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martes, 29 de abril de 2014

El juego de Riquelme


La historia de Boca se detuvo en Riquelme. El mayor ídolo xeneize de la era moderna sigue jugando al fútbol, y cuando la agarra, bastante bien. Tiene treinta y cinco años y quiere seguir. Su nuevo entretenimiento es condicionar al prójimo. Con goles desde lejos -porque juega lejos- obnubila a la monada más fervorosa, la mayor parte de los cincuenta mil abnegados que van a la cancha pese a lo mal que juega Boca, y que no tan preocupados por el futuro del equipo como por la renovación de Riquelme, atemorizan y maniatan a una dirigencia que ya mostró su debilidad ante la voz de la Bombonera, cuando le exigieron la salida de Falcioni, que lo sacó campeón invicto del Apertura 2011 y que de los tres torneos jugados en el primer semestre de 2012, disputó dos finales y ganó una, para que llegue Bianchi y con él, siga jugando Riquelme, cuando no está padeciendo alguna recaída de su lesión misteriosa que le impide entrenar. Después de la única actuación aceptable de Boca en lo que va del año, victoria por 4 a 2 ante Arsenal con un gol de penal del astro, ovacionado por sus fieles, Riquelme ganó el juego que le encanta jugar. El que perdió fue Boca.

Hay mil maneras de argumentar que es así. Riquelme renovará su contrato por una suma impredecible cuando no está en condiciones de jugar en la máxima categoría, y con él se repetirán los folletines de cada año. Como un pacman se devoró a Palermo, a Falcioni, a Erviti, a Silva, a Somoza y a todos los jugadores con personalidad que no le rindieron pleitesía. El vestuario de Boca -que como todo Boca, él dirige- es un templo de la obediencia. Él no entrena, el resto se cuida de no entrenar demasiado. Él no corre, el resto corre para  alcanzársela. Él les da órdenes para las cámaras -y para que todas vean como los tiene cagando- y los demás articulan bien clarito el “Si, Román”. Así, el Boca de Riquelme y Bianchi, aunque puede ser cualquier otro entrenador que no se atreva a discutir quién es el que manda en Boca, se hunde sin remedio por los caprichos de un ex jugador que hace que juega, aunque en realidad sólo patea al arco de media distancia o desde el punto del penal. Y eso lo sigue haciendo bastante bien. Es maquiavélico, tanto que obnubila multitudes. Boca no pelea campeonatos, no participa de ninguna Copa, y ni siquiera gana le gana a River de local. A la mayoría de los boquenses de alma que van a la cancha poco le importa, solo exigen que no toquen a Riquelme. Un ex compañero, el mundialista José Basualdo, declara sin sonrojarse: “A Román hay que hacerle contrato hasta cuando él quiera…”

Juan Román y la Bombonera, un combo letal para Boca
Para el próximo ciclo anual que se iniciará en agosto, después del Mundial de Brasil, Boca  perderá 76 puntos en el acumulado, los que paradójicamente había obtenido con Falcioni en el banco. Arrancará el Inicial 2014 en la mitad de la tabla tan temida -más lo que sume de los nueve puntos que hay por jugarse hasta el final- a más de 20 unidades de Lanús y Newell’s, que serán los holgados punteros de la que además es la  tabla más certera. Para lograr un lugar entre los cinco o seis representantes argentinos en las competencias internacionales, de las que Lanús, Vélez y Newell`s son abonados, hay que tener un plantel conformado por jugadores de primer nivel –que no son precisamente los representados por el hijo del entrenador- y con un cuerpo técnico a la altura, capaz de apostar a los  jóvenes de la cantera que pugnan por sumarse a un grupo de profesionales serios y  acostumbrados a jugar por cosas importantes, sin individualismos ni liderazgos desmedidos. Y para todo eso hace falta dirigentes con capacidad para hacer lo mejor para la institución, cosa que en diciembre de 2012 Angelici no hizo, al no cumplir su palabra de renovarle a Falcioni, obediente a los insultos de la exigente Bombonera. Así les fue.

La componenda entre Bianchi y su hijo, causante de la llegada a Boca de varios jugadores impresentables, es una falta a la ética inaceptable, y motivo más que suficiente para la rescisión del contrato que lo une al club por un año más. Los dirigentes de Boca saben que con Riquelme en el plantel esa medida no la pueden tomar, tanto como saben que si le renuevan el vínculo a Román -su contrato vence en semanas- a tono con el veredicto popular de la Bombonera, seguirán jugando al perverso juego mediático del futbolista, y el club seguirá a la deriva. También saben que cuando pase lo que va a pasar, ya no estarán ni Bianchi ni Riquelme para cargar con la culpa que la monada, veleta como siempre, depositará irremediablemente en sus espaldas al grito de yo no fui. Así y todo, parece que ésta vez tampoco van a animarse a ponerle fin a esta locura. Curiosa forma de democracia la de las tribunas. 50.000 fanáticos deciden, varios millones de hinchas se agarran la cabeza y el resto del país se caga de risa, y todo por culpa de los dirigentes de Boca que no se animan a contradecir la voluntad obstinada de la monada boquense.

Marcelo Calvente

lunes, 28 de abril de 2014

El orgullo de ser Granate


Lanús le ganó a All Boys por 1 a 0, un triunfo ajustado en un partido fundamental para su futuro deportivo inmediato. Sin jugar bien, y obligado Guillermo a hacer un cambio desde el inicio del complemento, algo muy raro en él, un cambio que le dio muy buen resultado. Pasquini no se había acomodado en todo el primer tiempo, y no la recibían limpia los pibes de arriba. Con sus limitaciones, el casi descendido All Boys por momentos le sacó la pelota al campeón de América, y Marchesín tuvo trabajo. Al dejar a Pasquini en los vestuarios, Guillermo movió la estantería. Puso a Oscar Benítez por derecha, mandó a Astina a la izquierda del ataque y paró a Valdez Chamorro unos metros detrás de él, en la zona de sacrificio. Junior resultó imparable, y cada uno de los pibes, llegando por la otra banda, también pudo marcar. Un Lanús agotado, con ausencias relevantes, sin haber tenido tiempo de armar una sola práctica de fútbol ni saber con que once afrontar cada partido que se le viene, pero que a la hora de los bifes impuso condiciones y sacó la diferencia,  y que luego dispuso de varias situaciones claras para aumentar, aunque Marchesín siguiera teniendo trabajo hasta el final.

Los jugadores de Lanús celebran la victoria ante All Boys
Lanús y All Boys, viejos conocidos de los torneos de ascenso, desde 2010 hasta hoy se volvieron a enfrentar después de mucho tiempo. Se habían visto las caras por última vez en 1985, por el Torneo de Pirmera “B”, y volvieron a encontrarse en 2010 en la división de privilegio, cuando todo ha cambiado demasiado. Un equipo del ascenso por naturaleza con una pequeña experiencia anterior en primera, como All Boys, encarnó en los últimos años un intento político personalista que arrancó bien, que lo llevó a primera, y que lamentablemente terminó mal y con enormes deudas, perdiendo prácticamente la categoría ante un Lanús sólido y establecido en lo institucional y en lo deportivo, nuevo animador de la elite de los torneos continentales, que lo superó por su propio peso, por la experiencia de sus jugadores y la esperanza de sus pibes, que alentado por sus parciales y con  el ánimo por las nubes sigue su marcha firme en los dos frentes  

El gol vino por una jugada de fútbol inglés: Araujo le entrega un lateral a Junior Benítez, quien se la devuelve justa para llegar al fondo y enviar el centro de primera, a media altura, para que Silva, que arrancó en el punto penal, conecte de cabeza en la puerta del área chica y la clave contra el primer palo de Cambiasso. Por momentos aparecen las mismas paredes de siempre de Los Albañiles, pero supersónicas, como esa doble que armaron Silva e Izquierdoz en el primer tiempo, que el pelado no pudo aprovechar en el toque final y Pasquini se durmió. El equipo alternativo no juega igual que el de la Copa, sobre todo cuando faltan Goltz, Velázquez, el Pulpito y Somoza. Por ahora, Firulete Silva, Pasquini, Barrientos, el propio Junior, tanto como Ortiz, Blanco, Melano y Monteseirín todavía alternan buenos y malos rendimientos.

