión de los medios. Si el árbitro fue Frankenstein, Lanús es la colina que los exaltados con carnet prendieron fuego con sus antorchas medievales para hacer justicia con el monstruo. El equipo granate, conformado por jugadores de vasta experiencia, pagos como casi ningún otro plantel argentino, no pudo con una runfla de mediocres con micrófono increíblemente al frente de medios de relevancia nacional. Y el cuerpo técnico que conduce quien como jugador fuera de los más ganadores y despiertos del fútbol criollo, cuando estaba a un paso del gran salto al fútbol internacional, tampoco pudo con ellos.

En su último De Frente, Martín Macchiavello lo pone en números: “Guillermo tiene, desde su llegada hace dos años y medio, una eficacia del 55,91% de los puntos en juego (a pesar de su falta de acierto en algunos cambios) y, detrás de Almirón, es el DT con mejor puntuación en 2014 (62 unidades); en este torneo, Lanús cuenta con la segunda mejor localía (73,3%) y la 3° mejor marca como visitante…”. Y más adelante, lo más clarificador: “…si sólo valiesen los puntos al finalizar los primeros tiempos, ya seríamos campeones, con siete puntos de ventaja (39 vs 32) sobre Racing (cerrar un partido debería ser tan importante como abrirlo, ¿no?,” Más claro, échale agua. Venimos diciendo desde el principio que éste Lanús no puede sostener los resultados, que se produce el retroceso, el estiramiento, el equipo se desmorona y lo terminan peloteando, muchas veces le empaten, y otras, hasta le ganan. Los números reflejan el descalabro táctico de cada jornada. Y explican esas imágenes de vodevil de los defensores de Lanús dando brincos y recibiendo los pelotazos en el área chica, rogando el milagro de cada día de San Marchesín. Guillermo la pifió feo con la contratación de Gómez. Es quien pone la última línea de su equipo donde el delantero rival decida. Me canso de repetirlo. Laterales y volantes echan los bofes, los delanteros no la reciben limpia, el retroceso de los centrales granates permite que los rivales reciban a espaldas de Somoza con libertad y tiempo como para pensar y ejecutar el último pase, que si es preciso, termina en la red de Marche. Por estas cosas se perdió contra Independiente, un equipo que fue vapuleado antes y después –antes Gimnasia en Avellaneda, después Boca en la Bombonera- y que volvió a ser aplastado ayer en Córdoba por 4 a 0 por Belgrano.  Macchia dixit: “¿Semejanzas entre este 2-2 y los juegos ante Olimpo, River, Godoy Cruz, Arsenal e Independiente (sí, una tercera parte de los partidos)? Claro, acertaste: íbamos adelante y perdimos”. Fueron muchos los puntos perdidos de esa manera ante rivales inferiores. Demasiados para un equipo con pretensiones de campeón.



Guillermo, tal vez pensando en otra manera de defender
A la hora de salir a enfrentar a Boca, Lanús tenía un panorama tan raro como alentador. Si ganaba, cosa que venía ocurriendo hasta los 42’ del complemento, estaba ante la posibilidad de una definición exótica que podía ser histórica, y estrenar esa extraña circunstancia de que ante un triple empate, el campeón sea el que haya sumado más puntos en los partidos disputados entre los tres. Dicho de otro modo: de haberle ganado a Boca, si River supera a Quilmes y Racing empata con Godoy Cruz, ganando hoy en Rosario, Lanús era campeón. Dios quiera que no se den esos resultados para no lamentarse más aún.. 

Ni el tiro del final, no habrá cuarta estrella en el año que termina. Una pena. Lanús fue a Rosario ya sin chances, y entregó otra actuación para el olvido, nuevamente apostando un a idea defensiva que no parece seria, el empate en cero tuvo sabor a milagro. El extraordinario momento de la institución, instalada en la elite del fútbol internacional como nunca antes, el inigualable balance con un superávit de 33.284.480, 90 pesos, algo habitual desde hace varios años en el club pero imposible en cualquier otra entidad, merecía algo más en lo deportivo. De haber ganado alguna de las finales que perdió, al menos una de las varias alegrías que no pudo conseguir, hubiese sido un enorme aporte a la fiesta del centenario que se viene, que de ninguna manera debe empañarse por no haberlo logrado.

