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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Nada del otro mundo



Como broche de una jornada inédita en la larga historia del fútbol argentino, con la disputa de todos los clásicos en dos días, y en el habitual horario de las 21:30 del domingo, después del superclásico y de 678, el cierre estuvo a cargo de Lanús y Banfield, y el escenario fue una colmada Fortaleza, vestida para la ocasión con el traje de los grandes acontecimientos. La imagen de un nuevo gran clásico fue seguida por una tele-platea que midió casi 8 puntos de audiencia, más del doble que Estudiantes-Gimnasia y casi tanto como Central-Newell’s. Y saltan a los ojos las diferencias entre estos dos viejos equipos chicos que últimamente han despegado de sus pares y se han sumado a la corta lista de campeones en los albores del nuevo siglo.

Después de, por fin, conquistar el Apertura 2007, Lanús continuó alternando en los puestos de arriba y comenzó a participar en los torneos internacionales, de los que últimamente es asiduo animador, habiendo obtenido además la Copa Sudamericana 2013. A Banfield no le fue igual. El dirigente que lo había sacado campeón en 2009, tres años después y en medio de graves acusaciones, se fue por los fondos –además se dice que se los llevó con él- dejando al equipo endeudado y en el Nacional “B”. Tuvo más suerte que Lanús, que debió luchar para seguir existiendo durante cinco años sin descanso, jugando tres de ellos en la “C”, y ocho más para volver a primera, en 89/90, con nuevo descenso e inmediato y definitivo retorno en el 91/92. Banfield recibió la ayuda de todos los argentinos y se recuperó muy rápido, pero todavía se debate por consolidar la categoría, y ni hablar de volver a jugar Copas: desde 2010 que eso no ocurre. El impresionante recibimiento del local fue ignorado por la TV Pública. Lo esencial puede ser invisible a los ojos, pero no deja ser la verdad.

Lanús arrancó con un dominio total de las acciones, ganando las divididas y pidiendo y entregando la pelota con criterio. Durante más de treinta minutos Banfield sólo pensó en  defenderse, y lo hizo con exceso de pierna fuerte. Con juego asociado y profundo, el Granate lograba desbordar por las dos bandas pero no conseguía ponerse cara a cara con Bologna. En varias oportunidades apeló a la media distancia, pero todas se fueron por arriba. Ambas dificultades –las patadas ajenas y la falta de puntería propia- desajustaron su juego, fue perdiendo precisión y el dominio fue declinando paulatinamente. Por entonces Cuero se movía por derecha, buscando la espalda de Velázquez, salida permanente del Grana, sin poder sacar provecho de esa circunstancia, sobre todo porque Braghieri se ocupaba de cerrar, a veces bien, siempre potente e intimidante. La cuestión es que ante ese panorama, Cuero se fue a jugar por la izquierda de su ataque, por el lado de Araujo. El Pipi, aunque menos a fondo, también subía. Y cuando no subía tenía que estirarse y conformar línea de tres, con Braghieri por izquierda y Gómez libre, para cubrir la subida de Velázquez. Cuero avisó luego de ganarle la espalda a Araujo y esquivar el cierre de Gómez, y Monetti respondió con acierto. En la siguiente fue el Pipi el que lo corrió y el que no pudo hacer pie ante el freno del delantero. Lamentablemente Fritzler y Gómez, que cerraban por ese lado, se fueron los dos para el área imaginando el centro, ninguno pensó en el enganche hacia adentro para ponerse de diestro y buscar la comba de empeine derecho para ponerla en el ángulo superior más lejano de Monetti, como sucedió. El remate, toda virtud del moreno.

Lanús es una especie de Aquiles poderoso y ofensivo, con un punto débil: el famoso talón. Nadie es perfecto. El talón de Aquiles de Lanús es su longitud, su verticalidad y el desequilibrio que se produce entre los que atacan, que suelen hacerlo bien, y los que defienden, que en conjunto casi siempre lo hacen mal. El segundo tiempo granate fue la profundización de esa tendencia tantas veces vista: a medida que se nubla en ofensiva, su juego va perdiendo convicción y es el rival el que empieza a dominar y a creer en el triunfo, algo que en el arranque era impensado. Lanús lo peleó hasta el final, pero en cada ataque a fondo que recibe se va desordenando y en cada respuesta se estira un poco más. Siempre que le toca perder -o resignar puntos que parecían ganados- es por lo mismo, las imágenes no mienten, las estadísticas menos, no hay muchas más vueltas que darle. Un hincha puede cansarse de decirlo. El técnico no. Tiene que resolverlo, sobre todo porque pasan los meses y algunos entrenadores rivales, los que tienen con qué, logran sacar fácil provecho de tan evidente debilidad. Va a hacer un año y medio que esto sucede.

La derrota fue dolorosa pero justa. Una estrategia defensiva, con un plantel de menor potencial, se impuso sobre la otra, más ofensiva, porque le apuntó al talón. A esta altura resulta injusto evaluar actuaciones individuales por tratarse de un plano absolutamente dependiente del otro. Araujo y Velázquez seguirían siendo de los mejores laterales de la Argentina, el equipo no se partiría al medio, no sería tan vertical y sobre todo, no sería tan largo y distante, tanto entre los jugadores como entre las líneas, si ejecutara una estrategia más viable y si jugara con mayor equilibrio. Si vamos a atacar, todos a pararse en campo contrario. Y si hay que defender, los diez de campo detrás de la línea de la pelota, abocándose a la tarea de recuperarla. Son cuestiones futbolísticas de sencilla solución con solo ver los videos. Nada del otro mundo.       

La caída no alcanza para apagar la fiesta por el presente espectacular del club Lanús. Por ser parte del más grande milagro del fútbol argentino, por cuarenta años heroicos, de la casi desaparición a la actual grandeza institucional y deportiva. Independientemente de un resultado adverso e impensado, los veteranos granates vivimos una de esas jornadas de emoción plena y ojos nublados, con ganas de traer a la mente los recuerdos de otros tiempos y volver de la mano de aquel que nos llevaba a la vieja cancha a ver al Grana y que ya no está, para decirle al oído “abrí bien los ojos, mirá en lo que se convirtió el club del que me hiciste hincha” y abrazarlo fuerte.  
    

Marcelo Calvente

viernes, 28 de agosto de 2015

Minuto 70



Ojo. Tal vez la mejor virtud de esta versión de final de ciclo del equipo de Guillermo sea las enseñanzas que deja en cada actuación, tanto en el aspecto táctico como en el análisis individual de cada una de sus figuras. Lanús es una especie de muestrario de involuciones colectivas producidas por un mal llevado recambio, que pese al tiempo transcurrido el entrenador no puede resolver. El equipo nunca recuperó la solidez defensiva que le daban Goltz e Izquierdoz, y mucho menos el equilibrio entre líneas que entonces tenía, lo que lo hacía plantarse en campo contrario y ejercer presión en la salida del adversario de turno. Todo esto no significa que se trate de un elenco fácil de derrotar, mucho menos en instancias de definición mano a mano, y menos aún cuando actúa en condición de visitante. El problema es el juego, las ventajas que otorga, los altibajos anímicos de concentración, e incluso a veces la falta de convicción que algunos jugadores evidencian respecto de la idea futbolística que deben interpretar. Así y todo, Lanús se trajo de Córdoba un empate en uno con sabor a victoria, un resultado justo si se tiene en cuenta el tramo final, en el que sin brillar y con mucho esfuerzo mereció el empate que logró a un minuto del cierre, pero milagroso si se parte del inicio, el peor de los muchos malos que tuvo últimamente, saliendo a la cancha desconcentrado y recibiendo un gol antes del minuto de juego. Así anduvo hasta el minuto 70. Pese a las ventajas que recibió hasta ahí, Belgrano no se animó a ir por más, y como suele ocurrir muy de tanto en tanto, lo terminó pagando caro.