Los Mellizos y La Fortaleza juegan para Lanús.
Cuando ya en ventaja, Guillermo sacó a Valdez Chamorro y puso a Somoza, equilibró el equipo y empezó a regular el trámite. Cuando se cansó de los firuletes de Firulete, lo sacó de la zona roja y lo mandó al medio, y por Astina lo puso a Velázquez, quien una vez más estuvo a la altura de su potencial: En su primera intervención perdió mal una marca y lo salvó Marchesín, pero en los últimos cinco minutos de juego realizó tres quites fenomenales en el área de Agustín, que fueron determinantes en el resultado del partido. Otra vez final con victoria y clima de fiesta en La Fortaleza

Lanús cayó de local por última vez el 16 de febrero pasado ante Rafaela y de manera categórica, por la 2º fecha del Torneo Final 2014. De allí hasta hoy, ganó los seis partidos que disputó en esa condición por dicha competencia: Vélez, Racing, Quilmes, Central, Colón y ahora All Boys fueron vencidos en La Fortaleza, lo mismo que el Caracas, el América de Cali, Cerro Porteño y el Tigres de México. El último empate de Lanús en Arias y Guidi fue ante el O´higgins, tres días antes, el 13 de febrero. A partir de allí 9 victorias al hilo de local. Y dentro de tres días -la caravana infernal no se detiene, es sabido-  recibe a Tigre otra vez en casa, con la posibilidad de ganar, y de ahí en más depender de si mismo en la lucha para ser campeón. Vencer a Tigre en el postergado de la 15ª fecha significaría pasar a pelear el título con cinco equipos que desde el inicio del semestre juegan una sola competencia: Gimnasia, 30 puntos y rival subsiguiente en el Bosque por la 17ª fecha; River y Godoy Cruz, ambos 28 puntos; Colón (27) y Estudiantes (26). Es que Newell’s, Vélez y San Lorenzo, compañeros de aventura internacional, en algún momento lideraron el Final y sin embargo no pudieron sostenerse, terminaron aliviados por bajarse de esa pelea y ahora apuestan fuerte por sus posibilidades en una difícil Copa Libertadores que no los tiene como grandes candidatos.

Varias son las señales de la solidez del momento de Lanús: con un plantel corto, con muchos pibes, padeciendo bajas importantes e incluso dándose el lujo de vender a Pereyra Díaz en plena doble competencia, es el único de los internacionales argentinos que a tres fechas del cierre puede ser también campeón del torneo local, como sucedió en diciembre pasado, el punto máximo de rendimiento del elenco de Guillermo, durante la definición cruzada con Newell’s, Vélez y San Lorenzo que se le escapó por nada. Como si todo esto fuera poco, en las últimas semanas Lanús pasó a encabezar la tabla de los descensos -que en realidad es la tabla que contempla los últimos tres años de competencia- por primera vez desde su regreso definitivo a la categoría, hace 22 años, en un ya lejano 9 de agosto de 1992, empate con Racing 1 a 1 en Avellaneda. Todo esto, y la inexpugnable Fortaleza, esperan a Tigre el próximo miércoles 30 de abril a las 17 horas. Sepan disculpar los hinchas de todos los demás clubes: Nada, si siquiera la posible derrota que de puros envidiosos nos desean, puede hoy con el orgullo de ser Granate.

Marcelo Calvente
marcelocalvente@gmail.com

jueves, 24 de abril de 2014

Un muñeco menos


Después de varios partidos de andar mediocre, por fin Lanús pudo alinear las ocho columnas que sostienen al equipo, y así obtuvo una enorme victoria en Torreón por 2 a 0. Con Marchesín: Araujo, Goltz, el Cali y Maxi; el Pulpito, Somoza y Ayala, Lanús vuelve a ser aquel campeón de la Sudamericana. Y si arriba tiene al As de Espadas en condiciones de jugar, mejor aún. Lautaro Acosta no solo desequilibra a la defensas más pintadas, también contagia a sus compañeros su disposición a la lucha y su concentración permanente. Junto con Maxi Velazquez y Ayala, el rey del relevo, quebraron al Santos Laguna por la derecha de su defensa, hasta marcar la diferencia por medio de Ismael Blanco, que aprovechó con una media vuelta uno de los tantos desbordes de sus compañeros. Lanús se adueñó del trámite a fuerza de pelear la pelota en todo el terreno con decisión y solidaridad, no entregando espacios para el dominio franco, sobre todo gracias al adelantamiento de una línea de fondo que se entiende y se conoce. Y cuando el local consiguió quebrar su oposición, apareció la figura del mejor arquero argentino, Agustín Marchesín, el propio Mundial pide a gritos su presencia en la fiesta.

Goltz, Somoza y el Pulpito rodean a Andrés Rentería
Con enorme decisión, Lanús se olvidó de los contratiempos del viaje, del enorme cansancio y de la bronca por la derrota en Sarandí. Fue un elenco concentrado, aguerrido, dispuesto a correr y morder, pero calmo y seguro  para jugar la pelota, con pinceladas de talento -y cuando fue preciso también con pierna fuerte- de Somoza y el Pulpito, con cambio de frente y panorama de parte de Ayala, el primer tiempo tuvo en Maxi Velázquez al armador de los ataques granates, y a Lautaro Acosta como ejecutor de la llegada al fondo y el centro atrás. Tres veces lo tuvo con esa receta, y en la cuarta Blanco facturó. Como siempre, el árbitro uruguayo le negó a Lanús la sanción de un clarísimo penal a Acosta al filo del entretiempo. A los cinco del complemento le hicieron otro, y éste sí, Ubriaco lo cobró: Fue a los cinco y Goltz estiró la diferencia desde los doce pasos. Para eliminar a Lanús, el Santos tenía ahora que convertir cuatro goles, la serie estaba técnicamente terminada. Y aquí Lanús paseó su poderío. El dominio se hizo absoluto, los jugadores locales fueron perdiendo la cabeza y terminaron con diez, Lanús desperdició un par de chances para estirar aún más la enorme distancia que tenía a su favor.

El club Lanús retornó definitivamente a la divisional de privilegio en 1992, después una breve incursión en 1989/90. Habían pasado 15 años desde la noche negra y tormentosa del Viejo Gasómetro, el 16 de noviembre de 1977, cuando Platense lo mandó a la “B” de manera antirreglamentaria. Un año después, y en el mismo escenario pero ante el humilde Villa Dálmine, escribiría los titulares vespertinos más impensados: “Lanús bajó a la “C”. La caída, como siempre ocurre, fue el corolario de una crisis política fenomenal que puso al club al borde de la bancarrota, dejándolo al borde de la cesación de pagos y técnicamente fundido. Un lento reordenamiento llevado a cabo por la unidad de todas las agrupaciones se puso en marcha, que tardó algún tiempo más en plasmarse también en los campos de juego: Tres años en la “C, otros nueve en la “B”, hasta finalmente acomodarse en Primera sin riesgo de volver a descender. Allí comienza una etapa de lento crecimiento deportivo con las direcciones técnicas de Miguel Ángel Russo y Patricio Hernández, que desembocó en la llegada de un novato Héctor Cuper, quien conduciría al plantel de 1996 a la primera conquista internacional, la Copa Conmebol. A parir de esa victoria, hubo un nuevo período de crisis. Un desfile fallido de técnicos de renombre desemboco en la promoción de 2002, en tanto la tesorería volvía a pasar dificultades. Los técnicos llegaban y se iban sin lograr enderezar el rumbo, hasta que a mediados de 2006, con el visto bueno de Cabrero, la venta de Leandro Gioda trajo la tranquilidad de quedar en cero y cancelar las deudas de una vez y para siempre. De allí en adelante, el Grana se estableció entre los mejores equipos argentinos, siempre con Ramón celebró el título Apertura 2007, con Zubeldía y Schurrer tuvo varias participaciones internacionales en las que no pudo superar la instancia de octavos de final, hasta que con el Mellizo ganó la Copa Sudamericana 2013 y por primera vez en todos estos años, desde hace una semana encabeza la tabla acumulada de los promedios, la que te dice la posta de quien es el más grande de los últimos tres años.

Lautaro Acosta volvió a ser el As de Espadas de Lanús
Es hora de que todos los hinchas de fútbol se dediquen a observar con un poco más de atención el milagro granate para tratar de copiar el proceso, porque es de esta manera y de ninguna otra como podrán salir adelante los clubes argentinos. Hay una receta, pero lleva muchos años y hay que tener grandes dirigentes para poder llevarla a cabo, y por sobre todas las cosas, el apoyo de sus parciales. La impaciencia de la gente y las divisiones políticas suelen ser un gran obstáculo. Sin la unidad de todas las agrupaciones no hay forma posible. Y aunque algunas acciones personalistas suelen tener buen inicio, la falta de dos centenares de dirigentes fieles y amantes de los colores que trabajen desinteresadamente en los diferentes departamentos y disciplinas, sumado a los malos negocios que se hacen por falta de conocimiento, terminan ahuyentando a los mecenas  de turno.