Finalmente Paraguay ya tiene entrenador, y los medios que tanto hablaron de la partida del DT granate poco tiempo atrás, ahora no han vuelto a abrir la boca al respecto. Todo indica que la continuidad de Guillermo no está en duda, no puede estarlo con semejantes números, aunque desde lo táctico deja más de un interrogante. Es sabido, los cortocircuitos con parte del plantel existieron. Primero bajo el sol de Japón, después por el hastío de algunos jugadores por lo mal que se defiende. No hay que ser muy perspicaz para señalar que con Acosta y Romero en este nivel, con un poco más de plantel y con otra idea de cómo defender, Lanús debió ganar algún campeonato. No pudo ser, son cosas del fútbol.

La primera pregunta que nos surge es si Guillermo, ante la anunciada partida de varios futbolistas importantes, va a poder armar un gran equipo con incorporaciones más certeras que las de Gómez, el Pochi Chávez, Firulete Silva y Bella. Si es capaz de diseñar un mejor sistema defensivo, dinero para invertir con acierto no le va a faltar. La segunda es si va a poder pilotear la indiscutible bronca e insuficiente sintonía que hay en algunos integrantes del plantel entre sí, y también para con el cuerpo técnico que él conduce. No sería una locura, más bien lógica pura, que los dirigentes consulten con algún referente del equipo sobre temas varios, entre ellos algunas de las ideas del entrenador y las cualidades humanas y técnicas aplicadas al trabajo de cada uno de los integrantes del plantel y el cuerpo técnico. Y la tercera pregunta, que es la más difícil de responder: si advierte que nada de esto podrá lograr, ¿seguirá Guillermo al frente del equipo hasta el final de su contrato?

Marcelo Calvente

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Otra mirada



Si querés sentir de cerca la esencia del fútbol, andá a la cancha. Las emociones fuertes, los instantes de gloria, los sinsabores, esas cosas se viven desde la tribuna de tu equipo, jugando de local. Ahora si querés apreciar las acciones más detenidamente, evaluar el rendimiento de cada jugador y observar con mayor claridad el entendimiento colectivo, además miralo por tele. Mirá bien cada repetición, desde cada ángulo, de más cerca o más lejos, y bancate a Apo o a Alejandro Fabbri en los comentarios si es necesario. Está claro que si saben algo de fútbol no se les nota. El primero anda entusiasmado con su nueva creación: “el destino que intenta alcanzar se encuentra congestionado…” repite en cada partido, abriendo los ojos como Einstein pero con la voz del Oso Yogui. El segundo ni eso. Comenta con desprecio, como si el fútbol lo aburriera. A veces pienso que es su sola .presencia en la cabina lo que hace aburridos a cada uno de los partidos que le tocan en suerte. El tipo es feliz cuando le piden una estadística. En eso es muy respetado, pero ¿para qué se mete a comentarista? ¿Se toma el trabajo de volver a ver los partidos que comenta? ¿Acaso no le afecta saber que, más allá de estilos y escuelas, lo hace muy mal?

Tengo la suerte de poder ir a ver a Lanús de visitante. Y a aunque concurrir a estadios ajenos es estar sometido a la provocación y la extorsión en la calle, a la incomodidad de los espacios otorgados y el hostigamiento permanente de los hinchas rivales, presenciar el partido es una experiencia única y emocionante, que sólo sirve si se puede enriquecer con la emisión completa que se obtiene en youtube pocas horas después de disputado el mismo. En la transmisión televisiva se observa de cerca lo que en la cancha ocurrió lejos, y se puede descubrir qué es lo que intentó hacer tal o cual jugador, si lo hizo bien, mal o masomenos, si al concluir la jugada se lamentó, le echó la culpa a otro, y después ver si escupió a lo Riquelme, o si por pudor, se lo tragó como un caballero.