La insólita manera en que arrancó el partido condicionó el trámite. Desde esa corrida inicial que en tres pases puso a Belgrano arriba, Lanús no pudo encontrar su lugar en la cancha. Los dos centrales atornillados cerca de la medialuna propia, los laterales contenidos ante la distancia que debían recorrer para pasar al ataque, delanteros y volantes de espaldas al arco rival, tratando de recibir pelotazos largos y a dividir que partían de Gómez, el último hombre granate, que si alguna virtud justamente no tiene es claridad para entregar la pelota. Belgrano la recuperaba rápido pero, temeroso de la ventaja que tenía, no se animó a ir a fondo, esperó un adelantamiento granate que nunca ocurrió, porque así de largo como estaba, ni Lanús ni ningún otro equipo puede meter dos pases seguidos. El partido se hizo friccionado, con pierna fuerte de ambos lados, -que el árbitro brasileño no sancionó con la misma severidad- con los jugadores granates bien dispuestos para dar lucha pero no tanto para ofrecerse como receptores y generadores de juego, todo estaba a favor de Belgrano. Gómez y Braghieri se están haciendo más fuertes en la marca pero siguen jugando diez o quince metros detrás de lo que deberían. Ambos trasponen la línea media sólo cuando van a buscar por arriba en el área de enfrente, en las pelotas paradas. Prefieren pararse cerca del área de Ibáñez, y esa inexplicable y tozuda posición de la dupla central destartala todo intento colectivo del equipo.

Castelani lucha por un lugar entre los once del Melli
A los 70 del completo ingresó Sebastián Leto, y su ingreso produjo un cambio sustancial en el terreno de juego. Al talentoso delantero de cuna granate que había vuelto con gloria, con títulos y participaciones internacionales en Europa -aunque con varias lesiones a cuestas- desde el vamos la fortuna no lo acompañó. Sufrió un absurdo accidente que le costó dos operaciones de cráneo y una lenta recuperación con un desgarro en el medio, hasta que por fin, con un incómodo y llamativo protector en su cabeza, logró sumar algunos minutos ante Huracán, y a los 70 minutos de juego de un partido que venía mal para Lanús se metió en el partido sacudiendo a propios y extraños. A sus compañeros porque les dio un ejemplo de entereza y valentía, pidiéndola, luchando para tenerla, aguantando los golpes y la provocación de los rivales, que intentaron sacar partido de posibles temores y secuelas apelando a codazos, patadas y empujones. El Flaco no sólo no arrugó: se las arregló para jugar la pelota con criterio y contagió a sus compañeros con su noble sacrificio. El Grana empezó a crecer, Belgrano a refugiarse cada vez más atrás. La pierna fuerte siguió mandando, pero así y todo, con la batuta de Leto y el acompañamiento de los demás, sin generar peligro, Lanus se fue haciendo dominador. El estadio colmado la vio venir, los defensores de Belgrano se durmieron en el último corner, con la pegada de Ayala -que aparece cuando debe aparecer- y la potencia aérea en alza de Gustavo Gómez, llegó el empate que por su mayor entereza en el tramo final, Lanús mereció.     

Por delante quedan nueve compromisos por un torneo local que ya no pelea y dos Copas en las que aún está en carrera. Por detrás hay un rendimiento que no termina de conformar a nadie, con errores tácticos de larga data que a esta altura cuesta entender que persistan, y jugadores que alternan buenos y malos rendimientos, a tono con un colectivo que no terminar de funcionar como para soñar con grandes objetivos. “Es fútbol”, suele decir Miguel Russo y con eso explica lo mucho de inexplicable que tiene este deporte. Está claro que de no mejorar será difícil celebrar algo grande, pero también es cierto que a las mejorías de Gómez y Braghieri, Guillermo puede sumar los aportes de Martínez, Castelani, el Pampu González, Leto, Di Renzo, Aguirre y el demorado Almirón, con la columna vertebral que componen Araujo, Velázquez, Fritzler, Ayala, Junior y el Laucha Acosta, nombre por nombre, y pese a las dificultades de funcionamiento que el entrenador debe superar, alcanza para mantener las esperanzas, al menos, hasta el próximo compromiso.


Marcelo Calvente

miércoles, 15 de julio de 2015

La brecha



Después de un trámite para el olvido, casi sin llegadas y desconectados ambos equipos, Lanús se alzó con la victoria ante Atlético Rafaela por 3 a 0, con tres ráfagas de fútbol ofensivo, al menos esa es la sensación que le quedó a la mayoría de los hinchas granates que asistieron a La Fortaleza. Es que hace mucho tiempo que Lanús no gana por semejante diferencia, y siempre es  bueno empezar un nuevo segmento de torneo, luego de la renovación que se produjo en la mayoría de los planteles durante el receso de invierno, con un triunfo así de contundente. La verdad es que cuando a los 30' del complemento, Lanús se empezaba a nublar y a volver mal, dos errores increíbles de Germán Re le sirvieron el partido. Los parciales se fueron contentos, aferrados a la esperanza por lo que recomienza de la mejor manera, y no está nada mal. De cada uno depende hasta donde adentrarse en las tinieblas del análisis crítico, a veces es mejor no pensar. Yo no puedo.

Me cuesta convencerme que, futbolísticamente hablando, estamos bien, aunque entiendo las circunstancias que condicionaron el armado del equipo para el debut. Sin Acosta, sin Melano, sin Ayala, sin Leto ni Straqualursi, Guillermo apostó por los pibes: Valdez Chamorro, Di Renzo y González, con el debut de Román Martínez, y Junior Benítez como referente ofensivo, durante 75 minutos no pudo imponer su juego sobre un rival notablemente disminuido en calidad futbolística respecto de su versión más reciente, víctima de un mercado de pases que alivió sus finanzas pero debilitó a su plantel, cuyo destino de aquí a diciembre será luchar por la permanencia hasta el final. Y no puedo aceptar que el esquema táctico que Guillermo intenta imponer sea éste que vemos desde hace más de un año a esta parte: equipo largo, desequilibrado, sin mediocampo y distante entre líneas, que apuesta al golpe por golpe cualquiera sea su rival. Muy diferente del que supo ser hasta mediados del 2014, hasta que se fueron Goltz e Izquierdoz, aquel equipo que presionaba la salida del rival, bien metido en campo contrario, con los laterales al ataque, con Somoza metido entre los centrales lo más cerca posible de la línea media, cerrando con criterio cada una de las dos bandas. Un mismo entrenador, un mismo dibujo, una manera muy diferente de jugar y peores resultados. ¿Es que no logra aquel andar porque sus centrales no tienes las aptitudes de los que se fueron? ¿Y entonces porque recomienda la contratación de delanteros y volantes ofensivos que, para colmo, no tienen las características necesarias como para ocupar ninguno de lo los tres puestos que ofrece la idea de Guillermo en la zona media? Cosas que no se entienden

A esta altura del partido tengo que pensar que el entrenador está conforme con el plantel  que armó, aunque sea conciente que con este funcionamiento difícilmente pueda lograr la consecución de algún objetivo, aunque en el fútbol no existen los imposibles. Y que la conducción del club intenta de una manera responsable llegar a fin de mandato sin arriesgar, tratando de cuidar el dinero y promover entre los socios la paciencia para con la cantera, y la esperanza que mejores frutos pronto empezarán a madurar. Tal como están las cosas en nuestro fútbol, las instituciones que lideraron las competencias de los últimos años, Estudiantes, Vélez, Newell’s y Lanús, más Central, Huracán, Banfield, Argentinos y alguno más, pelearán por su permanencia en la elite de los que luchan por el título y la clasificación internacional, y pasarán a depender de su buen tino para conducirse de manera eficiente y austera, y por encima de todo, de la capacidad de producción de las respectivas estructuras formativas.

Sergio González, por fin, marco su primer gol en primera
Todos los equipos mencionados vienen cumpliendo en parte con sus expectativas: el ya emigrado Carrillo,Doffo, Mancini, Cervi, son sólo algunos ejemplos. Producir jugadores determinantes en ofensiva es la única alternativa de estos clubes para poder  sostener su economía y su nivel competitivo, el único camino para pelear de igual a igual con los grandes y su dinero de procedencia tan desconocida como el estado de las enormes deudas que cada uno de ellos viene arrastrando de las últimas gestiones. Es en este plano que Lanús, hasta hace muy poco el principal formador y el mayor vendedor del fútbol patrio, parece haber entrado en una etapa recesiva. La esperanza es Junior, y no mucho más: Valdez Chamorro, González, Astina, Di Renzo y los demás no alcanzaron aún la madurez ni el nivel necesario para lograr la titularidad.