Para llevarse el premio mayor de esta kermés continental, Lanús tenía hasta hoy cuatro muñecos por voltear. Santos Laguna fue el primero, y cayó de manera inapelable. Ahora viene el segundo, que tiene a su favor la altura de La Paz, el sorprendente Bolívar que derrotó al Flamengo en el Maracaná y eliminó al campeón de México en octavos. De salir airoso, a Lanús le quedarán otros dos muñecos por delante, y así cumplir el sueño imposible de acceder a la cumbre del fútbol del mundo a nivel clubes, a disputarse en Marrakech a fin de año junto a los demás campeones de cada continente. Serán dos obstáculos difíciles, pero de ninguna manera imposibles de superar, sobre todo si se ajusta un poco la puntería y se tiene un poquito más de suerte. Por ahora, celebra este inédito logro de estar entre los ocho finalistas, brindando a la luz de las bombitas de colores y bailando al son del organito.

Marcelo Calvente

miércoles, 23 de abril de 2014

Pensar en grande


Lanús perdió por 3 a 1 ante Arsenal, un partido que necesitaba ganar para afianzarse en la lucha por la punta del Torneo Final. Cuándo no, las chances granates sueles tropezar  en Sarandí demasiado habitualmente. La visita se produjo en el marco de la doble competencia, con la vertiginosa cercanía de un viaje a México para un partido que se reconoce como clave para seguir con vida en la Copa Libertadores. La caravana infernal no se detiene. Se juega tan seguido que se confunde con quien y porqué torneo fue el último partido. No se recuerda si hablamos de uno o de otro partido, con aquel otro rival. Lamentablemente la derrota, y sobre todo la desteñida actuación, pone fin a un corto envión que daba para ilusionarse: Lanús había superado a Colón en La Fortaleza, y vencido también a San Lorenzo en su propia cancha con una actuación brillante de dos chicos de la cantera, Astina y Valdez Chamorro, que se sumaron al grupo de los que juegan en las últimas semanas. Para enfrentar a Arsenal, con Acosta y Melano aún en recuperación, el técnico granate tuvo que decidir entre ellos y los titulares, Junior Benítez y Pereyra Díaz. Era tentadora la decisión por los pibes, pero es de buen conductor ratificarle la confianza una vez más a quien en su momento se la otorgaste: Junior y el Riojano fueron titulares, y tuvieron actuaciones olvidables. No se puede todo. Lanús alterna buenas y malas actuaciones, pero así como nunca se desmorona, aún no tiene el fuego sagrado que lo animó en el tramo final del semestre pasado. Mejor dicho, no siempre lo mantiene encendido. Por eso no sería extraño algún cambio decisivo en la formación del equipo.

Guillermo, ante el desafío de armar el mejor equipo
El elenco de recambio que presentó el entrenador en Sarandí tuvo sus puntos débiles, y se pueden enumerar de abajo hacia arriba o viceversa. Digamos que tanto Pasquini como el Silva con pelo -o Firulete Silva- no es marcando punta donde mejor cumplen, aunque frente a San Lorenzo sí se habían destacado: Esta vez fueron más atacados, pero su debilidad defensivo estuvo muy ligada a la falta de marca de la línea media que puso Guillermo en Sarandí. Ortíz primero, el Pulpito González al reemplazarlo y luego Ayala al entrar por Pasquini, todos por la banda derecha, tanto como Valdez Chamorro -y luego el mismo Pulpito- ambos por izquierda, no estuvieron en sintonía con un Somoza desconocido. En ataque padeció la soledad de Silva arriba, que no contó con mucho aporte de Junior ni Pereyra Díaz, e igual se las rebuscó para generar peligro. Después de un buen arranque, Lanús se fue desdibujando Luego del primer gol de Caraglio, a los 12 del complemento, Lanús lo pudo empatar. Luego del segundo, logrado diez minutos después, también tuvo la chance clara para descontar en la cabeza de Silva, y finalmente pudo lograrlo después del 3 a 0 abajo, marcado por Braghieri a los 40, en la tercera ocasión favorable que tuvo el Pelado. Lanús cayó derrotado sin atenuantes, pero sin entregarse. No es sencillo diagnosticar desde afuera una situación tan particular como la que viven el plantel y cuerpo técnico. Por un lado saben que pueden soñar con la final, la memoria de la Sudamericana así lo indica, por el otro no desconocen que las cosas vienen complicadas. Enormes dificultades para ganar de visitantes, algunos arbitrajes, alguna mala suerte, varias lesiones y suspensiones, y algunos viajes accidentados como el emprendido a Rancagua y famoso a Torreón, allá en el norte mexicano, cerca del desierto de Arizona  -por no decir el culo del mundo del hemisferio norte- que terminó siendo más largo y duro aún por complicaciones en el plan de traslado del plantel. Con la derrota ante Arsenal, Lanús no se subió a la punta pero tampoco se bajó de la pelea. El partido pendiente ante Tigre lo deja en stand-by. Ahora tiene que enfrentar al difícil Santos Laguna, al mismo que superó con mucho esfuerzo y algo de fortuna en el último minuto del partido de ida por octavos de final disputado hace nada más que siete días en La Fortaleza. La caravana infernal no se detiene, y el de esta madrugada es, una vez más, el compromiso más importante de lo que va de competencia en 2014.

El pibe Monteseirín, titular en la ida ante el Santos Laguna 
Los tiempos se acortan. Si Lanús mantiene la ventaja y pasa a cuartos de final, el torneo local pasará a un segundo plano. Tendrá que enfrentar a la revelación de la Copa, el Bolívar, que está llevando a cabo una campaña histórica para un representativo de ese país, que tiene además como hincha caracterizado al presidente, Evo Morales, a quien las cámaras apuntaron minuto a minuto durante el encuentro ante el León, el campeón mexicano, a quien en la noche de ayer dejó en el camino holgada y merecidamente. El viaje a Torreón para un choque tan relevante y difícil, tanto que siendo martes no sabemos explicar si se juega hoy o mañana, como en caso de resultar vencedor el ascenso a los 4.200 metros del Siles Suazo de La Paz, donde espera rival el Bolívar, es obra del maligno. Si el rival es Lanús, la ida se jugará en la Fortaleza. No sorprendería que el próximo adversario, después de la Copa del Mundo de Brasil 2014, si es que el Grana accede a las semifinales, cambie su localía por los hielos de Alaska…

Mirando de reojo la Champions League, mientras se están disputando las semifinales, podemos apreciar el alto nivel competitivo y de organización del fútbol europeo de primer nivel internacional. Con la imagen de estos cuatro equipos repletos de figuras, entre los que no está el Barcelona de Messi, la prolijidad de los multitudinarios marcos y el buen comportamiento general de público y protagonistas, Europa insinúa que por el momento está harta de violencia inútil y disfruta de esta situación. Del mismo modo, las miserias y desigualdades de este lado del mundo se aprecian tan vigentes como siempre. Y aunque parezca mentira, los mejores de cada uno de los cinco continentes y el campeón de la liga marroquí, pero principalmente el mejor de Europa y el mejor de América, se medirán en diciembre en  Marruecos y para todo el mundo. Es lo máximo que puede alcanzar un club de fútbol, y al viejo y humilde Lanús le falta eliminar tan solo a cuatro notables adversarios para alcanzar ese derecho. Hoy muy tarde, o mañana muy temprano, según como se vea, el Granate visita con ventaja al primero de ellos, el bravo Santos Laguna del norte de México, y a esta hora, es lo único que importa.

Marcelo Calvente

   

jueves, 17 de abril de 2014

El último campeón


Cuando se empezó a jugar el último minuto adicionado del partido entre Lanús y el Santos Laguna mexicano, el panorama de los granates no era el mejor. Lanús empataba en uno  en La Fortaleza, lo que significaba que en la vuelta, en Torreón, iba a tener que salir a buscar el gol, ya que el tanto marcado por el morocho Quintero a los 12’ del complemento, pese al rápido empate conseguido por Monteseirín a los 20’, le otorgaba al equipo mexicano la ventaja de pasar a cuartos con solo mantener el cero en su terruño. Lanús había afrontado dignamente una instancia decisiva con varios hombres fundamentales fuera de competencia: Goltz, lesionado; Izquierdoz, Somoza y Silva suspendidos, la columna vertebral del equipo de Guillermo junto a Agustín Marchesín, el mejor arquero argentino del momento. Si a todo eso le sumábamos el viaje que se viene -en medio de la maratón extenuante de dos partidos cada siete días- iba a ser una complicación adicional para el trajinado plantel granate. Pero en la última jugada del partido Víctor Ayala ejecutó un tiro libre desde la derecha imprimiéndole al balón un efecto muy marcado que complicó a los defensores visitantes, y en un borbollón Matías Martínez puso la cabeza y desató el delirio. Lanús se quedó con una victoria muy festejada, lograda con una opaca exhibición futbolística, pero con mucho coraje y un enorme corazón por parte de sus jugadores.   