Suelo decir sin malicia que a mi criterio, Gustavo Gómez no está a la altura de la categoría en la que juega Lanús. Apreciando de cerca sus movimientos debo rectificar esos dichos. Su presencia física, su determinación y la fiereza con que va a disputar cada balón, con el agregado de su corta edad y su prematura experiencia internacional, me hacen pensar que debería tener otra oportunidad, trabajarlo durante un tiempo  específicamente en los graves errores tácticos que comete. Toda la valentía y la potencia que exhibe en el mano a mano la desperdicia retrocediendo, dejando el espacio necesario para que su marca reciba sin contratiempos. Cuando el rival la tiene, solo trata de que no se anime a superarlo, que se conforme con no intentarlo, que ceda la pelota y asunto de otro. En los videos también se observa claramente que cuando el equipo sale del fondo, Gustavo Gómez establece la última línea granate donde lo decide el delantero adversario. Que no lo arrea hacia delante, que no se propone hacerlo. En el video se observa como sus compañeros empiezan a sufrirlo más y más en tanto avanza el partido. Y se advierte también que cuando el rival logra meter a Lanús contra su arco y durante dos o tres intentos logra un ataque sostenido, no hay forma de que no termine en gol, porque Gómez, y con él Braghieri y el resto, durante todo el semestre y en cada una de esas acciones que terminó en gol, aparecen tratando de defender a los revolcones en el área chica de Marchesín. Te lo recomiendo, impresiona verlo tanto como advertir que tal situación deja de ocurrir en las contadas ocasiones en que su lugar lo ocupa Matías Martínez, cosa que sucedió a los 16 minutos del segundo tiempo ante Gimnasia, cuando Guillermo también hizo ingresar a Somoza por Ortiz, y con ambos logró recuperar el equilibrio .  

Junior, si está enchufado, te puede mojar la Oreja
No debe ser sencillo para Silva aceptar lo mal que está jugando, justo él que cuando brilla te saca campeón, como lo fue en Nacional, Banfield, Vélez y también en Lanús, en la última edición de la Sudamericana. Y es ilustrativo ver con el esmero que trata de revertirlo, con vergüenza deportiva, ya no es tan exigente con sus compañeros como lo era con Pereyra Díaz, ya no se saca de las casillas como entonces, sólo intenta e intenta con admirable voluntad y amor propio. No hay caso, es más útil al final, cuando hay que defender la ventaja que sin él en cancha es más fácil conseguir. Las imágenes de la TV permiten notar que el Pulpito González y Ayala jugaron más que aceptablemente, y que el de volante central no es el puesto de Ortiz. Es muy buen pasador cuando aparece cerca del área rival, pero jugando de “5” no le alcanza su reserva física, no por nada es el primero que se funde cuando se estira el equipo, es decir casi siempre. También Romero se va apagando con el paso de los minutos, pero es sabido que quedan apenas 180 minutos por jugar, y es a todo o nada.

Y también ante la TV se comprende a Guillermo por las tantas oportunidades que le dio a Junior Benítez, que en todo 2014 nunca repitió su actuación de hace justo un año atrás, ante Boca y Newell’s, donde apareció en todo su esplendor. De allí hasta hoy, nada de nada, ni siquiera signos de mucha preocupación ni de mayor compromiso. Viendo su actuación ante Gimnasia justifica lo mucho que Guillermo confió en él, por lo enchufado que estuvo y lo muy bien que jugó. Tal vez lo vuelva a poner en lugar de Silva ante Boca, y se complemente bien con la dupla Acosta-Romero. Si funciona, y si Martínez ingresa en lugar del lesionado Gómez, Con la vuelta de Somoza tal vez Lanús encuentre el once ideal para sumar los seis puntos que faltan. Es muy posible. Habrá que ver si alguno de sus competidores en la lucha por el título logra igual cosecha. La nota repudiable fue la agresión al Conejo Tarantini, luego de su intento laboral fallido en la función de comentarista, algo injustificable, sobre todo si el agresor estaba en la cancha. Viendo ahora la transmisión en diferido, y escuchando los comentarios de él y de Balasone, sin un tipo lo estaba mirando en la casa y se vistió para ir a pegarle, al menos tiene atenuantes.
 