De cara a lo que viene, la futura comisión directiva Granate que asumirá en diciembre tendrá que ajustar la mira sobre el fútbol infantil y amateur, y evaluar que es lo que no se está haciendo bien y que hay que corregir, puesto que en infraestructura y experiencia muy pocos clubes lo superan. Y por sobre todas las cosas, pensando en el próximo entrenador, definir una forma de jugar que sea común al plantel profesional tanto como a todas las categorías formativas, para no seguir produciendo volantes ofensivos que al llegar a primera se encuentran perdidos en esquemas en los que no encajan, y tampoco seguir careciendo de volantes doble función, un tipo determinado de futbolistas que últimamente no vienen apareciendo.

Es bueno para la salud de nuestro fútbol que aquellos equipos poderosos, como San Lorenzo y River, con Saviola y Lucho González, no hayan podido con Temperley y Unión; es muy bueno que Racing fuera goleado por Newell’s, y que el propio Boca, que contará con Tévez, nada menos, haya sufrido para vencer a Sarmiento por 1 a 0. El desafío para el resto es tratar de acortar la brecha que de manera abrupta e inexplicable se ha vuelto abrir respecto de los grandes de ayer, hoy y siempre, sin cortes ni quebradas y como si nada hubiera sucedido, como si recientemente River e Independiente no hubieran jugado nunca en la segunda categoría, y Tinelli no hubiera salvado al Ciclón de un seguro descenso, el que hubiera sido el segundo de su historia.

Marcelo Calvente

miércoles, 1 de julio de 2015

Rosas en el mar



La llegada de Román Martínez -proveniente de Estudiantes de La Plata con 23 partidos disputados en los últimos doce meses- bien podría ser un indicador de las intenciones de la conducción del club Lanús para lo que viene, siempre y cuando dicha contratación tuviera explicación a simple vista. Algunos opinan que es un buen reemplazante para Ortiz, quien seguramente seguirá su carrera en Independiente, lo que también es otro indicador. Otros, casi todos, se agarran la cabeza. Lo cierto es que el equipo de Guillermo fue perdiendo nivel competitivo con las partidas de varias de sus figuras porque de la unidad de criterios entre el entrenador y el presidente no surgieron decisiones acertadas a la hora de elegir los reemplazantes.

Algunas incorporaciones recientes fueron inexplicables desde el vamos, Monetti, Aguirre, Melivilo, o el error recurrente de buscar futbolistas poco propicios para el esquema táctico que el entrenador aplica a rajatabla -Pochi Chávez, Ortiz, ahora Martínez- futbolistas aptos para jugar únicamente de enganche o doble cinco adelantado, pero no de volante central, adonde les falta potencia y recuperación; y mucho menos de interno, donde padecen su falta de velocidad y su escasa vocación defensiva. Las últimas imágenes de Ortiz en Lanús, pese a que en su estadía entregó algunas buenas actuaciones y varios pases gol, son las de un tipo cansado de correr de área a área, fastidioso por tener que realizar un trabajo que no le gusta y para el que no es naturalmente apto, decepcionado en general, como varios otros integrantes del equipo que sienten lo mismo: que el sistema de juego de Guillermo se los termina comiendo. Una imagen que resume el momento futbolístico de Lanús, una nave piloteada por los Mellizos y capitaneada por Marón que hace dos años y medio soltó amarras con entusiasmo y convicción, y que ahora tiene que remar en un mar de dudas y desaciertos para tratar de terminar arribando a buen puerto.

La nueva incorporación de Lanús, Román Martínez
A días del reinicio de la competencia, que será triple, mientras los hinchas granates deshojan margaritas  pensando en delanteros, Lanús anuncia la llegada de un volante de 32 años con una carrera irregular y en baja, que viene sin haber realizado pretemporada y que para colmo de males sufrirá el mismo problema que su reemplazado: sólo puede jugar de doble cinco adelantado. Digo yo: ya que el plantel necesita uno o dos volantes, ¿no sería mejor incorporar jugadores que ya estén adaptados a este formato, o al menos que tengan la voluntad y la condición física y futbolística necesaria como para intentarlo? A veces las cosas no se entienden, y a excepción del didáctico profesor Valdecantos, tampoco se saben explicar. Igual, en el fútbol todo puede suceder. Digo con esto que por ahí Martínez la termina rompiendo, andá a saber; y también digo que es más fácil encontrar rosas en el mar.

Si la conducción del club, luego de un análisis profundo, entiende que la coyuntura exige precaución, que el clima del fútbol mundial y más aún el argentino está enrarecido y que da la sensación que todo está por explotar, yo estoy plenamente de acuerdo. Si la idea del presidente es dejar la institución lo mejor -y en las mejores manos- posibles, será una grata decisión que la masa societaria tarde o temprano sabrá reconocer, una salida decorosa para un ciclo institucional y deportivo que mucho había ilusionado al comenzar, en diciembre de 2012, y que tanto viene decepcionando de un año a esta parte, donde nada salió bien, ni siquiera la esperada fiesta del centenario.

Si en verdad así fuera, y el último tramo de mandato estará signado por la austeridad y el recorte de gastos, entonces el problema radica en la comunicación, porque de esto nada se dijo. Por el contrario, se declamó la búsqueda de valores de calidad, al menos un par de ellos, que por lo visto tardan más de la cuenta en llegar, y esa tardanza aumenta el fastidio de los socios esperanzados en la conformación de un gran equipo, tal como en principio se sugirió. Si vamos a tener que pelear el famoso campeonato económico, mejor sería que todos estemos enterados para acompañar el intento con más paciencia y mayor convicción.   

Al menos así lo sugiere nuestra propia historia. Cuando a punto estuvimos de quebrar quedaron solamente los que priorizaron al club por sobre sus propios bienes. Tipos que un día de le dijeron a su esposa “Vieja, puse nuestra casa en garantía por una deuda del Club Lanús”, tipos que golpearon puertas poderosas para pedir ayuda para la institución, tipos que pagaron deudas y sueldos atrasadas de sus propios bolsillos, que se arremangaron para hacer choripanes para el fútbol infantil, que vendieron rifas sin descanso ¡Qué digo tipos, si fueron héroes! En homenaje a ellos tenemos la obligación de recuperar el rumbo institucional y volver a poner al club por sobre cualquier interés personal o político de los dirigentes de turno, encaminarlo por la senda de la unidad sólida, verdadera y con lugar para todos que habrá que reconstruir.

Marcelo Calvente
   

martes, 23 de junio de 2015

El circo busca nuevo dueño



Mientras se juega la Copa América, y los hinchas de todos los equipos se entregan al frenesí del juego sustituto del fútbol, ese de navegar por las aguas de los programas radiales deportivos, las redes sociales, los foros de opinión y los distintos lugares de encuentros cotidianos, sumergidos en la búsqueda del trascendido, del dato preciso o de la tan esperada noticia de un pase que por fin se concretó. Son aguas turbias donde abundan los peces de colores. Mientras la pelota no rueda los hinchas de fútbol hacen rodar su imaginación. “Si compráramos a tal, si llegara a préstamo cuál…” Sueñan con un equipo mejor, con la llegada de grandes jugadores. Al final del juego casi siempre se sienten defraudados, pero todo pasa rápido. Enseguida vuelve la competencia y a sufrir se ha dicho. Algunos mirando la punta del torneo, otros la tabla de las Copas, otros metidos de lleno en la lucha por la permanencia, cada uno en lo suyo como si en el fútbol mundial nada hubiera sucedido últimamente.