Ismael Blanco no tuvo una noche feliz y fue reemplazado
El partido fue un típico choque de Copa Libertadores entre dos equipos de competencias  muy distantes como los son la mexicana y el fútbol nuestro de cada día. Lanús fue muy limitado con la pelota en los pies, y tuvo algunas dudas en el fondo que generaron inseguridad y un consiguiente retroceso en los centrales, lo que impedía el habitual adelantamiento de los laterales, Araujo y Maxi Velázquez. Por momentos Lanús se partía entre el medio y los tres atacantes  Lo de la visita era tibio y distante de Marchesín, pero el cero parcial era un gran negocio en territorio del último campeón del continente. El primer tiempo fue jugado por los dos con los dientes apretados, y concluyó casi sin situaciones de gol en ninguno de los arcos.

Pero a 12 de iniciado el complemento, casi sin pensarlo, Santos Laguna aprovechó una distracción del fondo granate en un saque lateral a la altura del área grande, desde la izquierda de la defensa, y la pelota cayó en el pecho de Quintero, que contó con una muy buena cortina de Rentería obstruyendo a Monteseirín, y que sin oposición fusiló a Marchesín desde el vértice del área menor. El balde de agua fría cayó sobre los espectadores locales, que volcaban todo su fastidio sobre las espaldas de Ismael Blanco, que no dio pie con bola, ya que el Marciano Ortíz, el pulpìto González y Víctor Ayala levantaron su rendimiento a partir de la desventaja. Maxi Velázquez y Araujo empezaron a soltar amarras, lo que significó más opciones de descarga para los del medio. Santos Laguna contaba ahora con más espacio para contragolpear, pero eligió retroceder. Y aunque Lanús seguía tan falto de claridad como en la primera parte, se llevó por delante a su rival a pura potencia. Por eso sus chances fueron de pelota parada, porque no le resultó fácil entrar al área rival, ya que nunca pudo desbordarlo por las bandas. El mellizo tenía que hacer cambios, y la presión estaba sobre los hombros de Ismael Blanco. Primero salió Lautaro Acosta, que venía de una lesión, y su lugar lo ocupó Junior Benítez. A los 20’ minutos, luego de un corner de Ayala con todo Lanús en el área de Oswaldo Sánchez, el pibe Monteseirín apareció en el punto penal para empalmar un pase de Junior desde la izquierda. Con 25 minutos por jugar ahora estaban 1 a 1.

El pibe Monteseirín puso el empate parcial 1 a 1
El Santos Laguna trató de reaccionar y salir del fondo. Pero en la lucha del medio perdía con el vallado que conformaban los dos laterales y los tres volantes granates. Al no poder meterse en campo contrario, superado más por la potencia que por el juego de Lanús, el equipo mexicano trató de llegar al final durmiendo el trámite y haciendo tiempo sin disimulo, cometiendo muchas infracciones en la zona de gestación para impedirle llegar a posiciones de gol con la pelota dominada . A los 31, Guillermo agotó los cambios: El Silva con pelo y Melano por Astina y el señalado Blanco. El dominio se acentuaba pero no aparecía la jugada clara, el Grana era pura voluntad y empuje. Ayala se puso al equipo al hombro, los laterales mexicanos, con la subida de Araujo y Velázquez, perdían con el dos-uno. A esa altura en Lanús no había cansancio ni importaban las ausencias, solo la decisión de ganar. El equipo granate que sobre el cierre iba al ataque era aquel del tramo final de 2013, el que siempre gana de local, el que se sabe respetado y admirado como un nuevo grande del fútbol de esta parte del mundo, y el Santos Laguna no lo podía aguantar. Lo tuvo Melano en la puerta del arco, y respondió muy bien el experimentado golero visitante. En el descuento el local se jugó a todo o nada y en la última pelota parada el estadio explotó por una victoria trabajosa y emotiva, obtenida a lo grande con decisión y sacrificio, y con el orgullo de ser el último campeón continental.   

Marcelo Calvente


martes, 15 de abril de 2014

Los pronósticos del Gurú


Me gusta hacer pronósticos cuando los torneos están a esta altura. En 2007 vaticiné el título cuando ganamos en Arsenal, y acerté. El semestre pasado, antes del partido con Colón hice una hoja de cálculo sobre los puntos que todos los que estaban arriba iban a sacar, y los aciertos fueron increíbles. Por supuesto, en todos los demás años no pegué una, pero bueh, puede pasar, dijo Tu Sam…

A pedido de mis compañeros de la audición Corazón Granate (AM 1160, Radio Independencia), los mismos que vieron con asombro como acerté casi todos los resultados de la definición del semestre pasado, tuve que arriesgar mi prestigio con otro vaticinio. Y para que no digan mis amigos de Face que no les avisé, acá les mando completo el detalle de lo que va a pasar. No me dejen solo.


Estudiantes tiene 24 puntos. Ganará 1, empatará 3 y perderá los 2 restantes, suma 6 puntos y llega a 30.

River, sin Barovero, ganará 2, empatará 3 y perderá el restante con Vélez en el Monumental. Suma 9 puntos a los 23 que tiene, llega a 32 y por ahí, si tiene suerte y no lo pasa Central, sale subcampeón…

Colón, lamentablemente, va a desmejorar: Ganará 1, con 3 empates y 2 derrotas. Con esos 6 puntos llega a 28, nada de título, pero se salva del descenso.

Lanús tiene 22, y sumará 14, producto de cuatro victorias y dos empates, campeón holgado con 36 puntos.

Gimnasia redondeará una campaña aceptable, pese que solo sumará 6 puntos, 1 victoria –ahora, la próxima fecha, contra Racing- 3 empates y 2 derrotas, alcanza la línea de los 27 puntos.

San Lorenzo seguirá a los tumbos: 1 victoria, 1 derrota, 4 empates, 21 + 7 = 28, palo y a la bolsa…

Vélez va a ganar 2, empatar 3 y perder el restante. Tiene 20, suma 9, llega a 29, otra vez será.

Central va a ser la revelación: 4 victorias, 1 empate y 1 revés, a los 19 que tiene le va a sumar 13, puede ser subcampeón con 32 puntos, pero por ahí en vez de perder, le empata este fin de semana a Rafaela y saca 33 con la gran racha de victorias del final.

Como verán, la parte final será a empate limpio...


Marcelo Calvente
marcelocalvente@gmail.com


domingo, 13 de abril de 2014

Flores en el Bajo Flores


El fútbol tiene estas cosas. En su última conferencia de prensa, un mellizo calmo, casi resignado a sucumbir ante la mala fortuna que lo puso en el camino del lejano Santos Laguna, seguramente contrariado por las tontas suspensiones de Somoza y Silva, dos piezas fundamentales de su engranaje, que sumado a la merecida del Cali Izquierdoz, más las lesiones de de Goltz, Acosta, Melano y lo de Pereyra Díaz, el Mellizo había perdido parte de la confianza en el futuro, al menos eso decían su gesto y su semblante del jueves último ante la prensa. No era para menos. Pasar al Santos Laguna para seguir en la Copa será una tarea muy difícil, más que por las virtudes del rival, que las tiene, por lo desgastante del viaje, en medio de la caravana infernal de partidos. Pensando en el otro objetivo, la competencia local, el panorama no era más alentador: Debían descansar todos los que no están al margen del partido de ida ante los mexicanos, a disputarse el próximo miércoles en La Fortaleza. Y tres días antes visitar al puntero San Lorenzo, que ponía en cancha a varios de los mejores, porque inicia el duelo de octavos de final de la Libertadores una semana después que Lanús. Tan sólo Gentiletti,  Prósperi, Ortigoza y Piatti no serían de la partida. No había forma de que Guillermo estuviera exultante en la conferencia de prensa, sobre todo si además recordaba la cantidad de penales en contra sancionados, los penales a favor negados, los goles a favor mal anulados y los en contra mal habilitados por los árbitros en las dos competencias. No era muy alentador que digamos el futuro inmediato.