Marcelo Calvente

lunes, 24 de noviembre de 2014

Al compás de Gardel



A pesar de las dos derrotas consecutivas, ambas por goleada, parece que a dos fechas del final el equipo de Guillermo Barros Schelotto va a ser protagonista determinante, una vez más, de un cierre de campeonato para sacar balcones. En un fútbol parejo como no hay otro, y como tal cambiante, Lanús protagonizó cuatro de los últimos cinco campeonatos, solamente en el semestre pasado terminó por debajo del cuarto puesto. Y el actual lo viene peleando desde la 5ª fecha. Durante 10 jornadas persiguió al gallardo puntero con fiereza, ganando casi todo lo que jugó. Y cuando River empezó a dar muestras de no llegar entero a la meta, cuando tenía que pasar al frente para la recta final, el Granate trastabilló en Victoria y rodó en Avellaneda. Varios rompieron los boletos. Rodeado por los más fieles, los que siempre alientan, logró ponerse de pie y vencer a Gimnasia sin problemas. Mientras tanto los de arriba siguen tropezando. El que sí metió buen sprint final es la Academia, con cinco victorias consecutivas aunque sin mucha elegancia, logró asomar la cabeza del pelotón. Las dos fechas finales prometen emociones. Racing tratando de dar las últimas zancadas, experimentando por primera vez el aliento en la nuca de Lanús, de nuevo en rol de perseguidor, el papel que mejor le sienta. River aún está ahí, pero corre a ciegas. No lo va a ganar el mejor, nadie lo es claramente. Lo va a ganar el que tenga más temple y Por una cabeza, como cantaba Gardel que, según dicen, era hincha de Racing.

A esta altura no hay dudas de que Guillermo no pudo sostener el nivel que, con él a cargo, Lanús supo tener hace apenas un año atrás. No acertó con los refuerzos, y al menos hasta hoy, no pudo resolver el principal problema táctico de su equipo: la ubicación demasiado retrasada de sus centrales, lo que desbarajusta al resto de las líneas. A los laterales los obliga a retroceder con ellos. Los tres volantes quedan tan lejos del fondo como de los de arriba. Ocho jugadores granates corren de un lado al otro para tratar de acortar el desierto que los centrales provocan con su apego al terruño de Marchesín, al que los rivales, que reciben los demasiados rebotes fallidos que cede la dupla, convierten en figura en cada jornada. Araujo, Velázquez, Ayala, Ortiz, Somoza y el Pulpito son las principales víctimas de este desajuste, y sus rendimientos han decrecido respecto del 2013. Romero y Acosta, las dos grandes figuras, no tuvieron la compañía adecuada en el Pelado Silva, que pese a su enorme voluntad, no ha vuelto a ser aquel que un día llegó y se convirtió en figura del Campeón de la pasada edición de la Sudamericana. Guillermo no apeló casi nunca al cuarto volante, pese a que Melano, Junior Benítez, Astina y Valdez Chamorro desaprovecharon las pocas chances que tuvieron.

Vale la pena observar lo de los dos delanteros. Los granates conocemos de sobra las virtudes del Laucha Acosta. Su maradoniano espíritu competitivo, su valentía para exponerse a los golpes, su electrizante velocidad. Pese a todas esas virtudes, la seguidilla de lesiones amenazaba a su carrera. Con acierto se decidió a someterse a una operación, siempre una especie de lotería cuando se trata de las piernas de un futbolista profesional de alto rendimiento. La medicina respondió mejor de lo esperado. Si Acosta estuvo ausente en el semestre, fue por suspensión. Las lesiones pertenecen al pasado. Su salto cualitativo fue enorme. El mal momento del equipo y algunos desbordes emocionales atentaron contra su rendimiento, no obstante, demostró estar a la altura de los mejores delanteros del mundo. Si aprovecha el momento, tiene muchas posibilidades de volver a firmar un muy buen contrato. Pero si se da por hecho en lo económico y se apega a la gloria, tiene tiempo como para festejar un par de títulos más con Lanús, por ejemplo el que está en juego, y sentarse en el trono de la idolatría granate, ese sitial que alguna vez, en tiempos de la modestia, fue propiedad de Juan Héctor Guidi.