Los tiempos vienen cambiando y también las comunicaciones. Las noticias impactantes producen una verdadera explosión mediática y dan la vuelta al mundo. Las imágenes más inverosímiles están al alcance de la mano durante algunos días y no se habla de otra cosa. Como si nada, hace un par de semanas nos enteramos que estalló la FIFA, que sus dirigentes deberán comparecer ante la justicia, y hasta el propio Blatter debió presentar su renuncia apenas horas después de haber conducido su reelección, un acto delirante en semejante contexto, en el que la implosión de la multinacional del fútbol asociado retumbaba en todo el planeta. El cambalache no es sólo argentino, pero nadie puede decir que lo agarra de sorpresa. Quien más, quien menos, sabe estos señores manejaban el más fenomenal negocio mundial: la comercialización televisiva del fútbol y la organización de los torneos internacionales. Dicho de otro modo: sin invertir capital, eso va por cuenta de los clubes, son dueños de los derechos del fútbol a nivel continental y mundial, y tienen la llave que permite que los gobernantes de turno de los países donde se organizan competencias internacionales puedan obtener enormes ganancias. Sólo tienen que cumplimentar las inflexibles exigencias de la FIFA: Construir hoteles y centros de información de lujo, estadios multitudinarios, caminos, etc, casi siempre gastos innecesarios pero propicios para la generación de cohechos y coimas millonarias. Por eso en el desierto sudafricano o en la selva del Brasil, los países organizadores de los dos últimos mundiales, se construyeron enormes estadios que no volverán a usarse. El transfondo es maquiavélico: los ciudadanos que se oponen a estos gastos desmedidos, como ocurrió en Brasil, o recientemente en Chile durante los primeros días de la Copa América, chocan con la candidez del público amante del fútbol en general, que celebra la realización de esos eventos, algo que se vio con mayor nitidez y dramatismo en la Argentina en 1978, donde la Copa del Mundo fue la carta de los militares genocidas para torturar, matar e intentar perpetuarse en el poder en medio de la algarabía popular, con los familiares de los miles de muertos y desaparecidos sufriendo en silencio su dolor.

La lucha por el poder parece ser a todo o nada
La conmoción por lo de la FIFA pronto pasó a segundo plano, es otra de las características de estos tiempos de noticias de impacto tan virulento como fugaz. Ya no se habla casi del tema pero la reconstrucción está en marcha de manera sigilosa, los derechos televisivos los manejará un nuevo grupo de dirigentes de todo el mundo que tendrá la dura tarea de transparentar la imagen y el funcionamiento de la casa madre, en donde el fútbol argentino había logrado una posición de liderazgo. El tema es que lo de la FIFA alcanzó a su subsidiaria argentina, que desde la muerte de Grondona viene a los tumbos, y que pronto tendrá una nueva conducción. El queso es enorme. Quien tome las riendas de la AFA pondrá un pié en la FIFA, y de su habilidad depende conservar la vicepresidencia que ostentaba el extinto ferretero de Sarandí. Pelean por el queso poderosos empresarios de medios, millonarios con ganas de seguir creciendo, y diversos grupos de dirigentes de los principales clubes, los que podrán aportar su experiencia y conocimiento de un negocio difícil como pocos. Por eso se apela a los golpes más bajos, haciendo aparecer escuchas de procedencia por ahora desconocida, escuchas de conversaciones normales, como la mantenida por Alejandro Marón con Julio Grondona respecto a la posibilidad de adelantar un análisis de laboratorio a un jugador que había ingerido un suplemento poco conocido, para luego ponerlo en el primer equipo sin correr riesgos. En una clara maniobra de descrédito para con uno de los pocos dirigentes que pese al caos que lo circunda mantiene su prestigio, uno de los holding de medios que aspira a tomar las riendas mezcló esa conversación con otras que sí detallaban ilícitos y componendas con Grondona como figura estelar.

Mientras la pelota no rueda en la Argentina y la Selección debe sostener su liderazgo continental con la conquista de la Copa América, el fútbol patrio empieza a jugar su futuro en la calle Viamonte. Por eso hay que asumir la competencia sin descuidar la situación financiera. Por lo menos hasta que se sepa quien es el nuevo dueño del circo, que papel tiene cada uno en el staff y cuál en el reparto.

Marcelo Calvente 
   

sábado, 6 de junio de 2015

Te acuerdas, fue hace justo un año



A la hora de analizar este pálido presente futbolístico de Lanús hay muchas opciones: le podés entrar desde el optimismo, con el recuerdo aún fresco de la última consagración internacional con éste mismo entrenador y con varios futbolistas del actual plantel, estuvimos en la cúspide de America. También desde el pesimismo, porque  el equipo dejó de tener aquel juego, y hace un año que no aparece. Podés abordarlo desde el análisis individual. Y ahí, sin joda, todo es más que opinable. Según mi parecer, por citar algunos ejemplos, Araujo, Velázquez, Ayala, Ortiz, Braghieri y Fritzler, que reconozco no están luciendo como en los buenos tiempos, siguen siendo valores indiscutibles y vigentes, sobre todo los dos primeros. Y sin embargo no me canso de escuchar de bocas granates, algunas comúnmente sabias, que con todos ellos se debe rescindir, sobre todo con los dos primeros.

También está el caso de Junior Benítez, Melano y en menor medida Valdez Chamorro, Barisone, Pasquini y Gómez. Son muchos los que opinan que no van, que está bien que se les haya dado oportunidades pero que no están a la altura de lo que se necesita para jugar en Lanús. Y yo pienso que no es así. Que Junior Benítez tiene enormes condiciones: notable ductilidad con ambas piernas, arranque demoledor sobre todo si es de contra, una condición física en verdad poco frecuente y valentía para arriesgar las piernas por no perder la pelota. Acepto que le falta continuidad, que por momentos se va del partido, que a veces pierde pelotas que no debería perder. Pienso que son falencias que vienen de una cierta inmadurez, y que pronto su comprensión le allanará el camino y cumplirá su natural destino de jugador de elite, al menos creo y deseo que así sea. Y a Melano no le pidan que juegue siempre como contra Godoy Cruz, son partidos que no se dan todos los días, pero es innegable que superó su larga y molesta dolencia, ya no da esa imagen de miedo o desgano que solía dar en su lento retorno y que mantiene sus tres virtudes determinantes, tanto que pocas veces coinciden en un mismo delantero: velocidad, capacidad de definición frente al arquero, y olfato rebotero y goleador. Ambos merecen un poco más de paciencia, y también los otros cuatro, aunque confieso que ahí no soy tan optimista. Quedan Monetti y el Bicho Aguirre, dos contrataciones inexplicables, el infortunio de Leto, y el único que no está en discusión, el delantero más desequilibrante del fútbol argentino: el Laucha Acosta, que como Gardel, cada día juega mejor. 

El diabólico William Ferreira, del Bolívar
Se puede decir que hay un plantel corto, y es verdad. Pero esa cortedad debería cubrirla la cantera. Y no se  puede decir que Guillermo no le dio oportunidades a los pibes del club, y tampoco se puede negar que los pibes que probó no funcionaron. Esto es fútbol, y como tal, sólo importan los resultados. Monteseirín tendrá su posibilidad por lo hecho en la Selección Sub-20, sobre todo en el Sudamericano de Uruguay que ganó Argentina brillantemente. De Pasquini puede decirse que trabajosamente se va ganando un lugar. Y Valdez Chamorro parece perfilarse para dar el salto de calidad que todavía le falta dar. A los demás habrá que esperarlos, y tal vez habrá que seguir esperando hasta que lleguen los que hoy juegan en 7ª. Es probable que sea por sus propias limitaciones, pero también que no entiendan el mensaje de su entrenador, que no les guste jugar de esta manera o no se sientan capacitados de cumplir con las indicaciones que reciben, como Astina, que intentó sin mucha convicción correr a Colazo y terminó perdido. Seguramente Guillermo debe estar al tanto del asunto. Seguramente sabe que debe mejorar su relación con el plantel. Nadie es perfecto, y solamente se supera aquel que tiene la inteligencia para comprender y la voluntad para trabajar hasta lograrlo. El balance de Guillermo va de mayor a menor y su equipo fue perdiendo categoría a causa de las necesarias ventas, pero es en parte también su responsabilidad no haber logrado contratar algo bueno y barato, Forest 444. Hace más de un año que el equipo perdió el equilibrio y no se advierte mejora, solo esporádicamente, como ante Central.  Lanús llegó a su cenit en la Libertadores 2014, y de ahí en más todo fue retroceso, con las nosecuantas estrellas que no pudimos conseguir en el medio. 