Astina convirtió el primero y asistió en el tercero y el cuarto.
Lanús salió a la cancha con jugadores que aún no habían rendido lo esperado, como Alejandro Silva, Martínez, Pasquini, Barrientos, más los pibes Valdez Chamorro y Astina, sostenidos por la columna vertical que componen Marchesín, el Cali, Somoza y Silva por el eje de la cancha. San Lorenzo venía entonado por su gran victoria ante un inexplicable Botafogo. Podía pasar cualquier cosa. Pero los sustitutos cumplieron con creces, sobre todo Alejandro Silva y Martínez; y los pibes decididamente la rompieron. Astina tuvo un arranque algo dubitativo, demasiado solícito para con Silva, le cedió pelotas que debía definir para él. Y Valdez Chamorro en el primer tiempo fue la manija, arrancando unos metros más atrás, se movió con mucho criterio para armar las jugadas de ataque y entregó la pelota con precisión. Con la batuta de Somoza, de excelente tarea e ingenioso y certero para dar el primer pase, Lanús se llevó por delante a San Lorenzo -pese a que un viento de otro mundo soplaba a favor del Ciclón- y se fue al descanso venciéndolo por 2 a 0 con goles de Astina y Valdez Chamorro.

Los locales, ahora con viento en contra, salieron con todo a disputar el complemento, y  paradójicamente acorralaron a Lanús pese a que la circunstancia climática pateaba para el arco de Torrico. El descuento no demoró: Enzo Kalinsky marcó a los 12’ y el público se guardó su fastidio para brindar un renovado aliento para el local. Parecía que se venía la noche. Pero Lanús lo emparejó, y empezó a llegar más que el  local, que rebotaba contra los del fondo Granate. Astina empezó a sacar diferencias por la izquierda del ataque, a las espaldas de Bufarini, a pura gambeta en velocidad y dando pases milimétricos y punzantes, abrió los caminos de los goles del Pulpito, con un gran remate de media distancia,  y el segundo de Valdez Chamorro, que ahora jugaba más adelantado, aprovechando los espacios que el local cedía por la otra banda, con una buena definición ante la salida del guardameta papal. 

Valdez Chamorro volvió a brillar ante El Ciclón.
No siempre se golea por 4 a 1 a San Lorenzo en su reducto. Ni siempre los que no juegan seguido se lucen de la manera que lo hicieron ayer varios jugadores granates. Y sobre todas las cosas, últimamente no se producen muchas apariciones como las de estos dos pibes, con tanto talento, y tan desequilibrantes como Astina y Valdez Chamorro. En la noche del Bajo Flores Lanús se floreó con el puntero, y lo desplazó de la posición de privilegio, que ahora es de Estudiantes, para quedarse circunstancialmente como único escolta a dos puntos del Pincha. Pero por sobre todas las cosas, obtuvo una victoria de suma importancia en el momento preciso, cuando las fuerzas empezaban a flaquear y los imponderables, los malos arbitrajes, le desgracia del viaje que se viene, el cansancio, las lesiones y las suspensiones tontas y evitables levantaban a los ojos de Guillermo y de todos, un muro que parecía infranqueable y que no dejaba ver el futuro con esperanza. La relevante victoria obtenida, y sobre todo las determinantes apariciones, reavivaron el fuego de la competencia por ocupar un lugar en el equipo. Ahora Guillermo tiene alternativas con las que no contaba hasta hoy, como Ale Silva, Martínez y sobre todo los pibes Astina y Valdez Chamorro, exhibiendo su potencial en la zona donde todo se define. Varias veces en lo que va del semestre los dos objetivos granates tambalearon. Uno, la Libertadores, milagrosamente sigue en pie gracias a la actuación determinante de Marchesín en Rancagua. El otro, el Torneo Final, se actualizó en la curiosa noche del Bajo Flores con la presentación de dos pimpollos de exportación, que como tantos otros, brotaron en los fondos de La Fortaleza.

Marcelo Calvente

viernes, 11 de abril de 2014

Este Lanús

El camino de la Libertadores se está haciendo mucho más cuesta arriba de lo pensado para este Lanús, que no logra imponer superioridad como lo hizo en la Sudamericana y también en el Torneo Inicial que se le escapó por poco. En las dos competencias que está disputando en simultáneo, varias veces fue superado claramente como sólo la Universidad de Chile lo había logrado en el semestre pasado, cuando lo recibió y lo venció. Rafaela, Estudiantes, Cerro Porteño en Paraguay, River y ahora el O’higgins lo han derrotado con justicia, con la salvedad de que excepto la Crema, las demás caídas fueron en condición de visitante. Es cierto que los arbitrajes lo han perjudicado, pero es inútil hablar de los árbitros, es algo que no tiene solución.

El fútbol siempre va a estar a merced de los árbitros. Supongamos un mundo ideal en el que los árbitros son incorruptibles, y descontemos que disponen del estado físico adecuado para pertenecer al primer nivel. El fútbol se juega a una velocidad que requiere concentración y reflejos, las circunstancias a validar en muchas jugadas quedan sujetas al parecer de los árbitros, a su interpretación y juicio, como las manos casuales en el área penal, la simulación ante los golpes recibidos y las verdaderas intenciones de quienes ponen una pierna demasiado fuerte. Y es ahí donde se ve por cual de los dos equipos se inclina el árbitro, sus humanas simpatías por uno o por el otro quedan al desnudo cuando su opinión entra en juego. Ahora apliquemos la misma línea de pensamientos para los árbitros de este mundo. La síntesis de los penales sancionados en perjuicio de Lanús es clara al respecto: lo ponen a doce pasos uno cada dos partidos. Y el análisis de las jugadas dudosas demuestra que los perjuicios fueron todos para el Granate. Debe ser casualidad, es difícil que se trate de una componenda internacional para perjudicarlo, eso está claro, pero igual inquieta.

Ayer nomás, Lanús ganó la Copa  Sudamericana
El rumbo no fue el ideal ni en la Libertadores ni en el Torneo Final: En veinte partidos disputados desde febrero hasta hoy, su campaña se compone de diez triunfos, tres empates y siete derrotas. Una mirada dice que es un equipo que gana o pierde porque no acepta repartir puntos, que siempre quiere ganar y por eso a veces pierde. La otra, indica que le ocurre demasiado a menudo, aunque en algunas ocasiones no lo mereció, como ante Olimpo, Deportivo Cali y Godoy Cruz, siempre de visitante. Es en esa condición donde el equipo de Guillermo más difiere de si mismo: Sólo Rafaela lo derrotó en La Fortaleza en lo que va del año, pero de visitante apenas doblegó al Caracas y a Argentinos. Este Lanús no tiene la soltura y la condición física que tuvo aquel gran campeón con estos mismos jugadores, ni tiene la presencia ni impone la superioridad que hace apenas cuatro meses supo desplegar en todos los escenarios. Sigue teniendo la misma potencia, pero perdió seguridad en el fondo y pimienta arriba. Eso explica las diferencias que se advierten en  los resultados entre uno y otro Lanús.

Apenas enterado de la mala nueva -que deberá dirimir el próximo miércoles el pase a cuartos ante el remoto Santos Laguna, al que primero recibirá con las ausencias de Goltz, Izquierdoz, Somoza, Lautaro Acosta, el Pelado Silva y andá a saber si no alguno más, y una semana después viajará 15 horas para llegar a la lejana ciudad del norte mexicano de Torreón. En este semestre apretado diabólicamente por la realización del Mundial, un viaje semejante es un peligroso obstáculo. Está claro que si hubiese derrotado a O’higgins en Chile le habría tocado otro rival, que incluso con el empate obtenido bien le podría haber tocado otro destino, sobre todo si los mexicanos no hubieran llegado clasificados a la última fecha de la ronda de grupos, y si no hubieran jugado con suplentes ante Arsenal. El empate en Chile fue demasiado premio para Lanús, pero no fue la suerte sino su arquero Agustín Marchesín quien lo salvó. Al contrario, la suerte no viene ayudando demasiado.

Antes del Santos Laguna, Lanús deberá afrontar una instancia clave en la lucha por el Final, un objetivo que no hay que descuidar, sobre todo ante lo difícil que se ha puesto el panorama continental. Uno entiende que fue la locura, la distracción, o una pierna demasiado vehemente lo que ha dejado a Silva, a Somoza y a Izquierdoz afuera del próximo choque copero y no una planificación deliberada para cambiar la prioridad competitiva sin declararlo públicamente, como piensa un tipo que se sienta a dos butacas de un primo mío en la platea oficial. ¡Hay gente que piensa cada cosa..!