Gardel y Leguizamo, monta de Lunático, el pingo de Carlitos
Lo de Romero también es cosa seria. Por un lado, su marca de goleador cotiza por si sola. Pero lo que sorprende es la calidad de su juego de gestación en los últimos metros, un poco más lejos del arco,  una virtud que no tenía ayer nomás, al partir hacia Europa. Vale la pena observar sus combinaciones con Acosta, su timming para dar el pase justo se advierte en varios de los goles convertidos por Lanús. Gracias a su vuelta a tiempo, Romero también se ha convertido definitivamente en un delantero de primer mundo. Con un sistema más práctico y eficiente detrás, Lanús debería haber sacado más provecho de esta nueva y poderosa dupla. 

Con las dos derrotas al hilo en Victoria y Avellaneda, el Grana perdió la chance de ser puntero a tres del final, y todo parecía perdido. Pero como River y el Rojo volvieron a tropezar ayer, la victoria ante Gimnasia devuelve a Lanús a la pelea, una vez más como perseguidor, ahora de Racing, que se quedó con la mochila de la obligación de ganar que le sacó a River, que sólo piensa en Boca y en la Copa, con el corazón herido y el músculo fruncido. Y el mismo Independiente que con una gran actuación había vencido a Lanús, cayó sin pena ni gloria ante los suplentes de Boca como había caído antes con el limitadísimo Gimnasia, jugando a nada y sin hacerse mucho drama, dejó el sueño de campeón en la Bombonera.

Mano a mano hemos quedado, cantaba el Morocho del Abasto. Dicen los que saben que Gardel trae suerte. Por eso en este cierre desquiciado de torneo, recurrimos a Carlitos.  El fútbol argentino irá poniendo el foco en la persecución final de Lanús a la Academia, que tendrá su primer capítulo el próximo fin de semana, cuando el Grana reciba a Boca, y Racing visite a Central. Ambos auriazules tienen antes un compromiso determinante: Boca visita a River a todo o nada, y Rosario Central, casi de la galera, se encontró con  la chance de ganar la Copa Argentina ante el raro Huracán, cuyo ascenso está en duda después de su caía ante Unión por el Torneo del Nacional “B”, que como nunca ocurrió, otorga diez plazas en Primera. Primero será el tiempo de esas dos finales. Habrá que moverse con sigilo. Pasado el superclásico y sus ecos, recién al llegar el fin de semana próximo, se habrá acabado el tiempo de las suspicacias y las habladurías. Será nomás la hora de la verdad para los que sueñan con ganar el campeonato, y nadie la tiene fácil, hará falta tener mucha suerte. La hora de que Gardel entone Esta noche me emborracho, y todo Lanús le haga caso.

Marcelo Calvente

martes, 18 de noviembre de 2014

Impredecible


Todo venía dentro de lo previsible hasta la fecha 14ª: River lideraba invicto y daba a entender que no había con que darle. Lanús sumaba y no perdía, pero desperdiciaba las escasas  posibilidades de acortar distancia. Primero, cuando después de tres victorias al hilo recibió al puntero por la 9ª fecha. El equipo de Guillermo se puso en ventaja, pero en el tramo final no pudo sostener el resultado y tuvo que conformarse con el empate. Enseguida volvió a la victoria frente a Central en Rosario, mientras el puntero empataba con Boca. Y cuando debía dar el zarpazo ante Godoy Cruz en casa, estando 2 a 0 arriba, otra vez la distracción, y en pocos minutos el humilde Tomba le convirtió tres goles. Por suerte pudo alcanzar el empate sobre el final. Mientras tanto, River recuperaba la diferencia de puntos, superando a Newell’s en Rosario, a Belgrano en Núñez y a Rafaela de visitante, y Lanús despachaba a Central y a San Lorenzo. Por entonces los que habían arrancado bien, ya se habían ido bajando de a uno. Primero Vélez, después Newell’s, enseguida Racing, solo Independiente se sostenía en pelea, aunque atado con alambre. La fecha 14 se suspendió. Y en la fecha 15ª, un día antes de que Independiente pierda con Gimnasia en Avellaneda dejando una muy pálida imagen, y dos antes de que River empate con Vélez en Liniers, Lanús obtiene una victoria de manera increíble ante Arsenal, convirtiendo dos goles entre el quinto y el sexto minuto de descuento, y el fútbol argentino en su conjunto explotó por los aires.