Esta tarde, en cancha de Temperley, el Grana juega su último partido de un semestre para el olvido, y andá a saber cómo sigue la cosa en julio, cuando termina el receso. Quien se va, quien se viene, y sobre todo cómo se gasta la plata, teniendo en cuenta que técnico y conducción institucional cesan a fin de año. Quedan seis meses para recuperar el nivel y el funcionamiento colectivo que fuimos conseguir en el primer semestre de 2014, aquel equipo corto, con presión ofensiva, certero y expeditivo en el fondo. ¿Quién te dice? Parece mentira que ya ha pasado un año, desde que Paolo e Izquierdoz nos cantaron el adiós, y nada volvió a ser igual. Así es el fútbol. Como el tango, un lamento que se baila. La pelota pega en el palo y entra, y celebrás un título, o pega y se va, y todo se derrumba. Cada tanto vuelvo a pensar lo cerca que estuvimos de ganar esa Libertadores 2014. Había que superar a un hijo, San Lorenzo, y el finalista era más limitado que el Ponte Preta. No se pudo. Y no me puedo olvidar lo que sentí el 8 de mayo de 2014, la noche en que todo empezó a fallar, ni bien salió el zapatazo diabólico del uruguayo de doble apellido del Bolívar, ese William Ferreira y Laputqtp…   

Marcelo Calvente

miércoles, 27 de mayo de 2015

Los hinchas y los socios



Primero lo primero: el empate en Rosario y mucho más la buena actuación del equipo, conforman de por si una excelente noticia. Aunque a decir verdad, Lanús no se alzó con la victoria que holgadamente mereció porque Patricio Lusteau, con la ayuda de sus colaboradores, una vez más lo perjudicó de manera brutal. Hasta los 35’ del complemento, el Grana ganaba 1 a 0 con cierta comodidad, superando al local en llegadas y situaciones de gol, y habiendo desperdiciado poco antes la más clara en los pies del Pampu González. Al pibe por ahora las cosas no le salen, y encima la fortuna no lo ayuda ni un poquito: Caranta, con un rebote milagroso, le tapó un mano a mano que definía el partido. Central ya no tenía ideas pero igual intentaba, Lanús lo martirizaba en cada contra; el final estaba escrito, casi sellado. Y entonces apareció Lusteau, para la mayoría el mejor árbitro argentino del momento, a quien su corazón vuelta a vuelta le manda pitar contra Lanús, y así fue: a diez del cierre le regaló un penal al local, sanción que cambió definitiva y abruptamente el rumbo del partido hacia la ruta del despojo y la injusticia.

Viniendo por detrás de la jugada y lo suficientemente lejos como para no ver lo que sucedía a las puertas del área chica de Monetti, donde ya sin ángulo, el petiso Niell genera el contacto con Araujo y se deja caer de manera tan evidente que incluso ameritaba la amarilla para el delantero, verdugo habitual de Lanús. En lugar de apoyarse en su colaborador, ubicado en la banda más alejada a la jugada, quien no le señala falta alguna, el juez cobra a distancia lo que no vio, lo que no pudo ver porque no existió ni en la más rebuscada de las tomas de la TV ni en el más pelotudo de los comentarios de Alejandro Apo. Es grave, casi indefendible, que un árbitro que dado su posición lejana se sabe protegido reglamentariamente para no dictar fallo alguno se atreva a tomar tamaña decisión. Cualquier árbitro -menos Lusteau- pitaba saque de arco. Tal vez fue su corazón que le dijo “penal, fue penalazo, seguro que fue penal…”  Ya antes, en el primer tiempo, el mismo juez de línea omitió informar un puntapié sin pelota de Andrade contra Valdez Chamorro ocurrido ante sus ojos, y encima tuvo el atrevimiento de solicitarle al juez principal que expulse a Guillermo, que indignado e incrédulo le reclamaba por su inexplicable comportamiento. Para salvaguardar su honor, es hora de que Lusteau reconozca que es hincha de Banfield, o que hace mucho lo dejó una novia que vivía en Lanús; que diga que de muchacho cobró varias veces a la salida de La Casona, o lo que sea, y que por eso cuando dirige a Lanús el corazón lo traiciona. Que lo diga y se acabó: no lo dirige más, y sigue adelante con su promisoria carrera arbitral despojado de rencores personales y sin cagar a nadie. Peor sería que la opinión pública sospeche que invariablemente bombea al Grana por alguna otra razón menos pasional. De todos modos no es una buena señal que la prensa no haya tomado nota, ni que Miguel Scime, el mandamás de la no se qué de los árbitros argentinos, no haya anunciado sanción alguna. El domingo próximo, lo más campante, Lusteau dirigirá Vélez-Boca, el partido de la fecha.

Lusteau, una vez más, perjudicó notoriamente a Lanús
Dicho esto,  lo más destacable de la 13ª jornada es que pese a que venía bastante mal, Lanús produjo una más que aceptable actuación en Rosario, dominando desde el inicio y  acallando el fervor de un estadio que de inmediato comprendió que iba a tener una tarde difícil. Como hace mucho no ocurría -y sólo ocurre cuando Guillermo pone dos delanteros y suma un volante- Lanús no fue largo. Estableció presión tapando a los marcadores de punta con Acosta y Junior, y el resto ahogando a los que intentaban armar juego en la zona media. Impuso domino y dispuso de varias situaciones, la mayoría de ellas recuperando la pelota en campo rival y agarrando mal parada a la defensa de Central, con ataques profundos y de variadas maneras. Con el buen aporte  de Ortiz y Valdez Chamorro en la gestación, y con Lautaro Acosta y Junior Benítez -de gran primer tiempo- en la zona de fuego, Lanús fue acumulando meritos y llegó al gol a los 25’ de la etapa inicial, luego de un saque de meta en donde la defensa local dudó como en toda la tarde, Chamorro la peinó, Junior superó a su marca con una buena recepción, y definió con gran recurso técnico y pasmosa serenidad, en el segundo intento, mano a mano con Caranta.  


En el complemento poco varió. Central intentaba con Barrientos y  Servio, que no encontraban conexión con los de arriba. Lanús se mantuvo compacto, fue conservador y muy combativo. Si bien el habitual estiramiento no se produjo, al menos no tanto como en otras oportunidades, aparecieron espacios a las espaldas de Ortiz, donde Gómez demostró sus defectos de siempre: suelta las marcas para retroceder, carece de la base formativa  que indica que no se rechaza hacia adentro, jamás; ni que nunca, nunca, nunca, se debe dejar corto un despeje. Con todo, este Lanús de Guillermo que parece acercarse al final de ciclo dejó bien en claro que pese a su plantel poco numeroso y menos equilibrado, en las difíciles suele aparecer la estirpe del equipo que no hace tanto supo ser, y con eso le alcanza para estar a la altura de los mejores del ámbito local, que no siempre son los que tienen los planteles mas numerosos ni los futbolistas más cotizados.

Se acercan tiempos claves para el Grana, que hoy enfrenta en Salta a Atlético Tucumán por la Copa Argentina, el lunes próximo recibe a Olimpo y seis días después visita a Temperley, el último compromiso antes del receso. Habrá que prenderle una vela a la venta de Melano, y decidir cuánto invertir en dos o tres refuerzos para afrontar un semestre de tres competencias. Los hinchas, se sabe, arrancarán con sus reclamos. Mientras uno exigirá que hagan un intento por Cavani, otro gritará que vuelva el Pepe. En cambio los socios están preocupados: la AFA, está a la vista, perdió definitivamente el rumbo. Después de cuarenta años de conducción unipersonal de Grondona, pronto será un bebé que empezará a caminar en el mundo de los derechos y los deberes, de premios y castigos justos, de normalidad política y de libertad de opinión. Por eso los principales dirigentes traman acuerdos y contubernios de cara a la asamblea electiva de octubre tratando de mantener un pedazo de poder, mientras el fútbol argentino se derrumba en sus narices.