Melano, Acosta y Silva, tres bajas por la Copa
Lo concreto es que tanto San Lorenzo como Lanús afrontarán el fundamental choque de mañana en el Bajo Flores por la 13ª del Torneo Final ante uno de los punteros con los ojos puestos en la Copa, y ninguno de los dos la tiene sencilla ni puede darse el lujo de perder. Lo concreto es que ante San Lorenzo, Guillermo tendrá a disposición a cuatro de los seis pilares del equipo: Marchesín, el Cali Izquierdoz, Somoza y Silva, faltarán Goltz y el Laucha porque están recuperándose de sus desgarros. Habrá que ver que se anima a poner Bauza, que luego deberá enfrentar a Boca mientras Lanús, postergando el encuentro ante Tigre, reciba al Santos Laguna: Si alguna ventaja tiene enfrentar a los mexicanos es que se sabrá de antemano el destino copero, y se puede clarificar el panorama de los objetivos con una semana de anterioridad al resto de los clubes argentinos que afrontan doble competencia.


El hincha granate, con el recuerdo de la última consagración continental bien patente, no puede sino mirar el futuro con ilusión: Este Lanús ha sido más de lo que es, siempre puede volver al nivel que supo tener. En cambio los demás candidatos -San Lorenzo, Estudiantes, Vélez, River y algún tapado que se anime- están en su mejor momento y tal vez en su techo como equipo. Se ilusionan con lo que aún no fueron, mientras este Lanús tiene su propia imagen reciente como espejo donde mirarse, porque hace cuatro meses fue el mejor de todos y a punto estuvo de hacer un doblete para la historia. El panorama de tan complicado pinta hazañoso, pero este Lanús viene de tutearse con la hazaña.

Marcelo Calvente

jueves, 10 de abril de 2014

Rarezas granates


Cosa rara lo de Santiago Silva. Últimamente no viene marcando y eso no es bueno, ya que es de anotar goles importantes. Le faltó algo de suerte, tuvo varias situaciones propicias que falló de manera increíble, y también es cierto que a veces anda demasiado lejos del área rival. Tal vez sea consecuencia de jugar con tres delanteros. Como sea, se extrañan sus goles, aunque se sigue destacando con su gran trabajo defensivo. Resuelve todo el juego aéreo de pelota parada rival y lo hace con criterio, concentración y muchos reflejos. También es destacada su presencia a la hora de bajar envíos largos. Su espíritu deportivo contagia a sus compañeros y levanta a sus parciales, su presencia fue determinante en el armado del Campeón de la Sudamericana, y cuando no está en cancha, su falta se hace notar como ninguna otra ausencia en el equipo, ya que no tiene un reemplazante de iguales características. El sustituto natural es Ismael Blanco, que no posee su juego aéreo, y cuyo presente está lejos del nivel que tuvo en la final ante el Ponte Preta. Por todo esto es que su expulsión por desbocarse después de la atajada de Marchesín, desviando el penal que nos dejaba afuera de la Libertadores a pocos minutos del final, es una falta grave, una irresponsabilidad que perjudica notablemente las chances del equipo. Una verdadera locura.

Santiago Silva, y una expulsión difícil de justificar
Raro también fue lo de Leandro Somoza. Tenía dos amarillas en el descuento ante el O’higgins y  alevosamente tiró la pelota lejos para hacer tiempo. Es cierto que era improbable que el árbitro brasileño se animara a amonestarlo después del incalificable penal que había sancionado, y de la roja obligada a Silva por su reacción. Pero el morocho se animó y le puso la merecida tercera amarilla que lo deja afuera del partido de ida por octavos de final, con rival hasta ahora desconocido. La irresponsabilidad de Somoza tampoco debería ser tomada como una instancia del juego. Fue una verdadera tontería, máxime tratándose de un jugador de su experiencia, también un valor irreemplazable, bastión temperamental del equipo, tanto como Marchesín, los dos centrales y el mencionado Silva. Para colmo de males, Izquierdoz tampoco será de la partida porque estando en capilla peleó una pelota perdida y se le fue la pierna, cartón amarillo y también afuera. Lanús pasó a octavos con lo justo gracias a una actuación descomunal de Agustín Marchesín. Al equipo no le sobró nada, y como si eso fuera poco no contará con cuatro de sus cinco principales figuras ya que tampoco Paolo Goltz estaría recuperado para el próximo compromiso en el plano internacional.

Es raro también lo de Sabella con Marchesín. Su notable presente lo pone arriba no solo de todos los arqueros argentinos sino también de la totalidad de los futbolistas que actúan en el país: Semana tras semana, sus atajadas componen parte de las imágenes más destacadas de cada fecha. Hace muy pocos meses la crítica especializada lo ubicaba detrás de Orión, Saja y Barovero. Hoy nadie duda de su liderazgo absoluto, que contrasta con las macanas habituales que cuestan goles en contra de los tres que Alejandro Sabella piensa llevar al Mundial, las pocas veces que tienen la suerte de jugar en sus respectivos equipos: Orión, Chiquito Romero y Andujar. Es entendible que Sabella quiera mantener el plantel que viene trabajando con él y que ganó cómodamente las eliminatorias sudamericanas, pero el tema de los arqueros merece especial atención. Todo el mundo sabe que con Agüero, Higuaín, Di María, el resto, y sobre todo con Lionel Messi, Argentina por lógica pura debería ser un gran candidato a ganar el Mundial de Brasil, una competencia de inicio inminente que ya se empieza a palpitar en todo el planeta. Y todo el mundo sospecha que la defensa elegida por Sabella -y sobre todo los tres arqueros- podrían ser la causa de una vuelta a casa anticipada y sin gloria. Yo me animo a decir que si Argentina se vuelve por un error de cualquiera de estos tres arqueros que indudablemente están muy por debajo de Agustín, Sabella va a pagar los altos costos y se va a arrepentir toda la vida.

Agustín Marchesín tuvo una noche espectacular y heroica
Gracias a la brillante actuación de Marchesín, más la muy buena predisposición de sus compañeros para la lucha, y pese a las muy pocas ideas ofensivas, Lanús pudo sostener una igualdad en Chile que lo clasificó a octavos como uno de los peores segundos, y deberá enfrentar a uno de los tres mejores primeros: Vélez, Santos Laguna o Defensor de Montevideo, tres rivales difíciles que han exhibido buenos atributos. Con solo pensar un viaje a México en este semestre de calendario asfixiante, de tocarle a Lanús sería mortal. La situación Granate es preocupante, no solo por las ausencias que padecerá al comienzo de la llave -será en condición de local en los tres casos posibles- sino también por las deslucidas actuaciones que viene teniendo en condición de visitante.  Desde que venció a Caracas en su debut hasta hoy, fuera de La Fortaleza solo derrotó a Argentinos en todo lo que va del semestre.  Además de esa única victoria en nueve partidos jugados de visitante -tres por la Copa y seis por el Torneo Final- Lanús apenas logró dos empates -Belgrano y el reciente ante O´higgins- y sufrió seis derrotas: Estudiantes, Cerro Porteño, Olimpo, el Deportivo Cali, River y Godoy Cruz. La estadística muestra que el equipo de Guillermo perdió aquella regularidad que le permitía mantener la eficacia fuera de su reducto

Tal vez suene descomedido ponerse a evaluar estas situaciones cuando aún retumban los ecos del festejo del martes en la ciudad de Lanús, sobre todo el grito interminable que en la medianoche recorrió los barrios del distrito por el penal que atajó Marchesín -una vez más, un penal  en contra inventado- cuando todo parecía estar perdido. Cualquiera que no sepa que este equipo es capaz de concretar cualquier tipo de hazaña, bien podría dejarse ganar por la preocupación y el desaliento. Pero los hinchas de Lanús no, aunque venga a los tumbos, nadie va a darlo por muerto. No mientras siga con vida.

Marcelo Calvente

sábado, 5 de abril de 2014

Como la cigarra


No hay caso: Para la mayoría de los Granates, contra Godoy Cruz perdimos por el penal tonto que supuestamente hizo Maxi Velázquez. No importa que todo jugador sea plausible de cometer errores. Ni importa que reglamentariamente no haya manera de interpretar que esa mano sea intencional y mucho menos importa leer el reglamento que claramente indica que tal falta no existió. Una vez más, paredón para Velázquez, que seguramente ya se acostumbró a sobrevivir a tantos fuegos con que los hinchas granates lo fusilamos desde que llegó y hasta hoy, y poco importa que aún sobreviva ni que en esa sobrevida haya sido partícipe fundamental de las últimas dos grandes conquistas de Lanús: El título del Apertura 2007 y la Sudamericana 2013. A Velázquez, como a la cigarra, tantas veces lo matamos y tantas resucitó. Hoy contra Colón descansa, pero el miércoles, en Chile, seguro que vuelve a ser titular y a nadie debería sorprenderle que  una vez más, termine siendo una de las figuras del partido.