Me lo sigo preguntando hasta hoy: ¿Cómo fue que sucedió? ¿Porqué la prensa especializada en general se encolumnó para minimizar la enorme victoria lograda por Lanús y decidió ajusticiar a un árbitro por lo único que hizo bien en todo el partido? ¿Porqué casi nadie destacó la actitud bochornosa de Palermo y sus secuaces? Para colmo, apareció el bufoso y la campaña en contra del Grana se instaló en las primeras planas de todos los medios nacionales, de cualquiera de las veredas ideológicas existentes. Confieso que por esos días la pasé mal. Todos estaban en contra de Lanús. De repente la entidad modelo, para ideólogos de la calaña de Hugo Balasone, Gustavo López y otras luminarias del periodismo deportivo, sumados a notables del saber nacional, como Fernando Bravo, todos le apuntaban indignados a Lanús. Recuerdo lo imposible que era hablar con los amigos hinchas de otros cuadros, con el carnicero de la esquina, con la propia Doña Rosa. Ahí empecé a comprobar lo que ya sospechaba: El fútbol argentino todo está podrido de Lanús, del crecimiento institucional, de las participaciones internacionales, del protagonismo en cada torneo que juega, y se lo hicieron saber. Y eso no puede haber pasado desapercibido para los jugadores granates.

La cuestión es que Lanús, por la postergada fecha 14ª, fue goleado  3 a 0 por Tigre a primer turno, entregando una pésima actuación a lo largo de los 45 minutos que se debían,  y se volvió sin esperanzas de Victoria. Pero más tarde River de local cae ante el Pincha e Independiente empata con Arsenal al día siguiente. Y Racing, que lograba su tercera victoria consecutiva, con un triunfo raro y afortunado ante Quilmes, se prendía en la lucha por el título. La cuestión es que anoche Lanús cerraba la 16º fecha con la oportunidad de alcanzar por primera vez a River para compartir la punta, seguido por Racing con dos unidades menos. Solo había que derrotar al alicaído Independiente.

Gol de Romero al minuto. Después, la secuencia de siempre
Anoche Lanús abrió el marcador al minuto de juego con una gran combinación ofensiva: pase de Ortiz al Laucha a espaldas del último hombre de Independiente, corrida firme, cómodo toque hacia Romero y gol de Lanús. El dominio se mantuvo durante los primeros veinte minutos. Una vez más, el mejor escenario como para pasar a manejar el partido y el campeonato. Pero como cada vez que consigue la ventaja, aparece el desmoronamiento defensivo. Cada vez que un el rival en desventaja se vuelca al ataque, el fondo granate primero recula y luego se desarma, a punto tal que ni siquiera salen las contras rápidas para los de arriba. Y en Avellaneda, ante el partido que había que ganar, cuando la esperanza estaba más arriba que nunca, la secuencia conocida volvió a suceder, a los 27’ y a los 35’ llegaron los dos goles de Independiente para darlo vuelta, y en el complemento, con las expulsiones de Monteseirín y Velázquez, cerca del final llegaron otros dos goles que pusieron cifras catastróficas, y la peor imagen que Lanús podía dejar.