Los socios de Lanús, los más concientes, piensan en el déficit anual, en lo lenta que viene la producción de la cantera, en lo complicado que será seguir cerrando operaciones convenientes como ha sido hasta ahora,  y quieren saber de qué manera van a encarar el semestre futbolístico tanto el entrenador, cuyo contrato culmina diciembre, como la conducción del club, que también en ese mismo mes termina su mandato.

Marcelo Calvente

martes, 12 de mayo de 2015

Entre el corazón y el carnet



Lanús empató 1 a 1 con Tigre de local por la 12ª fecha, y agudizó su crisis futbolística producto de una suma de imponderables y otra suma de desaciertos de quienes toman decisiones. Los números lo dicen todo: 16 puntos producto de cuatro victorias, cuatro empates e igual cantidad de derrotas, con 13 goles a favor y 14 en contra, lejos de los de arriba y más lejos de aquel equipo que supo ser hace tan poco tiempo.

Después de una primera parte en la que fue superior poblando la zona media con el aporte Junior Benítez colaborando en la creación junto al Marciano Ortiz, sin extremos, con Melano sólo arriba, Lanús fue dominador pero le faltó profundidad. La apertura del marcador fue a los 25 minutos de juego con un remate de media distancia de Ayala,  jugador ambivalente que por momentos luce tácticamente sabio, en otras comete errores infantiles, el paraguayo es una de las opciones de ataque más redituables. Le pega no del todo bien y no tan fuerte, pero su principal virtud es entrarle recto al balón para que no se eleve y lograr que pique en la cara del arquero, algo que viene consiguiendo muy seguido y que generalmente termina en gol o rebote propicio. El Grana se fue al descanso siendo justo ganador, pese a que Tigre, con lo poco que atacó supo inquietarlo. El completo fue el mundo del revés, y todo salió tan mal que vale la pena buscar el video y volver a verlo.
    
En el reinicio, indudablemente desconforme con la posición de Junior, Guillermo lo mandó a jugar bien de delantero, seguramente pensando en una contra que Lanús nunca sacó. El trámite fue una continuidad interminable de llegadas de Tigre. El equipo granate logró pisar campo contrario recién a los 25, cuando Melano corrió una pelota perdida, le hicieron una falta tonta y Javier García sacó el remate desde 30 metros de -¡otra vez!- Ayala, que se metía junto a su palo izquierdo. Lanús no volvió a generar otra situación de peligro. Fue muy largo, con las líneas lejanas entre sí, y como siempre que esto ocurre, y ocurre casi siempre, las espaldas de Araujo y Velázquez, veteranos injustamente condenados a los largos recorridos, fueron un calvario. Araujo padeció las locuras de Firulete. Cuesta creer que se trata del mismo Alejandro Silva que  jugó la final de la Libertadores 2013 para Olimpia del Paraguay como titular indiscutible ante el Mineiro de Ronaldinho, en la que marcó un gol. Ante Tigre actuó de “8”, en el que supuestamente es su lugar en la cancha, y jugó un partido de terror, corriendo la deriva, perdiendo marcas, entregando mal, bartoleando por demás, lo suyo fue un concierto de desaciertos. Por el otro lado Pasquini, que arrancó entendiéndose con Velázquez, de a poco fue desdibujándose hasta extraviarse por completo del partido, a punto tal que pese a no tener ningún relevo con características defensivas, el entrenador lo reemplazó por Valdez Chamorro cuando Lanús aún estaba 1 a 0 arriba.

Ayala, la principal carta de gol de Guillermo
El dominio de Tigre se mantuvo hasta el final, sus ataques siempre fueron a fondo y lo pudo ganar incluso en  el último minuto de descuento. Hasta aquí, jamás el equipo de Guillermo se mostró tan pobre de ideas de manera continua durante 45 minutos. El empate fue un milagro, pese a que en el gol de Tigre hubo dos faltas que Pompei no sancionó: el off-side de Goñi al convertir, y el empujón previo de Rincón a Monetti que casi lo manda al fondo del arco, dos faltas muy groseras que ni el juez ni su colaborador señalaron. Lo peor es ver el desconcierto, la preocupación y la falta de confianza reflejada en la cara de algunos jugadores de Lanús, algo que se repite y se agranda fecha tras fecha.

Lo más rescatable fue que pese al marco decepcionante y algunos silbidos entendibles por la pobreza de lo ofrecido por el equipo, la mayoría de los socios se fue en silencio, con más preocupación que bronca, comprendiendo que no es hora de insultos, sino de acompañar, de estar atentos; se juegan cosas muy importantes y hay que sostener el prestigio conquistado en los últimos años. Aunque hay recursos y existe la posibilidad de reforzarse con tres futbolistas de primera línea de cara al próximo semestre, cosa que piden a los gritos los hinchas de todos los equipos, los socios de Lanús saben que semejante inversión estará a cargo de una conducción que culmina en diciembre, y que no viene acertando últimamente en ese rubro ni en ningún otro. El receso está ahí nomás, y los socios de Lanús, los más cercanos, los de siempre, se preguntan si vale la pena gastar lo que pronto va a escasear con Guillermo al frente, porque aunque lo sacó campeón, hace mucho que no le encuentra la vuelta a este plantel y todo indica que partirá al finalizar su contrato en diciembre. Sospechan que jugando así será difícil vender en grande, y no dudan que todo se derrumba si no se vende. En el fondo de su corazón esperan un gesto de dignidad del entrenador, si es que en verdad entiende que con este plantel su ciclo está cumplido.

Con el corazón de hincha se sueña con un equipo mejor, como fuimos hasta hace tan poco, tan poquito, apenas un año y medio atrás, mientras que con el carnet de socio que conoció otros tiempos y otras desventuras se observa lo que viene con verdadera preocupación.

Marcelo Calvente

lunes, 4 de mayo de 2015

El cuento del tío



Con la derrota ante Racing por 2 a 0, Lanús acumula una racha de cuatro caídas en cinco partidos, con la gran victoria en cancha de Banfield en el medio. San Lorenzo y Argentinos lo vencieron antes del clásico, Boca y la Academia después. Esta claro, Lanús es un equipo debilitado respecto de versiones anteriores, y hoy por hoy, que de las deudas de los clubes no se habla pero el dinero circula, los grandes se vuelven a acomodar arriba y pagan sueldos cada vez más altos en un negocio riesgoso como pocos. El fútbol de Lanús, Vélez, Estudiantes y los rosarinos es deficitario en sumas que van entre los 5 y los 10 millones de dólares por año. La inmovilidad de los mercados de pases está haciendo estragos en la mayoría de esos clubes que además de animadores habituales de  los torneos, son los principales formadores y vendedores de futbolistas de primer mundo. Lanús fue el único que siguió vendiendo, y es por eso que su economía todavía se sostiene. Gracias a los éxodos de Fritzler, Pizarro, Pereyra Díaz, Romero, Goltz, Izquierdoz, el Pulpito González y Agustín Marchesín, por nombrar a las más recientes, el club Lanús todavía tiene superávit. El problema es que por primera vez en mucho tiempo no tiene un futbolista que valga tres millones, y por año hace falta vender al menos dos en esa cifra. Tengo un tío viejo, jodido y desconfiado, que siempre me cuenta de Los Globetrotters, que está muy preocupado por esta situación