Maxi al ras, los brazos muy abiertos, en acción de ataque
Maximiliano Velázquez nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el 12 de septiembre 1980. Inició su carrera de futbolista a los 18 años en Ferro, donde jugó de volante por izquierda, debiendo sufrir dos descensos consecutivos: en el2000 a la “B” Nacional, y al año siguiente a la Primera B metropolitana. En esa divisional jugó hasta 2003, cuando a mediados de año pasó a Talleres de Córdoba, entonces en Primera División, cuyo descenso estaba prácticamente decretado de antemano por el muy bajo promedio de puntos con que contaba. Pero Talleres hizo una inesperada y extraordinaria campaña de diez partidos ganados, cinco empates y cuatro derrotas, sumando 35 puntos y ubicándose en la tercera posición, detrás de River y Boca. Con ese puntaje lograba la clasificación a la Copa Sudamericana, torneo que el club de la Docta finalmente no pudo jugar, ya que debió disputar la promoción contra un Argentinos que no impresionaba muy bien que digamos, y que le ganó con justicia los dos partidos por 2 a 1. El plantel conformado por pocos valores de experiencia, apenas Marcos Gutiérrez en el arco y un Chicho Serna al borde del retiro, tuvo como figuras a Maidana y Víctor López en defensa, Ariel Donnet, Luciano de Bruno y el mencionado Velázquez  en la línea media, y a Aldo Osorio y el uruguayo Piriz Alves arriba. Todos ellos seguramente ya evaluaban tentadoras ofertas cuando afrontaron la peligrosa promoción, y todo indica que a esa altura muchos de ellos ya no tenían la cabeza puesta en la crítica situación del club. Una vez más en su vida deportiva, Maxi Velázquez perdió la categoría, aunque eso no le impidió dar el salto más importante de su carrera: Se incorporó a Lanús, el club de mayor crecimiento en la última década -al que llegó junto a De Bruno- donde lograría notoriedad y dos títulos, además de ser líder y referente de todos los planteles que integró hasta hoy. Hay enorme coincidencia acerca de sus cualidades humanas y su conducta, valores de singular importancia para la formación y guía de los muchos jóvenes que se integraron al plantel en todos estos años, muchos de los cuales fueron transferidos al exterior por cifras millonarias, dinero que resultó el combustible fundamental para la consolidación institucional y deportiva de Lanús como uno de los nuevos grandes del fútbol argentino.

Más joven, con pelo  y con la sonrisa de siempre
Desde su llegada hasta hoy, Maxi fue reconocido y resistido por los hinchas en partes iguales. Llegó de la mano de Ramaciotti para ser titular, pero ya como marcador lateral izquierdo. Siguió en ese puesto con Gorosito, con Ramón Cabrero, con Zubeldía, Schurrer y también con el Mellizo. En todos estos años lo fue peleando con Archubi, Nelson Benítez, Lugo, Balbi y ahora Pasquini, y nunca lo perdió. Muchas veces fue capitán. Comparte el privilegio de haber estado en las dos grandes conquistas granates del nuevo siglo con el Laucha Acosta, que estuvo ausente de la institución entre 2008 y 2013, y el Pulpito González, que en aquel plantel que se consagró en la Boca jugó poco, y que en 2010 fue cedido a préstamo a Central. Más allá de gustos y pareceres, con un paso fugaz y poco productivo por Independiente que le alcanzó para levantar la última Copa ganada por el Rojo, Maxi Velazquez en todos estos años fue una de las grandes figuras de Lanús. Lo que se dice un ídolo de perfil bajo que se destacó más por sus aportes a la ofensiva del equipo, y su predisposición a la sonrisa franca y el buen trato para con prensa y público que siempre es dado a ofrecer.

La carrera de todo futbolista, está más que dicho, es limitada en el tiempo y Maxi cumplirá pronto 34 años. En su andar se advierte algunas señales de la llegada de la veteranía inexorable, es probable que pronto algún jugador más joven finalmente le termine sacando el puesto de marcador lateral. Mucho hemos hablado de lo nocivos de algunos líderes, por caso Riquelme, Veron y Trezeguet, como ejemplos de máxima, cada uno por lo suyo  comprometen el proceso colectivo que integran porque se valen del respaldo incondicional que reciben de sus hinchas. Pero Maxi no. Pese a su notable campaña en el club, como casi siempre, su figura una vez más divide aguas: A muchos nunca le terminó de cerrar, sobre todo por ciertas ventajas que Lanús suele dar por su sector. Para otros, entre los que me incluyo, se trata de un valor irreemplazable, sobre todo por su aporte al juego ofensivo del equipo y su rigor en la marca en espacios reducidos. Más temprano que tarde su ciclo en Lanús cerrará definitivamente, aunque sospecho que todavía puede levantar alguna Copa más. Al menos, mientras el entrenador de turno lo tenga en cuenta a la hora de conformar el plantel, Maxi Velázquez será merecedor de la posibilidad de defender en la cancha lo mucho que ha  ganado durante todos estos años en ese mismo exigente y difícil escenario.

Marcelo Calvente

      

jueves, 3 de abril de 2014

Las buenas intenciones


Transcurría el minuto 15 del primer tiempo entre Godoy Cruz y Lanús, y salvo el insólito, inexplicable y desastroso estado del terreno de juego, todo estaba dentro de lo previsible: Lanús aplicaba a medias su habitual y desconcertante presión en campo rival, el local cometía errores en el fondo, y la apertura del marcador, con un poquito más de precisión de los de arriba, se veía venir para Lanús. De pronto, Castillón se mete en el área y llega exigido hasta la raya de fondo, sin otra perspectiva que tirar un centro atrás. Maxi Velázquez, que lo había descuidado, lo corría un metro detrás para tratar de impedirlo con los brazos exageradamente separados del cuerpo, tal su forma de correr acentuada con los años y el cansancio acumulado. Cuando Castillón logra ejecutar su envío a media altura, la pelota se estrella en la mano derecha del defensor granate, por lo que el árbitro Carlos Maglio sancionó penal, y el ex granate Mauro Óbolo lo ejecutó bien pegado al palo derecho de Marchesín, que a punto estuvo de sacarla. Fue 1 a 0 para Godoy Cruz, y ese sería el resultado final de un partido que tenía otro destino inicial.

Velázquez y Castillón, protagonistas de la jugada clave
Lanús no jugó bien, Godoy Cruz menos. Ambos llegaban expectantes, con 16 unidades y a dos del líder, la victoria depositaba al ganador en la posición de escolta. Pero las urgencias de uno y otro son bien distintas; el Tomba juega para salvarse del descenso al que hoy estaría condenado; Lanús tiene otro frente de competencia más importante, la Copa Libertadores, en la que tiene una final en Chile a tan solo siete días, aunque en el medio deba enfrentar a Colón por la competencia local. El panorama granate, ya en desventaja se tornó similar a la visita a River, y como aquella tarde, Lanús no encontró los caminos al gol, aunque esta vez dispuso de más situaciones favorables. Una vez más no ligó, pero a diferencia del partido ante River y aún sin jugar nada bien, mereció al menos el reparto de puntos. El quiebre fue ese penal que Godoy Cruz dispuso, en su única incursión al área enemiga en toda la primera etapa.

“Llega Castillón, Maxi lo sigue… ¡Penal!” dijo el relator. “Fue penal”, “¡Que penal tonto hizo Maxi!”, “¡Como va a ir a marcar con las manos separadas del cuerpo!” “Penal, clarísimo, indiscutible” fueron vertiendo su opinión el resto de los integrantes de la transmisión. “No estoy de acuerdo”, alcancé a decir. Me miraron raro. Vino la repetición y me miraron más raro aún. Enseguida se vino la ejecución de Óbolo, y todo siguió su rumbo hasta la derrota final y el cierre con resignación y tristeza de parte de todo el equipo periodístico. Más tarde, buscando elementos para tratar de entender primero y explicar después la 5ª -¡en 11 partidos!- derrota granate en el presente Torneo Final, me encontré ante la repetición de la mentada jugada, y luego de observarla con el detenimiento que la circunstancia merece, vuelvo a decir lo mismo: No fue penal, de ninguna manera.