Supongamos que en las próximas dos jornadas, y pese a las falencias exhibidas, el equipo de Guillermo obtiene los seis puntos en disputa ante dos adversarios muy accesibles de manera consecutiva como Gimnasia y Boca en La Fortaleza, donde suele ganar, y no sería descabellado que así fuera. Que Racing y River empaten, y que River después no pueda con Banfield, que viene amagando con que alguna vez va a ganar un partido. Supongamos que Racing empate o pierda en Rosario ante Central, tampoco sería nada raro. Ponele que el Rojo empate con Boca y le gane a Newell’s, o viceversa, pero supongamos que sume 4. Puede suceder, decía Tu Sam. Si todos estos resultados se dan, en la última fecha Lanús -con 36 puntos- visitará a la Lepra,  River -con 35- a Quilmes,  Independiente -con 34- a Belgrano, y Racing, también con 34, recibe la visita de  Godoy Cruz.. Con una mano en el corazón, si llegara a suceder que Lanús dependa de sí mismo en la última fecha: ¿no volverías a depositar la confianza en el equipo, no renovarías la esperanza de, por fin, volver a ser campeón? Sabelo, puede pasar: Lanús todavía tiene chances de lograrlo, casi las mismas que River, Racing e Independiente. Más raro fue aquel verano que no paró de nevar, canta Sabina. Y también puede ocurrir que Newell’s le termine ganando por goleada y con baile, no tengas dudas, porque con este equipo todo es posible.  

Marcelo Calvente


jueves, 13 de noviembre de 2014

Bufones, juglares y periodistas




La cuestión es que hace seis días, después de una muy pobre actuación, Lanús consumaba una enorme hazaña deportiva, con armas limpias, haciendo un esfuerzo descomunal en el último minuto de los cinco adicionados más que justificadamente por Andrés Merlos, y conquistando el empate parcial de manera más que lícita. Los bufones Palermo y Abbondanzieri, los responsables de la táctica del desmayo en cadena que empleó su equipo a partir de estar en ventaja, irrumpieron en escena para expresar su desacuerdo con que Merlos devuelva los minutos que ellos, adrede, habían perdido. Los juglares del reino, siempre amigos de los bufones, empiezan la cacería de Merlos, acusado de haber hecho mal lo único que hizo bien en su noche más negra. Pero resulta que Merlos no tuvo mejor idea que devolver aunque sea uno de los muchos más minutos que los bufones volvieron a perder explicando que no habían perdido tantos minutos, con lo que no hicieron más que volver a demorar el reinicio de las acciones para el pitazo final que el estadio descontaba, cosa que el árbitro hizo absolutamente dentro del reglamento, ya que sólo él tiene la potestad de adicionar el tiempo que considere justo. En la primera jugada de ese minuto Arsenal lo pudo ganar, y en la contra lo ganó Lanús. Y los juglares, protegiendo a los bufones, le cayeron con saña inaudita. Parece que es complicado de entender, aunque la explicación sea sencilla como un cuento infantil. Al unísono, los periodistas comenzaron a expresar su reprobación a lo que estaban viendo. “¡Pero cómo puede ser!” “¡pero mirá que bochorno!”. “Éste señor no puede dirigir más” dice Closs, ese que tan bien relata los partidos. Pero ni él ni los impresentables periodistas de la TV, sea pública, privada o en comandita por acciones, explican qué es lo les resulta tan difícil de entender, y en cambio siguen adjetivando con letra catástrofe como si no hiciera falta explicar qué fue lo sucedido.

Palermo, el mayor responsable, absuelto por los medios
Y cómo son muchos adjetivando lo mismo, algunos redoblan la apuesta. Uno pone a consideración el partido Racing-Lanús tratando de encontrar las acciones en las que el poco afortunado Merlos favorece a Lanús con algún fallo, sin poner las que lo hace en favor del rival. Ni hablar de revisar los otros dos partidos que lo dirigió, en las que lo bombeó de lo lindo, en uno fue tan alevoso que Marchesín casi lo ahorca, ¿te acordás? No señor, patíbulo para Merlos, que si no es un corrupto, seguro que tiene una tía que vive en Lanús. En eso aparece Guillermo Marconi, el Augusto Timoteo Vandor del referato argentino, y cuando uno piensa que va a respaldar a Merlos, le pega cuatro tiros como a Rosendo García en La Real de Avellaneda. Y como si todo esto fuera poco, en la cancha apareció un señor armado, con la pistola a la cintura, bien visible, en el medio de la espalda. Para qué. Vuelven los mismos adjetivos, pero ahora contra el Club Atlético Lanús. Y en un abrir y cerrar de ojos, los buitres del fútbol apuntan contra el club ejemplo: qué se han creído, venir a joder con un superávit tras otro, con tanta obra, con tanto pelear campeonatos…