Racing-Lanús arrancó para gran partido. Intenso y luchado en el medio, con situaciones de gol para ambos hasta la mitad de la etapa, cuando el ritmo empezó a decaer y fue el Granate el que al marchar al descanso dejó la mejor imagen, pese a que a los 13 minutos perdió el equilibrio que le suele dar Fritzler, quien salió lesionado. A falta de un jugador de iguales características, Guillermo lo reemplazó por Valdez Chamorro, quien aportó algo más en el armado ofensivo, pasando Ortiz -que no tiene la capacidad de relevo del Polaco ni su velocidad- a la posición de volante central. El entrenador de Racing pensó correctamente el complemento, avisado de lo que todos sus colegas, menos el que trabaja en Lanús, conocen a la perfección: al equipo de Guillermo hay que contraatacarlo a fondo, sus centrales tienden a retroceder permanentemente, y sus laterales y volantes no enciman porque no sostienen físicamente los largos recorridos a los que son condenados por esa circunstancia. Por eso, desde el arranque del complemento y hasta el gol de Bou a los 24’, Racing cedió la iniciativa, invitando a la visita a un dominio claro que resultó poco efectivo en situaciones de gol: apenas una de Melano -de buen partido- a los 7’ y otra del Marciano Ortiz cerca del final. Cediendo terreno, el local logró meter el único contraataque a fondo, que como siempre ocurre, encontró a Lanús retrocediendo en desorden, a punto tal que el goleador de la Academia recibió sólo adentro del área de Monetti -de floja respuesta- y definió al primer palo esquivando el cierre desesperado de Barisone     

En el último libro de pases se produjo el retorno de Alejandro Silva y Matías Fritzler a Lanús, que además incorporó a Diego Barisone, al accidentado Sebastián Leto, al malogrado Melivilo y, más recientemente, al seriamente lesionado Bicho Aguirre. Sin embargo, teniendo tantos sectores del campo mal cubiertos, incorporó a un arquero como Monetti, por quien, según se dice, el club pagó cerca de un millón de verdes, y que ni antes ni después de su arribo demostró ser más que Matías Ibáñez, aquel que tan bien reemplazó a Marchesín tras su partida, y que ahora lo ve desde el banco de suplentes. Para colmo, el ex arquero de Gimnasia llama la atención por su baja estatura para el puesto, por lo que será muy difícil recuperar el dinero en él invertido.

A mi tío, siempre mal pensado, no le gustó nada esta situación. “El primer refuerzo fue Monetti. Como si el Mellizo hubiera solicitado ‘Monetti sí o sí, y en los demás puestos trae lo que puedas’”, afirma a quien lo quiera escuchar. Yo le digo que es feo pensar mal,  y él me responde que peor es no cuidar las formas. Por las cifras que se manejan en el presupuesto Granate, lo pagado no es un dineral. Pero para Gimnasia, el monto que recibió por el pase fue un verdadero salvataje. Como mínimo fue una adquisición inconveniente desde donde se la mire. Guillermo parece transitar su último tramo de contrato sin más aspiraciones que lograr la antigüedad de tres años en el cargo que le permita acceder a mercados más redituables y también más exigentes al respecto. Hace apenas poco más de una año, con el que entonces era uno de los mejores equipos del continente, obtuvo la máxima conquista de la institución hasta la fecha. De ahí en más, tanto en lo deportivo como en lo institucional, todo fue retroceso y lo de Monetti no deja a nadie bien parado. Tanto para la conducción como para Guillermo, todo se circunscribe a llegar lo mejor posible a diciembre, cuando finalizan ambos mandatos.

La fortuna que recibió la entidad en los dos últimos años se debe, en gran parte, al buen equipo que se armó, que ganó la Copa y que tan cerca estuvo de obtener varias conquistas más. Se lo impidió la falta de buenos reemplazantes, sobre todo de los dos centrales campeones, y la debacle defensiva que se desató con sus partidas, que en todo este tiempo el técnico no pudo corregir. Hace más de un año que, ya sea con Gómez, con Braghieri, con Barisone o con Monteseirín en cancha, Lanús marca mal, retrocede peor y se estira más de lo aconsejable. Son los refuerzos que Guillermo aprobó, y desde entonces su equipo dejó de ser compacto, dejó de ser regular y, por consiguiente, dejó de ser animador de las competencias. El técnico no lo pudo arreglar. Y si sigue sin poder hacerlo, el resto del año será muy largo y difícil, tanto para él como para Lanús. Sobre todo si, como parece, la cantera sigue sin dar sus frutos habituales. Por todo esto, mi tío, el viejo anarco que tenía al Nene Guidi, a Manolo Silva y a Quico De Mario como ídolos, y a Pepe Volante, Lorenzo D’angelo y Carlos González como amigos, y que por ellos volvió indignado de la Fiesta del Centenario, insiste con sus críticas y sus malos augurios.

Marcelo Calvente

martes, 14 de abril de 2015

Entre la irregularidad y el fervor



En un encuentro muy atractivo, con un primer tiempo electrizante y un complemento  de enorme dramatismo, Lanús ganó el clásico del sur por 2 a 1, un resultado justo que premia al mejor de los dos. La victoria es un gran paso adelante para el equipo de Guillermo Barros Schelotto, de marcha irregular, a paso de comparsa, después de dos triunfos consecutivos cosechó dos duras derrotas, y en medio de un tramo con rivales muy exigentes, la vuelta a la victoria en el derby lugareño alivia la situación y sirve para trabajar con más tranquilidad de cara al choque con Boca Juniors, uno de los punteros, a disputarse el próximo domingo en La Fortaleza con la esperanza de ganar, y de una vez por todas prenderse en la pelea por el título.

Banfield venía embalado con cuatro victorias al hilo, exhibiendo un notable juego de ataque. Ganando el clásico se convertía en candidato. Lanús venía realmente mal, el equipo que se había insinuado poderoso ante Godoy Cruz se estaba diluyendo. Todos los boletos eran para el Taladro. Tanta diferencia suele ser un mal presagio cuando hablamos de clásicos. Lanús se adueñó de la pelota a fuerza de luchar y correr, y a partir de la tenencia desniveló por medio de Junior Benítez y Lautaro Acosta, con Lucas Melano metido entre los centrales. El primer tiempo del Laucha fue un espectáculo aparte. A fuerza de velocidad y convicción, Lautaro hizo un desparramo unipersonal difícil de ver por estos tiempos y recibió la falta que le dio un vuelco al partido. Tan concentrado venía Lautaro que ya desde el aire, antes de terminar de rodar por la gramilla, empezó a reclamar la expulsión del infractor Sergio Vittor por último recurso. Loustau cobró el penal y dudó, no parece agradarle la idea de perjudicar a Banfield. Consultó con el línea Brailovsky que, supongamos, le dijo: “estaba cara a cara y lo agarró de atrás, lo tenés que expulsar, que le vas a hacer…”

A los 23 minutos de juego Lanús se puso en ventaja y su rival quedó con un hombre menos. El partido era de ida y vuelta, pero a Banfield le costaba crear juego. En vez de dar un paso atrás y darle la pelota al rival para que se adelante, Lanús presionaba sobre la salida. No fue una buena idea: dominó y tuvo varias chances para aumentar, pero recibió más de tres contras que pudieron terminar en gol. Cerca del final de la etapa Loustau volvió a aparecer en el partido para marcar una falta a favor del local, a un metro del área penal, falta que de ninguna manera existió. Mientras armaba la barrera y amonestaba a Lautaro Acosta, que no paraba de protestar el fallo, no se perdió el codazo de Junior a Noir y lo castigó con el mayor rigor. Afuera el de Lanús. Ahora fue Monetti quien advirtió al otro juez de línea: “avisale de la patada previa de Noir, yo sé que vos la viste…”  El asistente informó, Lanús quedó con diez y Banfield con nueve hombres.

Advertido de la no conveniencia de sostener la presión, el equipo de Guillermo salió a esperar a Banfield en campo granate desde el inicio del complemento, y así disponer de espacios para contragolpear. Fue el momento en que parecía que terminaba en goleada, con el muy buen trabajo de Acosta y Melano. Y a los 18’ el cordobés recibió la habilitación de Ortiz –contra perfecta, dos contra uno, esperó que el defensor tome la decisión de soltar al cordobés para cruzarlo, y recién ahí ceder el balón- y la buena definición de Melano para el 0-2. La diferencia parecía definitiva, pero todo se complicó cinco minutos después con la expulsión de Lautaro Acosta, que desbordado de fervor granate llegó tarde a una pelota dividida y Loustau no dudó: segunda amarilla y afuera.