Guillermo y una declaración de principios que merece debate
Una mano en el área es penal, sólo si el árbitro juzga que hubo intencionalidad.  En su artículo XII, el reglamento lo deja bien claro: “Se concederá un tiro libre directo al equipo adversario si un jugador comete una de las siguientes tres infracciones: […] tocar el balón deliberadamente con las manos.” Dicho de otra manera, lo único que tiene que decidir el árbitro, una vez seguro de que ha habido mano, es si cree que fue voluntaria. Poco importa si la pelota da más o menos claramente en la mano, si la misma está pegada o separada del cuerpo, si busca a la pelota o si es ésta la que va hacia aquella, el árbitro sólo deberá evaluar la intención. Y como nunca podrá conocer los procesos mentales del jugador, en pocos segundos debe considerar todos los indicios a su alcance para decidir que el futbolista ha tocado voluntariamente o no el balón con la mano. El resto de las consideraciones, por muy populares que resulten y mucho que induzcan al error a los aficionados, al punto de ser consideradas verdades indiscutibles, carecen de importancia. ¿Qué otra intención pudo haber tenido Velázquez que no sea la de obstruir con su cuerpo el centro atrás  de Castillón? ¿Qué jugador cambiaría intencionalmente un envío sin destino claro por un penal en su contra? Y si de indicios se trata, claramente se observa el intento del defensor de retirar su brazo derecho hacia atrás, justamente tratando de evitar que se interponga a la trayectoria de la pelota. A esta hora discutir el penal suena a lloriqueo, lo importante es evaluar qué dice y -sobre todo- que no dice el reglamento. Y por lo tanto, no fue, de ninguna manera, penal de Maxi Velázquez.

Con la derrota consumada, Guillermo Barros Schelloto realizó una declaración muy interesante: “El Fair Play no puede ser utilizado en contra de su esencia. Cuando algunos equipos van ganando, sus jugadores se empiezan a tirar al piso, le ordenan a los chicos que escondan las pelotas en vez de alcanzarlas, y otras trampas por el estilo. Que todos sepan que Lanús, que no recurre a esos artilugios, por orden del cuerpo técnico no devuelve más la pelota.” Aplausos. Era hora de que alguien ponga claridad sobre este asunto, al menos hasta que se empiece a aplicar la sanción que corresponde a este tipo de accionar deliberado y descaradamente malintencionado que es fingir una lesión, o esconder una pelota. Esperemos que alguien argumente en contrario. Pero que sea el técnico Granate quien proponga este debate es, a mi entender, la nota más grata y destacada de una tarde para el olvido.

Marcelo Calvente


martes, 1 de abril de 2014

El barro y el turro


A la hora del partido, la lluvia era tal que resultaba impensado que se jugara. Solo a los que cumplían con su obligación, ya sea laboral o con un corazón desaforado por los colores, se le podría ocurrir encaminarse a La Fortaleza con el diluvio que caía desde  la mañana del domingo. Pero minutos antes de la hora de inicio el árbitro hizo picar la pelota acompañado por los presidentes de ambos clubes, que no muy convencidos aceptaron la orden de jugar. En varios sectores de la cancha había charcos, los botines despedían agua para todos lados, el piso definía el destino de la pelota. Un chaparrón cerrado lo suspendía inmediatamente. Pero el chaparrón no llegó, y de apoco ambos equipos se fueron adaptando al campo. Central lo hizo primero, y dispuso de cuatro chances claras de gol producto de los imponderables acuáticos de cada pique de balón en las cercanías de Marchesín. Advertido del peligro, Lanús dio un paso adelante, y con el buen trabajo de Somoza, Ayala, y sobre todo el pibe Valdez Chamorro -cada vez más suelto y convencido de sus posibilidades- a partir de los 15’ el dominio y las aproximaciones fueron del Granate. Barrientos, Ismael Blanco y el dicho pibe tuvieron sus oportunidades de marcar, sin éxito, en el último cuarto de hora. El partido se hizo vibrante, los charcos de agua y los piques en falso quedaron en segundo plano, los dos equipos lo querían ganar. La imagen del estado del terreno al finalizar el primer tiempo era casi campestre. El agua se había transformado en barro.

En el barro, Lanús se impuso a Central con convicción
El segundo tiempo fue igual de vibrante, el terreno era resbaloso pero uniforme y Lanús seguía siendo mejor. El Mellizo seguramente había tomado nota de que en Central ataja Mauricio Caranta, y con los caminos cerrados, Lanús jugó a poner la pelota vía aérea en el punto penal. A los 19’, el tiro libre del paraguayo Ayala se quedó corto, pero Caranta dudó con el amague de Goltz, 1 a 0 arriba y era justicia. Sin embargo en el primer ataque a fondo de Central, dos minutos después, Federico Carrizo dispuso de un metro demás y la clavó en un ángulo desde afuera del área. Lanús siguió siendo dominador, en el barro se afirmó mejor que en el agua y la personalidad de sus baluartes anímicos, Marchesín, los dos del fondo, Somoza y el Pelado Silva, se llevó por delante a Central con la misma convicción con que había arrasado con Cerro Porteño, en ambos casos, supliendo fatigas por fiereza y convicción en la parte final de cada encuentro.  A los 37’ y desde la esquina, Ayala la puso en  la cabeza de Izquierdoz y Caranta, en su especialidad, la miró entrar desde la línea de gol: 2 a 1 definitivo.  La imagen de Lanús es la del que sabe que se viene lo mejor. El cansancio de siempre, tanto como el barro del domingo, son obstáculos que el plantel está dispuesto a saltar con una convicción pintada de heroísmo, tinte indispensable para coronar con éxito un semestre de competencia maratónica y demencial, una virtud que Lanús ya demostró tener cuando levantó la Copa Sudamericana, hace apenas tres meses.

Minutos después, Boca y River se enfrentaron en la Bombonera. Los dos vienen tan mal como los números lo indican, aunque River aventaja a su rival en conciencia. Aún están volviendo de la “B”, y sus hinchas han comprendido a fuerza de dolor. Ya no tienen paladar negro, y no les preocupa jugar a lo Platense. Boca, que aún se siente ajeno a la lucha que se le viene, sigue dándose el lujo de mantener a un técnico que no da pie con bola, que hace contratar jugadores mediocres que representa su hijo y que está dibujado en el medio del quilombo que es su plantel, avanza arrodillado al capricho de Riquelme, tan turro él, que se las rebusca para poner un tiro libre en el ángulo de Barovero para alcanzar un empate indispensable, y luego salir reemplazado para recibir esos aplausos que tanto teme perder para siempre. Tan turro, que no pudo evitar que River se aproveche de la bondad de Agustín Orión, el que va al Mundial que no va Marchesín, y se lleve la victoria en sus nariz, siempre fruncida. River da pelea como puede. Boca todavía no sabe restar 76 puntos en el promedio del descenso, y los dirigentes aún no se animan a hablar de cambios. En Racing, Merlo se aferra a los empates para subsistir, y en Independiente, Cantero afronta el descrédito y la obligación de ascender en un club que cada día está más fundido, y se inspira en Napoleón Bonaparte.

Como no nos une el amor, sino el espanto, yo me pianto...
Sin embargo la nota de la semana pasó por otro lado. Casi en simultáneo con el empate de San Lorenzo en Ecuador que lo deja al borde de la eliminación dela Copa, Tinelli hizo saber que tomará una licencia por lo que resta del año, y en una de las pocas entrevistas que dio explicó, entre otras cosas, que él no había llegado al club para escuchar insultos. Ocurrió que en Ecuador, su equipo se empezó a despedir de la Copa Libertadores que quería grabar con su apellido, y el tipo, desacostumbrado a las derrotas, se fue a bailar por un sueño. De ahora en más, todo lo que pase en su amado club será ajeno a su figura. Flor de turro, que muy rápido se avivó de su grave error. Por lo pronto el Papa Francisco no hizo anuncios en el mismo sentido. Antes de lo pensado, San Lorenzo estará poco menos que en manos de Dios …


Vélez, Newell’s, Arsenal y Lanús, si logra al menos un empate en Chile ante el duro O’higgins en ocho días, en un choque que será una verdadera final por un objetivo, el pase a octavos, están en carrera por la principal competencia del continente en representación del fútbol argentino, la Copa Libertadores de América, esa que en otros tiempos jugaban Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo y Estudiantes, en tanto muchos parecen no advertir cuánto y porqué todo ha cambiado tanto.

Marcelo Calvente