Suelo enorgullecerme por haber tenido a Leandro Contento como compañero, de haberle dado la chance de probar suerte en el periodismo partidario cuando apenas tenía 16 años, y más me enorgullece que entre miles de postulantes, mi amigo haya logrado ingresar a un medio nacional como Olé, luego de una extraordinaria pasantía en 2010. Nadie conoce mucho más que yo sobre Leandro, su don de gente, su honradez y su pertenencia al barrio y a los colores del club. Eso es por un lado. Por el otro me da mucha pena tener que criticar a un dirigente del club Lanús. Es que estoy acostumbrado a señalar que son los principales hacedores de este milagro que está protagonizando la entidad de la que soy socio vitalicio, y lo vengo haciendo desde mucho antes de que el fruto del trabajo dirigencial de los últimos 15 años estuviera a la vista. Pero siempre, la verdad es una sola.

Cuando Contento advirtió que la foto del hombre armado iba a ser publicada por el diario, tuvo la deferencia de poner sobre aviso a Alejandro Marón, uno de los mejores dirigentes de la historia del club, que le atendió la llamada, declinando hacer cualquier aclaración, y recriminando la supuesta campaña de Olé en contra del Grana, cosa que todos los periodistas sabemos que no existe, al menos no en particular, más allá del desprecio profesional que el diario deportivo tiene por las entidades de menor convocatoria del fútbol argentino, porque es un medio gráfico creado como negocio, y tendrá vida mientras siga siéndolo. Esa es su razón de ser, y está muy por encima de si tal director es de Banfield o si a tal otro, de chico, lo engañó una novia que simpatizaba por Defensa y Justicia. Leandro Contento fue comprensivo con el presidente, y no dijo que tanto él, como los otros dos dirigentes que consultó al respecto, se negaron a dar explicación alguna, y tampoco hizo referencia al respecto su compañero Luis Calvano, autor de la nota del no uniformado armado.

De esta forma debió haberse acabado la cuestión, sobre todo pensando que Lanús está en carrera por el título. Sin embargo no fue así, y acá es donde creo que el presidente y quienes lo asesoran en estos temas se equivocaron, porque la cuestión del hombre armado en el campo de juego merecía una explicación mas seria, y sobre todo porque mientras tanto se conocían graves hechos de violencia y de muerte entre dos hinchadas, y no surgía otra noticia que sirviera para dar vuelta la página. Lanús entró en la provocación, y apuntó contra Clarín y Olé, un poder que está más que entrenado para la guerra, y cuando le llegó el ataque frontal se defendió denunciando la falta de pago de la cuota social del joven periodista, lo que comúnmente se llama matar al mensajero. Pero lo más grave, lo que me obliga a explicar esto, es que el club envió un comunicado que llegó a la dirección del diario manifestando que la llamada de Contento no había existido. Por suerte para mi amigo y su fuente de trabajo, la misma estaba registrada en su teléfono como atendida por Alejandro Marón en persona.

Mientras algunos colegas periodistas e hinchas de Lanús apuntan sobre Leandro Contento haciendo un gran esfuerzo para no decir la verdad, con la carga de una semana extraña y un contexto confuso, el Grana fue superado por Tigre claramente por 3 a 0, en tanto en el Monumental, River desperdiciaba su chance de cerrar el torneo perdiendo ante Estudiantes. Por eso, porque todavía Lanús está en carrera, es hora de que las cosas retomen su cauce natural, y se eviten situaciones como la del viernes con el hombre armado en el terreno de juego, o como la golpiza que sufrió en la Platea Norte un hombre acompañado por dos niños en ocasión del encuentro ante San Lorenzo -porque supuestamente era hincha de la visita-, situaciones que ojalá  no sigan ocurriendo.


Marcelo Calvente