Con 22 minutos más el descuento por jugar, ahora 9 contra 9, el partido ganó en dramatismo. Almeyda se la jugó y mandó a Asenjo, centrodelantero, por el volante Cazares y al central Noguera por el lateral Yeni, con la intención de sumar a dos grandotes para el juego aéreo en las dos áreas. Y en la primera que tocó, Asenjo puso el descuento. Por entonces, Lanús ya sufría por lo mismo de siempre: el retroceso desesperado de Gómez y compañía. Guillermo tuvo que pensar muy bien que hacer con los dos cambios que le quedaban, ya que Araujo, presuntamente desgarrado, le había dejado su lugar a Firulete Silva a los 11’. Entonces reemplazó a Aguirre por Pasquini para no perder lucha en el medio. Banfield llenaba de centros el área de Monetti, Lanús disponía de contragolpes largos que no lograba terminar bien. El Papu González, que entró sobre el final en lugar del exhausto Melano, se perdió la más clara al no poder conectar debajo del arco un pase gol de Ayala. Al final le faltó el marco del festejo de la tribuna visitante vacía, cosa a la que lamentablemente el fútbol criollo se está acostumbrando.

Después de esas dos derrotas preocupantes, la victoria en el Florencio Sola pone a Lanús en carrera y levanta la autoestima del público granate que no se cansa de ver arrancar y quedarse a su equipo semana tras semana. El próximo domingo recibe a Boca, puntero e invicto, con bajas muy sensibles: Los dos expulsados, más Fritzler y Araujo, ambos posiblemente al margen por lesión. La parada será muy difícil, pero no imposible. Dentro de la irregularidad que viene mostrando desde el inicio, Lanús dejó bien en claro que aún en las circunstancias más complicadas es capaz de todo. 


Marcelo Calvente

miércoles, 1 de abril de 2015

Pulgares



Lo peor fue la imagen del final, con cuatro goles en contra, buscando sin sorpresa, sin ideas ni convicción, sin generar peligro real y apelando al remate de media y larga distancia como única estrategia. El partido ya se había terminado con la conquista del tercer gol del local. Iban trece minutos del complemento, Lanús perdía dos a cero, pero San Lorenzo tenía un hombre menos, Matías Caruzzo, inevitablemente expulsado por Trucco sobre el final del primer tiempo. Todavía no estaba asegurado el resultado. El dominio granate era estéril, pero atacaba con decisión. El penal que sancionó Trucco a favor del local en una sujeción mutua entre Matos y Velázquez le puso punto final al partido con media hora por jugar, lapso en el que San Lorenzo iba a convertir su cuarto gol, ante un Lanús perdido y desordenado, con cinco delanteros en cancha chocándose entre sí.

Lo mejor se vio en el principio. La visita se paró en campo contrario desde el arranque. En la primera combinación a fondo, Acosta le tira una pared a Junior en la puerta del área rival en medio de un racimo de piernas adversarias, Benítez se la devuelve con una pincelada de talento, tocando de primera con la fuerza y el efecto justo para la llegada en velocidad del Laucha, un efecto extraño, de billar, que la hizo frenar en el lugar indicado. El Laucha llegó antes, recibió el primero de los muchos planchazos descalificadores que sufre por partido, y voló por los aires. Imposible no cobrar penal. Si lo cambiaba por gol, Lanús podía trabajarlo de contra, con espacios para Acosta y Melano. Pero Ayala falló desde los doce pasos ante Torrico, reconocido perito en la materia. Lanús siguió dominando hasta más allá de los 15. A partir de ese momento San Lorenzo dio unos pasos adelante y empezó a discutir la posesión, aunque ninguno de los dos equipos terminaba sus jugadas con peligro. En el fondo granate se destacaban Velázquez, muy firme en el juego aéreo, y Barisone, mostrando aptitudes técnicas notables para el mano a mano, y para cerrar con prestancia  a las espaldas de Araujo y Pasquini, como último hombre.

Cuando el primer tiempo se moría, San Lorenzo recibió la bendición de un gol en offside. Uno bien claro, con los cuatro defensores granates perfectamente alineados, Mauro Matos recibió el balón un metro adelantado y se fue cara a cara con Monetti, que dudó entre reclamar o intervenir, sin hacer ni una ni otra cosa. Y en seguida la tonta pero indiscutible expulsión de Caruzzo presagiando un complemento favorable para los de Guillermo. No pudo ser.  Pronto sucedió el increíble error de Barisone, que descuidó en el arranque al que más había que custodiar, otra vez Mauro Matos, el mejor cabeceador del fútbol argentino, al que vio pasar como colectivo lleno. Iban dos minutos del complemento. Lanús siguió atacando, San Lorenzo se metió muy atrás. Así hasta el penal que convirtió Buffarini y partido terminado, aunque hubo tiempo para otro error defensivo, esta vez de Pasquini, que dejo cabecear a Cauteruccio para marcar el cuarto gol.

Sólo en las alturas, Matos marca el segundo gol
La derrota fue tan dura como sus consecuencias: ganando en el Gasómetro, el Grana se prendía en la lucha por la punta, ya que pasaba a integrar el segundo escalón, con 15 puntos, junto a River y San Lorenzo, a dos de Boca y Central, que serían los punteros. Pero no, ganó bien el Ciclón y ahora está arriba de todos con 18 unidades, mientras Lanús rasguña la cornisa del grupo de los primeros diez, con 12 puntos, junto a Racing, Independiente y Tigre, debajo de Banfield y Belgrano, ambos con 13. Pese a lo abultada y dolorosa, no hay que perder de vista que fue la primera derrota en siete partidos, que nada termina en junio, que se trata de un torneo largo y que siempre el campeón será del que termine mejor, por lo que es fundamental mantenerse en el tercio de los de arriba con la esperanza de que las cosas mejoren en el tramo final.

Las últimas campañas granates dejaron la vara demasiado alta. Los socios expresan su descontento con el equipo, y de reojo, observan la marcha institucional con cierta alarma. Hay muchos jugadores fundamentales del plantel que tienen detractores implacables: Araujo, Maxi Velázquez, Ayala, Ortiz, Junior Benítez y Melano. Los nuevos todavía están exentos de esa presión. Y sólo Fritzler y el Laucha Acosta conviven con la aprobación y el reconocimiento unánime de todos. El cuerpo técnico también está en la mira. Las desprolijas partidas de Silva y el entrenador de arqueros Enzo Noce, la paupérrima campaña de la tercera división a cargo del Pata Pereyra, los cuestionamientos off de record al trabajo del profesor Valdecantos por parte de algunos jugadores y allegados, y la falta de valores del club definitivamente consolidados en primera son algunas de las señales que, sumadas a la larga lista de títulos perdidos en 2014, encendieron las críticas que ponen a Guillermo en una situación de gran debilidad, en la que difícilmente pueda soportar tres derrotas consecutivas.

Este plantel es todo lo que hay. Está claro que no se pudo o no se supo reemplazar correctamente a las figuras que han partido. Fácil no es. Puede que se concreten un par de incorporaciones a mitad de año debido a la participación en la Copa Sudamericana, pero si no hay una mejora general va a ser difícil modificar la situación. Ese es el panorama al día de hoy, de los protagonistas depende tratar de corregir el rumbo. Ahora vienen Argentinos en La Fortaleza y Banfield en Peña y Arenales, dos cotejos en los que se impone sumar, y no olvidar que el entrenador cuestionado, ayer nomás, logró una de las tres estrellas que luce la casaca granate. El hincha, es sabido, no tiene término medio: sube o baja el pulgar de acuerdo a lo que le dicta su corazón, y cambia de parecer según los resultados, sin culpas ni remordimientos. Después de la derrota del sábado, a juzgar por lo que se escucha en las calles de la ciudad pasional y futbolera, son mayoría los que piensan que lo mejor sería soltarle los leones al entrenador y volver a empezar, pese a lo mucho que falta para diciembre de 2015. Pero no son pocos los que mantienen las ilusiones; saben que en el fútbol no hay imposibles y que con dos buenas victorias, el equipo se vuelve a encaminar.

Marcelo Calvente